Grabado

  Frente a él ahora ve  cierto paisaje de un grabado alemán  parece ser la vista aérea de una antigua ciudad que transita del crepúsculo a la noche  o tal vez le hizo pensar en la soledad de una imagen realista que imita el precipicio de a la modernidad y le muestra el camino que va desde la noche profunda a la primera luz del amanecer

este hombre  del que comencé a hablar  mató a su padre en su juventud
  y ese otoño  su madre perdió hermosamente la cordura

Los que miran espejismos


Del cielo cae una pequeña ave

hay un campo
porque se le disparó a un ave
donde no hay nadie

De la ventana se escucha un grito
hay un mundo
porque se disparó un grito
en un cuarto
donde no hay nadie

Hay un cielo para una pequeña ave
las aves no caen sino desde el cielo
Hay una ventana para un grito
los gritos no se escuchan sino desde una ventana

No sé por qué es de ese modo
nada más presiento la pregunta por ese modo

Hay una altura debido a que una pequeña ave cae
y debido a que algo se cerró
un grito se escucha desde la ventana

Igual que el cadáver del ave en medio del campo
  la muerte colma el centro de mi cabeza
Igual que la muerte al centro de mi cabeza
en la ventana al centro del mundo
no hay nadie 

Al comienzo
miraba por una pequeña ventana

Las cuatro y media
un perro pasó corriendo
acechado por una pasión indiferente

  (¿De dónde habrá venido el perro?
ese perro famélico
¿Hacía dónde habrán partido
los perros de nuestra época…?)

  (¿Qué clase de oscuridad te acecha?
Qué clase de apetito te hace correr?

Las dos de la tarde
el peral se partió
hormigas arrastraban los cadáveres de sus compañeras 

  (Hasta ahora
cuanto hemos visto con los ojos
siempre comienza por el final)

(Cuando nacemos
hace mucho hemos muerto
cuando se escucha nuestro grito
ya no hay más que silencio)

Una y media
un ave negra cayó
desde una tremenda altura

  (¿De quién es este jardín?
en la luz de otoño
este jardín del todo arruinado y solitario
¿de quién será?)

(A esas personas en lo alto
como aves en busca de su presa
¿de quién es este jardín?)

Las doce
con ojos de quien mira a la distancia
miré al jardín

El cielo está
repleto de los naufragios de nuestra época
incluso una pequeña ave
debe atravesar nuestros amargos corazones
para regresar a su oscuro nido

Una voz se quiebra
al escuchar esa voz
en la pajarera
del amanecer
no sé qué pedirá

Una imagen desaparece
al ver a esa sombra
en el bote salvavidas
de la penumbra
lo que le habrá dado vida
no sé qué será

Cuando esa voz
salga volando de la pajarera
y origine nuestro cielo  

Cuando esa sombra
haga trizas el bote salvavidas
y origine nuestro horizonte

Nuestra sed estará en el mediodía

La catedral sumergida

Todos los humanos buscan pruebas de la muerte       pero ni uno solo ha sido testigo de la muerte       al final los humanos no son más que un espejismo       tal vez la realidad sea solo el máximo común divisor de tales cosas       en lugar de los humanos son las cosas las que comienzan a plantear preguntas       sobre la vida       sobre su existencia       y debo temer aunque provengan de una simple silla       o tal vez la realidad sea el mínimo común múltiplo de tales cosas       en este mundo convulso ¿puede alguien arriesgar su propia vida sin sentir aflicción hacia el destino humano?       los ocasionales genios no hicieron más que refinar la nada       lo evidente solo profundizó el vórtice del mediodía

Puede que haya intentado decirnos algo       pero yo me limitaré a los hechos       primero cayó al suelo como si hubieran cedido sus rodillas      uno de los que se apresuró en acercarse era un joven de más o menos mi edad que murmuró sin pensar «¡Su rostro es hermoso!       ¡y para colmo cree que el mundo se asemeja a una flor!»

Por Ryūichi Tamura
Traducción de Vicente Lane
Fotografía de Nobuyoshi Araki
Ryūichi Tamura (田村隆一, o Tamura Ryūichi según la usanza japonesa del apellido ante el nombre; 1923 – 1998) fue un poeta, ensayista y traductor de novelas anglosajonas. En 1947, tras la Segunda Guerra Mundial, reactivó la revista literaria Arechi (Tierra Baldía) junto a los pocos amigos suyos que seguían con vida. Entre sus mayores colecciones de poesía se encuentran Cuatro mil días y noches, la cual introdujo un tono seco a la poesía moderna japonesa con uso extendido de paradojas, metáforas e imágenes incisivas que describen una sensación de dislocación y crisis. Junto a Mundo sin palabras se consolida como poeta de renombre en su país. Llegó a escribir otros veintiocho volúmenes de poesía a raíz sus experiencias de viaje en el extranjero.