Todos los veranos vuelvo a casa. A casa digo y se ríen los que poco me ven allí. Los que me ven diez días por año, desde aquel año que me fui. A casa, digo, orgullosa e insistente, como si no decirlo me quitara algo. Es así porque en este momento, me encuentro en otro lugar. Un lugar que tiene todos los colores menos el color de infancia y el verde dominante. Es linda la nueva casa, la quiero y no tiene la intención de sustituir a nadie. Supongo que a ella también le gustaría que alguien la quiera así. Voy a volver a casa, no este verano ni este carnaval. Mientras pasa el tiempo pienso con más fuerza en todo lo que puede cambiar en este tiempo que estoy lejos. ¿Seguirá todo igual? ¿Qué tiene mi casa a la que vuelvo cada verano, en cuerpo y fantasía? ¿Es la misma casa de siempre? ¿dónde está mi casa? ¿la llevo dentro? ¿queda a 900km de mí o a un recuerdo de distancia?

Maria Elena Walsh muy pertinentemente expresa su ardor y su amor, sobre aquel lugar de donde ella cimentó cada parte de su ser y de donde se vio alejada. En 1952 por cuestiones políticas, sociales, ideológicas y culturales Maria Elena partió hacia París, Francia, junto a la escritora y cantautora tucumana, Leda Valladares, con quien mantenía relación afectiva y artística por correspondencia. A su vez, entre 23 de septiembre de 1955 al 1 de mayo de 1958 las Fuerzas Armadas argentinas lanzaron  una sublevación cívico-militar que derrocó todos los poderes constitucionales, nacionales y provinciales en distintos puntos del país con el objetivo de derrocar al gobierno del presidente Juan Domingo Perón. Leda y Maria Elena regresaron a Argentina en 1956 y realizaron una extensa gira por el noroeste argentino, a pesar del contexto político, con la intención de divulgar la música regional andina como forma de manifestarse con resistencia frente a una fuerza política represora.

Porque me duele si me quedo
pero me muero si me voy,
por todo y a pesar de todo, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Los primeros dos versos expresan la contradicción difícil de resolver cuando el deseo se encuentra entre las ganas de conocer, habitar, recorrer otros lugares y querer llevarse consigo mismo su tiempo pasado. Esta angustia, que paraliza el presente por horas alternando los recuerdos de lo vivido y la imaginación de lo que puede suceder en el nuevo horizonte, tiene otra forma de sentirse como lo expresa la uruguaya Cristina Peri Rossi (2003) cuando se exilió y manifestó que: “Partir/es siempre partirse en dos.”. En este fragmento, algo de nosotros queda “en casa” y nos vamos con un dolor latente, en búsqueda de llenar el enigma de lo desconocido y aunque ocurran leves olvidos quien conserva la raíz fuerte,  por todo y a pesar de todo, al amor, a casa, a nuestra tierra, -mi amor-, se le recuerda insistentemente, como una plegaria para no olvidar, como a un amante: yo quiero vivir en vos.

Por tu decencia de vidala
y por tu escándalo de sol,
por tu verano con jazmines, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

La potencia del recuerdo es la sustancia más pura que tenemos de nosotros. ¿quiénes somos, entonces? ¿de qué estamos hechos? La respuesta podría ser: de todo aquello que nos vincula con la tierra en donde elegimos anclar la profundidad de nuestra esencia. Por lo tanto, podría entenderse que estamos hechos, también y sobre todo, de los paisajes, de los aromas -por tu verano con jazmines-, de los sabores, de las primeras texturas que nuestro cuerpo sintió y de las primeras melodías que nuestros oídos registraron y que aún a miles de kilómetros podemos reconocer como si representaran la armonía de nuestra historia. Los sentidos son nuestras guías. Por tu decencia de vidala, expresa Maria Elena, en otras palabras: por la pureza de vida. La palabra vidala es híbrida de quechua y español. El sufijo -la- del quechua contiene un valor diminutivo y afectivo, de modo que vidala vendría a ser “vidita” y según la investigación de Arosteguy (2022) en la mitología de Santiago del Estero, el tema principal es la vida de las personas en el monte, aludiendo a los desamores y a las ausencias, con una poesía particularmente tristona. No es casualidad que sea la vidala lo que elige mencionar la autora para manifestar la nostalgia y la necesidad de un calor de hogar, de lo familiar, de lo que abriga y así poder expresarlo diciendo por tu escándalo de sol.

Porque el idioma de infancia
es un secreto entre los dos,
porque le diste reparo
al desarraigo de mi corazón.

Claudia Masin (2001), poeta y psicoanalista argentina, manifiesta: De pequeña/ probablemente pensara que la geología/ era la ciencia que enseñaba a vivir en la tierra./ Geo, tierra, Logía, ciencia. Era razonable,/ y desde entonces Yo voy a ser geóloga/ cuando sea grande, informaba,/ como quien dice voy a averiguar sola/ lo que nadie me sabe contar. El idioma de infancia, al que se refiere Maria Elena Walsh, es un idioma entre dos y esto se puede entender entre los testigos de lo vivido y quien lo vivió o bien un lenguaje interno con la persona que fuimos en la niñez. Cada espacio recorrido, cada rincón explorado, cada aventura y cada soledad en la infancia es un lenguaje íntimo que se escucha para poder llevar los días. La infancia que nos ha visto crecer es un tesoro invaluable, por lo tanto, la sensibilidad que nos genera la añoranza es de extremo cuidado, como un niño que cuida su primera mascota recién nacida. Por esta razón, compartir lo vivido es un acto de amor como indica Peri Rossi (2020) al decir que Pavese escribió: «Síntoma inequívoco de amor es contarle al otro nuestra infancia». Así mismo, la poeta Louise Glück (1996) escribe en el texto «Nostos», que significa «regreso al hogar», que “Miramos el mundo una sola vez, en la infancia. El resto es memoria“. Por todo esto, Maria Elena indica que es capaz de suavizar, con el recuerdo de su infancia, todo lo que la distancia le desencadena en su interior y lo llama: al desarraigo de mi corazón.

Por tus antiguas rebeldías
y por la edad de tu dolor,
por tu esperanza interminable, mi amor,
yo quiero vivir en vos. 

La memoria ancestral como herramienta emancipadora, como deseo de volver, como deseo de defender, de cuidar lo que es de cada uno y es imposible de borrar. La memoria ancestral –Por tus antiguas rebeldías- como herramienta de resistencia frente a los intentos de olvido y de entierro. Resulta inútil la idea de perder el recuerdo de lo vivido -por la edad de tu dolor-. Estamos atravesados constantemente por aquello que ya hemos sentido. En cada evocación uno sonríe y recuerda. A algún lugar de la memoria vamos. Es allí, entonces, cuando el acto de rememorar nos parece intocable y ponemos todas nuestras defensas para que nadie, incluso en la fantasía, pueda entrar en nosotros y robarnos lo vivido, –por tu esperanza interminable, mi amor-. 

Para sembrarte de guitarra,
para cuidarte en cada flor
y odiar a los que te castigan, mi amor,
yo quiero vivir en vos.

Así mismo, otra forma de manifestar la nostalgia y la resistencia, puede verse reflejada en varias expresiones artísticas como el hecho de escribir y de cantar al territorio –Para sembrarte de guitarra-. Las canciones están cargadas de sentimiento, al decir del activista defensor de tierras originarias, Quique Wayra González (2023), las “palabras que se mezclan con el canto de la copla, con el dolor, la rabia, la denuncia, pero sobre todas las cosas, la vida, la defensa de nuestros sistemas de vida”. En ese sentido podemos advertir el deseo de proteger cada rincón donde hemos sembrado los momentos que guardamos, desde los animales que hemos visto pasar hasta los árboles que nos resguardaron en sus sombras, todo lo que no puede enunciarse por sí mismo pero han sido testigos de nuestro andar –para cuidarte en cada flor-. Por lo tanto, en momentos donde vemos al lugar donde crecimos, ese lugar que añoramos y sonreímos, en condiciones de peligro, buscamos ampararlo mediante la escritura y exteriorizar a través del canto. Nos enciende un fuego capaz de defender nuestro sentir, nuestro pasado, nuestra memoria, de la forma que sea –y odiar a los que te castigan, mi amor-.

“Serenata para la tierra de uno” fue publicada en 1968 en un espectáculo de canciones para adultos “Juguemos en el mundo”, la mayoría de las letras exhibidas en aquel entonces pretenden ser canciones de protesta en un marco político latinoamericano y mundial, partiendo de Mayo francés a las manifestaciones estudiantiles en México, de la lucha por los derechos de las minorías en Estados Unidos a la Revolución Cultural en china, hasta la ebullición social que desembocaría en el Cordobazo en Argentina, una nueva generación reclamaba más libertades, igualdad y solidaridad. 

 

Por Yamila Mercedes Barrojo