Tin Tin Na / Dhin Na / Dhin Na. Acabo de tratar de entonar (tratar, digo) los siete mantras que componen este Taal de Jessica Sequeira. Siete mantras que corresponden a los siete tiempos que componen las siete notas del Rupak Taal que da nombre a este libro y que dan estructura al espinazo de este pez en espiral (bueno, ya, lo digo como parece que se debe decir; sus siete capítulos).
Con este libro, he tenido que estudiar; he tenido que aprender para luego asir (aún no lo logro del todo) muchas expresiones que solo toman sentido explícito desde el filtro del alma y que no pueden materializarse sin hacerlos salir desde ahí. Destaco de él, además, que de la lectura resulta la unión del mantra y la oración (en el sentido occidental de la palabra) para la búsqueda del nirvana como estado contemplativo universal.
Dedicado a Mistral y en juego fónico lingüístico que lo emparenta con Tala, ese estremecedor compilado con que la poeta del Elqui declara su amor y su desazón ante el ostracismo de Hispanoamérica para con los niños vascos de la Guerra civil española, talados (cortados, arrancados) de su espacio, de su entorno, de su lengua; en fin, de lo que eran, Jessica establece una relación de sentido con el instrumento hindi y el verbo español. Los funde/enfunda en una dicotomía de desdoblamiento en pos de la búsqueda de un significado afín y complementario.
Un aspecto que quiero destacar del libro y su formato es la reiterada (aunque no absoluta) tendencia a renunciar a ciertas páginas pares que quedan en blanco; supongo que para marcar los silencios o pausas entre cada mantra del Taal.
En la primera palmada (mantra); “Tin-Lecciones”, una breve oración me transportó hasta Goethe. La oración de Taal es: “se puede vivir un siglo de madurez en una tarde” e inmediatamente pensé “instante sagrado y fugaz, detente, eres tan hermoso”.
Más adelante, pero como parte de esa misma reflexión, afirma el sujeto-Jess, “nuestro hogar. Donde siempre estará el ser amado, esperando el sonido de tu llave en la puerta” y le pregunto a Jess-sujeto ¿y si el hogar lo llevamos dentro?
Entro en la segunda palmada: “Tin-El centauro” y encuentro aquí la poética de la obra; dice “Cuando toco el tambor / haciendo que el canto de mi voz / converse con los ritmos de mis dedos / me convierto en un pájaro que canta / mientras se baña bajo la lluvia” y poco después me espeta un “El alma es lenguaje / que no quiere ser lenguaje”.
Me sorprendió enormemente el capítulo (la palmada) “Na- Algunos pasos con Gandhi” donde “la ley espiritual opera a través de la vida diaria y las acciones cotidianas”; un capítulo donde hace dialogar a la teoría de la noviolencia con la búsqueda trascendental de la misma Mistral a la que está dedicado Taal.
Ya en “Dhin – Siete corazones siete orejas” donde por primera vez aparecen páginas pares con mancha, leo, a propósito de Red Annie: “este libro propone la idea de las siete capas del cuerpo. En ese umbral de tu vida, ese momento anticipatorio entre el antes y el después, entre lo físico y lo espiritual, creaste esta particular filosofía del cuerpo y del alma”. Siete capas que representan, además de los mantras del Taal, toda la teosofía con la que “la gente se pudiera identificar” y donde volvemos a encontrarnos con la fantasma elquina y con Violeta Parra y nos narra, además, el nacimiento de Lux violeta en relación estrecha con ambas. Siete poemas laudatorios continúan el capítulo y me llevan hasta el siguiente “Na”, el 5. El don previsible, donde me topo de frente con una excelente reflexión sobre Stella Díaz Varín en un tono muy cotidiano y, al mismo tiempo, rotundo defensor de una poética rabiosa (como suelo llamarla).
La sexta palmada, “Dhin – supriya” vuelve a Mistral y a Lux Violeta, pero insertando a Tagore y afirma: “la filosofía, tal vez, es esta lucha con la línea entre el autosacrificio o el amor por lo que es otro, y la preservación del yo. En la poesía y la música busco quietud y paz, una versión más tranquila, más profunda y menos angustiada de la amistad y el amor”. Si no fuera porque nos está esperando la última palmada, yo habría terminado Taal con esta declaración personal e íntima de relaciones confusas en las voces Mistral-Sequeira.
Pero está “Na” la última palmada, con la que vamos a llegar al “sonido de la lluvia sobre las hojas de loto” y sí, ciertamente, aparece un final sublime que cierra ciclo del Taal y que dice: “El sonido puede imitar la vida, pero el sonido también puede crear la vida”.
Quiero llamar a este libro “intertextual” y dudo, dudo en todo el proceso de escritura de este texto que les estoy presentando; dudo porque creo que, aunque la intertextualidad está presente, también va más allá de eso; no se funden solo referencias textuales, evidentes y veladas, sino géneros esbozados que, sin embargo, se entrelazan de manera tan desconcertante que me obliga a llamarlo, haciendo referencia a Fernando Pérez Villalón “Poesía en expansión”. Relato de vida, autoficción, desdoblamiento de un yo-otra, homenaje al padre (aún se llama así en la teoría y la crítica literaria), reflexiones interculturales, declaración de intenciones, fusión de géneros… todo eso y más se da en este texto de doble codificación; y me explico: los primeros teóricos que trabajaron las escrituras en español y mapudungún que no habían sido solo traducidas por otros sino que creadas por el mismo autor, llamaron a este modo dual de pensar el mundo “doble codificación” porque entendieron que los poetas construían su cosmovisión en ambas lenguas al mismo tiempo; esa práctica es imposible en términos empíricos (creo); tenemos suficientes ejemplos cercanos de personas que habiendo crecido en hogares donde se hablan varias lenguas, no pueden pensar su mundo en las dos/tres al mismo tiempo; siempre hay una que se impone y a partir de la cual, ahí sí, casi de forma simultánea, se traduce mentalmente a la o las otras. Sin embargo, si lo matizamos bien, el concepto de doble codificación sería una buena opción para describir el proceso al que Sequeira somete su escritura y que nos anuncia claramente desde el primer capítulo, desde la primera palmada de las siete de Taal; esa declaración de intenciones de la que ya les hablé.
Por Zenaida Suárez

Taal
Jessica Sequeira
Pez espiral











