Bio-Arte, mujeres y tradición: Una forma de autoconocimiento colectivo del cuerpo femenino

Hay una dimensión estética intrínseca en el ser humano, esta es entendida como un conjunto de prácticas y manifestaciones de representación en las que se utilizan distintos soportes sensibles (lenguaje, sonidos, formas visuales). El momento cultural del nacimiento del arte ocurre cuando la dimensión estética se independiza de cualquier otra función distinta a la exaltación de la forma, si bien el arte forma parte de una convención cultural -y por cultura entendemos el conjunto de técnicas productivas, instituciones sociales, costumbres y creencias que se transmiten de generación en generación en un grupo étnico determinado-, lo que llamamos arte hoy, es una manera específica de institucionalización de las manifestaciones estéticas, con diversas variantes y distintas oscilaciones al interior de la tradición que consideramos como propia.

Una de las prácticas artísticas más atrevidas de los últimos años, iniciada por George Gessert -tecno-industria de los años 90’-, es el llamado Bio-Arte, cuyo trabajo se especializa en el tratamiento de material orgánico como recurso artístico, en que plantas, animales, genes, piel humana, ADN, objetos de laboratorio y diversas prácticas de la biotecnología se utilizan para producir una obra que reinventa y establece nuevas experiencias culturales y sociales, valiéndose de ser integrada a diversas manifestaciones, entre ellas, el videoarte, la fotografía, el arte sonoro o el net art. El objetivo del Bio-Arte es proponer al público la posibilidad de desarrollar y reconocer el trabajo de cada artista retornando a las raíces, a la expresión de cada cultura que nace de la tierra y no la damnifica, implicando un proceso de fabricación en equilibrio con el ambiente, es decir, se toma en cuenta el uso de materiales reciclables y reutilizables para la fabricación de piezas manuales tecnológicas. Su trabajo constituye una crítica a la sociedad y a los avances de la biotecnología, permitiendo una comprensión y reflexión sobre la irrupción que ejerce la ciencia sobre nuestro cuerpo, experiencias y sentidos. A diferencia del Body-Arte, no trabaja sólo sobre el cuerpo, sino que trabaja tanto sobre la vida, como sobre y con la vida de otras materias orgánicas. Jean Hauser señala en el artículo Bioarte – taxonomía de un monstruo etnológico: “Luego de un período de desmaterialización a través de la simulación digital y los sistemas inmersivos del arte electrónico contemporáneo, se produce con el Bio-Arte una rematerialización que trae aparejada una situación en la cual los artistas utilizan cada vez más sus propios cuerpos como campo de batalla para la confrontación de temas y aspectos que han surgido en relación con las ciencias biológicas”. (p. 4) A raíz de esta problemática en cuanto a la invasión que sufren nuestros cuerpos a través de  los aparatos biotecnológicos, serán presentados tres proyectos que pretenden visibilizar el desarrollo de la mujer, (que se encuentra en una realidad silenciada de explotación y opresión en el sistema capitalista, marginada de la producción tecnológica), como personajes activos en cuanto a la rearticulación de la tecnología que permite potenciar e intercambiar conocimiento, experimentación y creatividad, estableciendo márgenes constructivos de una auto experimentación médica, biotecnológica y comunitaria que incide en el entorno cultural. Los proyectos Corps Étranger (1994), Bricolage Sexual (2004-2010) y Gynepunk(2015), se articulan como medios artísticos que estudian la tecnología que rodea al cuerpo femenino, cuestionando la pérdida de prácticas y tradiciones de auto-conocimiento y empoderamiento de la ciencia a un ente normativista sexista y capitalista.

Desde la antigüedad y hasta nuestros días, las mujeres se han visto violentadas en todos los ámbitos ya sean, culturales, sociales, políticos, económicos y científicos. La marginalización que ha sufrido la mujer a través del tiempo viene de un problema y sesgo totalmente ideológico por parte de una sociedad enferma, simpatizante del quehacer masculino, en que se le atribuyen sin objeciones términos como: progreso, superioridad y avances tecnológicos. La normatividad de las actividades permiten distanciar a mujeres y hombres como sujetos con distintas capacidades, disminuyendo siempre el rol de la mujer por considerarlas inferiores desde el punto de vista intelectual, enmarcando sus quehaceres en meras prácticas tradicionales dependientes del mundo privado. No es hasta la primera mitad del Siglo XVII, que se les permite socialmente a las mujeres acceder a la educación básica, para aprender a leer y a escribir, sin embargo, hasta ese momento aún se ponía en duda sus capacidades cognitivas y biológicas como sujetos capaces de entender la ciencia o materias más complejas. Desde 1960, comienzan a darse en E.E.U.U. movimientos de carácter civil, como críticas al sistema, entre ellos se destacan los movimientos de defensa hacia la mujer; los movimientos feministas, en los estudios de ciencia, tecnología y sociedad.

Valentina Montero en un artículo sobre Aportaciones feministas en la relación entre arte y tecnologíademuestra que: “La escasa participación de mujeres en el ámbito de las ciencias y tecnologías hasta finales del siglo XIX se puede explicar por las mismas premisas que las excluían del quehacer artístico, pero probablemente con un sesgo machista mucho más crítico, por la propia especificidad de este campo disciplinar” (p.4). Estos debates feministas en torno a la ciencia y la tecnología comienzan por reconocer la escasez de mujeres en las ciencias, producto de que estas son ignoradas y desplazadas. A pesar de que las mujeres indudablemente han hecho importantes aportes al ámbito científico-tecnológico, esto ha sido poco reconocido por la historia mundial, como resultado de la discriminación que históricamente ha existido y que “coincide con la orientación ideológica de la propia tecnología en la sociedad capitalista” (p. 4)

La artista británica Mona Hatoum y su proyecto “Corps Étranger” realizado en 1994, es el resultado de su paso por la Slade School of Art en Londres, donde estudia con Stuart Brisley (artista británico) a comienzos de los 80’s. Ambas influencias enmarcan su carrera, llevándola a un terreno político de arte más conceptual, en el que primará su preocupación por el funcionamiento de las estructuras de poder. Slade, por su carácter opresivo, permitió que Mona abandonara las instituciones como lugar de representaciones artísticas y comenzara a explorar las posibilidades de la performance. En Slade, además toma contacto por primera vez con posiciones como la del feminismo, que acaba abandonando al considerar que no representan su particularidad de mujer palestina, Hatoum es una mujer cristiana nacida en Beirut en 1952, en una cultura árabe que es predominantemente musulmana, y de la cual huyen sus padres en 1948.


A fines de los años ochenta comienza a registrar sus propias performances en video, abordando las problemáticas asociadas a la identidad y el cuerpo. La video-instalación “Corps Étranger”, es una obra compleja compuesta por un espacio cilíndrico con paredes acolchadas, donde el espectador está invitado a entrar y ver un video del cuerpo interno de Hatoum. Utilizando la tecnología de imagen médica, Hatoum se sitúa en la estrategia de abyección para mostrar las cavidades internas, que tiene el efecto de tragar al público en un viaje endoscópico por su propio cuerpo, una vez dentro, en un espacio muy reducido, el sujeto comienza a oír ruidos que no puede identificar, pero donde logra relacionarse con las imágenes procedentes del interior: membranas, mucosas, dientes, respiración, latido del corazón, siguiendo el camino del metabolismo hasta el tracto digestivo, revelando lo que  se encuentra oculto. Desarrollando cierta sensación de incomodidad y malestar en el espectador, Hatoum pretende demostrar que nuestro propio cuerpo interior y exterior nos resulta extraño, sintiéndonos asqueados y distanciados de algo que nos pertenece y con el cual convivimos diariamente, pero del que tenemos absoluto desconocimiento de sus formas, sonidos y texturas. La artista revela el interior desconocido del cuerpo y la relación de su cuerpo con otro; en este caso, al entrar en el espacio cilíndrico, el sujeto se convierte, en un cuerpo extraño dentro de otro cuerpo. La utilización de materiales médicos como la cámara que la artista introduce en su cuerpo y el formato de la imagen que observa el público, se podría plantear como una crítica al control social de las masas donde no existen prácticas comunitarias que nos enseñen a descubrir nuestro cuerpo más allá de la normatividad médica, no existen aparatos ni formatos institucionales que nos permitan tener mayor control o conocimiento de nuestro propio sistema, en que todo se encuentra encasillado en políticas de ocultamiento y restricción.

Diez años después nace  Bricolaje Sexual,  proyecto en conjunto desarrollado entre el 2004 y 2010 por la artista chilena Carla Peirano y su colaborador Orit Kruglanski. El trabajo consta de la autoconstrucción de juguetes sexuales, en un taller itinerante, donde se relaciona la sexualidad, las manualidades, y el hackeo de tecnologías domésticas. Peirano se ha involucrado durante mucho tiempo con las comunidades feministas en Europa, B&S, surgió en el contexto activista de La Teixidora CSOA (centro social) en Pueblo Nuevo, Barcelona, donde en 2004 Peirano y Kruglanski comenzaron a diseñar talleres experimentales para enseñar a los consumidores cómo convertir las tecnologías domésticas en artefactos sexuales. Durante los siguientes seis años y medio, Bricolaje Sexual viajó a varias localidades de España y Europa, como Israel e Italia.

El proyecto consistía en explorar el género de los juguetes sexuales desde una perspectiva libre de normatividad y la deconstrucción de tecnologías de consumo. Paralelamente a los movimientos de los fabricantes, estos proyectos emplean técnicas deconstructivas para hablar tanto de la dinámica de poder desigual en las economías de globalización como para crear espacios y conexiones contrarias a estas dinámicas. Trabajando desde puntos de vista politizados, estos artistas fusionan arte, tecnología, poder y conocimiento, para abordar la convergencia de las tecnologías digitales y el capital global, haciendo hincapié simultáneamente en su impacto sobre los cuerpos y vidas de las mujeres segregadas.

B&S, es concebida como una práctica colaborativa en la que la integración de tecnologías y artesanías de código abierto y re-puesto, está diseñada para poner en primer plano los conocimientos tradicionales de las mujeres artesanas, así como permitir la formación de la comunidad a través del intercambio de conocimiento sobre la creación de artefactos como un fin en sí mismo. Los talleres generalmente comienzan con visitas a sex- shop, seguidas de discusiones comunitarias sobre temas relacionados con la sexualidad, los contenidos abarcan desde las reflexiones personales hasta las colectivas, incluyendo discusiones sobre las fantasías sexuales de los participantes y el auto-erotismo, la mercantilización de la vida sexual, las dimensiones políticas de la heteronormatividad y la relación entre sexo y tecnología. Las discusiones son seguidas de sesiones prácticas, en las cuales los participantes diseñan sus propios juguetes sexuales utilizando una variedad de materiales reciclados tales como: botellas de agua, piezas de seguridad y motores extraídos de electrodomésticos, cepillos de dientes, depiladoras, teléfonos celulares y licuadoras, juntando todos los objetos que los participantes traen al taller. Peirano y Kruglanski enseñan técnicas básicas de electrónica, como soldadura y el diseño de circuitos electrónicos, artesanías tradicionales de: costura, tejido, bordado, y técnicas de fundición simple, de esta manera se anima a los participantes a personalizar los juguetes sexuales.

B&S

El objetivo de B&S es un llamado a la participación de las comunidades, femeninas y masculinas, para resaltar y desafiar las opiniones objetivadoras de las mujeres en el mercado y venta al por menor de tecnología de consumo, especialmente las suposiciones que rodean a las tecnologías como herramientas neutrales, señalando cómo las tecnologías domésticas están codificadas con supuestos de género; interviniendo en estas dinámicas es que buscan  la participación en la deconstrucción de los significados dados. En este sentido, Peirano y Kruglanski destacan cómo el negocio de las tecnologías está inscrito en connotaciones masculinas de control y cómo estas connotaciones funcionan para ajustar el uso a lo largo de las categorías de género existentes. B&S, está orientada a hacer visible, explorar y comprender los mecanismos internos de una máquina, para diversificar las visiones de género y tecnología a través del intercambio de conocimiento.

En relación con las dinámicas y objetivos de B&S, surgirá Gynepunk,  proyecto que nace el 2015, en el pueblo de Calafou, Barcelona, una comunidad de cooperación y colonia eco industrial postcapitalista, a través de iniciativas conjuntas de los trabajos impulsados por PechblendaHacketeria y Gaudilabs. En 2013 los miembros del grupo Pechblenda, realizan talleres dirigidos a la descolonización del cuerpo femenino, investigación de medicamentos a base de plantas, lubricantes de fabricación casera y juguetes sexuales mejorados. Este proyecto se fusionará con el de la red internacional de biohacking, Hacketeria, el proyecto de laboratorio abierto Gaudilabs y trabajos de una red cada vez más extensa de artistas, científicos, investigadores y hackers.

Claudia Ossandon es una artista chilena que trabajó e inspiró el trabajo colectivo de Gynpunk a través de una investigación personal sobre la violencia de la ginecología.  A través de la historia de tres esclavas negras, Anarcha, Lucy y Betsey, que en el Alabama de 1840, fueron sujetos de estudio viviente de James Marion Sims, llamado el padre de la ginecología. Debido a su capacidad sobrehumana para soportar el dolor, Sims sometió a Anarcha a 30 intervenciones quirúrgicas sin anestesia. Con las conclusiones extraídas de estos y otros experimentos, Sims trataba a sus pacientes ricas y blancas con anestesia, mediante prácticas que sentaron las bases para el establecimiento de los procedimientos ginecológicos. El movimiento Gynepunk se hace eco de esta historia desconocida para reivindicar su causa. Así, han rebautizado las glándulas Skene como glándulas Anarcha, defendiendo que no tiene sentido colocarle el nombre de un hombre a unas glándulas que son responsables de los orgasmos de la mujer.

Las Gynepunk se proponen destruir el sistema sanitario prohibitivo y patriarcal, creando herramientas médicas eficientes y asequibles para ayudar a las mujeres socialmente desfavorecidas a cuidar de sus propios cuerpos. El colectivo, cree que la naturaleza extraña y personal de la visita promedio al ginecólogo suele ser innecesariamente torturante. Por lo cual han comenzado a utilizar técnicas de impresión y reciclado en 3D para dar a las mujeres el poder de monitorear y diagnosticar sus propias funciones corporales. Los métodos que el proyecto utiliza para promover el autocuidado pueden considerarse ciertamente peligrosos e irresponsables para algunos, pero lo cierto es que hay mujeres con problemas sociales, refugiadas, migrantes y trabajadores sexuales, que no tienen acceso a este tipo de asistencia médica, por lo cual el proyecto les ofrece a estas comunidades desatendidas de mujeres, una manera de supervisar y cuidar de su salud reproductiva por su cuenta. A pesar de que no tienen experiencia en la escuela de medicina o una sala de espera en sus hogares, la principal ventaja que tienen sobre el sistema de salud, es que realmente se preocupan por asistir a las mujeres, enseñándoles a través de charlas y talleres la construcción de diversos instrumentos tecnológicos que les permitan explorar su cuerpo para así ser más autónomas e independientes del sistema. Además de los talleres presenciales, existe una documentación registrada a disposición de cualquiera que tenga conexión a internet y acceso a piezas de uso frecuente, para poder aprender a realizar los diversos instrumentos caseros, con los que se pueden llevar a cabo diagnósticos y dispensar asistencia de primera necesidad consiguiendo ejercer un control personal sobre su salud femenina.

Autoanálisis de una cyborg witch

Con la determinación necesaria, es posible montar un laboratorio biológico casero totalmente equipado para realizar pruebas rutinarias como análisis de fluidos o espectroscopias. Las Gynepunks han logrado reunir muchas de estas herramientas y técnicas, así como información sobre su aplicación en la detección de infecciones por cándida, cáncer de útero, ETS y embarazos. De esta manera, se ha recopilado gran cantidad de información sobre otros aspectos de la salud reproductiva, desde tratamientos a base de plantas, hasta recursos para practicar auto abortos con menor riesgo para la mujer. Hasta ahora, sus experimentos se limitan básicamente a laboratorios de hackers y talleres, pero lo importante es que la mayoría de sus instrumentos se pueden fabricar con piezas de hardware recicladas, componentes electrónicos básicos, cola termofusible y cartón. Tanto el instrumental como los experimentos que nos enseñan están pensados para que cualquiera pueda fabricarlos por su cuenta. Gran parte del equipamiento básico de un laboratorio puede fabricarse muy fácilmente, quizá con calidad y reproducibilidad limitadas, pero suficientes para desmitificar la ciencia. La mayoría de las herramientas y métodos son de código abierto y disponible a través de Hackteria, donde han elaborado guías para averiguar cómo diagnosticar e incluso tratar casi cualquier problema ginecológico.

Klau-kinki (Claudia Ossandon) sitúa como ejemplo de las implicancias que conlleva el proyecto en la sociedad, el programa piloto de la prueba del vinagre, con el que se ha logrado reducir la mortalidad por cáncer de útero entre las mujeres sin recursos de Bombay en un 31 por ciento, además de centrar la investigación en cómo tratar el diagnóstico, la curación y la prevención, los miembros de Gynepunk también quieren liberar las herramientas ginecológicas que con demasiada frecuencia son retenidas como rehenes por las costosas visitas y diagnósticos del médico, haciendo que el cuidado de la salud sea algo exclusivo e inaccesible para las comunidades menos afortunadas; el objetivo de Gynepunk es desarrollar de manera colectiva, una ginecología de primeros auxilios que permita la autoconstrucción de la salud y los acercamientos a una autonomía tecnológica total. Una autonomía de la tecnología que transita desde nuestro cuerpo hasta el entorno que lo rodea, tratando de tomar el poder que la institución tecno/científica ha reservado, para mantenernos alejados de la libertad y la autonomía del conocimiento, controlando así a la población.

Preparación de herramientas para comenzar el Ginepunk lab

Estos tres proyectos permiten reconocer y articular la problemática que se plantea al inicio, en cuanto las mujeres son sujetos marginados de las tecnologías y de su propio cuerpo. Al mismo tiempo estos procesos constructivos de trabajo dan forma a lo que el sistema intenta ocultar a través de sus prácticas neoliberales normativistas, y es ahí que el escenario de la mujer y su desarrollo científico, político, social, cultural y artístico toma forma, construyendo un modelo de debate, con cuestionamientos en tanto la mujer es objeto de múltiples violencias de poder. El proyecto que impulsan estas artistas demuestra que no existen patrones opresores capaces de destruir del todo el empoderamiento femenino, capaz de hacer consciente a la sociedad de sus cuerpos, de reconocerse a sí mismos desde cavidades internas y externas desarrollando la sexualidad como algo natural sin trancas ni miedos de las absurdas normativas morales y culturales, permitiendo al cuerpo satisfacerse mediante instrumentos de aprendizaje y creación personal, al mismo tiempo que conocer ginecológicamente a través de la ciencia y la tecnología mecanismos autónomos que nos ayuden a derivar inicialmente ciertos diagnósticos, para no sufrir las dolorosas intervenciones de ginecólogos y matronas sin saber específicamente lo que hacen al interior de nuestro cuerpo. Todos estos proyectos de ciencia, tecnología y elaboración colectiva de instrumentos (a partir de utensilios caseros) permiten demostrar la influencia tanto del artista como mujer que trabaja con la tecnología y al mismo tiempo el espacio de discusión, aprendizaje y comunidad que ejerce sobre otras mujeres que permiten llevar el proyecto a cabo.

Los tres proyectos dan testimonio de lo que Haraway en Ciencias, ciborgs y mujeres da a conocer: “Yo busco una escritura feminista del cuerpo que, metafóricamente, acentúe de nuevo la visión, pues necesitamos reclamar ese sentido para encontrar nuestro camino a través de todos los trucos visualizadores y de los poderes de las ciencias y de las tecnologías modernas que han trasformado los debates sobre la objetividad. Necesitamos aprender en nuestros cuerpos, provistas de color primate y visión estereoscópica, cómo ligar el objetivo a nuestros escáneres políticos y teóricos para nombrar dónde estamos y dónde no, en dimensiones de espacio mental y físico que difícilmente sabemos cómo nombrar” (p.327). El uso de la artesanía en estos proyectos refleja de manera similar su conceptualización de la colectividad, el intercambio de conocimientos y la valoración del cuerpo, contrarrestando los procesos individualistas y objetivadores de los sistemas dominantes de conocimiento, producción y circulación de las artes. Finalmente estos trabajos impulsados desde 1994 hasta hoy, contribuyen a hacer realidad las potencialidades de los movimientos creadores hacia las intervenciones en campos cerrados de acción, y la creación de espacios comunes, donde la teoría y la práctica, la imaginación y la materialidad, no podrán separarse fácilmente.

Por L. Blaszko

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