EN EL CENTRO MISMO NUESTRA PIEL DE MUGRE
esta canción de velador desaparece
silba al aire y sus curvaturas de luz
resarcen los bordes
reflujo de la lámpara
en estas alturas dejo pasar
el sacudir de los árboles
me espera intacto el día
pero insisto en doblar las ramas
medir con la sombra lo que huye de mí
las calles suben por mi ombligo
peor es el cauce muerto en los ojos
todo me duele al cerrarlos
el sol retoca las palabras que dijo mi madre
cada raíz consuela el cuerpo
aumentan las escenas sin propósito
aguas cenagosas en cubierta
predicadores cruzados por un rayo
besos sobre manos de transeúntes
palabras pendientes en la oquedad de los vagones
alarido residual de la ciudad
repito sin querer la mugre y el rencor
tengo una forma distinta
de mirar
descarno el tajo franqueo la válvula del ojo
y lo cuelgo por la baranda
mi rostro urge la voz sola
crece sin tener que respirar
vive de otros vientos y hace su forma
no adiviné ninguna profundidad
sentí vibrar el agua la réplica
subyugada por los pies
la garganta no baja a ver la sangre
por las calles apenas un despliegue
la lengua se atasca se endurece
los filamentos estallan
una pequeña hendidura
podría limpiar los tejidos
que cuelgan de mi voz
se encarama a los muros
una floración de hongos
la lengua se apresura se dispara trepa por la pared
formo letras de sombra con las manos
es difícil decirlo en esta luz
soy yo frente a la imagen que ahora atrae a los ojos
eterna estadía en temblor de estas tablas
los fríos bloques de neón cargan de piso en piso
una oleada de aire podrido y obsceno
cuerpos hundidos un pasillo de nombres y caras
se enciende con tal lentitud
que los espectadores se han ido
vecinos dolientes madres y cunas dolientes
algo persiste detrás de la carne
saber que nada importa después de todo
me agaché en estas calles y nadie me vio
soy un nervio-ocular rodando por el pavimento
ya no hay guardianes en la catedral solo
durmientes en las bancas tinta negra bultos de sombra
un relámpago brusco
una retorcida
alucinación del corazón del poema
carneado fuera de mi cuerpo
debo apartarme del sol vivir en otro lugar
conmigo la luz es siempre luz
de mí disfrazo a los árboles
me cuelgo como
hojas abiertas brazos que salen de los tallos
la voz de esta canción desaparece
antes que la carne
el precioso silencio que le sigue
para salvar la pura piel
único rastro tras la huella final del sonido
Por Sofía Quevedo
Fotografía de Harry Gruyaert




