La premisa de esta obra es simple. Una mujer mayor sobre una caballete de metal, que sería la estatua de un caballo, agitando la bandera chilena y una policía pidiéndole que se baje. El recorrido de esa mujer en ese caballo sin embargo, es el viaje dentro de ella y de su “pequeña” historia particular la que siempre está anclada a la “gran” historia social. Más aún cuando esta atraviesa el quiebre del lazo social. 

No es una historia lineal, sabemos que la historia lineal es siempre una construcción que ayuda a calmarnos y a dar sentido, porque la vivencia de la propia historia y los recuerdos vienen a la memoria como puntadas uno sobre otro. No sólo sobrevienen, sino que se superponen en la mente de esta mujer mayor; en la nebulosa de su propio cerebro.

Lo que sucede dentro de esa nebulosa es lo sobrecogedor de esta obra, es ese salto de arrojo de la dramaturga y de la puesta en escena actoral que articula el dolor de las vivencias con la siempre esquiva comedia. 

Las escenas alcanzan mayor potencia porque cada tanto aparecen ensambladas a  referencias históricas que al sucederse en una continuidad inesperada y a repetición, que cómo toda repetición incluye variaciones, caen con todo el peso de su potencial significancia. 

La tarea entonces queda del lado de los que estamos viendo, escuchando y también riendo, y mucho. Hay algo que se suelta casi completamente en el recorrido por la mente de esta mujer. Algo que está entre lo absurdo y lo profundamente doloroso. ¿Cómo es posible hacer entrar tantas cosas sin que se aplasten entre ellas? Quizás sea este logro el que deje en mayor evidencia el trabajo colectivo del teatro, de este teatro que en el espacio nacional ha logrado hacer un trabajo con dramaturgias nuevas, como en este caso, pero siempre con un sello característico. Aquí todos están en el escenario para hacer teatro, no es un ejercicio discursivo ni tampoco un espectáculo performático, sino que es ese carácter ante todo de presencia que es la experiencia del teatro. 

Las historias que nos trae Caballo son muchas, algunas muy recientes y otras antiguas, pero todas de algún u otra manera funcionan como una memoria ontológica del cuerpo. En este caso están en el cuerpo de esta mujer, en su cabeza. Un cuerpo que a ratos desconoce su edad y sólo siente en base al dolor que otros pueden provocarle, o al alivio que puede percibir de las manos de un amor querido. Algunos de los personajes pueden transitar a nuevos personajes y volver a sí mismos, mientras que otros sólo se quedaran en sus lugares casi totémicos para enmarcar el despliegue de una segunda escena, de este “show” que presenciamos mientras el cuerpo de esta mujer se repliega de la escena. El “show” estridente y cómico es posible mientras ella no éste, porque si bien no es un personaje denso ni sin humor, ella porta una multiplicidad de historias pensadas o no , vividas o no, deseadas o no, que no deben llegar a esa estridencia para conservar la multiplicidad y complejidad de su personaje. Al volver esta mujer a escena, todo el “show” comienza a tambalear.

Lo absurdo nunca puede sostenerse suficientemente, pasa fugaz y funciona como una comicidad estridente y que nos deja en un estado más alerta y ahí todo sube hasta el punto en que lo absurdo cae y aparece o reaparece la premisa del comienzo: una mujer mayor sobre una caballete metálico, cabalgando ese caballo que ahora tiene también un personaje estático: el busto de una estatua mirando hacia nosotros.

Por Macarena Bertoni

 

Caballo

2 al 30 de abril

Jue a sáb | 20.00 H

Teatro Ictus: Merced 346

Duración: 60 min.

FICHA ARTÍSTICA

Dramaturgia y dirección: Emilia Noguera

Asistencia de dirección: Camila Oliva

Elenco: María Elena Duvauchelle, Roberto Poblete, Paula Sharim, Daniel Muñoz, Nicolás Zárate, Camila Oliva

Diseño integral: César Toro

Realización de escenografía: José Miguel Carrera

Realización de vestuario: Javiera Labbé

Música y diseño sonoro: Andrés Abarzúa & Felipe Bribbo

Diseño gráfico: César Toro

Producción: Alessandra Massardo y Catalina Tapia

Asistente producción: Paula Galleguillos

Comunicaciones: Sofía Oksenberg

Adaptación sonora y técnica: Lenin Silva

Técnico iluminación: Matias Gonzalez

Tramoya: Nelson Vargas