Por Xabier Usabiaga Fotografía de René Groebli
Mi casa es el cuerpo de mi madre y yo siempre duermo empapada con las piernas encogidas en el pecho. Llegará el día en dónde ya no me acuerde de ti Y se me olviden los nombres que nos trajeron aquí Hasta entonces trato de recordarte.
Un no sé qué que se queda quebrado en la lengua Si viniese un hombre al mundo, hoy Con la barba de claridad De los patriarcas: Él debería, si hablase de este tiempo debería Solamente balbucear, balbucear Siem siem siempre Balbucear Paul Celan Desde que la pícara
Por una ola que bañó mi cara, desperté, aguda, sólo para encontrarme encima de una roca al medio del mar. Lejos de mi habitación, lejos de casa; del trozo de tiempo que dicen que es mi vida. Me hallé con sal bordeando mis labios, mis ojos; su brillo cubriendo mi
Me siento tan en unísono con el silencio de esta casa, que puedo notar cada sonido que llega. Cada vez que un auto pasa, cada vez que alguien se acerca, cuando se abre una ventana o se cierra alguna puerta. He llegado a trazar un mapa de sonidos en
I. Manejaba, mi auto se movía como un fantasma. Siempre me dieron miedo manejar y los fantasmas. Escuchaba a Serrat, y cantaba con la voz de mi papá, siempre que canta uno canta el otro. Estacioné, el auto se detuvo La imagen de mi papá esperaba conmigo a Sofia, embarazada,
I El placard era un barco hundido que había que desarmar y remolcar hacia la superficie con la certeza de que no habría sobrevivientes tu camisa daba la impresión de volarse en cualquier momento pero sostenía en sus puños un instrumento invisible que el recuerdo no se animaba a traer
L’Ascension, 1933 cuando el ángel aparece conduce su cuerpo deshecho a las entrañas de la imaginación a su modo el ángel esquiva cualidades corporales lunas rosas espirales doradas ondas Martenot percusiones del nervio óptico muere también a su modo inseparable de la carne que transporta símbolos rotos y dispuestos de
Un arte del desgaste Hace tres o cuatro años la idea de pop-art ganó esa difusión amplísima que al mismo tiempo consagra y anuncia, sin remedio, el desgaste, la dilución de un concepto. Las crónicas periodísticas, las conversaciones de sobremesa (privadas, o redondas por televisión), aun las gacetillas de los
laika cuando la nave estaba a punto de despegar te preguntaste si de verdad alguien te amó las últimas horas que viviste en la tierra, contrajiste tu cuerpo pequeña de pelo rizado y con tu instinto de lobita siberiana sabías que lo que había allá fuera sería lo último que