Esta lista estuvo a punto de no existir. Muchas dudas hicieron que esta tercera versión casi no sucediera y, en gran medida, explican este desfase. A la luz de los debates sobre la necesidad de repensar el ejercicio crítico y sus alcances, se me hizo ineludible la pregunta sobre a quiénes me dirijo y, por tanto, qué propongo al seleccionar las obras de este compendio. En consecuencia, me pareció relevante que en esta edición quedaran a la vista algunos de los criterios que usé.

La escritora polaca Wislawa Szymborska define al poeta como un animista que “cree en los poderes secretos que dormitan en todas las cosas, y está convencido de que, con la diestra ayuda de las buenas palabras, es capaz de despertarlos”. Ese poder, al ser develado mediante el lenguaje, disloca la realidad y otorga nuevas visiones del mundo que antes parecían insospechadas. Pero no es todo. Como género habitualmente indisociable de la emoción, no basta solamente con hábiles ejercicios de escritura o novedosas estructuras compositivas y textuales. Frente a la cautivadora idea de la forma en la poesía, y a decir de Alicia Genovese: “quien escribe recibe el desafío de dejarse envolver en su propia zona recóndita, el desafío de aprender a no saber y acercarse cautelosamente a ella”. La búsqueda de la estructura debe dejarse permear por la vivencia. La sorpresa de la experiencia debe dirigirse hacia un lenguaje común, al servicio de esta. No hay emoción sin sorpresa, no hay poema sin emoción.

Con todo, la inquietud persiste y cómo no, si el lenguaje y la emoción son conceptos difícilmente aprehensibles. Sin más, les dejo la nueva edición del listado. Antes de lo importante, quisiera agradecer a mis amigxs, con quienes leemos, sugerimos y comentamos las publicaciones de poesía editadas durante el año. Gracias a su colaboración, concibo esta lista como parte de una iniciativa colectiva de escritura y sin eso, sin la experiencia compartida, mis dudas hubieran diluido este empeño. 

*Los libros serán dispuestos de manera cronológica para evitar la idea de un orden valorativo.

Primeras ediciones 2023

Cartas de un recluso imaginario, Martín Núñez (Cuadro de Tiza). ¿Qué es un poema? ¿Hasta dónde podría llegar un poema? Esta pregunta se activa en la primera publicación del autor en una exploración formal que merodea los géneros lírico, epistolar y ensayístico, con un dinamismo formal poco usual en el panorama nacional. Sin nunca soltar una preocupada fijación por las posibilidades del lenguaje, el autor abre y extiende una incapacidad de comunicación dirigida a un conjunto dispar de oyentes, desdibujando y ampliando el límite de lo que podríamos considerar una carta. En la ocupación del descalce entre lo que podemos decir y lo que queremos decir, el autor nos lleva a recorrer una suerte de diálogos sin respuesta: “Sé lo que quiero decir, pero no sé escribirlo. Dicho de otro modo, no sé qué o si quiero decir”.

Malos deseos, Ciro Romero (Bisturí 10). En este libro, el primero del poeta venezolano Ciro Romero, la infancia se despliega como un lugar oscuro y de desazón, en que la cría rechaza a la madre, los niños aprenden a ser hombres y lo podrido se llena de moscas. El autor trabaja la opacidad del lenguaje a través de momentos que van desde la acumulación y el exceso a la pausa y la quietud, construyendo imágenes que tiñen el agridulce recuerdo de la infancia. El animal del entusiasmo, parafraseando al autor, tiene una mano que desde la ceguera busca respuestas, en ese espacio repleto de malos deseos: “cuántos ojos para convertir lo invisible en palabras”. 

No hay paz, Kurt Folch (Una Casa de Cartón). El libro sucesor del premiado Enolebrum mantiene la calidad del anterior y, a su vez, abraza una radicalidad formal que ya sugería la obra de Folch. El conjunto transita entre formas primitivas y eriales y la complejidad de sociedades avanzadas que se ven trastocadas por el eco terrible de la violencia. A través de estructuras superpuestas, por momentos incluso ininteligibles, y un exhaustivo trabajo con la palabra, el autor explora extensiones oscuras para dar forma a poemas situados en ciudades repentinamente abandonadas, en la aridez de la periferia urbana y el pulmón de un niño perforado por una bala: “Las imágenes se han hecho polvo / el barro y la sangre inunda los canales / las ratas hacen allí sus madrigueras / el destino estaba decidido”.

Púa, Megumi Andrade (Overol). A pesar de concebirse como una novela, su incorporación al listado se debe a su capacidad de tensionar la clasificación más tradicional de los géneros. Púa es la historia de un desplazamiento forzado, cuya violencia obliga a sus protagonistas a dejar atrás hogar, idioma y nombres. Somos testigos de la deshumanización a la que son sometidos los personajes, que sin embargo resisten mediante actos cotidianos que les devuelve, en parte, algo de lo perdido. Mediante una estructura fragmentada, la voz se acerca al silencio, con las manos en la tierra y se resguarda en la contemplación en medio del tedio. “Con los ojos abiertos construye paisajes. / Una estepa, una pampa, un cordón montañoso. / ¿Por qué, se imagina, no se deshace del polvo?”.

Padre es un padre, Álvaro Becerra (Libros del Pez Espiral). “Rosa es una rosa es una rosa” reza el famoso verso ¿tautológico? con el que Gertrude Stein consiguió que ningún sustantivo, a pesar de ser idénticos, signifiquen lo mismo. En su primera publicación, el poeta utiliza el mismo principio para explorar la relación familiar con un padre complejo, parco, tosco; una serie de accidentes y desencuentros que transforman la crianza y la educación en la masculinidad una medida de distancia. Vemos en el libro un recorrido que cubre espacios laborales, viajes de verano, conversaciones truncadas donde el poema explora sin nunca cerrarse ni hacerse monótono, siempre desplazándose en un ritmo que alterna los sentidos del poema: “no es mi padre de quien hablo él no está ni estoy en esto porque padre no es mi padre no es padre exactamente el que enfría nuestra sangre”.

En la noche de filtraciones nadie dijo que amamos, Mauro Lucero (Aparte). Si pensamos en nuestras vidas, cada una de sus partes tiene un inicio y un fin claro, pero poco recordamos de los intersticios. En su primer libro, Mauro Lucero construye un momento que funciona como una bisagra: el hablante se sitúa desde el final de su edad formativa pensando hacia atrás y hacia adelante, haciendo colisionar mediante la nostalgia distintas imágenes que reconstruyen ese pasado efímero que se despide. Probablemente el gran logro del libro sea sacar del lugar común al libro de poesía de iniciación dotándolo de un tema insistente que siempre busca una particularidad. Lo efímero, lo caduco, lo marchito, cada momento en este libro amenaza siempre con su desaparición mientras el hablante debe seguir, de alguna manera, adelante. Y sin importar la transparencia y su papel en todo esto / sé que mi ojo se desfigura desde el otro lado. Lo que se abre / acepta lo que desechas.

 

Reediciones/traducciones

Solo por la emoción, Anne Carson (Bisturí 10). Nuevamente Bisturí 10 acerca a la poeta estadounidense a través de esta obra, en cuyo subtítulo un ensayo sobre las diferencias entre mujeres y hombres se devela uno de sus ejes, aunque es mucho más que eso. Un viaje por Estados Unidos con su primer amor, un antropólogo especialista en cultura China, es el escenario para este diario, un entramado en el que confluyen libremente impresiones del paisaje, canciones de la radio, recuerdos del padre y datos de la China ancestral. Cada uno de estos elementos, a su vez, se orientan a una reflexión, en palabras de Carson, antropológica de amor y deseo: “Frente al sonido de una llave que gira, un hombre tiene cerraduras en todo su cuerpo. Pero las mujeres son insensibles o mentirosas o nunca dejan de pensar, no puedes conseguir que yo deje de pensar”. 

Animal doméstico, Andrea Alzati (Bisturí 10). Publicado por primera vez en México el año 2017, los poemas de esta obra se articulan a partir de la memoria del cuerpo y sus alcances en la observación del presente. A través de juegos de palabras, repeticiones, experimentaciones en la sintaxis y el ritmo, Alzati evoca un tiempo remoto que, desprendido del lenguaje, emerge como pulsión frente a estímulos cotidianos, al mismo tiempo que nos inquiere a pensar en el comportamiento de los recuerdos y a su condición viva: “mi cuerpo produce y reproduce la idea de sí mismo una idea / que / se adhiere a las paredes del panal / que / no soy”. 

Nocturnos, Idea Vilariño (Ediciones UDP). Tras la publicación en 2015 de Poemas de amor, nuevamente Ediciones UDP nos acerca a la obra de la destacada poeta uruguaya, esta vez de la mano de su quinto libro, original de 1955. El amor y la muerte se dan cita en este poemario mediante versos breves y un lenguaje directo. El dolor y la soledad parecen cubiertos bajo una luz nocturna, que es, al mismo tiempo, una disposición que no teme al vacío ni al desgarro: “Digo que no me importa / y aunque me desdijera / seguiría siendo esa / la única verdad / la última palabra”.

; p0ema, Leonor Olmos (Aparte). Una propuesta en la que confluyen reflexiones alrededor del cuerpo y la escritura, ;p0ema desafía la gramática mediante un lenguaje cercano al del mundo virtual para evidenciar nuevos modos de entender lo humano, transido por la tecnología y sus mecanismos de representación. Números, signos y símbolos construyen un cuerpo vivo que siente y manifiesta sentires viscerales y los enfrenta a experiencias igualmente artificiosas y atemorizantes: “; // de mi cuerpo, un rastro químico : el c02 : la carne amoratada, _todo_de_sí : el poema dio todo de sí a un cuerpo y éste no responde”.

Cantoral, Winétt de Rokha (Oso de agua). Un rescate editorial que, gracias a un esfuerzo colectivo, permite revisitar una de las voces femeninas más interesantes de la poesía de inicios del siglo XX. Adscrita a las vanguardias, pero con un claro posicionamiento político, Cantoral explora estructuras y motivos poéticos que exhiben una búsqueda estética movilizada por la causa proletaria. El enaltecimiento de la mujer como agente activo de la transformación social se presenta a través de un lenguaje transparente que, por cierto, en su imaginario, también admite la opacidad, más cerca de la experiencia amorosa y autocontemplativa. No cabe duda la importancia de esta reedición, sin embargo, se echa en falta un prólogo o nota editorial que permitiera a nuevos lectores un acercamiento a la obra de Winétt de Rokha, perfilando la relevancia de conocer su obra.

Obit, Victoria Chang (Ediciones UACh). La escritura sobre el duelo halla en Obit una interesante lectura, la cual toma el formato del obituario para explorar las complejidades de la muerte y las maneras en que dicha experiencia permea cada una de las acciones de quien adolece la pérdida. Recordar, por ejemplo, su propia historia a través de las figuras paternas, que se escurren, oscilantes, entre la parálisis y la distensión. La obra, traducción del poeta Carlos Soto Román, despliega un juego con las formas, que intercalan prosa y estructuras versales dinámicas que permiten recrear el tránsito emotivo del duelo: “Cuando el lenguaje se va, todo lo que te queda es el tono, todo lo que queda con señales de humo. No sabía que ella estaba usando su propio cuerpo como madera”.

 

 

Por Camila Hormazábal

Fotografía de Elliott Erwitt (que en paz descanse)

Pueden revisar acá las listas de 2021 y 2022