Lugar de pumas – Por Valentina Bragado

Los mapuches son contrarios al tiempo, a este tiempo, pues se detienen y observan; sin más afán que observar, contemplan, permanecen, se conmueven ante la naturaleza con extraordinaria facilidad.

Diego Corvera

Viaje en el tiempo. Pasado, presente y futuro, tiempos verbales latentes, inciertos e inexistentes que desentraman la historia ficcionada en torno a la ciudad de Panguipulli, en la que el narrador recorre los rincones más sórdidos e invisibilizados de nuestra historia: la fisura del territorio mapuche, la fuga de la memoria histórica, la herida de Amalia, personaje que deambula entre vidas, muertes y ciclos que retornan una y otra vez para denunciar, a través del arte de la poesía, la música y de su cultura, el desarraigo nacional que hombres, siempre hombres, blancos, extranjeros, chilenos, cometieron contra el territorio del Wallmapu.

La novela de Diego Corvera, se construye en el espesor del bosque, a través de nueve pasos, nueve recuerdos; nueve historias que siendo diversas en trama y personajes, todas conectan bajo el hilo conductor de Amalia, una niña, mujer, madre, música, poeta; Amalia, la voz ficticia que logra traspasar la historia como registro del wenu mapu, en un eterno retorno literario e historiográfico.

Lo anterior se desarrolla por medio de hechos concretos que conocemos, o se nos vuelven conocidos, como la casona cultural de Panguipulli, la llegada de capuchinos europeos a cristianizar a la zona sur, el vapor Enco, etc.. Hechos que dotan de intriga y potencia a la dualidad entre realidad y ficción, traduciéndose entre lenguas colonizadoras y colonizadas, un tejido de memorias, olvidos y tormentos, todos cargados de una profunda emotividad, ya que la narración en sus distintas voces y perspectivas, se adentra a esa herida dolorosa que lleva el pueblo mapuche y que compartimos y sentimos todxs aquellxs que logramos comprender el error del Estado chileno en convertir el territorio sur, en una zona de producción para las élites, que nada tienen que ver con el origen de Amalia ni con la geografía ancestral. Ejemplificación de esto es la gran escena del comienzo del libro, cuando Amalia, una niña música que toca la guitarra con el grupo Cósmico, compuesto por jóvenes talentosos de Panguipulli, anuncia en una ceremonia dirigida por el empresario dueño de la casona cultural, que el grupo iniciará el repertorio con el tema “Lo único que tengo” de Víctor Jara.

Así, el personaje de Amalia, pareciera ser que tiene como intención problematizar el orden masculino de la historia. ¿Cómo lo logra? Amalia es una narradora protagonista y omnisciente a la vez, deambula por araucarias, mañíos, cipreses y canelos, ríos y lagos, a través de anacronías que entregan,como el flashback y la premonición, un ritmo particular a la historia, su historia, ya que es en la naturaleza que se torna sagrada en la literariedad de las voces que susurran el exterminio, la tala, la expropiación del territorio.

Amalia sigue el curso del río que, herido, se convierte en objeto de reiteración, a través de potentes ecos en cada árbol cortado por el complejo de forestales que se han apoderado de las tierras mapuches. Entre palabras, fonemas y letras exterminadas, se encuentra la resistencia, invisible – visible, ancestral y terrenal, de la novela, al construir una trama cargada de punzantes verbos que doblegan el relato oficial del Estado chileno respecto a la historia de expropiación mapuche.

De esta manera, los nueve relatos de la novela de Diego Corvera, desarrollan el saqueo de la geografía y la problematización de la historia que, por medio de la búsqueda histórica y ficcional, denuncian el síntoma de un mal sueño que no deja de ocurrir. El sueño, es la noche fría y ventosa del sur, que propicia las atrocidades cometidas, dejando escalofríos en la lectura de los relatos que, enumerados del uno al nueve, y dispuestos de manera aparentemente aleatoria, configuran un laberinto oscuro, como la noche del bosque nativo quemado en los papeles que, el gran empresario dueño de la Araucanía, celebra junto a sus amigos en una cena vigilada por todos los espíritus que han matado sus negocios geopolíticos.

Así es como, entre Panguipulli, Neltume, Huilo Huilo, Choshuenco, los lagos de Riñihue, Pellaifa y Calafquén, Maihue, Pirihueico y Pullinque, abunda el puma, espíritu sagrado mapuche que merodea las montañas al cuidado de las manos del huinca, representado en la novela por la polifonía de voces masculinas que tienen el poder de la narración, el poder de las forestales, de las tierras y de la historia contada generación tras generación.

De esta manera, el crimen original, la historia ab ovo, se desenreda por medio de la otredad femenina, que en el presente de la narración es la fuerza reivindicadora, acuosa, cauce de los ríos que rodean a Panguipulli, despojando la violación del territorio, esuchando el rugido del puma salvaguardar la historia con lenguajes sin lenguas y con señales del ulmo, tepas y robles, el mapuzdungun, traspasa tenaz engaños y silencios, tanques y maquinarias, logrando dejar en la quietud del lago, el juego – con el fuego – del duelo por ese pasado que no queremos olvidar y que la obra no deja que olvidemos.

Panguipulli en nueve relatos (Tinta Negra microeditorial, 2022) es un libro que apela directo a la sensibilidad estética del lector y lectora, iluminando el lugar sin tiempo, el de la no-ficción, ya que es un lugar de muchos antepasados; un espacio que no es aquí ni ahora, sin embargo que siempre es, ha sido y será ese espacio que se construye entre lo flotante y lo salvaje. Por lo tanto, la obra navega por el caudal de la memoria (no lugar) de Amalia en todas las dimensiones y realidades del tiempo cíclico, para susurrar en el fondo (de nuestra memoria) la grieta en la historia de Chile.

Por Valentina Bragado
Foto por Marie Sechtlová

 

Panguipulli en nueve relatos
Diego Corvera
Tinta Negra Microeditorial

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