Política de los actores – Por Miguel Ángel Gutiérrez

Hacia la mitad del libro, en un arranque de sinceridad, Moullet dice “Este libro tiene el defecto de ser poco divertido”, a esa altura, sin embargo, ya sabemos que está equivocado, que al igual que la mayoría de sus películas y muchos de sus textos críticos, la comedia está siempre presente. Quizás Luc Moullet es incluso el más divertido de la camada de críticos y cineastas cahieristas, lejos de la seriedad y autoridad de algunos de sus colegas.

En Política de los actores, originalmente publicado en 1993, Moullet emprende la tarea de replicar aquella Política de los autores (donde ya los cahieristas, varios años antes, habían puesto su atención en los cineastas de Hollywood) desplazando el objeto de estudio allí donde la mayoría de la crítica de cine no pone demasiada atención: a los rasgos, movimientos, señas, marcas, obsesiones y fundamentos de la práctica actoral. No de cualquiera, por supuesto, sino de Gary Cooper, John Wayne, Cary Grant y John Stewart, quizás los más prolíficos y más conocidos del siglo XX Hollywoodense (pareciera que solo sería posible agregar a esta terna, sin que destiña, a Henry Fonda).

Para poner en contexto su análisis, Moullet señala:

“podemos afirmar que no existía una tradición teatral americana antes del final de la Primera Guerra Mundial. El cine americano, entonces, precedió al teatro americano. En principio, entonces, no hay ninguna influencia del teatro sobre el cine. Podría ser lo contrario, pero nada me permite afirmarlo. Situación, por lo tanto, absolutamente original, y a su vez diametralmente opuesta a la de los actores europeos.” p. 25

El cine, por lo tanto, ha hecho posible todo lo que Moullet ve en los actores, no necesariamente la práctica teatral, son actores, en definitiva, sin tablas. El libro comienza y avanza cronológicamente, con Gary Cooper, el rey de los cowboys, el maestro del underplay (lo contrario a la sobreactuación, que sería el overplay). El procedimiento de análisis es generalmente el mismo para cada actor: se mezcla una reflexión panorámica de las películas con atención en detalle a tres o cuatro de ellas donde Moullet piensa que afloran rasgos característicos. Sobre el trabajo de dirección junto a Cooper, Moullet identifica que siempre está en la derecha del plano “Porque es lo que permite mostrar su perfil izquierdo y el surco en la mejilla izquierda, que lo vuelve más serio, más maduro y le otorga mayor carácter”. También dirá que “Hay en Cooper algo del efecto Kuleshov, pero es un efecto que funcionó más de treinta años y que ningún otro actor ha sabido utilizar mejor. Como no hacía nada, podía hacerlo todo. Y lo hizo.”

Luego sigue con Wayne, quizás el que menos entusiasmo le genera, se ciñe a un repaso filmográfico, a veces anecdótico, sobre todo de su trabajo junto a John Ford. Pareciera que Wayne, al contrario de Cooper, Grant y Stewart, no tiene tanto esos rasgos característicos que le permiten a Moullet estudiar los movimientos y desplazamientos actorales. Es, con razón, el capítulo más corto del libro.

Asoma sin embargo la luz de Cary Grant, el hermoso y divertido Cary Grant, “el hombre plegado” -según Moullet-, que anda siempre doblado, estableciendo oblicuidades con el cuadro mismo y lo que contiene: árboles, paredes, postes, Grant está constantemente intentando generar una relación perpendicular con su cuerpo. Quizás lo mejor del libro es el análisis pormenorizado que Moullet hace de la impresionante capacidad actoral de Grant, estableciendo nueve categorías que le permiten estudiar sus movimientos, miradas, comportamientos y su talento para volverse cualquier cosa, para finalmente establecer: “El triunfo de Grant consiste en la pérdida de la identidad: todos somos Cary Grant.”

Finalmente está Stewart, el que mejor mueve y ha movido las manos. Moullet dedica largo rato a analizar una secuencia de Rear Window de Hitchcock, en la que Stewart está en silla de ruedas, para demostrar cómo toda expresión se canaliza a través de las manos. El resultado es impresionante, y ver nuevamente aquellas escenas solo mirando las manos de Stewart es una experiencia bastante divertida.

Más allá de lo genial que actúa con las manos, Stewart no tiene el encanto de Cary Grant, ni la cara de Wayne, ni la capacidad inexpresiva de Cooper. Para Moullet “Stewart es el hombre ordinario que trata de llegar a mito, pero que nunca lo logrará.”, o dicho de otra forma “Stewart es el hombre tal cual es, Cooper, el hombre como debería ser”.

El libro de Moullet, por primera vez traducido íntegramente a nuestro idioma, es una gran noticia. Como lo es también la llegada de la editorial española Serie Gong a Argentina, quienes también publicaron recientemente un libro sobre John Ford escrito por Paulino Viota que pinta muy bien. Como sea, en medio de tantas malas noticias, es bueno tener un par de buenas para contar.

Por Miguel Ángel Gutiérrez

 

Luc Moullet
Política de los actores
2021
Serie Gong
Traducido por Juan José Vidal
Más info en https://seriegongeditorial.com/politica-de-los-actores-luc-moullet/

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