Pensando lo popular no simplemente como algo que apunta a lo masivo, a gustarle a todo el pueblo, mediante mecanismos que más bien suelen ser globales; podría decirse que un cine hecho por el pueblo, de manera independiente, por fuera de la industria y con una mirada situada sobre su realidad y forma de representarse, es también un cine popular en otro sentido del término. Cristián Sánchez es un realizador que hace más de cincuenta años viene haciendo películas bajo estas condiciones de producción y circulación, apostando a construir una identidad chilena de manera auténtica y realista, fuera de los lineamientos del mercado.
El 2020, en plena pandemia, estrenó dos películas en simultáneo, La promesa del retorno y Date una vuelta en el aire, en el marco del FICVALDIVIA, donde recibió un premio a la Trayectoria. El 2021 fue jurado de la Competencia Internacional del BAFICI, donde años atrás ya le habían hecho una retrospectiva. Aun así, su obra sigue siendo de culto, conocida entre cinéfilos y estudiantes. Cabe mencionar que casi toda su obra está disponible en línea a través de la página web de la Cineteca Nacional de Chile, quienes se han encargado de restaurar y difundir sus películas, reconociendo su aporte a la cinematografía local.
Estábamos rodando una de sus últimas películas, El Santo Oficio (2025), cuando salió la nueva constitución; Cristián bromeando al día siguiente dijo que por fin había salido a la luz el Chile verdadero, el mismo de siempre, que nada había cambiado y lo otro solo había sido una ilusión, como sucede en Esperando a Godoy (1974/2024), donde los lideres sindicalistas simplemente tiran la toalla y caen bajo intereses personales por sobre los colectivos. Hay un cierto pesimismo en sus películas, donde siempre hay una lucha de poder. Cristián dijo en una entrevista que “el arte es capaz de crear un pueblo”, y eso es lo que él busca, evidenciar las diferencias de estratos sociales, de clase.
Los personajes de sus películas suelen ser figurantes, “un hombre ordinario, común y corriente, que nada tiene que ver con el héroe del cine clásico. Ese figurante, devenido acá un personaje protagónico, irá conformando junto a otros tantos personajes secundarios, un pueblo” (Urrutia, 2018). En general, estos personajes no tienen grandes aspiraciones, sino esas pequeñas victorias cotidianas como seguir tomando con los amigos, un romance, algún tipo de aventura que altere el sopor de la rutina. Muchas veces todo gira alrededor de algo que no tiene el peso suficiente como para llegar a término, como esas conversaciones que dan vueltas sobre algo nimio y que luego se dilata más de la cuenta al irse por las ramas, que también es juego y vagabundeo; una especie de escape al aburrimiento, que atenta contra el conflicto central.
Muchos de estos personajes son interpretados por no actores o modelos, y eso genera un grado de naturalidad presente en sus cuerpos, sus rasgos, su deambular, y sobre todo su forma de hablar. Estas personas son reales y componen ese pueblo que busca representar, y que a través de los años ha ido mutando; Sánchez no solo incluye a las culturas ancestrales, mapuches, huilliches; sino también la población migrante, haitiana, colombiana, venezolana. La mezcla de todo eso es Chile, incluidos sus fantasmas, también presentes en sus películas. “El cine que a mí me interesa hacer es una indagación antropológica sobre la realidad chilena”, decía Cristián en una entrevista de 1980.
Urrutia (2018) se refiere a uno de sus actores más emblemáticos, Andrés Quintana, presente en sus cinco primeras obras -vuelto zombie en Con los pies en la tierra (2024)- de la siguiente manera:
“Quintana como posibilidad de configurar al pueblo, que emerge desde su rostro pregnante e intenso, que se configura a partir de una mirada, una voz y un habla; encarnando en todos los casos, a un tipo de personaje popular, siempre al borde de desbarrancase (aunque jamás llegue a demostrarlo) ya sea por amor o por falta de trabajo y de ingresos, ya sea por el modo en que peligrosamente se acerca a la locura.”
Sánchez piensa el pueblo desde la oralidad, y tiene una capacidad extraordinaria para captar modismos, formas y cadencias en la particular manera de hablar chilena; variando en cada personaje, quien se expresa a su forma. Sus diálogos están llenos de términos del coa, refranes y dichos que registran algo tan genuino como es la individualidad de cada uno; no solo qué dicen, sino también, cómo lo dicen; no siempre de la forma correcta.
Hay algo de su propuesta que remite al neorrealismo. “La operación de Sánchez consiste en visibilizar individualizaciones de esa masa, sujetos singulares, que se presentan atormentados por el sistema no equitativo, de un modelo económico, que los margina, les niega sistemáticamente las oportunidades a las que tiene acceso la clase media y alta santiaguina” (Urrutia, 2018).
No obstante, no cabe duda de que Cristián Sánchez es un director de cine moderno, que empezó su carrera en una época posterior a la constitución del Nuevo Cine Chileno, proceso que estuvo en estrecha relación con el Nuevo Cine Latinoamericano de los 60’s. Las dictaduras interrumpieron esos discursos en plena gestación y nacieron otras formas de narrar la realidad y el horror, algo presente en gran parte de su filmografía, de forma más o menos solapada pero siempre elocuente: los sótanos, la violencia, el fuera de campo, la oscuridad. En El zapato chino (1979), filmada y estrenada en dictadura, está presente “la crisis económica, el miedo a la tortura y a la muerte, la alienación de la gente” (Urrutia, 2018). Con su forma poco convencional e independiente de hacer las cosas, logró vencer la censura y convertirse en un documento de la época, un registro de aquellos que no exiliaron y siguieron haciendo cine acá, fieles a sus convicciones, como pudieron.
Los personajes que circulan en sus películas se mueven en la periferia, son buenos para perderse y divagar. Casi siempre los vemos en espacios privados, aquellos que habitan los personajes; sus casas y habitaciones; los comercios: fuentes de soda, clubes nocturnos, restaurantes; el auto. Este pueblo se representa encerrado, y las grandes masas quedan fuera del cuadro, como algo muy sintomático de la época que permanece hasta el día de hoy.
El cine de Sánchez tiene autoría, un sello propio que se ha mantenido desde el inicio; podría decirse que es un realizador que es fiel a sí mismo, y que siempre está indagando en lo que significa ser chileno, tanto en la superficie como en su profundidad. Todo esto lo hace con mucho humor e ironía, otro rasgo distintivo de la cultura nacional. Una sociedad que es buena para reírse de sus miserias, que no duda en hacer bromas en los momentos más incomodos, y que debajo de la risa esconde una enorme tristeza. Esta radiografía que él hace y que va actualizando película a película, con actores y no actores, va configurando esta idea del chile promedio, que se convierte en un reflejo con el que nos podemos identificar. Su cine es una prueba de que podemos narrarnos a nosotros mismos, desde una mirada situada, que en su particularidad puede ser verdadera.
La costumbre nos ha llevado a seguir relatos clásicos, con leyes creadas en otros continentes, con otras realidades, miles de años atrás. Lo masivo es lo que sigue esta línea, pero con eso, algo de la identidad se pierde, se uniforma. ¿Qué nos representa? Sánchez logra poner en escena una realidad cercana y palpable, que más allá de su artificio, logra comprometerse con la idea que propone. Por su forma de hacer películas, por los cuerpos que aparecen y cómo hablan, el cine de Cristián Sánchez es parte de la cultura popular, y con su perseverancia logra inspirar a nuevas generaciones.
Por Florencia Dupont
Filmografía
1974/2024. Esperando a Godoy
- Vías paralelas
- Susana
- El zapato chino
- Los deseos concebidos
- El otro round
- El cumplimiento del deseo
- Cuídate del agua mansa
- Cautiverio Feliz
- El paso del héroe y el círculo de los deseos
- Tiempos malos
- La promesa del retorno
- Date una vuelta en el aire
- Encargo para Chile
- Voy y vuelvo
- Con los pies en la tierra
- La llama interior
- El santo oficio
Referencias
Urrutia, C. 2018 El campo ausente: el cine de Cristián Sánchez. http://campoausente.cl/











