El gusto de la lengua – Sobre PFTSCHUTE de Sergio Salamanca – Por Martín López

Obra de un meticuloso artesano, aquí afanado chasquilla desenvolviéndose en las diferentes tareas cual si fueran todas parte de una misma práctica, misceláneo y continuo vemos en este libro de Sergio Salamanca un entrecruce heterogéneo de poesía que incluye: un epígrafe para la retrospectiva de Yayoi Kusama, canciones de trap, el guión para una obra de teatro, y traducciones varias que exponen a la producción como una conversación entre diversos autores y autoras, una manera de estar abiertamente bajo las influencias del gran parloteo (esto en el sentido de su tributo a la tradición). Dice PFTSCHUTE en Bing: “antes traigo noticias de atrás en voz de la siguiente voz, que de la siguiente voz a las siguientes voces subsiste”. Ya sea, una manera de estar abiertamente bajo las influencias, en la polifonía de lenguas que se restriegan atravesadas por ardientes vectores que aquí se arremolinan circundando en gracia.

Cabe destacar especialmente el hecho de que todo esto sea conllevado con carismáticas, abstractas y brutales viñetas que rayan a ratos con la melodía folclórica en un registro posmoderno. Presenciamos en el libro un retorno al valor artesanal de la elucubración oral y escrita. Es el juglar posmoderno que no tiene nada para decir pero de decir bien que sabe decir. Por el puro gusto de la lengua y a punta de un errante tarareo sacándose las vueltas, inmerso en una contingencia inmanente de palabras que se revuelven ya sea culebreando o rebotando entre ellas, ya sea remontándose y alternando como quien jugase a la payaya, develando una estrechez entre el juglar y el malabarista.

A fuerza de síntesis y reiteración se forja de pronto un minimal muy particular, ya que convive con el caos destartalante, una cosa muy propia del enredo del absurdo, dando múltiples fintas de pasos en falso que dejan todo movido para arriba y para abajo, al final siempre como quedando parado donde mismo.

Es la obstrucción del sentido pero con la proliferación enarbolada de una cohesión menjunjosa. Elaboración de una abstracta crudeza elocuente. Estreñimientos e intestinos arreglándoselas como pueden, echando para afuera por las orejas sin soltar la elegancia. Cohesión desprevenida cuya forma de sentido es la circulación abierta. Las mil maneras.

Atendemos a una poesía preocupada de la forma, que aquí es la pose, la buena hechura, el gesto, el estilo, estiloso si relajado, y por lo mismo a ratos latigudo, grotescamente caricaturesco en su soltura y forma de moverse. Se da un retomar de ciertos caracteres propios de la grotesca, desprendida de la picaresca, que es reino del pillo, dígase: “ante la escasez de recursos, el florecimiento de los trucos y atajos”. Pero volvamos a la rama particular que nos atinge. La grotesca, cuya etimología al parecer refiere a la colección de tesoros que eran ocultos en grutas lúgubres, esto es, como la flor de loto que crece en el pantano o, ya sea, la especial simpatía de un feo, reivindicando la capacidad de “hacer gracia” desde lugares propios del maltraer, desde lo simplón, lo crepúsculo y lo tremebundo, conllevando armonía y náusea en un mismo torrente.

Entre la exuberancia y la síntesis, vemos todo hecho de palabras y todo hecho de bultos y grasa, todo junto, bajo un fundamento ciertamente primitivo de la práctica. En esta encomendación a la forma, el autor se hace de sus ciertas figuras primarias, así en el texto damos con: la esquina, que es la intersección y también eso que está a la vuelta sin verse venir. La escalera, que es varias esquinas en zig-zageo y además montarse de pasos. La silla, que es el punto de partida y reposo. El punto, y luego el conteo, como de gotera, con tanta paciencia como impotencia. Y la sopa, que podríamos pensar como la forma de lo sin forma, el menjunje mutable y la morfología revuelta de los encuentros disímiles.

En esta vuelta a la artesanía a la que nos encamina Sergio Salamanca, ocurre un recobrar de fundamentos desde el cual no se podría entender de valores si no es en la forma, que es la gestualidad, los modos, los modales, la gracia de concatenación, del saber relacionarse, y el saber entrelazar, que también es sortearse los enredos en el tormentoso remolino del mundo y su vértigo.

 

Por Martín López

Foto de portada – Cometa de Ludwig Wittgenstein, casa Derbyshire

PFTSCHUTE
Sergio Salamanca
2022
Editorial Aparte
Colección Postales japonesas

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