El espectáculo cinematográfico de la realidad ficcional y no ficcional en la subjetividad de los pueblos originarios

En la última década el cine documental de pueblos originarios desarrolló una estética crítico- política al mantener la idea de espectáculo que tenía el cine como origen ontológico en su audiencia, así como también, en las propuestas cinematográficas que creativamente plantean la tensión entre Ficción y la No ficción de la subjetividad de sus pueblos.

El cine rapa nui de Waitiare Kaltenegger, con Uho te uka, la leyenda en el año 2012, desarrolla en su película dicha leyenda de la isla en el cine con la intención de transmitirlo a nuevas generaciones e intentar también dejar un legado, en la herencia dirigida a todo el pueblo. La protagonista es una mujer, que con sus características espirituales, prácticas y poderes naturales transforma su entorno con los ritos que nacen de su palabra, además de estar acompañada de su comunidad en el consejo para transmitirle sabiduría.

Su espiritualidad es una Ficción desde un punto de vista foráneo, pero es una realidad en los pueblos originarios, porque conjuga la integración con la naturaleza como un hecho material que existe y que se recrea como una continuidad en las cuatro películas.

También Francisco Huichaqueo, recrea esta materialidad Ficcional y No ficcional de la subjetividad, desde su poética de cine experimental en Kalül trawün[1] una película de 24’’ que, en sus propias palabras describe como:

“Un proyecto presentado al Museo de Bellas Artes como una exhibición de arte contemporáneo, tenía el fin de instalarse dentro de esta galería con la excusa para realizar una película experimental, en la que la exhibición jugara a modo de excusa para realizar una acción de arte político en torno a la problemática Mapuche. Esta se presentaría estratégicamente dentro de este centro comercial en las fechas de mayor consumismo de la ciudadanía, navidad y año nuevo. La exhibición se pensó para que tuviera la función de muestra de arte contemporáneo y que a la vez funcionara en parte como set de grabación y ambientación. Entonces se dispusieron elementos claves de la contingencia Mapuche como los nombres de todos los prisioneros políticos de esos días, tejidos en telar, dispuestos en un muro de doce metros de la galería y en el suelo unas piscinas con agua roja con los ocho nombres escritos con hojas de eucaliptus, que hacía alusión a las empresas forestales con las que se tienen conflictos en el sur” [2]

Durante el mismo año 2012, en que en la isla Rapa Nui se reunía un grupo de jóvenes para reivindicar memoria intergeneracional, el cine experimental Kalül trawün se define como un arte político que nace en una galería comercial donde pasaba mucha gente en fechas de Navidad que participó y que a la vez, en palabras del director, van comentando su afinidad a la identificación mapuche al transitarla. La mayoría de ellos, reconoce sus identificaciones al sentirse originarios y por tanto, portar una memoria intergeneracional en distintas perspectivas de las identidades.

Uho te uka, la leyenda y Kalül trawün además de tener en común la memoria, las identidades y el arte como acción política, ambos suman a la colectividad, que nace de un grupo de pertenecientes a los pueblos originarios, rapa nui y mapuche respectivamente. También Kalül trawün muestra en el cuerpo material una obra inspirada en el marco de la crítica de las “poéticas débiles” que nace en la ontología del cine chileno y de un modo más específico, en la epistemología del registro, “del estatuto de realidad de los contenidos, de la distancia del registro con el objeto; se trata, en cierto modo de los límites entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la no ficción y la ficción, por eso es posible hacer un inventario de esta intención en ambos sistemas” (Corro, 2012). En donde el tiempo no lineal de la historicidad del cine chileno, aúna las relaciones y se visibiliza la estética de la experimentación que había quedado dormida durante los cines de transición.

Huichaqueo, formado en la Universidad de Chile, inspirado por sus profesores/as de Escuela y Waitiare, mujer, rapa nui e hija de su generación, van surgiendo sin mochilas ajenas en sus filmes. “Son hombres y mujeres libres y desean, al menos en las voluntades, mantener esa condición en su camino de desarrollo” (Cavallo y Masa 14). El contexto del “Novísimo cine” chileno, ha dejado huellas en las figuraciones que va realizando en ambos cines anteriores, la Ficción y la No ficción, están en juego, el mito y lo verdadero, en donde el énfasis del idioma originario surge como un nuevo gesto de identidad.

Es así como la lengua, la capacidad de degustar un sabor distinto, es un punto en común en el film del mismo año 2012 de la directora Pamela Pequeño Dungun, la lengua. Protagonizada por una mujer originaria al igual que en Uho te uka, la leyenda pero mapuche, con una nueva perspectiva también poco vista hasta ahora. Esta mujer ya se presenta dentro de la sociedad chilena, trabajando en una escuela urbana en la comuna de Lo Prado como educadora de la cultura tradicional mapuche.

El documental además de mostrarnos los elementos materiales de su trabajo, nos presenta la subjetividad femenina, al igual que en Uho te uka, la mujer se comunica espiritualmente con su palabra o con su dungun. Ella se comunica con la naturaleza urbana, los árboles de las plazas del barrio y de los alrededores de la escuela son los brillos que destellan en la materialidad del documental.

En este sentido, el cine para los pueblos originarios en Chile ofrece una oportunidad de recrear los derechos humanos a partir del espectáculo ficcional y artístico, contrario al de la sociedad que está limitado en un marco político cerrado a los derechos colectivos argumentados en el Convenio n° 169 de la OIT. Los nuevos cines dependen de la crisis de las identidades que nacen en Chile desde el año 2000 en adelante, así como también en el mismo periodo, surgen las demandas por territorio originario, en donde Newen Mapuche, 2011 de Elena Varela es un hito sobre este hecho.

También el cine genera un territorio imaginado en las subjetividades, en donde las identidades se van formando a favor de los derechos de los pueblos, comienzan con relatos que surgen con nuevas ópticas y perspectivas que consideran protagonistas a los sujetos/as históricas como protagonistas. Recuerdo la sala de Newen Mapuche en el Cine Arte Alameda cuando en el foro posterior la audiencia que asistió proclamaba justicia para los presos políticos.

Todos los films van en esta perspectiva de colectividad en el espacio público, lo es también Dungun, la lengua, cuando en el mismo año 2012, al igual que los dos anteriores. Nos viene a comunicar que, el habla es parte del sujeto/a como lo es también el territorio, la naturaleza y la muerte.

Cuatro narrativas sobre la relación con esta en comunidades de Neltume, son las que el documental Persona/paisaje: el descanso un rito fúnebre, propone en todas ellas para mostrar la muerte de alguien en la comunidad y cómo esta, está unida a la naturaleza y al territorio, persiste en la materialidad de un mundo intangible que transita en la dualidad mapuche muerte- vida, dando nuevamente origen a la Ficción y No ficción comunicándonos que todo depende de los ojos con que se mire.

El territorio mapuche hasta ahora se conocía desde la demanda a la tierra como lo demostró Newen Mapuche pero con las proyecciones de estos cines vemos cómo más allá de la tierra están las identidades de los sujetos/as que están inmersas y desenvueltas dejando una memoria. En Dungun, la lengua la protagonista deja el legado del idioma mapudungun a sus estudiantes y en Persona/paisaje, el descanso: un rito fúnebre deja el legado intergeneracional de entender la muerte ligada al territorio, en ella se aprende que cuando se muere se vuelve nuevamente a la naturaleza.

En la línea del sentido ontológico del cine, las películas de pueblos originarios crean el espectáculo con sus cuadros subjetivos y en la continuidad de cada una de sus imágenes que crean relatos, desarrollan una identificación sentimental al pueblo que transita por sus identidades. La familia extensa, la comunidad, la organización social y la crítica a la religión por sobre la espiritualidad, van formando también un grupo de identificaciones que rememora a la sociedad chilena en sus historias familiares.

Los cines han dejado en las personas una relación con la imágenes que remiten a una experiencia vivida con la Ficción y No ficción y establecen una crítica estético- política desde la subjetividad, manteniendo el espectáculo cinematográfico en la sociedad chilena actual.

 

 

Por Marjorie Huaiqui Hernández.

 

 

 

 

Bibliografía Referencial

Cavallo, Ascanio y Masa, Gonzalo (Editores) s.f. El novísimo cine chileno. Uqbar Editores. FICValdivia. Digital

Corro, Pablo. (2012) Las poéticas débiles. En: Retóricas del cine chileno, Cap. 13. Digital

 

Cines  

Newen Mapuche (2011) Elena Varela López

https://www.youtube.com/watch?v=ijz5NLllTvM

Kalül trawün (2012) Francisco Huichaqueo

https://vimeo.com/340230530

Uho te uka (2012) Waitiare Kalteneger Icka

https://www.youtube.com/watch?v=qJHK3LOouiE

Dungun, la lengua (2012) Pamela Pequeño.

https://www.facebook.com/watch/?v=2201605043468595

Persona/Paisaje el descanso: un rito fúnebre (2013) Pablo Rojas Bahamonde

https://vimeo.com/62977486

 

[1] En castellano, “Reunión de los cuerpos”.

[2] Referencias del sitio web https://vimeo.com/340230530

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