Alain Bergala: anotaciones sobre el rol del cine en la escuela

Dentro de su libro La hipótesis del cine, Bergala se sitúa frente a la siguiente interrogante ¿Qué rol debe jugar el arte -y particularmente el cine- al interior de la escuela? Para nosotros/as, se abre entonces una relación entre los/as jóvenes y las películas, mucho más profunda de lo que podría creerse en primera instancia, resaltando incluso la muchas veces insospechada importancia que tendrían las obras fílmicas observadas en nuestros primeros años, y cómo estas afectarían en nuestro proceso de formación.

Bajo la afirmación de que el arte es aquello que se resiste, se presenta entonces el desafío de propiciar el encuentro decisivo con las obras dentro de la escuela, muchas veces, el único espacio en que sus estudiantes conseguirán tener acceso a esta clase de producciones (por increíble que esta afirmación pueda parecer para muchas personas que jamás han cuestionado la presencia constante de internet en sus vidas, junto con sus aparatos tecnológicos de alta gama). La tarea, como podemos esperar, no resulta sencilla, aunque lejos de desanimarse, el autor plantea esta dificultad como un claro ejemplo de la necesidad e importancia almacenada en este intento, interpretándolo como una importante herramienta para nuestros tiempos.

Ya en el inicio, Bergala se apoya en la figura del crítico francés Serge Daney, para trazar lo que será su hipótesis frente a la importancia del cine en los primeros años, sosteniendo que  “Existe para cada uno de nosotros, siempre según Daney, un lote de películas de formación (para él, las vistas entre 1959 y 1964, entre los 15 y los 20 años) «y las películas que vienen después» –escribe- «esas que hoy me digo que tendría que (o podría) haber amado antes».”[1] La importancia de este lote, radica en el hecho de que una vez cerrado, ninguna otra película podrá entrar en él, manifestándose entonces el valor de encontrar buenas películas en el momento indicado, considerando que estas dejarán una huella para el resto de nuestras vidas. Pero ¿Qué es una buena película? ¿Cómo identificamos un encuentro importante? En palabras del autor, estos “a menudo son los de las películas que van un poco por delante sobre la conciencia que tenemos de nosotros mismos y de nuestra relación con la vida.”[2] En ese preciso momento, nuestra percepción detectaría la conexión, sin poder profundizarla hasta tiempo después, años, quizás toda una vida, a modo de una lenta onda expansiva. Este proceso es precisamente la prueba de cómo el arte (y por lo tanto la obra) se niega a entregarse por completo: “La obra que va a resultar importante en la vida de alguien es de entrada una obra que se resiste, que no se ofrece inmediatamente con todas las ventajas de seducción instantánea de las películas desechables que invaden las pantallas y los medios de comunicación.”[3]

Es momento de preguntarnos entonces ¿Qué papel debe jugar la escuela frente a este arte que se resiste? Facilitar el acceso sencillo y permanente a las películas que -bajo la postura de Bergala- debieran ser visitadas una y otra vez. Este ejercicio de revisitar  se llevaría cabo con fragmentos, los cuales permitirían encontrarse nuevamente con aquella esencia del film en cuestión, por medio de una escena que debido a su guion y composición técnica, encapsularía la pieza cinematográfica en su totalidad. La existencia de cinetecas/videotecas como estas, junto con una lista de películas revisitadas, harían frente a la tendencia predominante en las instituciones escolares, las cuales buscan normalizar y amortiguar los aspectos y características ajenas a su estructurado fin. Más aún si consideramos que para Bergala el más grande error dentro de estas ha sido su aproximación al cine desde su miedo a lo desconocido, negándose a una inmersión completa en el mar de posibilidades que este ofrece, y conformándose con “anexar un territorio nuevo al viejo a la manera colonialista, sin ver en lo nuevo nada más que lo que ya se sabía ver en lo viejo.”[4] Pero el cine, resalta Bergala, es precisamente lo contrario, al otorgarnos acceso a la alteridad, es decir, al aproximarnos a las perspectivas y horizontes que difícilmente divisaríamos de no ser por él; nos muestra el mundo (y los mundos dentro de él). La oportunidad de abandonar el espacio de la escuela para visitar una filmación en proceso, interactuar con directores/as, guionistas, entre otros/as, son algunas de las posibilidades a considerar, capaces de producir grietas en el cuestionado pero aún así vigente sistema educacional predominante.

Para Bergala, estos ejercicios y experiencias nos permitirán pertenecer a la humanidad a través de la pieza cinematográfica, vinculándonos en la cadena a la cual la obra está ligada. Una capacidad de tejer lazos entre las películas que nos entrega a la vez la oportunidad de pensar en las obras más allá de los/as autores/as, y claro, más allá de la escuela. Ya en el segundo capítulo, el autor desliza su interpretación, por medio de la siguiente frase: “El arte, para seguir siendo arte, tiene que seguir siendo un germen de anarquía, escándalo y desorden. El arte, por definición, siembra desconcierto en la institución.”[5] El desafío por hacerse de un espacio al interior de una institución que se siente amenazada por su presencia se manifiesta como una posibilidad latente que reemplace la utilización del cine en las escuelas como un comodín para los días de lluvia. El cine no puede ser incluido como una asignatura más dentro de la institución, ya que de aquella forma se negaría todo su potencial. El cine debe contar con su propio espacio, el cual ofrecerá una interacción distinta entre profesores/as y estudiantes, más allá de las evaluaciones y los intentos por abordarlo de forma tímida y más bien despreciativa, el cine debe resistirse y prevalecer.

El papel de la escuela frente a un arte que debe resistirse, es precisamente otorgar espacio a estas nuevas inquietudes, comprendiendo cada una de ellas como un proceso más allá de las conclusiones e interpretaciones inmediatas. La presencia del cine (del buen cine) a temprana edad, así como la presencia misma del arte, sin duda fomenta nuevas maneras de observar/aprender/hacer . El encuentro individual y decisivo con aquellas obras significativas que se resisten, inicia un camino que nos exige un trabajo y reflexión constante, el cual nos acompaña y se transforma con cada nuevo descubrimiento. El papel de la escuela frente a un arte que debe resistirse, no es otro que el de apuntar más allá de la idea de “escuela tradicional”, tal como es comprendida hasta el día de hoy. Por su parte, el papel del cine radica en no dejar de interpelarnos, no sólo allí donde nos pareciera más cómodo, sino que allí donde a primera vista pareciera no tener lugar, ya que probablemente sea donde más se le necesite.

Por José Miguel Frías R.

 

 

[1] Alain Bergala. La hipótesis del cine (Barcelona: Laertes, 2007) 62.

[2] Bergala. La hipótesis, 63.

[3] Bergala. La hipótesis, 72.

[4] Bergala. La hipótesis, 42.

[5] Bergala. La hipótesis, 33.

 

Si quieres profundizar en la perspectiva de este crítico y cineasta francés, te invitamos a visitar estos videos, correspondientes a una entrevista y una conferencia realizadas en el marco del Seminario Pedagogías de la Creación de DocumentaMadrid 2018:

 

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