Chernobyl, poemas de Gustavo Lobatón

chernobyl

20 soles como 20 niños perdidos en la orilla

20 años buscando el aroma perdido

de las balas en mi casaca de cuero

todos hemos tenido alguna vez una casaca

de cuero quemada       rasgada en el hombro

como si una pantera nos hubiese dado una vuelta

brusca para hurgar en nuestra memoria

darnos cuenta de la pereza en nuestras manos.

los rezagados llegan a la orilla con las piernas

perforadas en el día d

son malaguas encalladas en

huacho

huacho es una ciudad de 173585 habitantes

cada uno lleva su propia malagua bajo la lengua

se tienden en el piso y              en cartografías

extienden un paradigma.

caminamos por el ombligo y en las ruinas

uno se detiene para apreciar el museo de los medici.

no, es en la calle: la calle de los medici.

no, era una casa: la casa de los medici.

allí las piedras perforaban los zapatos.

los cuerpos rotos nos miraban detrás de la balaustrada desconfiados de nuestros hábitos posmodernos.

los voluntarios

de entre todos los grados militares

son los más humanos pues encuentran la muerte al final

del pasillo mientras lo pintan de colores incandescentes

solo hasta que pierden el nombre en

los muros que son manchados con su sangre.

ya no distinguen el camino

ya no tienen amigos

que los lleven en sus hombros

como a nosotros que recogemos laureles de la basura

mientras en una esquina nos llaman por nuestro color

pero no contestamos.

recuerda: los suicidas somos también los más

humanos.

 

 

algunas consecuencias

tengo cataratas en un ojo en el otro miopía

la pelvis fracturada.

día y tarde salgo despacio por si los perros

vuelvo noche por si los hombres y después cinco inyecciones

estar seguro de despertar en la mañana.

tres veces ya me he perdido con los buses

terminar con solo tres soles y cincuenta céntimos en la mano.

llevo solo tres soles con cincuenta céntimos en la mano

los caminos se hacen cada vez

más angostos más aún cuando llegan a los pies del cerro

todos escapan a sus casas con hambre

devoran uno a uno los perros que en el día encontraron

cansados llegan            cuentan las monedas.

me miran por las ventanas

desde la calle me miran

por las ventanas me miran

desde el bus un esqueleto incompleto

voltean la cara miran una máquina un motor

fundido presto al basurero.

pero una vez que sienten una vez

the pain the scare

rompen a llorar sobre la almohada

los chinches la peste el psicoanálisis.

tengo dos hijos hombres tres con cincuenta

exactos en el retrete.

se han acabado pero silencio.

despierta a todos en la cuadra de al lado

una puerta se ha roto la han roto

las paredes también han roto las macetas que robamos.

la ventisca se pierde se pierde

se pierden todas las casas

corren hacia el río.

todos vamos a irnos al cielo sin no antes

entregar la riqueza a los ancianos y desnudarnos

en medio de la plaza para ser azotados

en la oscuridad

comprendes?

 

 

salida desde el huracán

yo no sé por qué los peces miran con un solo Ojo

en lugar de voltear la cabeza                de frente

cuando se acerca el enemigo

escapan con su único ojo sobre la imagen

hacia la simetría de un rostro perdido

se encuentran con la vastedad de su casa

hasta que la imagen otra vez

se halle vacía.

sin embargo, hago lo mismo

cuando por detrás se acercan todas las ancianas desde

el paradero

una turba demencial

el vestido las alarmas el café descafeinado

eleva el humo hasta llegar a la sien.

mi posición       ,

la posición fractura sedimento de mis dos únicos ojos

en mi cabello la seda se hace humo y parte

del silencio que se quita el largo látigo.

me he acostumbrado a hablar sin mirar a los ojos

como hacen los mendigos en las rejas

escuchando las canciones que llegan de los taxis.

igual que cuando mi padre se sienta de costado

rehúso verle al rostro               de frente

y en cambio lo miro con mis dos únicos ojos

en la nuca

postrados y pienso en las formas dolorosas que adopto

para poder oírlo

mientras huyo.

 

 

Por Gustavo Lobatón

 

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