Fumo porque me va a matar – Por Rosina Lozeco

 

Quiero escribir un libro

en una noche, sentir emoción

pienso que eso puede

hacerme sentir emoción.

Uso la computadora de mi mamá

que no sé si es una netbook

o una tablet con teclado,

a veces digo que sé muchas cosas

pero en realidad no sé nada.

Sé todo sobre la teoría del delito

pero no me sirve de nada

porque trabajo en una empresa.

Si me preguntan si soy

la abogada buena o la mala

claramente soy la mala.

También sé todo sobre los realistas,

cuando rendí

filosofía del derecho

estaba sola en el aula, la profesora

me miraba

mientras yo hablaba

entusiasmada

sobre el paralelismo entre la tesis

de los casos difíciles de Dworkin

y el realismo.

 

Pero no quiero hablar de eso

no quiero escribir un libro

sobre el realismo,

quiero escribir un libro

sobre el fracaso.

 

Aprendí a leer de chica, pasé

mi adolescencia en la reserva

ecológica de la costanera,

viajé a la costa y vomité, sí.

Me amaron y me dejaron

y me amaron de vuelta, quedé

embarazada a los 19,

en esa época dejé

de fumar, pero después volví.

 

Fumo porque me va a matar

el fracaso en cambio no,

no puede matarme

me atraviesa y me deja

sentarme en la reposera

del patio a escribir un libro

en una noche, los fracasos

me atraviesan.

Debo plata, tengo deudas

nadie lo sabe pero tengo deudas

como todos

un gran trabajo y deudas

un gran trabajo en una

gran empresa transnacional

y deudas.

El fracaso me atraviesa

como a todos,

pero yo escribo.

 

Escribo sobre realismo

en un poema realista,

escribo sobre el fracaso

en una reposera,

soy un bambi en la noche oscura,

uso versos de otros poemas

que son fracasos

y solo salvo una línea:

 

soy un bambi en la noche oscura.

Invito a una chica al cine y me dice que no.

Soy un bambi en la noche oscura.

Ahora fracaso en el intento

de escribir un libro

en una noche

y escribiré en cambio

un poema sobre el fracaso

en una noche

de varios meses.

 

***

 

Mi termo tiene 12 años

lleno de figuritas,

parece

esas ventanas

de cuartos de niños de los noventa

que se llenaban de figuritas y después

cuando vendían la casa

porque Menem y el fracaso,

una señora se sentaba

con una esponja de acero

y detergente a rasquetearlas

con paciencia

para que no queden rastros

de esa familia

que cuando pudo fue a mundo marino

y comió pizza en pizzerías de boulevard

y después ya no pudo

porque todo se fue a la mierda

y vendió la casa por poca plata.

Tampoco quiero que esto sea

un cuaderno sobre la crisis, pero es cierto

que hay cosas que no podemos

sacarnos de la cabeza.

 

***

 

Estoy en La Plata,

tengo que volver a Capital

con una amiga y su novio

a la casa en la que vive

con un pibe que es su amigo

y una vez me dijo

que vaya a dormir a su casa

y después me echó. Duermo

en un sillón ¿Es un fracaso

dormir en este sillón?

¿En el living que es un patio

con techo de vidrio

mientras escucho

como cogen dos parejas?

 

Abro los ojos y son

las 9, dormí poco,

¿a quien se le ocurre

tener un techo de vidrio?

Barro, hago mate, a los gatos

les doy de comer porque

lloran cuando me ven pasar

de la cocina al living.

Quisiera

ser un gato y

que cualquiera

me dé de comer y

después ir a huevear a los techos.

El chico que vive con mi amiga

canta fito paez todo el día

con su novia, los dos

cantan fito paez

todo el día, son un poco

insoportables, su pareja

puede ser un fracaso

como no.

 

Me pongo los auriculares

no son míos, los encontré

en la mesa, anda

solo el izquierdo.

Pongo fuerte Hot Chip

como cuando tenía dieciocho y venía

a Capital a ver al que me gustaba,

estaba re enamorada

y le escribía cosas.

Yo siempre pensaba

que era viejo porque era pelado,

ahora yo también soy vieja.

Esa relación estaba

destinada al fracaso, como todas

las que tuve, todos

hombres, los elegí sabiendo

que iba a fracasar, era una cosa

personal y profunda.

 

***

 

En Santa Fe mucha gente tiene

casaquintas porque en verano

hace mucho calor.

Yo trabajo en enero y

por la ventana de la oficina veo

pasar a la gente

por la calle, sentada

en patas con un abrigo

liviano tomando café,

soy todo lo que odio con el aire a 24°.

 

A la semana de eso estoy

viajando a Mar del Plata en un micro

lleno de viejos de San Cristobal.

Mi hijo preadolescente

y un montón de viejos y viejas.

Mi hijo preadolescente

tiene problemas de preadolescente

y yo soy una vieja de San Cristobal.

 

Yo soy una vieja fracasada

y mi hijo es preadolescente.

 

Vamos a la playa el primer día

y en el agua que queda espejada

cuando la ola vuelve

veo el reflejo de su cuerpo

enérgico corriendo

con una tabla de tergopol que conseguí

en la feria que hay arriba

de la bristol. Hay muchas

parejas con hijos chicos

no pueden estar tranquilos, los nenes

se cagan, se mean,

lloran, comen arena

comen colillas, lloran, se les mete

arena en los ojos,

gritan, comen helado

de 150 pesos, se les chorrea

corren al mar, las madres

se asustan, gritan,

corren al mar,

todos lloran.

 

A los tres días

un olor horrible inunda

la habitación

de dos estrellas, mi hijo

abre una caja de alfajores para regalar

el olor a pescado podrido

entra, inunda el hotel

de dos estrellas

el olor a podrido inunda

el tenedor libre que ya tenía

un olor horrible,

entra a por la nariz y llega

a los pulmones

a todo el cuerpo,

el olor a podrido inunda

el cuerpo

en la habitación de hotel

de dos estrellas

como el humo del cigarrillo,

pienso, como el humo

del cigarrillo.

 

En este viaje dejaré de fumar

solo para fracasar

y que el título de todo esto

no tenga sentido.

 

 

Por Rosina Lozeco

Foto por Martin Munkacsi

Share :
You may also like
Ruido conocido
Poesía
No seas niña – Por María Gabriela Martínez Enseñat
Poesía