De imágenes falsas: F for Fake (1973) – Por Agustina Cabrera

Esta película dirigida por Orson Welles comienza con un experimento, un truco, quizás un engaño. Aplicando operaciones sutiles cual prestidigitador, el cine de este vasto director supo experimentar y engañar con imágenes hasta su límite posible, y F for Fake es un ejemplo de ello. En los primeros minutos del largometraje, la cantidad de planos y movimientos de cámara se tornan innumerables, tanto que resulta complejo discernir qué está tratando de decirnos, si es que hay algo para decir.

Hay un equipo de filmación que graba hacia donde el ojo del espectador se encuentra situado; hacia donde el verdadero equipo de filmación se encontraba antes de que la película fuese un producto terminado. Ya comienza, entonces, a desdibujarse la línea que se traza entre realidad, verdad y ficción. ¿Qué hace la cámara allí? ¿A quién mira? Orson no duda en mirar directo a nuestros ojos, rompiendo la cuarta pared, para advertir una vez más que esto es ficción. -No lo olviden!- parece que gritan sus ojos. Como si, para poder ingresar en esta ficción, fuese menester recordar constantemente que estamos en el orden de lo engañoso.

Una película acerca de los trucos y el fraude”, dice. E inmediatamente promete que todo lo que dirá es verdad. Tal vez, al enunciar que uno va a mentir, está manifestando alguna clase de verdad. Filmada al estilo de falso documental, nos introduce en un universo incierto, enigmático, que no cesa de sostener un tono irónico, como si, escondiéndonos nosotros también detrás de la cámara, pudiésemos espiar algo de lo que se mantiene oculto, como un secreto. La historia se sustenta en una serie de personajes, falsificadores de pinturas famosas. Lo más llamativo es que no interesa ocultar la mentira, sino que la pintura sea lo más honesta posible, que la pieza falsificada sea una buena falsificación. No hay sustitución de lo original, de la obra verdadera. Aquello verdadero ya está dado por perdido, ese momento de creatividad aconteció una sola vez. Esto es meramente una copia, y la historia sobre cómo se vive de falsedades está puesta aquí en escena.

No obstante, no sólo aparecen estos personajes, falsos artistas, sino que también Welles, con su constante voz en off, comienza a llevarnos por un laberinto en el cual se torna en vano reflexionar sobre si lo que se está viendo es efectivamente una película o no. Probablemente se trate de esto, de mantenernos en un estado de ignorancia, pero también de apertura.

Los diálogos son tan absurdos, pero a la vez ingeniosos, que en un punto uno no puede evitar reírse y sorprenderse ante el hecho de que ya ha caído en la trampa, y espera alguna respuesta, absorbiendo escena tras escena lo que ellas pueden ofrecer, como si fuera una puerta que se abre sigilosamente. Para ejemplificar lo mencionado, Orson incluso osa en detener las imágenes, pausando los dichos de los falsificadores, analizando allí mismo lo que está aconteciendo, desmenuzando la imagen, buscando alguna ranura, lo no dicho, la verdad.

Reconozco haber mencionado muchas veces el como si en este escrito. Tal vez es lo que más representa a esta película. El como si. Querer hacerse pasar por una ficción sin serlo, sin explicitarlo. Y sin embargo, añadir variados recursos documentales para dispersarnos, jugando con el espectador.

Paulatinamente, F for Fake se enlentece y vuelve a la figura de Orson, a su trayectoria, repasando algunos aspectos notables de la misma, como la controvertida transmisión radial de The War of The Worlds (1938) o la creación de Citizen Kane (1941).  Esta pausa no significa en absoluto un distanciamiento de la temática principal del largometraje, a saber, la posibilidad de engañar. Ambos hitos de nuestro director implican un antes y un después en la forma de contar historias, en cómo llegan a quien las oye o las ve. El relato resulta una adaptación del libro homónimo de H.G.Wells, y por aquel entonces la voz de Orson lo vistió de una similitud inusitada, tanto que causó un revuelo y temor inéditos en los oyentes, quienes creían que aquello que escuchaban estaba sucediendo efectivamente. En cuanto a Citizen Kane, a veces olvidamos que esta obra no es sino una parodia sobre la vida de uno de los grandes magnates de Hollywood. Welles se encargó de ayudar en ese olvido, en borrar lo suficiente las asociaciones posibles. Aunque sólo basta con rasgar apenas la superficie para notarlo. Notar que es casi una biografía, pero también notar la operación de engaño de Orson. Puede que sea como Deleuze (1983-1984) manifiesta, quizás toda la obra de Orson sea una serie de falsarios, de falsificaciones. Una filmografía que “hace salir lo imposible de lo posible” (p. 85), articulada de engaños y contradicciones que coexisten inventando nuevos escenarios.

En F for Fake las dudas se sostienen hasta el final, momento en que emergen representaciones e imitaciones de situaciones que bien podrían haber sucedido o no. Él no lo dice: es una recreación. No lo sabemos. No lo sabremos. Orson se fue, y con ello dejó un legado todavía inconmensurable. Cada plano de cada película suya sostiene detrás una decisión indecible, una capacidad de invención que pocas veces existió. Sigamos honrando sus engaños cinematográficos.

 

Por Agustina Cabrera

Obra citada:

  • Deleuze, G. (1983-1984) Cine III. Verdad y tiempo. Potencias de lo falso. Editorial Cactus.
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