Puzles existenciales – Reírse de la modernidad y descubrir cómo vivir en ella

Había pasado tanto tiempo desde la última vez que saqué el set de Serpientes y escaleras que la caja de cartón se había deformado. La había dejado en ese entretecho hacía años, y si el clima no hubiera estado como estaba, y si yo no hubiera necesitado distracción, jamás se me habría ocurrido sacarlo. 

Cuando finalmente lo hice, me tranquilizó ver que el juego estaba tal cual lo recordaba. Todo estaba donde debía. Un cuadro color escarlata sobre papel manila, escaleras azules, serpientes de todos los colores del arcoíris. Cuando agité la caja más grande, una más pequeña cayó de ella: cuatro piezas con fieltro pegado para que pudieran deslizarse mejor. Un dado de madera con números tallados hizo ruido al lanzarlo, antes de que pusiera las piezas en el cien. El cuadrado “casa”. Derecho a la victoria, a ganarlo todo.  

Si aceptas las reglas del juego, las virtudes te llevan por un  camino, los vicios por otro. Es tranquilizador: actúa de forma C y avanza en cierta dirección, actúa de forma Y para alejarte y ver todo desde un ángulo diferente. Un falso baño de significados, ya que, en realidad, a diferencia del ludo o el Parcheesi, el juego se reduce completamente al azar. El movimiento de una ficha depende del giro del dado y las serpientes y las escaleras no tienen mucha vela en este entierro. ¿Quién elegiría ser una serpiente?, ¿quién elegiría ser una escalera? No importa, ya que las identidades son escogidas en el camino, así como en el sistema de castas. Tres filosofías compiten en un solo juego: la filosofía  del azar, la filosofía de la virtud y el vicio, la filosofía de la existencia inalterable. No es de extrañarse que el niño que lo juegue se confunda. 

Esta situación tampoco debe ser muy agradable para las serpientes y las escaleras en el juego. Imagina una serpiente que, en general, disfruta siendo una serpiente, que ha crecido escuchando que la vida siendo una escalera es fome. Tener peldaños es un estilo de vida demasiado rígido, piensa la serpiente, es preferible un estilo de vida sinuoso, más abierto, libre, que disfrute más la ondulación de las curvas que el duro trabajo del ascenso. 

Estas son ideas de las serpientes más viejas, y esta serpiente las cree. Pero un día, por curiosidad o por unos panfletos, quién sabe, la serpiente pierde interés en representar un vicio. Más que nada, quiere reencarnar como escalera. Sin embargo, el cambio es imposible. Pegada en su forma actual, sin nunca morir o envejecer, está destinada a mantenerse como lo que es por toda la eternidad. Sobre el tablero, la serpiente está muy cerca de lo que quiere ser, pero no puede serlo. 

Cuando la serpiente envía directo a la perdición a las fichas, que llegan con esperanza en los ojos, o quizás incluso a la canaleta del cuadrado once, se siente arrepentida. Lanzó a un niño por esa canaleta esta mañana, el niño lloró y lloró, y la serpiente ni siquiera había tenido la intención de hacerlo. Es solo su forma de ser. Como una entidad hecha para “deslizarse”, otra cosa que odia es toda la preparación que requiere, tiene que mantener su piel lisa y no descuidarla, para que las fichas no tengan ninguna dificultad durante la caída. 

¿Puede, al menos por un día, deslizarse ella? Montar una escalera está fuera de cuestión, ya que para eso necesitas un buen par de piernas. Tampoco una escalera puede deslizarse por una serpiente porque podría lesionarla. Otra duda: “deslizarse” no tiene una duración específica. ¿El subir o bajar dura días o minutos, segundos, años? Incluso eso es algo que ignora. La serpiente sufre de un auto cuestionamiento excesivo. 

Al lado está su equivalente, la entidad en la que desea convertirse. La escalera representa la virtud, honestidad y la perseverancia. Normalmente hace subir a sus fichas un par de casillas hacia el deseado cuadrado dorado del nirvana, felicidad y el éxito terrenal. Pero, ocasionalmente, solo ocasionalmente, desea poder hacer lo opuesto —no por maldad, sino que simplemente porque ve la contradicción en la que se encuentra—. 

¿Qué sentido tiene mandar al flojo Sameer Junior hacia la escalera de la felicidad solo porque le salió un 5?, ¿dónde queda el karma? También es cierto que en momentos oscuros se siente atraída por la voluptuosa sinuosidad de las serpientes… pero ¿Cómo puede acceder a esa categoría de existencia? Técnicamente, es verdad que una escalera puede servir en ambas direcciones, pero acá solo cumple con una: hacia arriba. ¿Es posible para una escalera subirse a sí misma?, ¿es un sujeto o solamente un medio? 

Estas son el tipo de preguntas que atormentan a la escalera, la confunden. Enfrentadas a sus condiciones, serpiente y escalera, así como sus camaradas, están tentados a doblar el tablero y encerrarse de nuevo en las cajas. Aparentemente ambas encuentran ridículo el estilo de vida del otro, pero al mismo tiempo les atrae en secreto. ¿Qué hacer? Arrancan tiras de papel del tablero y comienzan a dibujar caricaturas. La serpiente prefiere los sencillos trazos de un bolígrafo del estilo del elefante digerido en El Principito. La escalera tiende a algo más elaborado, dibujos con más detalles. Los pequeños trozos de papel empiezan a circular entre los otros seres del tablero y a escondidas admiran las imágenes del otro. 

Se ríen a pesar de todo. La situación es evidente y deben hacer algo. Llaman a una asamblea. Hay tiempo para eso, los que solían jugar han crecido sin darse cuenta y la caja ha sido guardada en el entretecho. En el silencio y a oscuras, las serpientes y las escaleras no pierden su deseo de hablar. De hecho, estas ganas aumentan, como si tuvieran más tiempo para pensar y sus ideas prosperaran en discursos y dibujos. 

Durante los días en el entretecho, se lleva a cabo la Primera Asamblea de serpientes y escaleras. Tiene la importancia de Yalta y de Potsdam, pero el tono es más lúdico. Mientras el Otelo ocupa su tiempo con su columna vertebral sin alinear y el Backgamon eliminando los discos no deseados, las serpientes y las escaleras conversan: 

SERPIENTE: Empecemos con un recuento histórico. Somos naturales de esta tierra. Antes de que ustedes, extranjeros, entraran portando su Lista de Reglas, éramos un país de serpientes perfectamente feliz. Admito que no estábamos enroscadas en orden alguno, pero con su venida, los recién llegados, se impuso un freno a nuestra idiosincrasia. Líneas rectas, progreso y órdenes.  

ESCALERA: Qué extraño he de verme jugando al abogado del diablo, ya que mostraremos a las personas como seres divinos. En cualquier caso, déjenme defender a los pioneros que trajeron el progreso. ¿Qué sería nuestro juego sin él? No tendríamos ni ton ni son, las fichas andarían donde les diera la gana. ¡Caos! La forma de una escalera es, además, la forma de un riel, y ¿hacia dónde iríamos sin un tren que fuera confiable? 

SERPIENTE: Avances hechos por un pequeño grupo y para ellos mismos. Me haces sisear. Solo los más absurdos y aspiracionales de nosotros están de acuerdo con las escaleras. Los demás solo ríen y hacen correr dibujos burlones. 

ESCALERA: Ah, vimos algunos. Eran bastante chistosos. De todas formas, tengamos en mente dónde estamos hoy. Algunos de ustedes, serpientes, están atraídas por nuestro estilo de vida de escalera, y viceversa. Deberían partir por abrir sus mentes. A las serpientes no solo no les gustamos  nosotros, ustedes escrutan a cualquier pieza de Batalla Naval o de ajedrez que venga de visita. Todo lo que quieren es preservar a toda costa su anterior mundo de serpiente. 

SERPIENTE: ¡Falso! Lo único que queremos es no perder nuestro sentido de identidad antes de adoptar otras influencias. No es por ser grosero, pero si te fijas, nosotros somos seres con una forma más compleja que la de ustedes. Somos más ágiles, coloridas, texturadas; nuestras cabezas pueden ir de arriba abajo y podemos extender nuestras lenguas o usarlas como tenedores. Nuestros ancestros reptilianos vienen de miles de años atrás. Somos una civilización clásica, mientras ustedes, si se me permite decir, son un poco rígidas y sin carisma. ¿Qué habría pasado si absorbíamos sus influencias antes de conocernos a nosotras mismas? Nos habríamos enfermado. 

ESCALERA: ¡De nuevo con los prejuicios! Lo que no te mata… Habría sido un trago fuerte, y hubieran estado mejor a la larga. ¿Dónde está su fibra moral? 

SERPIENTE: Debo haberme explicado mal. Nosotras operamos de acuerdo con un grupo diferente de valores… ¡y qué hermosas que somos! Nuestra reluciente existencia no murió cuando incorporó sus elementos, pero no está claro tampoco si mejoró. Cambió, perdió su trayectoria, se fracturó en formas cubistas.  

ESCALERA: Obviamente las cosas fueron complicadas. Tú sabes que la vida no es un juego de serpientes y escaleras. 

SERPIENTE: Obviamente es un Monopoly y todo pierde su encanto si nos pensamos como piezas plateadas, peleando por propiedades y billetes… 

ESCALERA: En eso estamos de acuerdo. 

Erguida, con el tablero en la mano, noto un diario en la parte trasera del mismo, cortado con tijeras y pegado ahí. Muestra la cara de un hombre y tiene un pie de foto: GAGANENDRANATH TAGORE, ARTISTA INDIO. Invisible a las serpientes y escaleras, él preside el debate. Gaganendranath venía de una familia ilustrada. Era el sobrino de Rabindranath y hermano de Abanindranath Tagore, y lideraba la Escuela de Arte de Bengala. En los años veinte, mientras los ingleses empezaron a traer sus avances científicos “modernos” a la India, Gaganendranath empezó a trabajar en sus caricaturas. De acuerdo con Partha Mitter, un historiador del arte de la Universidad de Sussex: 

En aquel momento la ciencia no era algo extraño para  la India. Jagadish Chandra Bose estudió ciencias en Cambridge durante la década de 1880 y en 1890 empezó  a trabajar ahí. C. V. Raman, Premio Nobel en Física (1930) ya trabajaba en su investigación desde 1920. Srinivasa Rmanujan, el gran matemático autodidacta murió en Cambridge en 1920 y trabajaba ahí desde hacía mucho tiempo. La ambivalencia de Gaganendranath es importante: él perteneció a una familia bengalí de privilegios y occidentalizada, pero es importante reconocer que el renacimiento de Bengala (que incluyó a los Tagore) representa una herencia dual: modernización del idioma bengalí pero también el legado de la Ilustración. Sus caricaturas fueron una autoparodia de su propia clase. 

En las acuarelas sobre cartón que envió como cartas postales a amigos o que publicó en Modern Revue, Gaganendranath respondió al incremento de la influencia extranjera. Cuando los nuevos desarrollos científicos y el arte modernista entraron al país, su giro instintivo fue hacia la comedia como un medio útil de entender su confusión. Era un nacionalista y no le gustaba la manera en que aparentemente se les imponía la tecnología y la ciencia occidental. Fue especialmente irritante la hipocresía de sus compatriotas que querían abrazar incuestionablemente estas novedades. 

En su serie Reino del absurdo hay una litografía llamada Levitación moral, en la que un hombre “levita” hacia acciones inmorales como beber, fumar y el entretenimiento, todo lo representado por Occidente. También está la “metamorfosis” de un hombre indio que trata de andar con pantalones occidentales  y un señor bengalí en dhoti al que putean por tratar de entrar al compartimiento de un tren con el libro sobre la risa de Henri Bergson. En la oscura serie “Reforma del grito”, hay imágenes adicionales que muestran los métodos usados por la ciencia occidental para ir en contra de los intereses de la India. 

Antes de su período de caricaturas, Gaganendranath pintó paisajes simples inspirados por la pintura “oriental” japonesa. Campos con siluetas de palmeras, una ligera capa de lluvia y  pájaros desparramados. Un hombre caminando totalmente solo a través de un paisaje azul bajo la luna, los colores son pálidos, plateados, brillantes y dorados. La punta de un pincel bajó por un vaso de agua y lo revolvió ligeramente, antes de moverse a través de la página. La calma permea la imagen donde casi no existe diferencia entre río y orilla, tierra y cielo. 

Después del período de las caricaturas, cuando Gaganedranath empezó a pintar otra vez, había una sensación similar de calma, pero no se quedó con las acuarelas por mucho tiempo. En un estudio, junto a su hermano Abanindranath, el más serio de los dos, empezó a investigar el esteticismo de Whistler y a los prerrafaelistas y a experimentar con técnicas de pintura occidental.

Su transición desde la negatividad hacia las influencias occidentales, burlándose de los “babús” indios hasta adoptar técnicas occidentales como el cubismo, parece llamativa. Pero, a pesar de las imágenes donde se burla de sus compatriotas, estaba realmente interesado en aprender de Occidente. No eran las ideas en sí las que le molestaban, era la pose, la situación de “lo uno o lo otro” en la que sus compatriotas insistían. Había más estupidez e hipocresía en la cultura india de ese tiempo, pero Gaganedranath fue amable, no dañino: veía todo claramente. 

Pantalones o ropa india, filosofía francesa o Sri Aurobindo, el debate era un sin sentido. Influenciado por descubrimientos franceses y alemanes, Gaganendranath jugó con un sinnúmero de diferentes estilos. Pintó interiores y figuras solitarias en el paisaje, escaleras en la ciudad y bloques de colores, siluetas de mujeres y paneles teatrales diseñados para shows de magia. 

Sus pinturas parecían espiritualmente renovadas, usando ángulos fracturados para mostrar las invariables formas en que el ser interior interactúa con el mundo exterior. Muchos objetos están rodeados por un aura casi transparente, una capa delgada de pintura que sugiere que todo puede inclinarse ligeramente hacia izquierda o derecha, hacia arriba o a hacia abajo, llenar un cuadrado diferente en una trama imaginaria. 

Unos cuantos trabajos eran directamente religiosos, pero esos no son los mejores. En una obra cubista llamada Resurrección, las nubes parecen tan esponjosas, a pesar de que ya no trataba de hacer una caricatura de las nubes. (Una vez satirizó con su tío poeta, Rabinadranath, flotando por el cielo hacia las ciudades europeas de París y Londres, así como la villa de estilo europeo de Victoria Ocampo en Argentina, donde desafortunadamente el poeta espiritual se tomó demasiado en serio la coquetería de la socialité). 

Gaganendranath venía de un entorno Indio Católico, pero sus figuras de Cristo, velas y cruces parecían demasiado estridentemente obvios, utilería que no tenía nada que ver con  el alma. ¿Era real el alma? Quizás, fuera lo que fuera juntó la estela delicada de sus acuarelas, la línea firme y multiforme de  sus incursiones cubistas, las escaleras y toboganes en sus pinturas de la ciudad, la imaginería religiosa de su pintura tardía, en un solo corpus de obra. Las múltiples partes forman parte de un solo juego, y el alma ríe tras él. 

No puedo encontrar ningún registro de él jugando, pero creo a que Gaganendranath le habría gustado Serpientes y escaleras, especialmente si lo jugaba sobre una alfombra enorme en algún hermoso jardín bengalí. Las “y” es lo que me gusta en el nombre del juego, Serpientes y escaleras; mito y progreso. Gaganendranath trató de defender una imagen mitológica de su país y acoger nuevas influencias. La risa como respuesta se vuelve un medio para la reconciliación y aceptación. 

Volvamos ahora a la discusión donde la serpiente se ha enojado un poco con la escalera por no entender sus críticas hacia el avance tecnológico. No puede comprender que prefiera una ruta A a una Z, sin dejar espacio para la suerte ni para los desvíos. 

Recuerda que los hindúes veneran a una serpiente con cinco cabezas y que se hacen versiones de ella en arcilla. Hay que aceptar que serpientes como estas existan con tal de poder jugar, incluso si no te las tomas en serio. Se aceptan la suerte y los giros inesperados de los dados, incluso si se sabe que te tocará  eventualmente la CASA.

ESCALERA: Puede que nuestra forma de ver las cosas sea, a veces, gris. Y vivir con ustedes puede hacer las cosas más divertidas. Solo deben ser un poco más prácticas y ahí es donde entramos nosotros. ¿Podemos acordar una tregua? Toda serpiente o escalera tiene la opción de asumir la posición del otro. Dejar que el Espíritu de la Risa anime lo que hacemos. 

—En la parte de atrás del tablero, Gaganendranath se ríe para adentro, en silencio— 

SERPIENTE: Eso es un compromiso. Nos gusta. De  verdad que algunos de tus avances nos han dado cosas, lo tenemos que admitir. ¿Dónde está Dado? Se supone que él tenía que arbitrar esto. 

ESCALERA: Seguramente anda afuera visitando al tío Wiggily de nuevo. 

SERPIENTE: Ojalá no lo invite a cenar. Dado que puede ser así de impredecible y no tenemos nada para comer… 

El latir de un corazón, una luz que titila. De pie, a media luz en el entretecho, con el tablero en mis manos, siento de pronto un dolor aguado en mi tobillo, entonces, veo una forma similar al  color de la oscuridad que se aleja reptando. Velozmente, bajo el tablero y examino mi piel: se pueden ver dos círculos diminutos y ensangrentados. Al principio, pienso en gritar, entonces bajo la escalera tranquilamente hacia el baño, donde lavo la herida.  Antiséptico y harta gasa. ¿La serpiente buscaba alguito de comer para Dado y Uncle Wiggily? Hago un dibujo rápido de eso para no olvidarlo, entonces me pongo mi pijama y al sobre. Hay serpientes y escaleras, escaleras y serpientes que pueblan mi cabeza. Un inmenso templo al progreso se alza hacia el cielo y cae al piso una y otra vez, en miles de formas, todas las infinitas variaciones de la suerte en mis sueños. 

Una breve teoría de la comedia 

“La vida, como bien sabemos, no es una comedia, sino que una mezcla extraña” señala George Meredith en un ensayo. Pero tampoco, añade, es una “máscara de maldad”. La comedia puede ser una respuesta inicial a lo que nos  confunde y no está libre de opiniones o de sentimientos oscuros. 

La verdadera comedia es diferente a la sátira cruel o al humor frívolo y es simultáneamente una forma de crítica y de demostrar afecto. “Puedes calcular tu capacidad para la percepción de lo cómico siendo capaz de detectar lo ridículo en quienes amas, sin amarlos menos, y más aún, siendo capaz de ver en ti mismo algo ridículo con una mirada compasiva, aceptando la corrección que propone hacia ti esa imagen”, escribe Meredith. 

El arte del espíritu puede nacer tanto desde lo cómico como desde la melancolía. La comedia es una forma de delinear los elementos escondidos de una situación y opera primero disolviendo la tensión. Lo absurdo nos prepara para todo y es una forma de generar expectación, desvincularse, develar, revelar. 

La mayor parte del tiempo operamos con una noción preconcebida del mundo: la comedia desaparece la niebla y nos hacer ver con ojos renovados.

 

Por Jessica Sequeira

 

Otros Paraísos – Aproximaciones poéticas al pensamiento en la era de la tecnología
Jessica Sequeira
Traducido por Fe Orellana
2020
Editorial Aparte
191 pp.
https://editorialaparte.cl/product/otros-paraisos/

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