Poemas de Hilda Hilst – Traducción de Javiera Hernández Arriagada

 

XVI

Siento hastío

por los hijos que van a nacer.

 

Tendremos que explicarles

tantas cosas a tantos de ellos.

Un día me preguntarán

todo lo que alguna vez pregunté:

Mamá, ¿por qué no puedo

ver a Augusto cuando quiero?

Mamá, estuve leyendo tanto estos días

que estoy a punto de encontrar lo que quería.

 

La inutilidad de las palabras.

 

Siento hastío,

tanto hastío

por los hijos que van a nacer.

Diez, veinte, treinta años

y estarán buscando alguna cosa.

Nunca se acordarán

de aquellos que ya murieron

y buscaron tanto.

Les va a costar (¡oh, dioses!)

entender a aquellos

que se mataron.

 

 

Los hijos que van a nacer

¡Pobres!

 

Van a pensar que son ellos

los elegidos.

Van a pensar que tú

nunca pasaste por lo que ellos están pasando.

 

Los hijos que van a nacer…

Insatisfechos.

Incomprendidos.

 

De Presagio – 1950

 

Del amor contento tanto descontento

15

A Aldous Huxley

Ahora, mis señores

es preciso dormir.

Aunque muchos no sepan

es cada vez más difícil

sonreír.

 

Ahora, mis señores

es preciso dormir.

Mis señoras y madres:

Es preciso olvidarse

de parir.

 

Tenemos un mundo nuevo:

Trazo, acero, espacio y color.

Y estructuras infantiles

garra y pupila

para el amor.

 

Ahora, mis señores

es preciso dormir.

Y que el sueño no demore.

Azul y rosa y gasa

Repitan conmigo:

 

Azul

Rosa

Gasa

 

Ruta del silencio – 1959

 

Diez evocaciones para un amigo

I

Si te parezco nocturna e imperfecta

mírame de nuevo. Porque esta noche

me miré a mí, como si tú me miraras,

y era como si el agua

me deseara

 

Escapar de tu casa que es río

deslizándome apenas, sin tocar la orilla.

 

Te miré. Y hace tanto tiempo

entiendo que soy tierra. Hace tanto tiempo

espero que tu cuerpo de agua tan fraterno

se extienda sobre el mío. Pastor y navegante

 

Mírame de nuevo. Con menos altivez

y más atento.

 

II

Ámame. Es tiempo todavía. Interrógame.

Y yo te diré que nuestro tiempo es ahora.

Espléndida avidez, vasta ventura.

Porque es más vasto el sueño que confecciona.

 

Hace tanto tiempo, su propia textura.

 

Ámame. Aunque te parezca demasiado intensa.

Demasiado intensa. Y áspera.

Y transitoria si lo repiensas.

 

III

Si me fuera concedido, a mí, rehacer el tiempo

haría de mi rostro de parábola

red de miel, oficio de magia.

 

Y en aquella encantada librería

donde escasos amigos me sonreían

donde a mis ojos eras torre y trigo

 

Mi todo valiente de Poesía

yo te habría tomado. Fortuna, amigo,

Tan extrema y larga.

 

Y amante contento el amor habría sido.

 

De Júbilo, memoria y noviciado de la pasión – 1959

 

 

HILDA HILST (Sao Paulo, 1930-2004), fue una autora brasilera de una vasta producción literaria que abarcó poesía, prosa, crónica y teatro. Publicó su primer poemario, Pressagio, en 1950, y el segundo, Balada de Alzira, en 1951. Hilst vivió la convulsionada vida cultural y bohemia de Sao Paulo. Rodeada constantemente de amigos artistas e intelectuales de la época, la autora decidió alejarse de la ciudad para abocarse por completo a su labor literaria. Fue así, como en 1966, se terminó la construcción de Casa do sol, una casa en una finca en las cercanías de Campinas, donde rodeada de cientos de perros, Hilst se dedicó exclusivamente a escribir. Dicho lugar, se convertiría, además, en un espacio de interacción cultural.

 

Traducción de Javiera Hernández Arriagada

Foto de portada de Robby Müller

 

 

 

 

 

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