Macedonio: El hombre de la gran carcajada

“Hay que hacer reír hasta una Carcajada que juzgue al Mundo. El Mundo, su Moral, todo-reídas. Si han de ser admitidos en Metafísica los Sentimientos en función de intelección, de Explicación del misterio de la Realidad, la bufonada ilimitada de los buenos muchachos de Rabelais alcanzó la Carcajada Juzgadora de la Realidad tan perspicuamente como pudo pretenderlo luego la Angustia de Kierkegaard. ¿Por qué ha de ser la Angustia y no una Risa Invencible? La Miopía Telescópica o Meteorológica. Intento de repetición de Rabelais”.

Macedonio Fernández (“Todo y Nada”)

 

I

Macedonio evitó la literatura tanto como pudo. Su obra fue un intento ya no de acabarla, ni siquiera de bordearla, sino a través de la parodia de denunciar sus imposturas. La escritura como accidente. La literatura como un vicio del que es necesario escapar a fin de salvar a la persona: una novela que nunca comienza, atascada para siempre en la discontinuidad bárbara de sus prólogos; la simultaneidad del verso socavando la narración, el despliegue horizontal del tiempo: el Cósimo Schmitz del puro presente. Como escritor, un nato ensayador de escritura, un expositor de bocetaje, un hacedor de silencios.

Contra el “arte culinario” de la narrativa tradicional, realista, Macedonio construyó el “Belarte Conciencial”, la antipoética del futuro. Digresiones, omisiones, elipsis, involución de la acción, ausencia, postergación o desestimación del personaje, interpelación directa al lector como sujeto responsable de la narración, trastrocamiento de la lógica tradicional sostenida por el racionalismo a favor del absurdo, juegos verbales de toda índole, eran la trama nunca oculta de su escritura.

En las fotografías que lo retratan Macedonio rehuye la pose, evita los gestos reconocibles del intelectual, del escritor pensante. Como si fuera tomado por sorpresa, como si la fotografía lo mismo que la escritura fueran un inconveniente, algo que lx toma por asalto y ante lo cual una rápida resolución lx salva del ridículo de las legalidades.

Dijo alguna vez de Borges: “Borges dice No soy poeta. Es mucho decir; ¿se cree tan excepcional?”. También, de otro: “Es un artista, ni siquiera un loco”.

Y es que era fácil posar, ser artista, escritor, hacer literatura. Lo difícil era lo otro, escribir a destajo de la literatura, hacer de la escritura una contra-escritura.

Esta sustracción de su cuerpo a los olimpos literarios, Macedonio la realizó con los gestos enfáticos del actor. Al mismo tiempo que acopiaba papeles, roía en la memoria (institucionalizada) de la literatura la posibilidad manifiesta de su propio nombre. Ya lo había hecho una vez cuando con habilidad de prestidigitador, había sustraído su existencia a la de quienes por entonces se consideraban lxs mortales, para pasar a ser el difunto, el desaparecido: durante más de veinte años sus compañeros de estudios lo habrían dado por muerto a fuerza de obstinada ausencia, hasta que en 1928 el hijo de uno de ellos lo descubriera sobreviviente.

 

II

 Algunas ideas macedonianas…

1- EL ASESINO ANUAL Y DONADOR DE DÍAS FELICES PREVIOS A SU VICTIMIZACIÓN

Lo que lo impulsa al crimen es el placer o la necesidad de ver morir. Está aprendiendo, adquiriendo la sonrisa del morir, para su propia muerte.”

Un hombre dedica todo su tiempo a satisfacer a otra persona a fin de que alcance el colmo de la felicidad. Llegado el momento, la asesina o, mejor, tal como sugiere el narrador, participa del último deseo de quien, vibrante en el summum de la alegría, “condesciende en un suicidio pasivo”. Las víctimas mueren sonriendo. Lo trágico, se nos señala, es el descubrimiento por parte del homicida de una infelicidad inmutable: nadie hará por él lo que él hizo por otros, ninguna felicidad tan grande como para desear la muerte.

 

2- EL ZAPALLO QUE SE HIZO COSMOS

Un zapallo sembrado en el Chaco comienza a crecer de manera acelerada absorbiendo en su interior primero unas cuantas poblaciones, más tarde provincias, luego un país, el océano, continentes, el planeta tierra y por último el cosmos. En el proceso de su alarmante desarrollo se ensayan teorías, se practican estrategias diversas para su destrucción, incluso la de engendrar otro zapallo en el Japón a fin de que ambos se aniquilen. Todo es inútil. Pasado el tiempo, nadie sabe si habita o no en el interior de un zapallo o del universo: el zapallo acaba por ser su personificación. Y remata el narrador: “Totalidad todo Interna, Limitada, Inmóvil (sin Traslación), sin Relación; por ello Sin Muerte. Historia externa del zapallo que sorbiéndose entero el Cosmos hizo cesar la Externalidad, de donde nos viene la Muerte”.

 

3- CUENTO DE LITERATURA NO LITERARIA

Tomás se desempeña como mozo desde hace veinte años en una confitería, satisfaciendo el gusto de cada cliente. Es esta su pasión, su razón de vida. Su arte es el de la caridad, el de la solicitud y la cordialidad. Un día Agustín Llanos, hombre con “algún vicio de maldad”, receloso de la felicidad de satisfacer al prójimo de Tomás, decide contrariarlo:

“- ¿Y usted qué pide, don Agustín?

– Pues me traes una tajada bien tostada de hielo rodeada de garbanzos del puchero de ayer”.

Tomás cae sin vida. El narrador reflexiona acerca de su final determinando la culpabilidad de Agustín, de quien recibió la muerte. El caso, por su “intensidad”, a pesar de la “no exterioridad” de su violencia, es calificado de “policial”. Moraleja: el dolor moral y la torpeza de los hombres pueden ser tanto o más dañinos que cualquier clase de atentado físico contra la persona. Y cierra: “lo que me subleva es esa muerte por desquiciamiento interior, vacío instantáneo de la Ilusión de Servir que daba calor a su vida entera”.

 

4- LA ELLA -SIN- SOMBRA

La estructura de una obra a desarrollar (“arte por encargo”):

Primera parte del relato: Una pareja se distancia. Al irse, ella abandona junto a él su propia sombra.

Segunda parte: “Cómo borrar la sombra”. El muchacho, obsesionado, consulta a amigos y a especialistas, ansioso por suprimir la sombra de la muchacha que anda detrás de él, inútilmente.

Tercera parte: “Fortuna fue que fuera imposible mi insensato intento de borrar esa sombra”: El muchacho renuncia a la mera posibilidad de ser abandonado por la sombra; por el contrario, se aferra aún más que antes a Ella y desarrolla una comprensión de sus responsabilidades para con la persistente huella.

Moraleja: la joven se ha apartado de su sombra deliberadamente, segura de que al final y sólo de esa manera, “su sombra y el amor de Él serán suyos nuevamente”.

 

III

En el libro de Umberto Eco, “El nombre de la rosa”, “El arte de la comedia” de Aristóteles constituye el libro prohibido. El motivo es simple: las personas sienten necesidad de Dios en la medida en que temen al Demonio, y la risa aniquila el temor. Si nos reímos de todo, si nos reímos de Dios, el mundo se convierte en un caos. El argumento pertenece a uno de los representantes del poder eclesiástico. Descontextualizada, la tesis sigue resultando útil a quienes han aprendido que sólo por el temor es posible controlar el deseo y las pasiones de los pueblos.

“La experiencia está confinada en una jaula, en cuyo interior da vueltas y vueltas sobre sí misma, y de la que cada vez es más difícil salir”… Las palabras que André Breton escribiera en el Manifiesto Surrealista en 1924, el texto que quiso ser el no va más del arte institucionalizado y burgués, nos alumbra. Macedonio, su inmensa capacidad para el juego y la risa, fueron y son un intento más de socavar las representaciones, la estructura simbólica sobre la que se asienta el poder: poniendo patas para arriba el lenguaje y más aún, la literatura tal como era conocida y practicada por entonces, se abría un espacio para refundar las identidades cristalizadas en los discursos sociales. Su finalidad, como la de los surrealistas (a pesar del afán público y expansivo de los segundos, y de la pretensión anónima, recóndita del primero), era metafísica y debía servir a un cambio total del espíritu. Macedonio fue sin duda el metafísico de la risa, nuestro Rabelais criollo.

Su obra, lo que nos legó, es producto de la más casual de las supervivencias, y es que si en algo no se esforzó Macedonio fue en lograr ya no su perdurabilidad, que es mucho decir, sino su mera difusión, su publicación: la más incompleta de las obras completas, se cuenta de su trabajo que existió originalmente en infinidad de papelitos desperdigados aquí y allá. Volver sobre los fragmentos, las ideas, los itinerarios discontinuos de esta contra-escritura no literaria, implica poner en jaque a la inteligencia para practicar otra vez nuevos modos de conocimiento a través de la risa y de la ocurrencia más eficaz. El arte es capaz de liberarnos del miedo que es jaula, que empobrece la experiencia y nos aniquila como al pobre Tomas, de “desquiciamiento interior”.

A Macedonio, al frío inmemorial de sus huesos, a su gran carcajada. Porque quiso ser hombre en la reflexión, contra la eternidad y contra todas sus simulaciones.

 

Por  Tamara Rutinelli

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