Sobre Carmen de Romina Pistolas – Por Elisa Massardo

Me llamo Romina Inocencia. Si los de apellido Gordo son generalmente flacos, los de apellido Delgado son rellenitos, si las Dolores del mundo son en realidad felices, las Inocencias podemos ser strippers…

Romina Pistolas

La excusa de ser stripper da para todo y los juicios sobre el trabajo sexual, también. Desde insultos hasta entrevistas, porque te sacas la ropa y eres capaz de decirlo con orgullo. They are naked and they dance, se llama el otro libro de Romina Pistolas, que no lanzó en Chile, y en el que realmente se aboca a mostrar el desnudo de manera digna y real; en Carmen, en cambio, estratégicamente ocupa su trabajo para contar mucho más.

Así, a través de una escritura ágil, entretenida y mediante diversas anécdotas, vincula su vida en Calbuco, isla ubicada al sur de Chile, pueblo en el que creció hasta irse a vivir a Santiago para estudiar tras salir del colegio; a su vida actual en diversas ciudades de Australia. Amores, desamores, noches de fiestas y diversos recuerdos se leen en las páginas del libro editado por Cuneta Ediciones.

La historia podría entenderse como la vida de una niña que crece encerrada en una isla. Es entretenido, sin duda, el tiempo te rinde como en ninguna ciudad y conoces a todos, pero también implica ver fronteras naturales a diario, porque todo lo que te rodea es mar y cruzarlo tiene sus complejidades. Ahora bien, Calbuco, así como su gente, es traposa: tiene un pedraplén y quizás la idea de la fuga se hace menos compleja por esto, tal como demuestra Pistolas.

La gente de la capital rara vez entiende lo que es la vida en el sur. Alucinan con irse a vivir allá, recorrer, mirar los paisajes, como si fuera el paraíso. Sin embargo, vivir en regiones es complicado: las posibilidades de salir de ese lugar dependen de los recursos económicos de los padres, o de lo valiente que eres para irte a la ciudad, lejos de tus redes y de lo que conoces. Las posibilidades de ir al doctor, dependen de la facilidad con la que puedes llegar a la capital regional y de especialistas, ni hablar. Las posibilidades de ir al teatro, al cine, al lanzamiento de un libro, son escasas; menos mal el cine es masivo y llega a todas partes (qué mentira), y que los actores se la juegan por hacer giras a regiones, sino ni eso se conocería. Y si esto sigue pasando, ni hablar de los 90.

Y lo mismo con la salud mental, porque la vida en ciertas regiones es compleja más allá de las carencias o las distancias, ¿cuáles son las posibilidades para alguien que nace en un pueblo en provincia? Quienes crecimos en esos lugares lo sabemos y no lo digo peyorativamente, si no solo para explicar aristas de la realidad. Probablemente el destino sea uno: vivir igual que los padres que se casaron o embarazaron jóvenes; emparentarse con la mitad del pueblo, porque son todos familia; estudiar -si tienes suerte, en la universidad o instituto más cercano-, para luego trabajar en tu pueblo nuevamente y que tu descendencia siga el mismo camino. Macondo sigue existiendo y lo hace en Chile. Pistolas, narra, justamente, cómo se puede cambiar ese destino circular: salir, viajar y sí, también sufrir. Porque con ese destino prescrito tu salud mental es compleja, así como los niveles de alcoholismo o drogadicción[1]. Y evidentemente la psicología y, sobre todo, la psiquiatría pareciera ser inexistente en los pueblos, así que de no haber salido de ahí, probablemente, Pistolas hubiera terminado igual que la mamá de su prima Ale, según relata. Porque sus diagnósticos de salud mental hubieran implicado una serie de derivaciones, interrupciones, probablemente crisis y experimentos con medicamentos hasta lograr estabilizarla, porque en Chile, además, ir al psicólogo se le hacía inconcebible por plata.

Por otro lado, armarse de valor para llegar solx a la capital del país, tampoco es sencillo, podría considerarse como una invitación a sobrevivir. Santiago, es donde la gente de pueblo se entera de las radicales diferencias de clases; de las distancias de dos horas dentro de una misma ciudad; del acoso permanente que se vive en la calle. En un pueblo te gritan cuando andas con falda corta, pero como todos se conocen, puedes responder. Si vives en el campo, la historia puede ser diferente. Acá aprendes que salir a las 5am y caminar sola por la calle es realmente inseguro (aunque asesinatos recientes, ocurridos justamente en Calbuco, demuestran que salir a las 8pm de un domingo puede ser fatal) ¿Qué sociedad hemos construido y quién mira las regiones o la salud mental? Políticamente, durante las campañas presidenciales los candidatos se regocijan diciendo que fomentarán la descentralización con apoyo a la autonomía regional… hasta que se llega a la presidencia, se van del país o, sencillamente, se guardan para no perder el capital político acumulado. Una mierda.

Pero más allá de la tierra

Pistolas cuenta cómo se fue de una isla a otra, esperando resarcir esa vida monótona y alcohólica que entrega el sur. El alcohol, pareciera ser, se mantiene. La monotonía no. Y es que ella lo quiere todo. Sin embargo, el tradicionalismo y el machismo se conserva tanto en Chile como en el primer mundo… La discriminación, la masculinidad fornida (y arrepentida), la misoginia, la cosificación, la falta de deconstrucción tanto de hombres como mujeres aún impresiona. Y de esto, también se trata Carmen: o cómo me inicié en el negocio de bailar sin ropa.

Porque las mujeres de ese libro terminan siendo cuestionadas por su trabajo, por sus parejas, luego de que esos mismos hombres las conocieron como strippers; aprovecharon del lucro de su cuerpo; y, finalmente, no pueden más con la situación. La vergüenza de que su esposa o pareja -convertida ya en objeto de posesión-, sea vista, mirada y quizás tocada, es demasiado:

  • Ella no debió decirle a su familia que yo fui simplemente infiel sin darles todo el contexto. Él va a entender por qué lo hice. [señala el cierre de la conversación entre Pistolas y el ex-esposo de una amiga que la amenazó con contarle a su familia a qué se dedicaba]
  • ¿Quién?
  • Su papá.

Ay, el poder del hombre en el hombre y sobre la mujer. Ay, la vida privada e íntima a la que estuvimos siglos relegadas. Ya es suficiente y si es con libertad que se elige trabajar desnuda; es con libertad que tienes derecho a contar, o no, tu vida; y es con libertad, con respeto y dignidad como se te debe tratar acá y en el primer mundo.

El clan que forman Pistolas y sus amigas demuestra con claridad estas diferencias: “Somos recelosas de las otras personas que no trabajan con nosotras, porque desconfiamos de la sociedad que no nos deja de verdad existir. Hacemos grupo, aunque nuestro trabajo sea el más individual de todos. Nuestra hermandad transgrede el club y nuestro espacio seguro consiste en otras trabajadoras sexuales y aliados. Entre nosotras mismas organizamos Navidades, celebraciones de cumpleaños, incluso de hijos e hijas. Si el resto de la gente no nos va a reconocer como a sus pares, entonces nos aferramos a lo que tenemos nosotras”. Un mensaje necesario para la sociedad: la comunidad, que parece olvidada. Y es que, a excepción de las disidencias sexuales que han problematizado y defendido a las trabajadoras sexuales y criticado a ciertos feminismos burgueses y moralistas -inconscientes de la lucha de clase-, que desde la comodidad y la distancia consideran a la mujer trabajadora como capitalistas por poner en venta sus cuerpos, pocos abordan la problemática de las trabajadoras sexuales, como decía Marx: “Para cultivarse espiritualmente con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita, pues, que ante todo le quede tiempo para poder crear y gozar espiritualmente”. Finalmente, ¿quién está fuera del capitalismo? Si hay trabajos que dada su flexibilidad te permiten escribir un libro y liberar subjetividad, escapando de la cooptación del capital frente a todxs lxs cuerpos.

[1] Calbuco fue, por años, uno de los pueblos con más niveles de alcoholismo en Chile.

 

Por Elisa Massardo

 

 

 

 

 

 

 

Carmen
Romina Pistolas
Editorial Cuneta
2022
232 pp.

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