Representación vs representatividad – Por Florencia Dupont

Pensar en la representación en un mundo virtual lleno de emoticones, stickers y memes suena demasiado predecible e inevitable, es decir, evidente; pero me gustaría abordar este concepto desde la mayor amplitud posible, considerando todas las acepciones de la palabra. ¿Qué es la representación?

  1. Acción y efecto de representar, entendiéndose éste acto como el crear en la mente una imagen, signo o palabra de algo.

En este sentido la representación es performática, es un acto, rito o teatro. Eterno retorno. Pero luego, he aquí, el ámbito que más atañe al cine:

  1. Imagen o idea que sustituye a la realidad.

Aquí entramos al mundo de lo virtual: La imagen. La carpeta en el escritorio de mi computador representa a la carpeta que antes realmente estaba en el escritorio de madera; a la vez que representa la información ahora guardada en una serie de 0 y 1, almacenados en alguna parte del chip del disco duro. La imagen hace que esto conserve un carácter familiar y sea reconocible por todos; estamos frente a una interfaz bastante amigable. Pero en el otro extremo, volviendo al mundo de las ideas de Platón y el mito de la caverna. ¿Qué es imagen y qué representa? ¿Podemos asegurar que remite a una realidad? ¿Para quienes? ¿Dónde? ¿En el mundo o en la matrix? A veces se vuelve indistinguible.

  1. Conjunto de personas que representan a una entidad, colectividad o corporación.

Este uso del término me parece relevante, sobre todo en la era de la supuesta democracia, el gobierno de todos, pero ¿qué es lo representativo? Hoy más que nunca deberíamos pensar en la representatividad, en cualquier orden: ideológico, político, social o cultural. ¿Qué me representa? ¿Es la persona, su carisma, su ideología, el sistema/partido/grupo que lo valida o al cual se adscribe? ¿El poder puesto en uno en representación de varios es realmente el poder de todos? Después del 2019, esta es una pregunta que sigue rondando, y la convención constitucional (no la asamblea constituyente) puede ser un primer paso, pero ¿es realmente suficiente?

Volviendo al ámbito audiovisual, ¿cuáles son las imágenes y sonidos que nos representan? ¿Lo que veo todos los días me representa? Hoy gran parte de la población mundial tiene acceso a gran parte de las plataformas, pero son solo dos o tres las que controlan el mercado y se llevan la mayor cantidad de suscriptores. Estas plataformas tienden a estandarizar modelos de producción y mecanismos de relato, entonces ¿tenemos realmente la posibilidad de salir de ese esquema reducido de combinaciones, que desde Aristóteles en adelante siempre han sido los mismos? Hoy lo que no sigue la estructura clásica, difícilmente sea aceptado por el mercado. Incluso los documentales se ven obligados a seguir la estructura argumental de la ficción para poder circular con éxito. Es necesario pensar cómo se lleva a cabo la representación, no solo de los mundos reales sino también de los mundos posibles. No importa cuál es la realidad que me rodea, la historia se cuenta de la misma manera. No importa la infinidad de posibilidades, el futuro siempre tiene las mismas lógicas (hay excepciones como en Rick and Morty).

En el 2009 escribí un ensayo que titulé “Espectador vs espectáculo”, ahora pienso que ese sujeto trascendental es el que hay que matar. Somos un colectivo lleno de diversidad, y eso no se puede normar. ¿Es una locura pensar que una película se pueda ver en cualquier parte del mundo por 2 o 3 dólares? No, eso sucede, es real, pero ¿realmente está al alcance de todos y a un click cuando el mundo no se entera de su existencia? Es el árbol que nadie escucha cuando cae en medio del bosque. Sigue siendo la misma lucha por la visibilidad y la validación. ¿Qué nos dejan los algoritmos? No salimos de nuestras pequeñas burbujas de pensamientos iguales a los nuestros. Ahora ese sujeto escindido posmoderno vive en una diada y cree que el mundo entero es como él, o al menos prefiere hacer la vista gorda al resto.

  1. Cosa que representa otra. El Símbolo, el icono.

Cuáles son los símbolos que vemos a diario, no solo en el cine, también en la televisión, en la publicidad o incluso en nuestras propias redes sociales; esto se acentúa en un contexto de encierro e hiperconectividad donde todo gira en torno a la imagen virtual, todo es un simulacro en el confinamiento. Como en un videojuego, tenemos el mapa de la ciudad que nos rodea en la cabeza, y solo se actualiza a medida que avanzamos en él, pura economía de recursos. Entonces, limitados a nuestras pantallas, ¿qué narrativas nos dejan las redes sociales, qué velocidad tendrán el día de mañana? ¿Cuánto dura el presente en un ahora que vive en el futuro? ¿Podemos realmente aislarnos, no solo física sino también mentalmente de ese círculo vicioso de la conectividad, del pertenecer a un mundo de imágenes virtuales con sus propias leyes y códigos heredados del marketing? Adicción a las pantallas, necesidad de estar conectado, ansiedad. Los likes generan ventas, posicionamiento, influencia, datos y estadísticas: deja que el algoritmo reine. Qué miramos, en qué nos detenemos, hasta donde somos capaces de aguantar. Todo se mide y estudia. Cuánto dura tu atención, qué te retiene y qué te expulsa. Cuál es la tendencia hoy. Querer pertenecer, querer que nos miren, como una selfie eterna. Narciso no muere pero tiene un desafío: Llamar la atención de un otro, un espectador que está del otro lado, y a quien no ve de forma directa, ni conoce en persona.

  1. Categoría o distinción social. El canon.

El arte siempre será un espacio de lucha por la representatividad, y no sólo de la representación mimética o metafórica. El problema de cómo representar la realidad ya ha sido más o menos zanjado, con normas medio impuestas, convenciones establecidas para que los hilos no se noten. Pero además, es válido preguntarse, ¿qué obras pasan al canon y cuáles quedan en los márgenes? La historia, al igual que en las películas, es siempre la misma: el sistema se ocupa de hacer propio ese margen que cuestiona el centro, lo incorpora, lo hace parte de sí, lo vuelve hegemónico, y entonces viene otro a cuestionarlo y así de nuevo. Del Quijote en adelante. Pero no todos llegan al centro, hay límites que tienen que ver con muchos factores más allá del talento. Podríamos pensar que algo similar pasa con las cuotas de género, de diversidad sexual y de origen étnico: nos hacen creer que eso basta para “representar” a las minorías, pero justamente eso remarca que son “minorías” sin cuestionar el hecho mismo de que haya una mayoría dominante. Son medidas paliativas que además de insuficientes, no son, valga la redundancia, “representativas”. Terminan siendo parte del reino de lo políticamente correcto (entendiendo que son procesos sumamente necesarios y que tomará su buen tiempo romper el paradigma, claro está).

Ahora bien, ¿no es esta verticalidad piramidal, este ir y venir entre el desterritorializar y reterritorializar, un modelo de dominación patriarcal en el cual se nos pasa la vida, los siglos? Ahí sigue firme el modelo, siempre son unos pocos los que logran estar en la cima (como en El Hoyo), mientras muchos no hacen más que intentarlo, algunos con más suerte que otros. Esa es la industria en sí, tiene sustento en el capital y el cine no escapa de eso, es industria cultural. Pero me pregunto qué pasa con ese otro cine que realmente no le interesa estar en ese ir y venir hacia un lugar de reconocimiento canónico, ni de grandes réditos monetarios, ni a un sustento de vida; un cine que solo busca explorar una forma, ir detrás de una idea o una sensación, un impulso creativo. ¿Qué pasa cuando los modelos que circulan por los márgenes no buscan pertenecer a esa hegemonía sino cuestionar desde su misma existencia? ¿Podemos pensar que eso es posible? Si, pero fuera de la industria o en sus márgenes y en constante tensión. El cine experimental de Jonas Mekas, Maya Deren y tantos otros. Perrone o Adriazola y Sepúlveda, sin ir más lejos.

La brecha entre quienes viven del arte y quienes sobreviven de él, Mariano Llinás lo desarrolla muy bien en “Nociones de Economía Bohemia”. Lo leo y pienso en las fuentes de financiamiento que te exigen seguir ciertas normas para ser parte de una economía, ya que claro, se regulan por el mercado. Pero existen otros modelos. Lo colectivo, hoy más que nunca, se vuelve infinitamente necesario, sobre todo en esa forma de resistencia que encuentra su lugar buscando una identidad propia, eso que Benjamin llamó el aura perdida. La película única en su especie.

  1. Obra dramática

Yo creo y defiendo ese cine libre, sin ataduras a convenciones o fórmulas hechas, un cine nuevo, que no tenga mayores pretensiones que crear un lenguaje capaz de establecer su propia gramática, sin la intención de competir con otres sino diversificar. ¿Por qué hay tanto miedo a lo único? Ser diferentes nos hace no pertenecer, no ser representativos cuando eso se mide en números, en críticas, en cantidad de festivales. Confío en que esa hegemonía de las imágenes y sonidos, ese reino conquistado que se mide por territorios, empiece a diversificarse de una vez por todas. Que todas las comunidades y clases sociales tengan la posibilidad de representarse a sí mismos.

Vuelvo a pensar en ese aura de originalidad, de película única, eso que corresponde a una mirada particular y sigo pensando en el cine como un arte posible. ¿No es toda película también un pedazo de memoria, de una época, de un espacio-tiempo único e irrepetible? ¿Es allí en la no ficción, en la que ya no hay límites donde podemos encontrar lo original? ¿O es en esa mezcla de géneros y formatos, hibridación cinéfila, donde ya nada es tan “clasificable” como ayer?

Es tiempo de explorar realmente lo diverso, de enfrentarnos a esas otras miradas, desprejuiciadamente. Y también es hora de relacionarnos de otra forma con la audiencia. Ésta debe ser a la medida de cada película y si es necesario, hay que buscar redes de colaboración con quienes estén en sintonía con ella, formar comunidad. Sueño con esta nueva era donde nos animamos a probar cosas distintas, forjando nuevos caminos a través de la experimentación y la confianza, dejando los modelos rígidos de lado. Al fin y al cabo, todo se trata de encontrar eso que nos representa, tanto para creadores como espectadores.

 

Por Florencia Dupont

Fotografía: Still de la obra Fenómenos extraordinarios del colectivo ceis8.

 

Bibliografía

Aumont, Jacques. La Imagen

Baudry, Jean-Louis. Cine. Efectos ideológicos del aparato de base.

Bazin, André. ¿Qué es el cine?

Bellour, Raymond. Entre imagenes. Foto. Cine. Video.

Eisenstein, Serge. La forma del Cine

Farocki, Harun. Desconfiar de las imágenes

La Ferla, Jorge; Sofía Reynal (compiladores). Territorios Audiovisuales.

Wajcman, Gerard. El objeto del siglo

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