La conferencia que Michel Foucault dedica a Manet en 1967, llamada La Pintura de Manet, ocupa un lugar extraño dentro de su obra. No se trata de un texto programático, ni de una genealogía del poder, ni de un análisis explícito de la subjetividad. Sin embargo, se inscribe en un
Disponerse a leer a David Lynch constituye, para quien lo aborda desde el psicoanálisis y la estética, un fenómeno que no se agota en la apreciación de su sofisticada firma autoral ni la valoración por el enigma narrativo que traza: su obra instala una práctica que protege un resto ominoso,


