{"id":910,"date":"2019-07-19T22:35:21","date_gmt":"2019-07-20T01:35:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=910"},"modified":"2019-09-02T18:01:37","modified_gmt":"2019-09-02T21:01:37","slug":"casa-de-dos-pisos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/07\/19\/casa-de-dos-pisos\/","title":{"rendered":"Casa de dos pisos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En una casa cualquiera, Gonzalo vive con sus dos hijos. Tiene m\u00e1s de cuarenta. Isidora tiene nueve y Alejandro doce. Gonzalo duerme en el piso de arriba, mientras que los ni\u00f1os comparten una habitaci\u00f3n que se encuentra justo debajo de su cama. Cada uno se dedica a lo que la vida lo ha obligado a hacer: el padre trabaja entre siete y ocho horas diarias. Para llegar a la empresa, debe cruzar tres comunas arriba del Metrotren de lunes a s\u00e1bado. Los ni\u00f1os estudian en el mismo liceo, a unas cuantas cuadras de su casa. Dedican toda la ma\u00f1ana y parte de la tarde a estar en el colegio. A eso de las cinco termina su jornada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas, seg\u00fan Gonzalo, han guardado cierto patr\u00f3n inamovible desde hace a\u00f1os, aunque de vez en cuando, sin avisar, regresan a su cabeza algunas advertencias que oy\u00f3 desde peque\u00f1o, mensajes violentos que termin\u00f3 por absorber sin darse cuenta. Franjas comerciales, conversaciones ajenas en los microbuses, algunos escritos en las paredes de los ba\u00f1os: una vida mon\u00f3tona es una c\u00e1rcel, una vigilia eterna, sin espacio para los sue\u00f1os. Pesadillas, dice Gonzalo, pesadillas que se esfuman cuando uno despierta. Yo estoy despierto y mi vida es un sue\u00f1o, dice en voz alta, mientras se levanta de la cama. Gonzalo est\u00e1 convencido de estar disfrutando una buena vida. Entonces, durante la ma\u00f1ana, mientras se prepara para salir de su casa hacia el trabajo, piensa que, de una u otra forma, ha logrado torcerle la mano al destino. Compara sus d\u00edas con los de un monje en su monasterio, luego, se imagina como un monarca pobre, rodeado por la simulaci\u00f3n de un palacio transparente. Todo est\u00e1 en su respectivo lugar, en su determinado espacio natural. Finalmente, se ve a s\u00ed mismo modificando su propio cuerpo, cambiando de lugar los \u00f3rganos que le parecen mal ubicados. Soy mi propio cirujano, tengo el control de mi vida, estoy a un paso de realizarme. Y Gonzalo continua caminando, sin saber que a unos cuantos pasos, el suelo terminar\u00e1 por convertirse en un vac\u00edo de varios metros. Se ha olvidado de las escaleras que conducen al primer piso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras su cuerpo desciende, Gonzalo no imagina lo terrible que ser\u00e1 la ca\u00edda, tampoco siente miedo, ni siquiera hace el adem\u00e1n de afirmarse en alguna baranda. Lo \u00fanico que ocupa su mente es una sensaci\u00f3n, una imagen de s\u00ed mismo bajando los escalones. Lo hace de tal modo que sus zapatos no hacen ning\u00fan ruido. Son las 6 de la ma\u00f1ana. Sus hijos duermen y Gonzalo no quiere despertarlos, pero ahora, tirado en el piso con las piernas ardiendo, sabe que todo se trataba de una proyecci\u00f3n imaginaria. Adolorido, siente como Isidora y Alejandro lo empujan. Sus peque\u00f1as manos le pasan por la espalda, por los brazos, por algunas partes de sus costillas. Isidora, junto con su hermano, llora desconsoladamente. Gonzalo, de un modo secreto, tambi\u00e9n lo hace.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los d\u00edas cargados de calma, como si fueran espejos que no reflejan nada, tocan fondo durante un tiempo. Figuras fantasmag\u00f3ricas, algunas m\u00e1s definidas que las otras, se entrecruzan en los angostos pasillos de la casa de Gonzalo. Familiares, algunos amigos, se agolpan como un torbellino en la superficie de los espejos que recorren las paredes. Los ni\u00f1os se han tomado la habitaci\u00f3n de arriba. Durante un mes, Gonzalo no puede moverse de su cama, ahora ubicada en el piso de abajo. Su hermano se hace cargo de los asuntos del hogar. Una amiga lo ayuda con algunos gastos dom\u00e9sticos. Gonzalo siente como las cosas se escapan de su control. Siente desesperaci\u00f3n, y acaso su propio cuerpo, angustiado por c\u00f3mo el mundo cambia vertiginosamente, acelera el proceso de recuperaci\u00f3n como si de una experiencia alucin\u00f3gena se tratase. El m\u00e9dico de cabecera est\u00e1 sorprendido, pero insiste en que a\u00fan necesita muletas. A Gonzalo esto le parece suficiente. Puede volver a moverse, regresar a su trabajo, ir a buscar a su hija y a su hijo personalmente a la escuela, y lo principal, puede volver a dormir en el piso superior de la casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego del diagn\u00f3stico, ha pasado la mitad de una noche. Durante la madrugada, Gonzalo apenas puede conciliar el sue\u00f1o. Ansioso, espera la luz p\u00e1lida de la ma\u00f1ana. Oye con atenci\u00f3n el repicar de las manecillas. Un reloj adosado en la pared anuncia sin pudor el paso del tiempo. Al amanecer, las cosas podr\u00e1n regresar a c\u00f3mo eran antes. Entonces, al mirar nuevamente la hora, Gonzalo se da cuenta de que son las seis de la ma\u00f1ana. Con la mano derecha, busca su celular por debajo de la almohada. Le quedan, al menos, cuatro d\u00edas m\u00e1s de descanso. Debe notificar a su jefe que puede regresar ahora mismo, sin ning\u00fan problema. Recuerda entonces que su celular se estrope\u00f3 con la ca\u00edda, solo le queda el tel\u00e9fono fijo de la casa. Toma sus muletas, se levanta, y frente a las escaleras, trata de subirlas. Al terminar, se da cuenta de que est\u00e1 sudando. No importa, dice, lo importante es llegar hasta el tel\u00e9fono, lo cual termina haciendo despu\u00e9s de unos minutos. Mientras marca el n\u00famero, siente arrepentimiento por no haberlo hecho el d\u00eda anterior. Por alguna raz\u00f3n, al llegar a su casa se sent\u00eda profundamente d\u00e9bil. Lo \u00fanico que pudo hacer fue recostarse en su cama y dormitar cada cierto tiempo. El cuerpo y la mente, en tanto a deseo, son cosas absolutamente contrarias. Y el agotamiento se reafirm\u00f3 m\u00e1s a\u00fan cuando pudo o\u00edr por el auricular que, la empresa donde trabajaba, no quer\u00eda arriesgarse a que Gonzalo sufriera un accidente en horario laboral. Los costos son alt\u00edsimos, lo crea \u00e9l o no. Debe continuar en su casa, lo quiera \u00e9l o no.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Derrumbado sobre s\u00ed mismo, Gonzalo trata de subir su \u00e1nimo. Siente ganas de ir al piso de abajo. Mientras camina, recuerda los d\u00edas en los que ha estado postrado. Encerrado en su cuarto, lee libros que en principio le parec\u00edan inentendibles. Tambi\u00e9n, se dedica a ver programas de televisi\u00f3n, series animadas, pel\u00edculas, entre otras cosas. Imagina entonces algunos s\u00edmiles con su anterior estilo de vida: el esp\u00edritu monacal, ahora, le parece un infierno. El monarca, por su lado, una aberraci\u00f3n obscena. La figura del cirujano se levanta como un terrible carnicero. La mera idea del orden le parece vergonzosa. No tengo ninguna seguridad, ni de lo que quiero, ni de lo que me hace feliz. Estoy a punto de desaparecer, piensa, mientras camina sin darse cuenta de que est\u00e1 a punto de lanzarse nuevamente por las escaleras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En su ca\u00edda, intenta aferrarse a su propio cuerpo con desesperaci\u00f3n. Se abraza a s\u00ed mismo. Todas las emociones que ten\u00eda guardadas se desbordan al mismo tiempo. Experimenta la terrible sensaci\u00f3n de no poder contenerse a s\u00ed mismo. Maldice su casa de dos pisos, luego de estrellar la cabeza con el suelo. Y ahora, tirado en el piso, nota que nadie lo ha ido a recoger. Los ni\u00f1os no despiertan. Ni si quiera hay ruido de veh\u00edculos. La ciudad entera est\u00e1 detenida. El mundo duerme tranquilamente en sus pisos inferiores. Quiz\u00e1, yo tambi\u00e9n deber\u00eda dormir. Gonzalo cierra los ojos y, luego de mucho tiempo, vuelve a so\u00f1ar con todas aquellas cosas que lo hab\u00edan abandonado: una vida con el tiempo suficiente como para estar tranquilamente adolorido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por<strong> V\u00edctor Gonz\u00e1lez Astudillo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Foto de Portada por\u00a0<strong>Daniela Caniunir<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una casa cualquiera, Gonzalo vive con sus dos hijos. Tiene m\u00e1s de cuarenta. Isidora tiene nueve y Alejandro doce. Gonzalo duerme en el piso de arriba, mientras que los ni\u00f1os comparten una habitaci\u00f3n que se encuentra justo debajo de su cama. 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