{"id":823,"date":"2019-04-15T17:51:28","date_gmt":"2019-04-15T20:51:28","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=823"},"modified":"2019-09-02T17:57:23","modified_gmt":"2019-09-02T20:57:23","slug":"bahamondes-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/04\/15\/bahamondes-2\/","title":{"rendered":"Bahamondes"},"content":{"rendered":"<p>Hab\u00eda quedado cesante por cuarta o quinta vez. Vagaba por Ahumada repartiendo curriculum, \u2014que nombre tan alto para logros tan miserables\u2014 hab\u00eda tenido trabajos sencillos; conserje, administrativo contable, ayudante de sastre, telefonista, jardinero. Fumaba un Belmont rojo, de filtro corto, el pa\u00eds segu\u00eda atento a los partidos del Chino R\u00edos. Ya hab\u00eda ganado el Torneo de Montecarlo, era 1997. Me detuve con mis treinta y cinco a\u00f1os a mirar las noticias detr\u00e1s de un ventanal. En casa mis tres hijos y mi mujer se dispon\u00edan a almorzar algo, que en realidad no me importaba, estar cesante me elevaba al conflicto central absoluto, encontrar empleo era el \u00fanico fin. Concentrado tratando de ver la hora en el viejo reloj que estaba en el muro de un restaurante feo y cansado en Compa\u00f1\u00eda un tipo me toc\u00f3 el hombro, era el flaco Bahamondes, ten\u00eda los ojos inyectados de sangre, su cuerpo, un temblor constante elud\u00eda esquirlas invisibles. Me abraz\u00f3, se tir\u00f3 como loco. Atin\u00e9 a sentarlo, estaba al borde del desmayo, le pregunt\u00e9 que le ocurr\u00eda, con garabatos y tiritando me dijo que se le hab\u00eda perdido el hijo de siete a\u00f1os, Alfonsito, hue\u00f3n lo llev\u00e9 a mi oficina, le pas\u00e9 una m\u00e1quina de escribir vieja que tenemos y l\u00e1pices de colores, fui al ba\u00f1o, le dije que no se moviera y el pendejo desapareci\u00f3, en la conserjer\u00eda del edificio no lo vieron nunca, las c\u00e1maras est\u00e1n malas, no sirven. Pacos, lo \u00fanico que se me ocurr\u00eda era que llamara a los pacos. Me dijo que no, que no lo pod\u00eda hacer, que su mujer, lo matar\u00eda, que ten\u00eda que encontrarlo, le dije, como d\u00e1ndole esperanzas, que tal vez el ni\u00f1o estaba cerca, que lo estaba buscando, algo lo distrajo, pensando en el fondo que era un pobre y triste infeliz, y que yo, si bien cesante, ten\u00eda la certeza de que mis cr\u00edos estaban con su madre. Me pidi\u00f3 que lo ayudara, lo ayud\u00e9.<\/p>\n<p>Recorrimos la Plaza de Armas, Hu\u00e9rfanos, Compa\u00f1\u00eda, cada minuto que pasaba lo pon\u00eda hist\u00e9rico, tiritaba completo, balbuceaba, empujaba a la gente en la calle y se cay\u00f3 un par de veces, el hombre estaba al borde de la muerte. Y me estaba contagiando. Comenz\u00f3 a narrar cuando Alfonsito se hab\u00eda perdido por \u00faltima vez, era inconcebible que esto ya hubiese ocurrido antes, muy inc\u00f3modo, pensando en abandonarlo a su suerte, con el miedo que me contagiase su desdicha; yo ya ten\u00eda mi propia desdicha. Pero segu\u00ed, me dijo que en la playa hace dos a\u00f1os se hab\u00eda perdido cuando se escondi\u00f3 bajo el muelle contando cangrejos, estuvo desde las cuatro de la tarde hasta las siete, hasta que de hambre apareci\u00f3, su mujer casi lo mat\u00f3, \u00e9l era el responsable, pero se descuid\u00f3 tal y como se descuid\u00f3 ahora, no le quedaban m\u00e1s l\u00e1grimas al pobre Bahamondes. Al final se rindi\u00f3, llam\u00f3 a su mujer, sollozando le dijo que el ni\u00f1o hab\u00eda desaparecido. Que lo perdonara, que no lo dejara, que no sabr\u00eda muy bien qu\u00e9 hacer. Entre gimoteos rezaba el padre nuestro, cuando termin\u00f3 la mujer ri\u00f3, una risa escandalosa completa \u00a1Qu\u00e9 broma de mierda Arturo por Dios! el ni\u00f1o est\u00e1 ac\u00e1 saltando al lado m\u00edo. El flaco Bahamondes qued\u00f3 helado, al final se calm\u00f3. Me explic\u00f3 todo y yo no entend\u00ed nada. Me recibi\u00f3 un curriculum, mi pega es mon\u00f3tona y asfixiante, es una notar\u00eda en el subterr\u00e1neo de la Galer\u00eda Edwards \u2014 dijo con una voz entre tonta y lastimera. Lo vi avanzar, sent\u00ed que en vez de caminar el flaco Bahamondes bailaba. De vez en cuando paso por fuera de la notar\u00eda y lo veo timbrar monta\u00f1as de papeles, con la cara perdida y la barba a medio afeitar.<\/p>\n<p>Por <em><strong>Carlos Matteoda<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de <em><strong>Gonzalo O<\/strong><\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hab\u00eda quedado cesante por cuarta o quinta vez. Vagaba por Ahumada repartiendo curriculum, \u2014que nombre tan alto para logros tan miserables\u2014 hab\u00eda tenido trabajos sencillos; conserje, administrativo contable, ayudante de sastre, telefonista, jardinero. Fumaba un Belmont rojo, de filtro corto, el pa\u00eds segu\u00eda atento a los partidos del Chino R\u00edos. 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