{"id":779,"date":"2019-03-22T13:04:28","date_gmt":"2019-03-22T16:04:28","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=779"},"modified":"2019-09-02T18:01:58","modified_gmt":"2019-09-02T21:01:58","slug":"perspectivas-de-la-enfermedad-y-la-muerte-un-dialogo-entre-virginia-woolf-y-enrique-lihn","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/03\/22\/perspectivas-de-la-enfermedad-y-la-muerte-un-dialogo-entre-virginia-woolf-y-enrique-lihn\/","title":{"rendered":"Perspectivas de la enfermedad y la muerte:  Un di\u00e1logo entre Virginia Woolf y Enrique Lihn"},"content":{"rendered":"<p>Durante 1925, Virginia Woolf recibe una propuesta de T.S Eliot donde se le invita a colaborar con el relanzamiento de la revista <em>New Criterion<\/em>. Woolf, imaginamos, acepta con entusiasmo el gesto del escritor, pensando ya de manera simult\u00e1nea el modo y el tema de su ensayo. Con el paso del tiempo, Virginia trabaja a diario una serie de bosquejos que se alejan de su primera tarea. Cuentos, esbozos de novelas, cruzan las hojas de su m\u00e1quina de escribir mientras la noche avanza, a la espera de que el sol asome en el horizonte de su peque\u00f1o Rodmell en Inglaterra. Y mientras los dedos de la escritora tejen un futuro texto, en su cabeza sigue palpitando la idea del ensayo que a\u00fan no escribe y que a\u00fan no sabe de qu\u00e9 tratar\u00e1. Acaso, la repetici\u00f3n de este evento continuo se desmantela un 19 de agosto del mismo a\u00f1o, donde, en medio del cumplea\u00f1os de su sobrino Quentin Bell, Virginia se desmaya, cayendo dram\u00e1ticamente al suelo y luego a una cama donde pasa un buen tiempo postrada. Y es precisamente a ra\u00edz de su desvanecimiento donde Woolf, presa de sus dolores de cabeza, escribe <em>De la enfermedad, <\/em>ensayo que, desde las primeras p\u00e1ginas, habla del acto de padecer como si de un lugar ignoto se tratara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cConsiderando lo com\u00fan que es la enfermedad, el tremendo cambio espiritual que provoca (\u2026) resulta en verdad extra\u00f1o que la enfermedad no haya ocupado su lugar con el amor, la batalla y los celos entre los principales temas literarios.\u201d<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Evidentemente, desde una primera lectura, muchos de nosotros podr\u00edamos se\u00f1alar una serie de obras que s\u00ed se hacen cargo de la enfermedad, tanto como t\u00f3pico, como personaje e incluso como problema filos\u00f3fico, pero lo que reclama Woolf no es precisamente que no se hable del malestar, sino que siempre se haga colocando a la afecci\u00f3n fuera de lo que constituye a los grandes h\u00e9roes de la literatura. Aquellos destinados a la gloria padecen y superan la enfermedad, pero en ning\u00fan caso pueden ser la mism\u00edsima enfermedad, como si de u\u00f1a y carne se tratasen. Los malestares de la mente y el cuerpo son un otro perpetuo, un demonio que se apodera y trastorna el esp\u00edritu del ser humano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-780 size-large\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf-1024x612.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"612\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf-1024x612.jpg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf-300x179.jpg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf-768x459.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf-1040x621.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf-1200x717.jpg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Libros-de-Virginia-Woolf.jpg 1800w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Virginia se\u00f1ala que \u201cla literatura procura sostener [,] por todos los medios [,] que se ocupa de la mente; (\u2026) Mas lo cierto es todo lo contrario. El cuerpo interviene todo el d\u00eda, toda la noche\u201d<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>. Pensar siempre involucra un direccionar de los sentires del cuerpo, del mismo modo, la corporalidad est\u00e1 regida por una serie de versiones simb\u00f3licas de s\u00ed misma. Entonces \u00bfC\u00f3mo no hablar de la enfermedad, si es el punto cumbre donde cuerpo y esp\u00edritu se vuelven uno solo? Para Virginia, probablemente el h\u00e9roe m\u00e1s completo es quien, pose\u00eddo por la enfermedad, ahonda en ella, sacrificando su propia mente, su propio lenguaje, su propia individualidad. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1, entonces, la gran \u00e9pica de la peste, de la podredumbre, de la muerte? Enrique Lihn, postrado en otra cama, en otro continente y en otro tiempo, responde desde su propia agon\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luego de ser diagnosticado de c\u00e1ncer en 1988, el poeta chileno se propone articular, a lo menos, dos proyectos personales: una antolog\u00eda titulada <em>\u00c1lbum de toda especie de poemas, <\/em>donde Lihn hace una selecci\u00f3n de algunos de sus textos m\u00e1s importantes, y <em>Diario de muerte<\/em>, una serie de poemas mortuorios que fueron escritos en su cuaderno personal, trabajo al que le dedic\u00f3 los \u00faltimos tres meses de su vida. Durante los a\u00f1os que llevamos leyendo a Lihn, la cr\u00edtica ha acu\u00f1ado un t\u00e9rmino llamativo para referirse a su trabajo. \u201cPoes\u00eda situada\u201d, dicen los art\u00edculos, los <em>papers<\/em> acumulados bajo la sombra de sus textos, y ciertamente el concepto es esclarecedor. \u00d3scar Galindo Villarroel, Doctor en Filolog\u00eda hisp\u00e1nica de la Universidad Complutense de Madrid, lo explica del siguiente modo: \u201cLa escritura situada parece querer conjurar el tiempo. No hay distancia casi entre el momento de la vida y el momento de la escritura, entre el momento de la enunciaci\u00f3n y los hechos relatados.\u201d<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>, y es precisamente en <em>Diario de muerte <\/em>donde se puede apreciar esta metodolog\u00eda. Enrique Lihn, al filo de la vida, escribe sobre la inminente muerte que lo inunda vertiginosamente, o en otras palabras, el poeta escribe sobre y desde la enfermedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-781 size-large\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn-1024x576.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn-300x169.jpg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn-768x432.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn-1040x585.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn-1200x675.jpg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/lihn.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cLa enfermedad imita a la vida. Este fen\u00f3meno se patentiza, hasta la alucinaci\u00f3n\u201d<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a> dir\u00e1 Lihn en uno de sus poemas. Para Enrique, la enfermedad es otra dimensi\u00f3n, otro islote de la historia donde, despu\u00e9s de un tiempo, sujeto y realidad se difuminan hasta desaparecer, pero antes de que esto suceda, el lenguaje da cuenta del proceso de transformaci\u00f3n destructiva al cual se est\u00e1 sujeto al momento de morir, como si con el delirio de la enfermedad, la vida ya no fuera como tal, sino m\u00e1s bien un reflejo contaminado o un espejismo fantasmag\u00f3rico. Antes de la muerte, ya en territorio de los desahuciados, se deja de ser algo para ser otra cosa. La enfermedad es una especie de migraci\u00f3n, pero con un sabor m\u00e1s parecido al exilio: \u201cHay solo dos pa\u00edses: el de los sanos y el de los enfermos \/ por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad \/ pero, a la larga, eso no tiene sentido\u201d<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Curiosamente, para Woolf se trata de algo similar: \u201c\u00abEstoy en la cama con gripe\u00bb \u2014pero [\u00bf] qu\u00e9 transmite eso de la gran experiencia [?]; [explica] c\u00f3mo ha cambiado de forma el mundo; los instrumentos del trabajo se distancian; los sonidos festivos son tan rom\u00e1nticos como un tio\u00advivo que se oye al fondo de campos muy lejanos\u201d<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a>. Para los dos escritores, cuando se est\u00e1 enfermo, el mundo se aleja irremediablemente. Ya no es posible mantener la misma relaci\u00f3n de cercan\u00eda que guard\u00e1bamos con el exterior. Acaso, nuestro lenguaje se debilita y por consecuencia se vuelve autorreferencial, y en los breves instantes donde se estabiliza lo suficiente como para salir, pareciera que las palabras que articula son las de un ni\u00f1o que descubre por primera vez de que trata la vida: \u201cExiste, confes\u00e9moslo (y la enfermedad es el gran confesionario), una franqueza infantil en la enfermedad\u201d<a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a>, indica Woolf, destacando m\u00e1s a\u00fan los aprendizajes que podemos extraer del padecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, \u00bfNo hay un l\u00edmite en todo esto? \u00bfRealmente la enfermedad es ese lugar pr\u00edstino donde las cosas se conocen por su verdadero nombre? Tanto Woolf como Lihn reconocen la existencia de una muralla infranqueable. Para la escritora, el l\u00edmite cognoscitivo que nos revela la enfermedad, no es signo de un final, sino de una ruta que necesita ser construida. A\u00fan en la agon\u00eda, no es posible poner en palabras la esencia del dolor, del miedo profundo que provoca la muerte. A pesar de la claridad, de aquel infantilismo, el lenguaje sigue siendo un balbuceo que no habla de otro tema m\u00e1s que de lo vivo: \u201cLa vida no puede imitar a la muerte, por mucho que agonice pat\u00e9ticamente\u201d<a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a> se\u00f1ala Enrique Lihn. Por tanto, para hablar del malestar, del sufrimiento, y as\u00ed lograr salir de aquella \u201czona muda\u201d, se hace necesario reestructurar el modo en que el ser humano se piensa a s\u00ed mismo. Woolf escribe lo siguiente: \u201cno s\u00f3lo necesitamos un lenguaje nuevo m\u00e1s primitivo, m\u00e1s sensual, m\u00e1s obsceno, sino una nueva jerarqu\u00eda de las pasiones: hay que deponer el amor a favor de cuarenta grados de fiebre\u201d<a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a>. Por lo cual, seg\u00fan esto, la respuesta est\u00e1 en la reivindicaci\u00f3n de la enfermedad como elemento crucial del esp\u00edritu. Dentro de aquella dimensi\u00f3n que se desborda en sensorialidades y en corporalidades, se encuentra oculta la lengua del silencio, del dolor sin nombre. \u201cLa vida necesita muy poco del lenguaje\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>, confirma Lihn, pero al contrario, el lenguaje s\u00ed depende de la vida. La lengua, de alg\u00fan modo, es una especie de cartograf\u00eda de la existencia, en ella quedan registrados todos los acontecimientos del mundo. El poeta reflexiona, y escribe: \u201cQu\u00e9 otra cosa se puede decir de la muerte \/ que sea desde ella, no sobre ella\u201d<a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a>, y es en el siguiente verso donde logra hallar la respuesta: \u201cEs una cosa sorda, muda y ciega \/ La antropomorfizamos en el temor de que no sea un sujeto \/ sino la tercera persona, no persona, \u2018\u00e9l\u2019 o \u2018ella\u2019\u201d<a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para Enrique Lihn, el l\u00edmite es una se\u00f1al de la derrota del pensamiento. Perfectamente, podr\u00edamos intercambiar la palabra que nos convoca en los versos del poeta: \u201cnada tiene que ver la [enfermedad] con la [enfermedad] \/ Las palabras que usamos para designar esas cosas est\u00e1n viciadas\u201d<a href=\"#_ftn13\" name=\"_ftnref13\">[13]<\/a>. No hay modo de hablar del sufrimiento, no hay modo de identificar el rostro del dolor. Estas son las palabras que resuenan en todos los poemas de <em>Diario de muerte<\/em>, pero no porque exista la intenci\u00f3n de establecer una especie de pesimismo. Declarar la derrota significa tambi\u00e9n indicar la necesidad de recorrer otro camino, de forjar otra v\u00eda para la poes\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La enfermedad, como t\u00f3pico, no es interesante por su condici\u00f3n de antesala de la muerte, sino porque es un umbral, una especie de literatura fronteriza que nos permite fabular tanto el futuro, el presente como el pasado. El imaginario de lo vivo y lo muerto juegan en este espacio transitorio como lo har\u00edan dos ni\u00f1os, sin saber que aquel d\u00eda era el \u00faltimo en que se podr\u00edan ver. El arte de la escritura condensa, de alg\u00fan modo, esta misma imagen a lo largo de su historia: un punto de encuentro entre el saber y la experiencia que hemos acumulado como cultura a lo largo de los siglos, donde las ideas parecieran consolidarse mientras que otras se evaporan como si nunca hubieran existido, pero a larga, nada queda dicho de forma definitiva. Todo queda en un \u201cya veremos\u201d, a la espera de lo que a\u00fan no se dice. Por esto, tanto para Woolf como para Lihn, \u201cDe 1os dos [de la enfermedad y la muerte], la imitaci\u00f3n de la vida es el mejor espect\u00e1culo.\u201d<a href=\"#_ftn14\" name=\"_ftnref14\">[14]<\/a>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>V\u00edctor Gonz\u00e1lez Astudillo<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Virginia Woolf, <em>De la enfermedad<\/em> (Barcelona: Centellas, 2014)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> \u00d3scar Galindo Virllarroel, \u00abMutaciones disciplinarias en la\u00a0 poes\u00eda de Enrique Lihn\u00bb, Estudios Filol\u00f3gicos 37 (2002): pp. 225-240, <a href=\"https:\/\/scielo.conicyt.cl\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0071-17132002003700014\">https:\/\/scielo.conicyt.cl\/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0071-17132002003700014<\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a> Enrique Lihn, <em>Diario de muerte<\/em> (Santiago: Universitaria, 1989)<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a> Virginia Woolf, <em>De la enfermedad<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a> Enrique Lihn, <em>Diario de muerte.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a> Virg\u00ednia Woolf, <em>De la enfermedad.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a> Enrique Lihn, <em>Diario de muerte.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a> Idem.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref13\" name=\"_ftn13\">[13]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"#_ftnref14\" name=\"_ftn14\">[14]<\/a> Ib\u00eddem.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante 1925, Virginia Woolf recibe una propuesta de T.S Eliot donde se le invita a colaborar con el relanzamiento de la revista New Criterion. 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