{"id":774,"date":"2019-03-14T18:14:32","date_gmt":"2019-03-14T21:14:32","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=774"},"modified":"2019-03-22T13:09:22","modified_gmt":"2019-03-22T16:09:22","slug":"formatos-de-la-corporalidad-en-la-muerte-de-pinochet-2011-de-perut-osnovikoff","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/03\/14\/formatos-de-la-corporalidad-en-la-muerte-de-pinochet-2011-de-perut-osnovikoff\/","title":{"rendered":"Formatos de la corporalidad en La muerte de Pinochet (2011) de Perut-Osnovikoff"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dirigidos hacia el segundo tramo de <em>La muerte de Pinochet<\/em> (2011), cuando va siendo consumado y socializado el deceso del dictador, una c\u00e1mara comedida y solemne se traslada a la Escuela Militar, recinto que contiene el f\u00e9retro con los restos mortales de Augusto Pinochet, organizados \u00e9stos para su exhibici\u00f3n f\u00fanebre. Este acontecimiento puntual es tra\u00eddo a colaci\u00f3n por uno de los personajes del documental, a prop\u00f3sito de la capilla ardiente que se monta all\u00ed de acuerdo a los honores que deben rend\u00edrsele al cad\u00e1ver del ex Comandante en Jefe del Ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Paralelamente, ya imbuidos en dicho contexto honor\u00edfico, el mismo hombre cuenta hacia la c\u00e1mara que un sujeto, seguramente enfebrecido por alg\u00fan af\u00e1n oportunista dotado de una ciertamente iconoclasta carga simb\u00f3lica, escupi\u00f3 sobre el f\u00e9retro de Pinochet. Sin conocer mayores detalles sobre verosimilitud o posibles consecuencias de la afrenta, el personaje concluye, con un adem\u00e1n de revancha resignada, que pese a no haber tenido la valent\u00eda de haber sido \u00e9l quien tomase dicha iniciativa, <em>un escupo duele m\u00e1s que una bala<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El efecto que sugiere la digresi\u00f3n del personaje, contundente aunque vol\u00e1til, se torna relevante cuando nos retrotraemos hacia los minutos previos al anuncio en p\u00fablico de la muerte del dictador en el Hospital Militar. Producto de las condiciones extremas a las que son sometidos quienes all\u00ed son puestos en conocimiento de la noticia, constatamos evidentes manifestaciones de un \u00e9xtasis furibundo derivadas del reciente fallecimiento al que, paulatinamente, todos ellos se ir\u00e1n abandonando. Tanto detractores como devotos, los personajes vociferan sin pudor frente a la c\u00e1mara que los registra; justificando, desde esta intervenci\u00f3n cat\u00e1rtica, su absoluta pleites\u00eda o su encarnizada animadversi\u00f3n al ca\u00eddo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque ese antagonismo, no obstante, contiene, en su expresi\u00f3n disputada, un elemento com\u00fan: los portavoces de cada bando a veces impregnan, con su propia saliva, el lente de la c\u00e1mara que los filma. A la manera de casquillos vac\u00edos \u2013o de efectos materiales del discurso\u2013 podr\u00eda decirse que, ante la aparente econom\u00eda de artificios formales a\u00f1adidos del fragmento, constatamos la obstinaci\u00f3n que dichos residuos humanos exhiben hasta el fin del plano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-776 size-large\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720-1024x576.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720-1024x576.jpg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720-300x169.jpg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720-768x432.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720-1040x585.jpg 1040w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720-1200x675.jpg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/186968743_1280x720.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Que podamos permitirnos ser testigos directos de este sedimento involuntario (y su resistencia a disiparse) tiene sentido toda vez que la propuesta formal de los realizadores enuncia una modalidad pol\u00edtico-est\u00e9tica de tratar con el material documental y su apuesta representacional. Que en este caso, entre otras cosas, permite sugerir la posibilidad de usar la profundidad del plano y las alternancias del encuadre como formas intrusivas de tensionar ciertas fronteras de lo privado. Evidentemente. Pero que tambi\u00e9n sugiere lineamientos que hacen susceptible la posibilidad de pensar el rol de los cuerpos \u2013y lo que \u00e9stos dejan\u2013 a partir de ese espacio f\u00edlmico. La saliva como significante, adem\u00e1s de su funci\u00f3n ret\u00f3rica \u2013\u00bfC\u00f3mo da\u00f1a lo que sale y permanece de las palabras?\u2013 es un marcador poderoso, un testimonio que devela o advierte un determinado tipo de relaci\u00f3n con una corporalidad que emerge expuesta, visible, exang\u00fce. Susceptible de ser interpelada con la c\u00e1mara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido, y para fines de este an\u00e1lisis, la propuesta de Bettina Perut e Ivan Osnovikoff va a ser particularmente relevante por cuanto adhiere a cabalidad a cierto contexto de producci\u00f3n del documental actual en el cual se constata, desde su puesta en escena, un giro hacia una representaci\u00f3n del s\u00ed mismo cuya propiedad viene dada por una dimensi\u00f3n fundamentalmente sensorial-emotiva. Que pone el foco en lo real \u2013en las evidencias o intersticios de lo real\u2013 como correlato material de la vivencia subjetiva del fen\u00f3meno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Este asunto resulta particularmente significativo al ser <em>La muerte de Pinochet<\/em> un documental cuyo sustrato tem\u00e1tico es, ante todo, pol\u00edtico. Que conforma un t\u00f3pico que devela una coyuntura hist\u00f3rica que podr\u00eda, bajo otro \u00e9nfasis en su construcci\u00f3n documental, perfectamente haber sido el fondo y matriz argumental principal de la narraci\u00f3n. En otras palabras, <em>La muerte de Pinochet<\/em> podr\u00eda haberse escrito sin mucha estridencia, por supuesto, como la historia o la cr\u00f3nica de la muerte de Pinochet. Sin embargo, el contexto dado por la referencialidad hist\u00f3rica de las circunstancias previas y posteriores a la defunci\u00f3n del dictador tiene la funci\u00f3n de servir de tras-fondo y puesta en escena de una situaci\u00f3n que es, primeramente, subjetivada por los cuatro personajes que son convocados a prop\u00f3sito del hecho. Por lo tanto, aqu\u00ed el foco son menos los sucesos que los efectos de esos sucesos en quienes los acompa\u00f1an. En consecuencia, se pone en juego un giro desde un documental pol\u00edtico a un documental tamizado pol\u00edticamente desde la experiencia subjetiva del personaje. Un abandono de la representaci\u00f3n de lo hist\u00f3rico para transitar hacia una representaci\u00f3n del sujeto-en-relaci\u00f3n a la Historia. O en relaci\u00f3n hacia la narrativa que la obsolescencia del sujeto-dictador, en definitiva, evoca y determina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ahora bien, pensando la subjetivaci\u00f3n que el documental devela como eje, resulta pertinente pensar y atender a las formas a trav\u00e9s de las cuales la corporalidad opera como un t\u00f3pico que constituye una matriz de sentido para interpretar a dicha dimensi\u00f3n subjetiva o para, m\u00e1s aun, mediatizar su accesibilidad. Aproxim\u00e1ndose el documental a la b\u00fasqueda de ciertos formatos disponibles de acceso a la corporalidad como correlato directo, circunstancial o v\u00edvido de las vivencias de los personajes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pensando en esta operaci\u00f3n, un primer clivaje que articula la propuesta formal de la dupla Perut-Osnovikoff viene dado por un tratamiento de la corporalidad que podr\u00eda estar dado por la dicotom\u00eda del alejamiento y, en mayor medida, acercamiento como motivo tem\u00e1tico. Respecto de esta \u00faltima, por ejemplo, los realizadores optan por un tratamiento que podr\u00eda denominarse \u2013a falta de otra met\u00e1fora m\u00e1s precisa\u2013 estetosc\u00f3pico. Planteado a partir de planos detalle constituidos como una suerte de acercamiento que tributa de la figura del \u00e9nfasis que exacerba o hipertrofia el primer\u00edsimo primer plano. Surcos en las manos y canas en las barbillas dan lugar a las bocas como artefactos narrativos: lugares o espacios parlantes desde los cuales se externaliza pero tambi\u00e9n se constata sensorialmente la vivencia de un sujeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido, resulta interesante que la boca en tanto recurso sea filmada en su m\u00e1s despojada condici\u00f3n material. En la medida que se nos introduce a los personajes, los vamos conociendo desde su boca. Es la invocaci\u00f3n un punto de partida al tiempo que un lugar de devenir. En consecuencia, dicho \u00e9nfasis confiere a la vivencia un sustrato individualizado por la particularidad del detalle oral de cada recurso pero tambi\u00e9n una constataci\u00f3n espacio-temporal de ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al mismo tiempo, la c\u00e1mara insidiosa que se detiene en la boca tiene un prop\u00f3sito que podr\u00eda definirse como tri\u00e1dico: opera, en primera instancia, como un artefacto que destituye al relato de su integridad corp\u00f3rea pero que, al mismo tiempo, se humaniza al otorgar indicadores que permiten desentra\u00f1ar la sensorialidad del personaje. La boca deviene entonces caja de resonancia en la medida que ostenta el atributo de otorgar elementos que permiten visualizar el modo como la experiencia siempre resulta afectada por los vaivenes y las circunvoluciones de la Historia. Cuando notamos la mentada presencia residual de la saliva, el moh\u00edn de Juan Gonz\u00e1lez contra\u00eddo frente al cenit de su General ca\u00eddo, o el adem\u00e1n de Manuel Carrillo cuando pormenoriza su entrada a un palacio presidencial en ruinas, no s\u00f3lo somos destinatarios de un relato que pormenoriza los hechos, sino que vemos c\u00f3mo la misma constituci\u00f3n del propio sujeto se constri\u00f1e materialmente ante dichas coyunturas. El sujeto es atravesado, desde su historia, por la Historia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por otro lado, tambi\u00e9n aparece la corporalidad \u201coralizada\u201d, entendida como un dispositivo que transmite contenidos y recuerdos de esa vivencia. A trav\u00e9s del relato nos es posible dotar de sentido aquella materialidad ajada y envejecida que se nos expresa v\u00edvidamente en los cuerpos cercenados por la c\u00e1mara. Aunque tambi\u00e9n dicho testimonio nos sirve como un contrapunto que permite hacer todo lo contrario: desmarcarse de la materialidad de las condiciones incrustadas en la piel para divagar con libertad por la memoria que de los fen\u00f3menos se tiene. Porque las llagas y los surcos son el material involuntario e indiscutible con el que se ha inscrito la Historia, aunque tambi\u00e9n son hilachas perceptibles cuyo recuerdo puede tributarla pero tambi\u00e9n conjurarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En este sentido, la materialidad oral\/bucal\/salival constituye una tercera modalidad, en cuya evidencia se declara m\u00e1s bien un modo de servir a la Historia. Que devela una cierta ontolog\u00eda conferida por la facticidad del cuerpo: sexo, edad y cantidad de arrugas como c\u00f3digos sensoriales que prefiguran una porci\u00f3n de lo real en el sujeto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En otras palabras, para el documental y su propuesta, la boca, las u\u00f1as o los surcos de un cuerpo implican una puerta de ingreso a una determinada trayectoria biogr\u00e1fica inscrita en \u00e9l, pero que tambi\u00e9n, en este caso, es una historia m\u00ednima que circula y tributa de la trayectoria del dictador en su crep\u00fasculo, materialidad maquillada pero descompuesta y ensombrecida por la contraluz del propio f\u00e9retro impoluto al cual no tendremos acceso m\u00e1s all\u00e1 de su imagen detenida en ese tiempo perecible al cual el cuerpo cadav\u00e9rico s\u00f3lo le servir\u00e1 convertido en f\u00f3sil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, podr\u00eda se\u00f1alarse que el cuerpo \u2013o partes de \u00e9l\u2013 terminan funcionando como una suerte de significante-crisol desde el cual es posible prefigurar a un sujeto caleidosc\u00f3pico en las v\u00edas de entrada a su vivencia privada, subsidiaria de un devenir temporal encarnado del que tenemos un registro que lo constri\u00f1e y tambi\u00e9n lo afecta. Los formatos de la corporalidad, entonces, nos presentan una versi\u00f3n del sujeto de la experiencia, que en este caso puntual se encuentra paradojalmente precarizado por su propia vivencia a prop\u00f3sito de su inevitable exposici\u00f3n a su condici\u00f3n material revelada, de manera contundente y tal vez tr\u00e1gica, por la c\u00e1mara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Por <strong>Claudio S. Herrera<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dirigidos hacia el segundo tramo de La muerte de Pinochet (2011), cuando va siendo consumado y socializado el deceso del dictador, una c\u00e1mara comedida y solemne se traslada a la Escuela Militar, recinto que contiene el f\u00e9retro con los restos mortales de Augusto Pinochet, organizados \u00e9stos para su exhibici\u00f3n f\u00fanebre. 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