{"id":758,"date":"2019-03-07T15:50:44","date_gmt":"2019-03-07T18:50:44","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=758"},"modified":"2019-06-20T22:32:33","modified_gmt":"2019-06-21T01:32:33","slug":"el-traquetear-de-los-ciento-y-veinte-huesos-de-ruperto-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2019\/03\/07\/el-traquetear-de-los-ciento-y-veinte-huesos-de-ruperto-pedro\/","title":{"rendered":"El traquetear de los ciento y veinte huesos de Ruperto Pedro"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Cierto joven, llamado con el primer nombre de Luis que continuaba con el segundo nombre de Mario, hab\u00eda tenido que soportar demasiadas oscuras noches los sollozos de su anciano padre qui\u00e9n lloraba desconsolado por haber perdido a su primog\u00e9nito e hijo favorito a manos de un vecino lim\u00edtrofe que apret\u00f3 su gatillo, en un momento nervioso, por all\u00e1 cerca de un puerto llamado Luisa, en una isla llamada Lennox, por una guerra que nunca fue guerra, m\u00e1s bien, conflicto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los llantos del padre, llamado con el primer nombre de Claudio que continuaba con el segundo nombre de Julio, se paseaban fastidiosos por cada recoveco del terreno, que el viejo adquiriera a\u00f1os atr\u00e1s &#8211; a su presente &#8211; en base a trabajos duros y un par de suertes del tipo herencia, que se situaba un poco m\u00e1s all\u00e1 de las l\u00edneas del tren, un poco m\u00e1s all\u00e1 de la casa de la familia Carrera. La residencia se distingu\u00eda blanca, el terreno triunfaba vasto y por ah\u00ed, por murmullos de hombres insaciables de talante pernicioso, se corr\u00eda el rumor de tesoros enterrados sin celador. El hijo sab\u00eda lo que dec\u00edan las voces y sent\u00eda miedo al saber que su hogar corr\u00eda el peligro de ser arrebatado de sus endebles manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis Mario, nombrado as\u00ed debido a su tatarabuela por parte de madre un jueves del siglo veinte despu\u00e9s de Cristo, le rog\u00f3 a su padre volver a entrar en s\u00ed con las rodillas tocando el suelo y sus manos juntas en signo de plegaria, pero no consigui\u00f3 nada m\u00e1s que un gru\u00f1ido y un d\u00e9bil golpe en la cabeza del tipo cachamal. El juicio del viejo estaba roto y solo bastaba su firma de circulares movimientos en un papel manipulado de forma nociva para perderlo todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Antes de partir al fin del mundo, en una aventura que le pod\u00eda costar la vida debido a su canija estructura de piernas enjutas, vaga capacidad para tomar decisiones y brazos breves, le advirti\u00f3 a la locura de su padre que no entregara todo por lo que hab\u00edan trabajado. Se mont\u00f3 en el hombro un saco con ropa y los ingredientes suficientes para tres montinos, le bes\u00f3 la frente a su progenitor y lo dej\u00f3 parado ah\u00ed, como cada d\u00eda despu\u00e9s del llanto, en la plaza al frente de la iglesia roja con su campanilla y su cartel que le cubr\u00eda el cuerpo entero donde se delimitaba con signos de interrogaci\u00f3n la frase: \u201c\u00bfY qui\u00e9n me va a traer de vuelta los huesos de mi hijo Ruperto?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis Mario, de tercer nombre Juli\u00e1n, hab\u00eda dejado la Villa de San Francisco del Monte, por el lado bueno de Chile, hac\u00eda un a\u00f1o ya y las an\u00e9cdotas que hab\u00eda podido recolectar no se pod\u00edan definir de otra forma, m\u00e1s que con el adjetivo de afortunadas. El enclenque individuo, que a pesar de llevar un a\u00f1o de aventuras segu\u00eda con un cuerpo del somatotipo ectomorfo, se hab\u00eda topado con ancianos de bondadosas caracter\u00edsticas que lo hab\u00edan alimentado cuando la comida se le hac\u00eda escasa. Hab\u00eda persuadido a ladrones varios, de ego\u00edstas intenciones, de no quitarle lo poco y nada que ten\u00eda con tan solo contarles su triste historia y\u00a0 hab\u00eda rechazado, contra su voluntad, los embates de bellas mujeres de fantas\u00eda, que se le insinuaban acicaladas, con el objetivo de convertirlo en amante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hab\u00eda dejado la Villa de San Francisco del Monte hac\u00eda un a\u00f1o ya y hoy, tras navegar canales en disputa bajo las \u00f3rdenes de un naval que si cre\u00eda en la guerra, se ergu\u00eda bajo la lluvia, protegido por un \u00f1irre, frente a los huesos de su hermano Ruperto Pedro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se decidi\u00f3 a pasar la noche ah\u00ed pese al fr\u00edo, pero cuando un sue\u00f1o lo despert\u00f3 antes de llegar a su fin como los sue\u00f1os generalmente hacen, supo que era hora de volver r\u00e1pido. Reemplaz\u00f3 todas las cosas que ten\u00eda su mochila por los restos de su hermano y, a pesar del terror que le causaba el lado malo de Chile, se determin\u00f3 a cruzarlo porque ya no ten\u00eda m\u00e1s tiempo que perder.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se ubicaba entre el grado cincuenta y cinco y cincuenta y dos y sentado en un cabo h\u00famedo en la popa de un barco solitario bajo una mortaja de niebla que destru\u00eda la visi\u00f3n com\u00fan, Luis Mario Juli\u00e1n, divis\u00f3 una silueta prominente e intimidante que se le acercaba lenta por babor. Con el coraz\u00f3n en la garganta, el aterrado montesino, trat\u00f3 de espantar al dibujo oscuro que se abr\u00eda paso por el humo nuboso con un ineficiente <em>chu<\/em>. Cuando la sombra se plant\u00f3 justo en frente de los hermanos, haciendo tronar su \u00faltima zancada contra el esqueleto met\u00e1lico de la embarcaci\u00f3n, Luchito Mario se dio cuenta que era un hombre del porte de dos y que lo cubr\u00eda de cabeza a pies un abrigo l\u00fagubre con caperuza oscura que parec\u00eda ser de oveja negra. El hombre se present\u00f3 de manera escueta en una voz insondable y raspada y mirando directo a los ojos inquietos de Luchito Mario Juli\u00e1n, dijo:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Soy el capit\u00e1n de los nav\u00edos perdidos, el gu\u00eda de los esp\u00edritus del fondo. Mastico ballena a la cena y tripulantes cobardes al desayuno. Perd\u00ed una vez una vida pero m\u00e1s de mil he quitado. Nunca nadie pasa por estas aguas sin pagar el precio apropiado. T\u00fa, diminutivo de hombre, \u00bfTienes algo para m\u00ed?<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis Mario apret\u00f3 sus pu\u00f1os en se\u00f1al de evidente cobard\u00eda, mientras su voz clamaba por el permiso de su superior para dejarse ir en un alarido mujeril que buscara cualquier tipo de ayuda, pero supo, por la mirada viscosa del hombre de dos pisos y por su fuerte olor a caleta porte\u00f1a, que de nada le servir\u00eda. El tenebroso marinero acerc\u00f3 su h\u00famedo rostro a la oreja de su pacifica presa y repiti\u00f3 la pregunta mostrando sus dientes amarillos y dejando ir un manifiesto aliento a calamar, \u201c\u00bfTienes algo para m\u00ed?\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese momento en el que el siniestro individuo tuvo que descender su parte superior para reincidir en su amenaza, Luchito Mario, avist\u00f3, por entre su abrigo de botones dentados, un pie izquierdo ausente reemplazado por una astilla mojada como los pies de los cuentos son, y as\u00ed, moviendo sus brazos con cautela mientras los ojos de iris negra que segu\u00edan al nivel de su oreja lo persegu\u00edan, sac\u00f3 de su bolso una tibia, y un peron\u00e9 y varias falanges y varias cu\u00f1as del pie izquierdo de su difunto hermano y se las entreg\u00f3 al capit\u00e1n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando el barco lleg\u00f3 a su destino, Luis Mario iba borracho en sangre de pez y lleno en carne de camar\u00f3n. Mir\u00f3 hacia atr\u00e1s y con el adem\u00e1n t\u00edpico del adi\u00f3s, se despidi\u00f3 del marinero tenebroso que a la distancia vociferaba alg\u00fan comentario borracho mientras zapateaba su regalo de hueso que reemplazara su pierna de madera y se prometi\u00f3 siempre siempre recordar a aqu\u00e9l capit\u00e1n como el buen amigo que nunca tuvo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasaron quince d\u00edas para que Luis Mario Juli\u00e1n y los huesos de su hermano Ruperto Pedro, de tercer nombre Pedro, se encontraran a cuarenta y cinco coma cinco grados en el mapa de su pa\u00eds cuando tuvo que protegerse, dentro de un coloso de cemento abandonado, del octavo d\u00eda de lluvia que le mermaba un poco m\u00e1s las ganas de continuar. Moj\u00f3 las gotas de lluvia de su cara con gotas de l\u00e1grimas de sus ojos y entabl\u00f3 un mon\u00f3logo de recuerdos de infancia con la calavera que arranc\u00f3 del saco. Cuando el sue\u00f1o ya lo venc\u00eda luego de recordar la vez que Pedro Pedro lo defendi\u00f3 de la banda de ni\u00f1os recolectores de papas, su agudo t\u00edmpano izquierdo escuch\u00f3 una risa traviesa que ven\u00eda de detr\u00e1s de una cajas de madera cubiertas de manchones caf\u00e9s. Juli, activ\u00f3 sus alarmas como un perro guardi\u00e1n, contuvo su respiraci\u00f3n para ayudarse a escuchar mejor y no movi\u00f3 ni un solo musculo m\u00e1s que el del cuello. La misma risa se repiti\u00f3 por el lado derecho y parec\u00eda venir de una puerta cerrada bajo un ventanal que le informaba al asustado individuo que la lluvia no cesar\u00eda esa tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La risa son\u00f3 a su izquierda. La risa son\u00f3 a su derecha. La risa son\u00f3 a su izquierda. La risa volvi\u00f3 a sonar a su derecha. La risa son\u00f3 m\u00e1s cerca. Avist\u00f3 las dos sonrisas m\u00e1s t\u00e9tricas que hab\u00eda visto en su vida a tan solo un par de metros de su asustada estructura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque tiritaba m\u00e1s que la cima de un gallo envuelto en nervios y no obedec\u00eda orden alguna que le comandara su cerebro, cuando las filas de dientes hermanas dieron un paso al frente y se asomaron a la poca luz que entraba por las ventanas, Luchito Mario pudo ver con la leve claridad, que la realidad le permit\u00eda, a dos individuos de precario largo y generoso ancho arropados con una bata de perfecto blanco que se sosten\u00eda en hilos de sus hombros y ca\u00eda en cascada hacia sus pies. Los crey\u00f3 gemelos, pero no pod\u00eda estar seguro debido a las manchas rojas que empapaban sus rostros. La pareja se present\u00f3 al un\u00edsono en un coro de dos con la voz amenazante de un reptil y mirando directamente a los ojos tintineantes de Luis Mario Juli\u00e1n, dijeron:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Somos los guardianes matarifes de la cordillera de las l\u00e1stimas. Protectores de la estatua de cuatro patas. Hace much\u00edsimo tiempo hicimos un mal que ahora estamos condenados a enmendar. Derramamos simpat\u00eda a borbotones, pero no por ti, a menos de que haya algo para m\u00ed. &#8211; No, para m\u00ed &#8211;\u00a0 dinos, \u00bfTienes algo por ah\u00ed?<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis Mario, recordando su encuentro con el capit\u00e1n, busc\u00f3 en sus enemigos algo que les pudiese faltar, pero no encontr\u00f3 nada. Aterrado hasta el punto en que olisqueaba su sangre aun oculta en el par de batas aun impecables, sinti\u00f3 en su est\u00f3mago lo que es el aut\u00e9ntico miedo a la muerte. Las malignas copias se abalanzaron sobre la quieta figura de hombre vencido, posaron, uno en cada lado de la cabeza de Luis Mario Juli\u00e1n, un machete afilado de hierro oxidado y repitieron la misma pregunta de antes \u201c\u00bfTienes algo por ah\u00ed?\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En ese momento, al igual que con su amigo el marinero, el perplejo montesino divis\u00f3 por el agujero que se abr\u00eda, por entre los dos matachines de la cordillera de lastimas, dos mu\u00f1ones que interpret\u00f3 ser culpa de dos manos cercenadas. Luis se gir\u00f3 lento, al igual que la \u00faltima vez y rob\u00f3 de su saco, poco a poco, las falanges de las manos de su hermano muerto bajo un \u00f1irre en una isla sin due\u00f1o, para d\u00e1rselas a los gemelos y que as\u00ed le perdonaran su existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Contra su d\u00e9bil voluntad, los cancerberos sanguinarios usaron a Luchito Mario como su asistente personal y \u00fanico p\u00fablico en un show donde le arrojaron facas que le rozaron cada parte de su delgado ser, lo acuchillaron entre los dedos de su mano en un juego que ellos llamaban <em>sangrar o no <\/em>\u00a0y le ense\u00f1aron el milenario truco de tragar una espada en su totalidad como hab\u00eda visto una vez hacer dentro de las inmediaciones de una carpa de circo. Todo en un extra\u00f1o modo de feliz agradecimiento ejecutado por sus reemplazos calcificados de los que se sent\u00edan muy orgullosos. Mario se despidi\u00f3 de los matarifes con la t\u00edpica palabra de despedida que usan los camaradas bienaventurados y reconoci\u00f3 como ense\u00f1anzas, disfrazadas en hierros afilados, lo que hicieran ri\u00e9ndose felices sus dos amistades. Catalog\u00f3 lo vivido como una bendici\u00f3n porque ya no sent\u00eda miedo alguno. No sent\u00eda miedo en lo absoluto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luchito Mario Juli\u00e1n y lo que quedaba de los huesos de su hermano Ruperto Pedro Pedro, que compart\u00edan el cuarto nombre de Deivid, subieron enormes monta\u00f1as, se hundieron en boscosos pantanos y soportaron la crueldad del clima del lado malo del pa\u00eds, pero en ning\u00fan momento se detuvieron. Luchito Mario ignor\u00f3 a una dama cubierta de espeso fuego cerca de Chait\u00e9n, a un enano por Chilo\u00e9 y a una viuda en Valdivia, en evidentes signos de brava bravura utilizada de manera correcta tomando en cuenta lo poco que sab\u00eda usarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El \u00fanico descanso que Luis tom\u00f3, lo encontr\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de Loncoche, m\u00e1s all\u00e1 de Gorbea, m\u00e1s all\u00e1 de Padre las Casas y solo lo hizo para contar los huesos de su hermano que en vez de ser doscientos y diez, se hab\u00edan reducido a ciento y setenta. En el momento en que se alistaba para partir, escuch\u00f3 una voz sintonizada en el tono de lo m\u00edstico, una voz en una variedad de las lenguas, para \u00e9l, desconocida. Una voz distinta a todas las ego\u00edstas anteriores. Una voz que le dijo algo a cambio de nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciento y cincuenta y cinco d\u00edas menos le tom\u00f3 a Luchito Mario Juli\u00e1n Deivid la vuelta a su villa natal, que muy poco y muy nada, hab\u00eda cambiado a pesar del pasar de las estaciones del tren y las estaciones del clima que hoy se exhib\u00edan nubladas e inciertas. Se adentr\u00f3 por donde estaba el puente y atraves\u00f3 la plaza vac\u00eda, la chacra Santa Adela, la casa de los Carrera, las v\u00edas del tren, el terreno que anteced\u00eda al suyo y lleg\u00f3 en el momento justo para presenciar el espect\u00e1culo de santiaguinos y palas y picotas que se presentaban decididos y listos para derrumbar el hogar en donde hab\u00eda crecido junto a su hermano Ruperto Pedro Pedro Deivid y su padre Claudio Julio Juan Juan en el instante en que un capataz diera la orden respectiva.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis se acerc\u00f3 a un anciano que, hac\u00eda dos a\u00f1os atr\u00e1s, hubiese reconocido de manera instant\u00e1nea como el padre que cuid\u00f3 miles de noches de llanto y lo salud\u00f3 tal y como saludan los hijos ausentes. El viejo lo mir\u00f3 con ojos mojados llenos de culpa y dolor y le dijo en un tono de falsa esperanza que no se preocupara por nada, que confiara en \u00e9l, que hab\u00eda vendido todo bajo el s\u00edmbolo de una sincera sacudida de manos a un postor que hab\u00eda prometido traerle de vuelta en menos de lo que canta su gallo los huesos de un hijo Ruperto que yac\u00edan en alguna parte que ya no recordaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luis Mario dej\u00f3 caer el saco que se impregnara en su espalda como los dibujos de tinta de los marinos se impregnan y mientras giraba en c\u00edrculo, dejando atr\u00e1s todo lo suyo que era de alguien m\u00e1s y escuchaba la algarab\u00eda de un padre que quer\u00eda a otro, es que todo empez\u00f3 para terminar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Uno de los hombres que sosten\u00eda una picota y se ubicaba cerca del ventanal que daba al living de la casa blanca, se vio influenciado por un apuro intr\u00ednseco santiaguino que lo hizo activar sus ganas de comenzar la faena. Al mismo tiempo en que un trueno hizo <em>puuuj, <\/em>retrocedi\u00f3 su instrumento de destrucci\u00f3n para saciar sus ansias de destrozo, pero cuando iba a ejecutar el movimiento que ten\u00eda en mente \u2013 <em>pam <\/em>\u2013 vio, con l\u00e1grimas en sus ojos, su brazo, que a\u00fan sosten\u00eda la picota, mutilado en el suelo de tierra. Llor\u00f3 un poco m\u00e1s como los ni\u00f1os que pierden una mu\u00f1eca hacen y sinti\u00f3 una pu\u00f1alada, dos pu\u00f1aladas, tres pu\u00f1aladas, veinte pu\u00f1aladas y hasta cincuenta pu\u00f1aladas. Fue un espect\u00e1culo de sangre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los gritos espantados no se hicieron esperar y cuando Luis Mario Juli\u00e1n Deivid se dio vuelta para darle un sentido a los alaridos, vio a los dos matarifes que conociera una vez que ri\u00e9ndose <em>zas, zas, zas, zas, zas, zas, <\/em>le hicieron a un l\u00edder de cuadrilla que de lejos parec\u00eda un manantial y z<em>as, zas, zas, zas, zas. <\/em>Chorros. <em>Splash, splash, splash. <\/em>Era dif\u00edcil saber si \u00e9l estaba llorando tambi\u00e9n debido a toda la sangre que ten\u00eda en su cara, pero era lo m\u00e1s probable. De repente <em>ra-ta-t\u00e1, ra-ta-t\u00e1<\/em>, a la derecha de Luchito Mario le llamaba la atenci\u00f3n una sierra a motor y <em>ra-ta-t\u00e1, ra-ta-t\u00e1<\/em>, la sosten\u00eda un santiaguino perteneciente a la clase burguesa de la ciudad que solo quer\u00eda fingir que trabajaba, pero eso poco le import\u00f3 al capit\u00e1n de los nav\u00edos perdidos, que muy lejos del agua se encontraba. <em>Tac, tac, <\/em>lo ten\u00eda de la cabeza con su enorme mano h\u00fameda y <em>tac, tac, <\/em>casi separa la cima del hombre del cuerpo del mismo y <em>placatac, placatac, <\/em>estuvo muy cerca de conseguir su objetivo cruel y lo mir\u00f3, mir\u00f3 al hombre que ten\u00eda ojos azules de Jes\u00fas y orejas como la de Sor Teresita de los Andes o alguien bueno como ella y <em>zaf, zaf, zaf, <\/em>ahora s\u00ed, le desmembr\u00f3 la cara del tronco superior. <em>Psh, psh, psh. <\/em>Saltaba la sangre desde la separaci\u00f3n de la yugular. <em>Psh, psh, psh<\/em>. Luchito Mario miraba el circo de rojo carmes\u00ed, perplejo. Uno podr\u00eda haber confundido su pasividad con la cobard\u00eda de los colipatos, pero no, estaba esperando el momento indicado. A lo lejos vio como una picota se enterraba en el peque\u00f1o cr\u00e1neo de uno de los matarifes. Un <em>crac<\/em> se oy\u00f3 a kil\u00f3metros, <em>crac, crac, crac<\/em> y luego un silencio. Su hermano matarife perdi\u00f3 la cabeza, no literalmente y <em>zas<\/em> son\u00f3 de nuevo, <em>zas, zas, zas, zas, zas<\/em>, le raj\u00f3 ambos tendones de Aquiles al asesino de su gemelo y este cay\u00f3 como desarmado, como si se hubiese desecho, en el mismo sitio donde estaba. En el mismo sitio exacto. <em>Zas, zas.<\/em> Luchito Mario entr\u00f3 en la pelea para vengar la muerte tambi\u00e9n de alguien a quien consideraba un amigo. \u00a1Aaah! Grit\u00f3. Y luego un golpe por aqu\u00ed, <em>pam<\/em>. Y despu\u00e9s un golpe por all\u00e1, <em>paf<\/em>. Sangre ca\u00eda y sangre ca\u00eda y sangre ca\u00eda. Luchito Mario no acert\u00f3 ning\u00fan golpe y lo tuvo que sacar a rastras su padre que lo mir\u00f3 a la cara y en la parte m\u00e1s emotiva de este cuento, le dijo: \u201cGracias hijo m\u00edo por traer a tu hermano de vuelta, te amo\u201d y se tir\u00f3 encima de \u00e9l, para protegerlo con su vida, de la lluvia de cuchillazos que los santiaguinos les propinaron en una ventolera de venganza. <em>Zit, zit, zit, zit, zit, zit, zit, zit.<\/em> Se enterraron los varios cuchillos de bolsillo en la espalda del viejo. <em>Zit, zit, zit, zit, zit, zit<\/em>. Esa vez no llor\u00f3. Luchito Mario comenzaba a sentir la claustrofobia de la muerte inminente cuando <em>pum, pum, pum<\/em>, la luz sali\u00f3 de la oscuridad y vio el rostro sonriente de un marinero agonizante. <em>Psh, pum, psh.<\/em> Se levantaron los dos amigos y miraron en direcci\u00f3n a la casa. A\u00fan quedaban unos cincuenta contrincantes y se acercaban lento. Los dos compadres se levantaron del suelo, listos para dar un \u00faltimo esfuerzo en una guerra que no era guerra, m\u00e1s bien pelea. Los dos se despidieron del uno al otro cuando vieron los cuerpos de los gemelos muertos. El marinero corri\u00f3 alto y fuerte contra la ola iracunda y <em>pa-pa-pam, pa-pa-pam, <\/em>se logr\u00f3 llevar con \u00e9l a diez enemigos. Muri\u00f3 zapateando su pierna de hueso en modo de despedida o tiritando como pasa antes de partir al otro mundo. Era dif\u00edcil de distinguir. Sangre clamaba el grupo. Sangre clamaba. Luchito Mario pens\u00f3 darse por vencido, pero recordando su viaje pasado como uno recuerda en tiempos de grandes peligros, trajo a su mente las palabras m\u00e1gicas que le ense\u00f1\u00f3 el esp\u00edritu de un Lonco, en idioma Mapuche, a las alturas de Lautaro. Las relat\u00f3 con el ritmo necesario\u00a0 y <em>prim, prim, prim,<\/em> los cuarenta cuerpos de los cuarenta santiaguinos que quedaban se retorcieron en claro signo de dolor. \u00a1Aaah! gritaban. Los santiaguinos ard\u00edan en un fuego santo que no quemaba con llama. Ard\u00edan en un fuego interior encendido por sus propios pecados y caprichos. Unos ardieron m\u00e1s que otros. Claudio Julio, padre de Luchito Mario, que a\u00fan segu\u00eda vivo de manera incre\u00edble, con sus \u00faltimas fuerzas le insinu\u00f3 a su hijo que hubiese sido m\u00e1s adecuado si tan solo se hubiese acordado de esas palabras antes que comenzara todo. Cerr\u00f3 los ojos y muri\u00f3 definitivamente. Luis Mario Juli\u00e1n Deivid mir\u00f3 la escena horrorizado y llor\u00f3. Llor\u00f3 como nunca lo hab\u00eda hecho antes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con la vista borrosa y a punto del desmayo, el \u00fanico sobreviviente del combate m\u00e1s sanguinario que el actual pueblo del Monte puede recordar, acomod\u00f3 su delgada figura en la tierra que le hab\u00eda vuelto a pertenecer luego de la lucha y se ech\u00f3 cansado hacia atr\u00e1s apoyando su cabeza en un peque\u00f1o mont\u00edculo que arm\u00f3 con sus \u00faltimas fuerzas. Con la vista nublada y dudando de la realidad que sus ojos le presentaban, vio a lo lejos, un negro manto que se mov\u00eda lento y suave por entre la carnicer\u00eda. Cuando lo tuvo al frente de sus narices, pudo apreciar que en la parte superior del atuendo hab\u00eda una peque\u00f1a mancha blanca que transformaba el vestido en uniforme, pero m\u00e1s arriba, nada m\u00e1s vio. La t\u00fanica estir\u00f3 una mano para dibujar la se\u00f1al de la cruz en la frente de Luchito Mario y dijo en una voz extraviada:<\/p>\n<ul style=\"text-align: justify;\">\n<li>Soy el elegido fraile del Valle de San Francisco del Monte. Custodio de los tesoros escondidos de la comunidad. Solo unos selectos pocos devotos a la iglesia conocen mi verdad. Te he visto pelear con la ayuda de varios colegas y creo que tienes algo para m\u00ed.<\/li>\n<\/ul>\n<p style=\"text-align: justify;\">Luchito Mario estir\u00f3 una lastimada extremidad que cruj\u00eda como los pisos antiguos crujen y de manera lenta y utilizando un gran esfuerzo de persona extenuada, sac\u00f3 de dentro de su saco, que fuese la \u00faltima felicidad de su padre, la calavera dentada de Ruperto Pedro Pedro Deivid. Rept\u00f3 su brazo corto y se la obsequi\u00f3 al omnipresente fraile sin cabeza del Valle de San Francisco del Monte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ciento y cinco misas y ciento y dos entierros hizo el fraile de calavera ajena en un cementerio que hoy en d\u00eda se cree oculto bajo capas de generaciones que ya no oyen cuentos. Dos entierros que acarreaban suma especialidad para el h\u00e9roe de la historia y tres misas donde la triada de \u00fanicos amigos que iba a recordar para siempre, partieron santificados a alguna parte que solo conoce el viento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fraile, que a\u00fan se ve visitando las misas de domingo con una calavera en perfecto estado colgando de su mano derecha, cuida, junto a otros esp\u00edritus que se aparecieron luego de escuchar sobre la implacable \u201cPelea de las Cien Sangres\u201d, las riquezas que por ley divina pertenecen a un pueblo montes que, a pesar de haber perdido protagonismo en las p\u00e1ginas de la historia del pa\u00eds, nunca desaparecer\u00e1 del mapa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si no se cree ni una sola palabra de las tres mil que se han escrito aqu\u00ed, vayan por su propia cuenta a este pueblo de c\u00e1lidos colores y amables personas y pregunten por los esp\u00edritus que vigilan la tierra d\u00eda y noche. O, si gustan y prefieren, caminen m\u00e1s all\u00e1 de la plaza y la iglesia y m\u00e1s all\u00e1 de la chacra Santa Ana y m\u00e1s all\u00e1 de la casa de la familia Carrera y m\u00e1s all\u00e1 de las v\u00edas del tren y toquen la puerta de la casa blanca del vetusto Ruperto Luis Claudio Mario Pedro Pedro Juan Juan Deivid Juli\u00e1n Soto, III. Descendiente directo de quien ustedes muy bien se imaginan.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Por<strong>\u00a0An\u00f3nimo<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cierto joven, llamado con el primer nombre de Luis que continuaba con el segundo nombre de Mario, hab\u00eda tenido que soportar demasiadas oscuras noches los sollozos de su anciano padre qui\u00e9n lloraba desconsolado por haber perdido a su primog\u00e9nito e hijo favorito a manos de un vecino lim\u00edtrofe que apret\u00f3 su gatillo, en un momento [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":761,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4,10],"tags":[283,284,285],"class_list":["post-758","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuento","category-literatura","tag-el-traquetear","tag-matias-villa","tag-ruperto-pedro"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/758","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=758"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/758\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":882,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/758\/revisions\/882"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/761"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=758"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=758"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=758"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}