{"id":74,"date":"2017-10-14T20:28:21","date_gmt":"2017-10-14T23:28:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistaoropel.cl\/?p=74"},"modified":"2020-11-08T20:21:15","modified_gmt":"2020-11-08T23:21:15","slug":"articulo-david-foster-wallace-estres-emocional-y-vanidad-fisica-en-las-redes-sociales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2017\/10\/14\/articulo-david-foster-wallace-estres-emocional-y-vanidad-fisica-en-las-redes-sociales\/","title":{"rendered":"David Foster Wallace: Estr\u00e9s emocional y vanidad f\u00edsica en las redes sociales"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En el universo ficticio que propone David Foster Wallace (1962-2008) en La Broma Infinita (1996), \u00a0exageradamente dominado por las marcas y el marketing, donde incluso los a\u00f1os se llaman por su auspiciador -tal como pasa hoy con el Movistar Arena o la Copa Santander Libertadores, imaginen el a\u00f1o Movistar o Soprole o Viagra-, hay un vaticinio que hoy a m\u00e1s de veinte a\u00f1os de su publicaci\u00f3n podemos dar como un hecho: las relaciones de las personas con sus redes sociales generan altos grados de estr\u00e9s emocional y eleva desmesuradamente su vanidad f\u00edsica. D.F.W. relata magistralmente c\u00f3mo cambia la experiencia desde el tel\u00e9fono de fines del siglo XX a la comunicaci\u00f3n interpersonal audiovisual propia de la segunda d\u00e9cada del siglo XXI, aqu\u00ed radica lo pitonisa, ya que en el a\u00f1o 1995 \u2013en el que se termin\u00f3 La Broma Infinita- no exist\u00edan aun las videollamadas y nadie sab\u00eda lo que era el wi-fi, aun as\u00ed D.F.W. logra entrar en la cabeza de una generaci\u00f3n que experimentar\u00e1 estas nuevas formas de comunicaci\u00f3n y predice un futuro nada resplandeciente para el culto a la vanidad que hoy vemos en todas las redes sociales (Instagram y Snapchat las que m\u00e1s), y el estr\u00e9s emocional que nos genera la obvia frustraci\u00f3n que todos tenemos de no ser superficialmente tal como lo hubi\u00e9semos elegido si tuvi\u00e9semos la opci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El fragmento que leer\u00e1n a continuaci\u00f3n es s\u00f3lo un brev\u00edsimo esbozo de la irrisoria distop\u00eda que D.F.W. transita en m\u00e1s de un millar de p\u00e1ginas, ri\u00e9ndose de la idiosincrasia estadounidense (tan lamentablemente parecida a la chilena) y augurando \u2013no sin miedo- las contradicciones y brumas que el siglo XXI hered\u00f3 de su antecesor, las que nunca termina de encarnar y retorcer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201c1.- Result\u00f3 que hab\u00eda algo terriblemente estresante en las interfaces visuales telef\u00f3nicas que no exist\u00eda en las interfaces solo verbales. De repente, los consumidores de videofon\u00eda se percataron de que hab\u00edan sido v\u00edctimas de un enga\u00f1o insidioso, pero totalmente maravilloso, en lo que respecta a la videofon\u00eda s\u00f3lo verbal. Antes no hab\u00edan notado el enga\u00f1o, como si fuera algo tan complejo emocionalmente que solo se pudiera valorar en el contexto de su p\u00e9rdida. Las viejas y buenas conversaciones solo verbales de anta\u00f1o te permit\u00edan suponer que la persona del otro extremo de la l\u00ednea te prestaba toda su atenci\u00f3n mientras que a ti te ten\u00eda sin cuidado lo que ella dijera. Una conversaci\u00f3n tradicional solo auditiva \u2013utilizando un tel\u00e9fono manual cuyo auricular solo ten\u00eda seis peque\u00f1as aberturas, pero cuyo auricular significativamente ten\u00eda 36- te permit\u00eda entrar en una especie de fuga hipn\u00f3tica o autopista de semiatenci\u00f3n: mientras conversabas, pod\u00edas mirar la habitaci\u00f3n, garabatear, acicalarte, arrancarte diminutos trozos de piel de las cut\u00edculas, componer haikus en la agenda telef\u00f3nica, remover lo que estabas cocinando; incluso pod\u00edas mantener toda una conversaci\u00f3n adicional en lenguaje de signos y mediante exageradas expresiones faciales con la gente que estuviera a tu lado, y todo esto mientras parec\u00edas estar prestando la debida atenci\u00f3n a la voz del aparato. Y no obstante \u2013y esta fue la parte retrospectivamente maravillosa-, incluso mientras divid\u00edas tu atenci\u00f3n entre el tel\u00e9fono y toda una serie de peque\u00f1as actividades, nunca te sent\u00edas acechado por la sospecha de que la atenci\u00f3n de tu interlocutor pod\u00eda estar tan dividida como la tuya. En el transcurso de una conversaci\u00f3n tradicional, digamos que te entreten\u00edas buscando con los dedos alg\u00fan granito en el ment\u00f3n y de ning\u00fan modo te sent\u00edas deprimido por la idea de que acaso tu interlocutor estuviera haciendo lo mismo. Se trataba de una ilusi\u00f3n, y de una ilusi\u00f3n auditiva con una base auditiva: la voz del otro extremo de la l\u00ednea era densa, fuertemente comprimida y con un vector directo a tu o\u00eddo que te permit\u00eda imaginar que la atenci\u00f3n del interlocutor era igualmente comprimida y concentrada\u2026 aunque no lo fuera tu atenci\u00f3n. Esa era la cuesti\u00f3n. La ilusi\u00f3n bilateral de atenci\u00f3n unilateral era casi infantilmente gratificante desde el punto de vista emocional: ten\u00edas que creer que recib\u00edas toda la atenci\u00f3n de alguien sin tener que devolverla. Vista con la objetividad de una percepci\u00f3n a posteriori, la ilusi\u00f3n parece irracional, casi literalmente fant\u00e1stica: es como si las dos partes se mintieran, pero confiaran una en la otra al un\u00edsono.<\/p>\n<figure id=\"attachment_76\" aria-describedby=\"caption-attachment-76\" style=\"width: 1200px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-76 size-full\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/1345430661669.cached.jpg\" alt=\"\" width=\"1200\" height=\"800\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/1345430661669.cached.jpg 1200w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/1345430661669.cached-300x200.jpg 300w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/1345430661669.cached-768x512.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/1345430661669.cached-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/1345430661669.cached-1040x693.jpg 1040w\" sizes=\"auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-76\" class=\"wp-caption-text\"><em>David Foster Wallace<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La videotelefon\u00eda hizo insostenible esta fantas\u00eda. Los usuarios descubr\u00edan ahora que ten\u00edan que poner la misma expresi\u00f3n casi demasiado intensa de quienes hablan cara a cara. Aquellos usuarios que, por la fuerza de una costumbre inconsciente, sucumb\u00edan a acicalarse o alisarse la ropa, ahora daban la impresi\u00f3n de ser groseros, estar distra\u00eddos o de prestarse una infantil atenci\u00f3n a s\u00ed mismos. Los usuarios que, a\u00fan m\u00e1s inconscientemente, se exprim\u00edan granitos o se met\u00edan el dedo en la nariz, se encontraban con expresiones de horror en el rostro del otro extremo de la l\u00ednea. Todo lo cual daba como resultado un evidente estr\u00e9s videof\u00f3nico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan peor, por supuesto, era la impresi\u00f3n traum\u00e1tica de ser expulsado del Ed\u00e9n cuando, al levantar la mirada tras pasar un dedo por tu agenda de tel\u00e9fonos o ajustar el \u00e1ngulo de reposo de tu viejo aparato sobre tus piernas, ve\u00edas que tu videof\u00f3nica interlocutora jugueteaba con los cordones de sus zapatos mientras te hablaba y te dabas cuenta de pronto de que la fantas\u00eda infantil de tener toda la atenci\u00f3n del otro mientras t\u00fa hablas haciendo otras cosillas como peque\u00f1os ajustes en tus partes genitales era una quimera y que en realidad a ti no te prestaban m\u00e1s atenci\u00f3n que la que t\u00fa prestabas al otro. Los usuarios videof\u00f3nicos descubrieron que todo lo de la atenci\u00f3n se convert\u00eda en un asunto monstruosamente estresante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">2.- Y el estr\u00e9s videof\u00f3nico era a\u00fan peor si t\u00fa eras ligeramente vanidoso, es decir, si te preocupaba tu imagen. De cara a los dem\u00e1s. Y, bromas aparte, \u00bfqui\u00e9n no lo es? Las viejas llamadas auditivas se pod\u00edan hacer sin maquillaje, peluca, pr\u00f3tesis quir\u00fargicas, etc\u00e9tera. Incluso sin ropa, si te apetec\u00eda. Pero para los conscientes de su imagen la videofon\u00eda no ofrec\u00eda la menor posibilidad de contestar a una llamada tal como estaban; de ese modo, los usuarios empezaron a sentirse ya no como cuando sonaba el viejo tel\u00e9fono sino como si llamaran a la puerta y ello los obligara a vestirse en un santiam\u00e9n y ponerse las pr\u00f3tesis y verificar el estado del pelo delante del espejo antes de contestar al timbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero el verdadero tiro de gracia para la videofon\u00eda fue c\u00f3mo se ve\u00edan las caras de los usuarios en la pantalla. No la cara del interlocutor, sino la propia cuando la ve\u00edas en el video. Al fin y al cabo, usar la opci\u00f3n de registrar la llamada para grabar ambas pulsaciones y luego ver c\u00f3mo hab\u00eda visto tu cara la persona que te hab\u00eda llamado solo era un tr\u00e1mite de tres botones. Esta especie de chequeo visual no era m\u00e1s llevadero que el espejo. Pero la experiencia result\u00f3 ser casi universalmente horripilante. La gente se horrorizaba de c\u00f3mo se ve\u00eda su rostro en la pantalla. No era simplemente la hinchaz\u00f3n, esa conocida impresi\u00f3n de sobrepeso que el video inflige a una cara. Era algo peor. Incluso con pantallas de alta definici\u00f3n, los usuarios percib\u00edan algo esencialmente borroso y de aspecto h\u00famedo, una indefinici\u00f3n p\u00e1lida que les parec\u00eda no solo muy poco lisonjera, sino tambi\u00e9n evasiva, furtiva, algo desagradable, muy poco digno de confianza. En un primer y aciago estudio de InterLace\/GTE, al que nadie hizo caso en medio de la tormenta de entusiasmo empresarial que levant\u00f3 aquella tecnolog\u00eda de ciencia ficci\u00f3n, se dice que casi el sesenta por ciento de quienes ten\u00edan acceso a sus propios rostros durante las llamadas videof\u00f3nicas se manifestaban espec\u00edficamente en t\u00e9rminos de imagen \u201cde no fiar\u201d, \u201cdesagradable\u201d o \u201cdif\u00edcil de gustar\u201d al describir su propio aspecto en la pantalla; hubo un setenta y uno por ciento fenomenalmente desastroso de ciudadanos de la tercera edad que compararon sus propias videocaras espec\u00edficamente con la de Richard Nixon durante el famoso debate con Kennedy en 1960.<\/p>\n<figure id=\"attachment_75\" aria-describedby=\"caption-attachment-75\" style=\"width: 652px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-75 size-full\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2017\/10\/debate-history-401893.jpg\" alt=\"\" width=\"652\" height=\"515\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-75\" class=\"wp-caption-text\"><em>Nixon durante el famoso debate<\/em><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\">La soluci\u00f3n propuesta a lo que los psic\u00f3logos asesores de la industria de las telecomunicaciones denominaron Disforia Video-Fision\u00f3mica (o DVF) fue sin duda el advenimiento del Enmascaramiento de Alta Definici\u00f3n; de hecho fueron esos empresarios, que gravitaron hacia la producci\u00f3n de im\u00e1genes videof\u00f3nicas de alta definici\u00f3n y luego directamente a las m\u00e1scaras, quienes superaron la corta vida del fen\u00f3meno videof\u00f3nico sin perder hasta la camisa y bastante forrados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En lo que respecta a las m\u00e1scaras, la opci\u00f3n inicial fue de Im\u00e1genes Fotogr\u00e1ficas de Alta Definici\u00f3n; es decir, coger los elementos m\u00e1s atractivos de un conjunto de fotograf\u00edas en distintas poses favorecedoras de un determinado usuario y \u2013gracias a los equipos disponibles de configuraci\u00f3n de im\u00e1genes de los que fueron pioneras las industrias de la cosm\u00e9tica y del orden p\u00fablico- combinarlos en una composici\u00f3n de alta definici\u00f3n muy atractiva de un rostro con una expresi\u00f3n honesta y con el exceso de intensidad justo para una atenci\u00f3n completa, pero fue r\u00e1pidamente reemplazada por la opci\u00f3n un poco m\u00e1s econ\u00f3mica (usando el mismo software de la industria cosm\u00e9tica y del FBI) que consist\u00eda en fundir la imagen facial mejorada en una aut\u00e9ntica m\u00e1scara de resina de polibutileno; los consumidores pronto descubrieron que val\u00eda la pena pagar el alto coste de una m\u00e1scara permanente y port\u00e1til porque, si se ten\u00edan en cuenta los beneficios de reducci\u00f3n de estr\u00e9s y de DVF y las eficaces cintas de Velcro para atarse la m\u00e1scara, entonces la cabeza del usuario sal\u00eda por muy poco dinero; y durante un par de ejercicios fiscales, las compa\u00f1\u00edas de cable telef\u00f3nico pudieron recuperar la confianza de los consumidores afligidos por la DVF uni\u00e9ndose en una operaci\u00f3n horizontalmente integrada por la cual se entregaban las m\u00e1scaras en el momento de instalar el aparato. Las m\u00e1scaras de alta definici\u00f3n, cuando no estaban en uso, simplemente colgaban de un gancho al lado de la consola telef\u00f3nica del ordenador, dando sin duda una imagen un tanto surrealista y desconcertante cuando se las colgaba vac\u00edas y arrugadas; a veces hab\u00eda un problema de identidad err\u00f3nea potencialmente negativo cuando se trataba de un servicio de multiuso familiar o empresarial que implicaba una apresurada selecci\u00f3n de la m\u00e1scara correcta de una larga hilera de m\u00e1scaras vac\u00edas, pero de cualquier modo al principio las m\u00e1scaras parecieron una viable respuesta de la industria al problema de la vanidad, del estr\u00e9s y de la imagen facial nixoniana.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el universo ficticio que propone David Foster Wallace (1962-2008) en La Broma Infinita (1996), \u00a0exageradamente dominado por las marcas y el marketing, donde incluso los a\u00f1os se llaman por su auspiciador -tal como pasa hoy con el Movistar Arena o la Copa Santander Libertadores, imaginen el a\u00f1o Movistar o Soprole o Viagra-, hay un [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":431,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[37,34,35,39,36,38],"class_list":["post-74","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","tag-broma-infinita","tag-david-foster-wallace","tag-estres-emocional","tag-redes-sociales","tag-vanidad-fisica","tag-videotelefonia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=74"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":476,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/74\/revisions\/476"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/431"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=74"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=74"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=74"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}