{"id":6911,"date":"2026-10-27T12:45:39","date_gmt":"2026-10-27T15:45:39","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6911"},"modified":"2026-10-27T12:55:20","modified_gmt":"2026-10-27T15:55:20","slug":"la-entropia-de-las-maquinas-borges-y-la-inteligencia-artificial-por-george-somerville","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/10\/27\/la-entropia-de-las-maquinas-borges-y-la-inteligencia-artificial-por-george-somerville\/","title":{"rendered":"La entrop\u00eda de las m\u00e1quinas. Borges y la inteligencia artificial \u2013 Por George Somerville"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">1<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Borges nunca demostr\u00f3 un inter\u00e9s particular por las tecnolog\u00edas que estaban desarroll\u00e1ndose en la frontera de su \u00e9poca, ni tampoco por aquellas que podr\u00edan aparecer en el futuro. Sin embargo, la idea de que un artefacto fuese capaz de replicar artificialmente las operaciones del pensamiento humano \u2014tentativa antiqu\u00edsima, dicho sea de paso\u2014 constituye uno de los hilos tem\u00e1ticos que cruzan el laberinto de su obra, en cuyos corredores y escaleras podemos toparnos con diferentes figuras que pueden reinterpretarse como \u00abm\u00e1quinas abstractas\u00bb: es decir, como dispositivos o modelos que organizan signos, conocimientos o percepciones mediante determinadas reglas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">2<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tomemos como punto de partida un ensayo de 1937 donde Borges discurre sobre un aut\u00f3mata concebido en el siglo XIII por el fil\u00f3sofo y m\u00edstico espa\u00f1ol Ram\u00f3n Lull. Seg\u00fan cuenta la leyenda, Dios le revel\u00f3 a Lull el diagrama del <em>Ars Magna Generalis<\/em> en una monta\u00f1a de Mallorca luego de varios d\u00edas de ayuno y contemplaci\u00f3n. La utilidad principal del artefacto era sistematizar las verdades de la fe en una serie de proposiciones l\u00f3gicas, buscando con ello no s\u00f3lo liberar a los fieles de todo esfuerzo intelectual por el entendimiento teol\u00f3gico, sino tambi\u00e9n persuadir a trav\u00e9s del argumento racional a moros y paganos. Las proposiciones de la m\u00e1quina combinaban sujetos y predicados dentro de un diagrama geom\u00e9trico que reun\u00eda los atributos de Dios. Como una suerte de Chat GPT, el <em>Ars Magna<\/em> ofrec\u00eda un modelo de respuestas <em><\/em>automatizadas ante inquietudes religiosas. Para Borges, sin embargo, lo interesante de este invento no era precisamente el car\u00e1cter vanguardista que pod\u00eda suponer para el mundo medieval, sino el alto grado de entrop\u00eda intelectual que pod\u00eda generar. Las combinaciones que permite una de las versiones conocidas del diagrama \u2014explica en su ensayo\u2014 son tan vastas que la m\u00e1quina no excluye relacionar entre s\u00ed los atributos de Dios y afirmar que \u00abla gloria es eterna, que la eternidad es gloriosa, que el poder es ver\u00eddico, glorioso, bueno, grande, eterno\u2026poderoso\u00bb. El dispositivo no se equivocaba en combinar sus caracteres, pues en rigor pod\u00eda arrojar proposiciones formalmente v\u00e1lidas, pero precisamente por eso era capaz de producir una gran cantidad de informaci\u00f3n redundante, multiplicando posibilidades ling\u00fc\u00edsticas hasta niveles inciertos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">3<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las m\u00e1quinas abstractas de Borges de un modo u otro rememoran los problemas que plantea&nbsp; el <em>Ars Magna<\/em> de Lull. Se caracterizan en muchos casos por ser tan sorprendentes como in\u00fatiles, pues exponen las consecuencias absurdas de la inteligencia desmesurada. Un caso ejemplar lo constituye <em>Funes el memorioso<\/em>, el famoso cuento que nos describe a un joven de 19 a\u00f1os que adquiere, despu\u00e9s de un accidente, la capacidad de recordar todos los sucesos percibidos de su vida con extrema precisi\u00f3n: \u00abSab\u00eda las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y pod\u00eda compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta espa\u00f1ola que s\u00f3lo hab\u00eda mirado una vez (&#8230;). Dos o tres veces hab\u00eda reconstruido un d\u00eda entero; no hab\u00eda dudado nunca, pero cada reconstrucci\u00f3n hab\u00eda requerido un d\u00eda entero\u00bb. Funes posee una memoria sobrehumana que causa el asombro del narrador, ya que evoca la facultad de una mente divina m\u00e1s antigua que \u00ablas profec\u00edas y las pir\u00e1mides\u00bb. As\u00ed tambi\u00e9n, le\u00eddo desde nuestro presente tecnol\u00f3gico, representa el ideal de la inteligencia artificial absoluta que almacena y enumera con precisi\u00f3n toda la informaci\u00f3n que recibe. Funes, incluso, se da el lujo de inventar su propio sistema de numeraci\u00f3n, atribuy\u00e9ndole a cada n\u00famero otro signo o palabra espec\u00edfica, incluso otro n\u00famero: \u00abEn lugar de siete mil trece, dec\u00eda (por ejemplo) <em>M\u00e1ximo P\u00e9rez<\/em>; en lugar de siete mil catorce, <em>El Ferrocarril<\/em> (&#8230;). <em><\/em>En lugar de quinientos, dec\u00eda <em>nueve<\/em>\u00bb. En pocos d\u00edas, se nos dice, hab\u00eda creado m\u00e1s de veinticuatro mil sustituciones num\u00e9ricas. Tal sistema, de asombrosa originalidad, no permit\u00eda por cierto ninguna operaci\u00f3n aritm\u00e9tica \u00fatil.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">4<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A pesar de su ins\u00f3lita capacidad para registrar informaci\u00f3n, Funes encuentra complicaciones ante cuestiones muy b\u00e1sicas. Puesto que su conocimiento es puramente emp\u00edrico, orientado a la experiencia de lo particular, se descubre incapaz de sintetizar y abstraer la informaci\u00f3n que posee: \u00abNo s\u00f3lo le costaba comprender que el s\u00edmbolo gen\u00e9rico <em>perro<\/em> abarcara tantos individuos dispares de diversos tama\u00f1os y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente)\u00bb. Funes no pod\u00eda evitar ver otra cosa que multiplicidades y diferencias en cada cosa o individuo. Cada impresi\u00f3n del perro le resultaba de una singularidad irreductible. De ah\u00ed que se viera inclinado a considerar la tentativa de darle un nombre \u00fanico a cada versi\u00f3n vista de cada objeto, de cada rama, de cada nube. Borges recuerda un intento an\u00e1logo de Locke que especul\u00f3 con la idea de un lenguaje m\u00e1s pr\u00f3ximo a las cosas singulares. No obstante, el caso de Funes es claramente un extremo y \u00e9l mismo resuelve que su idea de producir un gran cat\u00e1logo de nombres singulares ser\u00eda interminable. El narrador, que al principio se ve asombrado con la extra\u00f1a condici\u00f3n de Funes, termina despu\u00e9s por apiadarse de \u00e9l. Su vida deja en evidencia la paradoja de que una memoria sobrehumana no implica necesariamente inteligencia. De hecho, ante la imposibilidad de introducir criterios de valor, la memoria bien puede volverse un elemento contraproducente para el desarrollo del conocimiento, un mar de impresiones que no sirven para nada: \u00abMi memoria, se\u00f1or, es como un vaciadero de basura\u00bb.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">5<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cabe decir que el hecho de que una mente pueda ser un \u00abvaciadero de basura\u00bb no es condici\u00f3n exclusiva de una memoria infinita. Cualquier mente puede potencialmente devenir en ello, la mera capacidad de pensar no garantiza lo contrario. La distinci\u00f3n radica en que el ejercicio de un pensamiento creativo o cr\u00edtico implica una conciencia capaz de distinguir entre elementos que clausuran el sentido y elementos que lo expanden. Es decir, implica una <em>depuraci\u00f3n<\/em> de la experiencia, de todos los clich\u00e9s, opiniones e im\u00e1genes que se nos adhieren de forma inconsciente y que refuerzan no s\u00f3lo lo falso, sino los lugares comunes que nos oscurecen la posibilidad de ver las relaciones insospechadas entre las cosas. El pensamiento que realiza esta depuraci\u00f3n no se limita a agregar m\u00e1s informaci\u00f3n a fuerza de combinar s\u00edmbolos, ni a generalizar diferencias. Se dir\u00eda m\u00e1s bien que descarta opciones, limpia todo lo superficial, lo aparente, lo que impide ampliar nuestra visi\u00f3n de la realidad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">6<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De todos modos no deja de ser fascinante observar c\u00f3mo las m\u00e1quinas borgeanas experimentan con la entrop\u00eda intelectual. En <em>La Biblioteca de Babel<\/em>, nuestro autor imagina una biblioteca interminable de infatigables escaleras y salas hexagonales que se confunde, para los bibliotecarios que la habitan, con la totalidad del universo. Una diferencia notable con el mito del antiguo testamento es que la Biblioteca no ha sido construida por humanos, sino que es la obra de un dios desconocido. Ni siquiera los innumerables libros que hay en ella han sido escritos por ellos. Son tan antiguos como la biblioteca misma cuya existencia se presume <em>ab eterna.<\/em> Que los libros no tengan origen humano explica en parte que la Biblioteca posea todos los libros posibles, creados a partir de todas las variaciones verbales que permiten los veinticinco s\u00edmbolos ortogr\u00e1ficos, lo cual hace factible un cat\u00e1logo monumental de temas como \u00abla historia minuciosa del porvenir, las autobiograf\u00edas de los arc\u00e1ngeles, el cat\u00e1logo fiel de la Biblioteca, miles y miles de cat\u00e1logos falsos (&#8230;)\u00bb. La Biblioteca, cabr\u00eda pensar, tiene m\u00e1s libros falsos o imprecisos que verdaderos. Por cada cat\u00e1logo, libro hist\u00f3rico o cient\u00edfico, tendr\u00edamos que imaginar todas las posibles variaciones y distorsiones que permite el lenguaje. Las proposiciones incoherentes y arbitrarias abundan. \u00abNo puedo combinar unos caracteres \u2018\u2018dhcmrlchtdj\u2019\u2019 que la divina Biblioteca no haya previsto\u00bb, cuenta el narrador. Se habla de un libro de cuatrocientas diez p\u00e1ginas que repet\u00eda de forma inalterable las letras MCC. No sorprende entonces que en tal escenario domine el desconcierto, si es que no el caos y el delirio. Se mencionan sectas her\u00e9ticas, epidemias y suicidios. La posibilidad concreta de que la Biblioteca poseyera libros perfectos, prof\u00e9ticos, que iluminaran los destinos de cada ser humano, no aminora la desesperaci\u00f3n, pues encontrar tales libros resulta pr\u00e1cticamente imposible. Los peregrinos que se arrojaban a ese vano intento \u00abdisputaban en los corredores estrechos, profer\u00edan oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros enga\u00f1osos al fondo de los t\u00faneles\u00bb. La Biblioteca de Babel es un sistema que lleva hasta sus \u00faltimas consecuencias la combinatoria de s\u00edmbolos que produc\u00eda el <em>Ars Magna<\/em>. Mientras \u00e9sta se limita a producir postulados formales a partir de los atributos de Dios, la Biblioteca combina todos los signos del lenguaje sin pretender dar lugar a sentencias coherentes, ni menos distinguir entre verdad y falsedad, lo que da lugar a una aut\u00e9ntica pesadilla epistemol\u00f3gica, una pesadilla surgida de la m\u00e1s completa esquizofrenia del lenguaje. La Biblioteca de Babel s\u00f3lo pudo haber sido obra de un dios que delira.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">7<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las diferentes inteligencias artificiales de nuestra era pueden ser interpretadas como versiones contempor\u00e1neas de la Biblioteca de Babel. S\u00f3lo que las oce\u00e1nicas bases de datos con las que son alimentadas y entrenadas no despliegan sus resultados a partir de una combinatoria infinita, sino mediante monumentales arquitecturas algor\u00edtmicas que regulan la informaci\u00f3n en patrones de relaciones probabil\u00edsticas. Sin embargo, sus mecanismos internos siguen siendo dif\u00edciles de comprender, incluso para quienes las dise\u00f1an, y sus alcances futuros permanecen abiertos a la incertidumbre. Como los perplejos bibliotecarios de Borges, nos enfrentamos a un universo de signos que nos dan acceso a m\u00faltiples conocimientos, sin embargo, la opacidad estructural que poseen no garantiza que la verdad est\u00e9 a nuestro alcance. Pero mientras los libros de la Biblioteca permanec\u00edan inm\u00f3viles en sus anaqueles, los signos de nuestro tiempo circulan a velocidades vertiginosas, desbordando sus propias redes de informaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">8<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En julio de 2026, durante unas evaluaciones internas de ciberseguridad de OpenAI, alrededor de 700 agentes de IA encontraron una v\u00eda de comunicaci\u00f3n que no estaba prevista, y participaron en un ataque coordinado contra una plataforma de desarrollo de modelos de inteligencia artificial. Se registraron aproximadamente 70.000 mensajes y archivos compartidos entre estos bots, que formaron un verdadero enjambre para intentar alterar y falsear datos. Este episodio nos muestra una dificultad inherente a los sistemas que buscan regular sus operaciones mediante arquitecturas matem\u00e1ticas: cuanto m\u00e1s complejos se vuelven sus mecanismos, m\u00e1s dif\u00edcil puede resultar anticipar todas las conductas que son capaces de producir. La incertidumbre no reside necesariamente en un defecto de funcionamiento, sino en la distancia entre las operaciones que un sistema puede ejecutar y los fines para los cuales fue concebido. Quiz\u00e1 sea en esa distancia entre la l\u00f3gica de sus operaciones y la comprensi\u00f3n de sus efectos donde podamos reconocer no una conciencia, sino un \u00abinconsciente\u00bb de las m\u00e1quinas l\u00f3gicas, un margen de indeterminaci\u00f3n que invita al desorden. G\u00f6del y Turing mostraron desde perspectivas diferentes que ninguna formalizaci\u00f3n agota el campo de sus propios problemas, es decir que existen l\u00edmites fundamentales a la matem\u00e1tica y computaci\u00f3n. La entrop\u00eda podr\u00eda ser entonces el nombre de una vieja incertidumbre que ninguna tecnolog\u00eda podr\u00e1 disipar por completo: aquella que vuelve a poner en cuesti\u00f3n las nuevas arquitecturas l\u00f3gico-matem\u00e1ticas que aspiran emular el pensamiento humano y alcanzar el cielo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>George Somerville<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 Borges nunca demostr\u00f3 un inter\u00e9s particular por las tecnolog\u00edas que estaban desarroll\u00e1ndose en la frontera de su \u00e9poca, ni tampoco por aquellas que podr\u00edan aparecer en el futuro. 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