{"id":6888,"date":"2026-10-22T10:49:00","date_gmt":"2026-10-22T13:49:00","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6888"},"modified":"2026-10-21T18:52:05","modified_gmt":"2026-10-21T21:52:05","slug":"salones-de-belleza-por-agustin-herrera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/10\/22\/salones-de-belleza-por-agustin-herrera\/","title":{"rendered":"Salones de belleza \u2013 Por Agust\u00edn Herrera"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>A Graciela<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hasta sus \u00faltimos d\u00edas, mi abuela escribi\u00f3 \u201c<em>peluquer\u00eda<\/em>\u201d en cada s\u00e1bado de su agenda. A menos que un funeral o un t\u00e9 con amigas lo requirieran para otra fecha, con una delicada caligraf\u00eda, vestigio de una ense\u00f1anza disciplinada \u2013seg\u00fan ella, extinta\u2013, programaba el tinte y peinado que duraban hasta el fin de semana siguiente. Su insistencia en este ritual, sobre todo con la creciente dependencia en la que se sum\u00eda su cuerpo a su pesar y al de su orgullo, deleg\u00f3 en mi madre parte de las tareas de su gesti\u00f3n. Llevarla a la peluquer\u00eda o, en el \u00faltimo tiempo, llev\u00e1rsela hasta su departamento, m\u00e1s que el capricho vanidoso de una se\u00f1ora octogenaria que su hija se ve\u00eda presionada a satisfacer, era una obligaci\u00f3n tan ineludible como votar o ir a la iglesia. Envejecer puede ser desolador cuando te quedas sin cosas que hacer.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201c<em>Ir a buscar el bordado para el coj\u00edn\u201d&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201cSacar plata\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201cPod\u00f3loga\u201d&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201cPagar cuenta del celular\u201d&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u201cTintorer\u00eda\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Veo estos peque\u00f1os deberes distribuidos en los espacios de su agenda. La responsabilidad de cumplirlos con la mejor prestancia la mantuvo sobre sus dos pies hasta que ya no pudieron caminar m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">M\u00e1s de una vez acompa\u00f1\u00e9 a mi mam\u00e1 a su peluquer\u00eda. El ruido blanco generado entre el murmullo de las clientas y la m\u00fasica de fondo se interrumpe ante la inusitada presencia de un <em>var\u00f3n<\/em> entre los secadores de casco. Con el cabello mojado, cera en el <em>bozo<\/em> y pocas posibilidades de entablar una conversaci\u00f3n frente a la asfixia generada por la mezcla de fragancias qu\u00edmicas, su curiosidad no solo es motivada por el espect\u00e1culo de esa inaudita visita sino tambi\u00e9n por el disimulo de la verg\u00fcenza de estar en esas condiciones frente a un extra\u00f1o. Ante la mirada intrusa, los lugares pueden revelar su falta de decoro, y en el caso de los salones de belleza, manifestarse como un tr\u00e1mite ausente de cualquier aura ceremonial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Embellecerse es una diligencia impostergable. Las paredes de cristal del sal\u00f3n devuelven la misma mirada examinadora de las calles cuando juzgan la madurez de una persona a trav\u00e9s de su vestimenta. M\u00e1s all\u00e1 de la opini\u00f3n de los dem\u00e1s, en el cultivo de la costumbre de <em>te\u00f1irse la ra\u00edz<\/em>, junto con el de pagar las deudas, ver a los amigos y tomar suficiente agua, se asume responsabilidad sobre la propia vida. Afligidas por hacer cundir el presupuesto del mes en la permanente crisis de la econom\u00eda nacional o por tolerar la incertidumbre de los desastres familiares, veo a esas se\u00f1oras resignadas en los sillones bajo el secador: adoptan en el encubrimiento de una partidura descolorida, la firmeza en su compostura para no sucumbir ante la aflicci\u00f3n. Este gesto dignificante otorga al ocultamiento de sus canas una <em>elegancia<\/em> encubridora que, en palabras de Proust, logra <em>desviar las sospechas y atribuir al menos a la ordenaci\u00f3n de la vida un motivo de arte antes que de vanidad<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si vivir es un arte, hacerlo bien se basa en la convicci\u00f3n de que <em>una manito de gato<\/em> es un fin en s\u00ed misma, y no responde a m\u00e1s necesidad que la de <em>una manito de gato<\/em>. En un \u00edmpetu de espontaneidad antes de poder salir al mundo, busco acercarme a la belleza esparciendo un poco de crema humectante sobre mis codos o rociando perfume en los puntos en que mi cuerpo pulsa y la piel se entibia. Peque\u00f1os gestos en cuya franqueza uno cree encontrarse, o como dice mi peluquero casi al terminar el corte: <em>apareces.<\/em> En la pr\u00e1ctica de una <em>manito de gato<\/em> antes de cada salida <em><\/em>hay una producci\u00f3n de s\u00ed, responder\u00eda Foucault, justificando en el ascetismo su recurrencia a un sauna parisino. Rodeado del vigor de homosexuales j\u00f3venes y de la resignaci\u00f3n ante la gravedad de otros ya envejecidos, Michel reafirma su voluntad de vivir mientras suda sobre un asiento de madera con una toalla amarrada a su cintura. Me entusiasma que la elecci\u00f3n de mi aroma se haga m\u00e1s notoria en los lugares de mi cuerpo en los que alg\u00fan d\u00eda se cerciorar\u00e1 de si sigo o no con vida. El m\u00e9dico mirar\u00e1 el reloj y declarar\u00e1 la hora de mi muerte con la nariz perdida en un campo provenzal de verbenas y geranios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\"><br>*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los salones de belleza se encuentra el confort moment\u00e1neo de ser una nueva persona. Despu\u00e9s de una ruptura amorosa, bajo la promesa de poder decidir qui\u00e9n ser, cortarse la chasquilla o tomar la m\u00e1quina y pasarla por toda la cabeza devuelven el sentido de propiedad sobre el coraz\u00f3n que late en tu pecho. Aunque no dependa en absoluto de ti su latido, en el reflejo descubres el dominio de tu cuerpo con el control de su imagen.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a los espejos del <em>Esther&#8217;s Haircutting Studio<\/em>, <em><\/em>Britney Spears rapa al seco su cabeza. \u201c<em>Me hab\u00edan observado mucho mientras crec\u00eda\u201d<\/em>, <em><\/em>recuerda a\u00f1os despu\u00e9s de haberse rebelado en las portadas de prensa rosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las peluquer\u00edas tienen su propia econom\u00eda transaccional desde sus supuestos or\u00edgenes. Caminaban en el antiguo Egipto las personas de mayor estatus reluciendo el aroma de los aceites con los que se ba\u00f1aban. La henna en su piel y las pelucas sobre sus cabezas acreditaban el haber sido atendidas por los expertos en cosm\u00e9tica y peinado que las clases altas se disputaban. No muy lejos, en Roma, emanaba de los cueros cabelludos un aroma a pelo chamuscado. En el intento de asimilarse a los germanos, los m\u00e1s presuntuosos untaban con esmero en sus ra\u00edces polvos de oro, azafr\u00e1n y lej\u00edas hasta quemarlas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde hace m\u00e1s de dos mil a\u00f1os, la participaci\u00f3n en la sociedad ha tenido el costo de la imagen, y su m\u00e9todo de pago ha sido el cuerpo, con pelos incluidos. Por eso los mejores d\u00edas para el negocio del peluquero son las fechas de celebraci\u00f3n: un bautizo, un cumplea\u00f1os o una cita rom\u00e1ntica despu\u00e9s de varios meses.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los salones de belleza han ofrecido sus servicios tanto a mujeres como a hombres, pues responden a una necesidad primordial de pertenencia. Basta detenerse el tiempo suficiente ante las vidrieras de una barber\u00eda para reconocer c\u00f3mo abre paso al mundo un muchacho con sus sienes reci\u00e9n perfiladas por la navaja. La decisi\u00f3n sobre su corte describe su conformidad con el mundo, y con su estilo el cabello pronuncia una declaraci\u00f3n de principios. Su cuerpo es la superficie de una inscripci\u00f3n. Cada tijeretazo le otorga una vitalidad adolescente que dura las dos semanas que tarda el pelo en recuperar su deformidad. Cada tres meses \u2013o cualquiera sea el periodo de crecimiento capilar\u2013 el joven sale de esas puertas con la presunci\u00f3n propia de quien ha renovado una licencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La vulnerabilidad de su cuerpo envejecido dispuesto a caer sobre un par de manos ajenas me recuerda a \u201c<em>Sal\u00f3n de belleza<\/em>\u201d de Mario Bellatin. Mi anciana abuela se sienta en el sill\u00f3n giratorio, envuelta en la capa negra que cae como un manto sobre sus hombros. Las manos de su peluquera ajustan con delicadeza la posici\u00f3n de su cabeza, inclin\u00e1ndola apenas con la palma abierta bajo su nuca. Todo el leve peso de su anciano cuerpo sobre las manos de la estilista. En la novela de Bellatin, un peluquero travesti ha convertido su sal\u00f3n en un lugar al que arrojan los cuerpos afectados por una enfermedad incurable. \u00c9l los cuida, y embellece su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Agust\u00edn Herrera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fotograf\u00eda de Ugo Mulas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A Graciela Hasta sus \u00faltimos d\u00edas, mi abuela escribi\u00f3 \u201cpeluquer\u00eda\u201d en cada s\u00e1bado de su agenda. 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