{"id":6859,"date":"2026-09-30T16:17:36","date_gmt":"2026-09-30T19:17:36","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6859"},"modified":"2026-09-30T16:20:53","modified_gmt":"2026-09-30T19:20:53","slug":"sobre-la-medida-y-el-azar-de-macarena-garcia-moggia-por-christian-anwandter","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/09\/30\/sobre-la-medida-y-el-azar-de-macarena-garcia-moggia-por-christian-anwandter\/","title":{"rendered":"Sobre La medida y el azar de Macarena Garc\u00eda Moggia \u2013 Por Christian Anwandter"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras le\u00eda <em>La medida y el azar<\/em>, de Macarena Garc\u00eda Moggia, un libro atravesado por la figura de la madre y del hijo, por el amor y por el temor que puede acompa\u00f1ar esa experiencia tan radical del nacimiento, se present\u00f3 un proyecto de ley impulsado por diputados de derecha que busca obligar a las mujeres que han decidido abortar por una de las tres causales permitidas en Chile \u2013violaci\u00f3n, riesgo vital, inviabilidad fetal\u2013 a escuchar los latidos del coraz\u00f3n del feto como requisito para la pr\u00e1ctica m\u00e9dica del aborto. M\u00e1s all\u00e1 de lo cruel del proyecto, que busca retorcidamente fomentar la natalidad ah\u00ed donde una vida es inviable o fruto de un crimen, y m\u00e1s all\u00e1 de la coincidencia misma, lo cierto es que la vida irrumpe sin que nadie la espere, digo la vida, esa trama oscura de sufrimiento y amor, de p\u00e9rdida y extrav\u00edo, de cobijo y descampado que no reside simplemente en existir.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hubiera preferido que el azar irrumpiera de otra forma en mi lectura, porque la \u201cmedida\u201d que propone ese proyecto de ley es distinta a la medida del libro de Macarena, hecha m\u00e1s bien de la intuici\u00f3n de que \u201cen nombre del amor\u201d es f\u00e1cil volverse un poco crueles, extraviarse, ilusionarse hasta el delirio, olvidarse de s\u00ed mismo. En su nombre, desaparecen las orillas por las que hubi\u00e9ramos deseado pasear, pero que tal vez nunca existieron. Habitamos el fantasm\u00e1tico continente de nuestros deseos, rodeados de monta\u00f1as, r\u00edos y mares cambiantes y accidentados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>La medida y el azar<\/em>, el amor, tanto el de pareja como el de la madre y la maternidad, tiene constantemente esta doble cara: cobijo y violencia, herida y caricia, da\u00f1o y remedio. Pero habr\u00eda que distinguir entre el amor y el nombre del amor, una diferencia que, como una tapadura, puede interponerse entre la vida y el dar(se) vida, como si algo quedara recubierto por el peso de ese nombre y dejara de ser escuchado o sentido. No los latidos de un feto, sino una opacidad sin nombre todav\u00eda. \u00bfLate el coraz\u00f3n cuando hay orillas que desaparecen, cuando el nombre del amor retrocede como una embarcaci\u00f3n que se pierde en el horizonte?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El v\u00e9rtigo es de pronto sentir la inminencia de caer. Desaparece de s\u00fabito el resguardo y nos enfrentamos, con el viento en el rostro, al miedo de perdernos. Este abismo en el que el libro se sumerge pertenece tambi\u00e9n, creo, a la experiencia de leer poes\u00eda. Un poema es peque\u00f1o y fr\u00e1gil como un ave parada sobre una rama sin hojas en el invierno. La mirada a veces no se detiene lo suficiente como para presenciar el instante en que, a pesar del fr\u00edo y de la lluvia, el ave emprende vuelo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algo estremecedor en <em>La medida y el azar<\/em> es que la palabra misma nos hace experimentar ese instante en que falta el resguardo, sentimos de pronto esa remoci\u00f3n de la tierra que nos protege del acantilado y, al mismo tiempo, intuimos un vuelo posible, ese anhelo constantemente amenazado. Pienso, por ejemplo, en un poema donde el cuerpo de la madre, transformado por el nacimiento del hijo, un cuerpo misterioso del que ahora brota leche, deja aparecer una imagen profunda sobre el lugar que ocupa la palabra:&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>en esta leche c\u00e1lida, calostra<\/em><br><em>que al entrar por tu boca<\/em><br><em>lo s\u00e9<\/em><br><em>por mi lengua se abre un mundo<\/em><br><em>todav\u00eda mudo, desnudo para ti<\/em><br><em>\u00bflo vestir\u00e1s?<\/em><br><em>\u00bflo nombrar\u00e1s?<\/em><br><em>ver\u00e1s tus ojos all\u00ed donde ahora<\/em><br><em>ver\u00e1s a otros all\u00ed donde entonces<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al comienzo creemos asistir desde afuera al arrullo de una madre con su hijo reci\u00e9n nacido. Poco a poco, sin embargo, el poema deja de ser una escena observada para incluirnos en ella. Ese hijo, aunque ya naci\u00f3 a la existencia, todav\u00eda est\u00e1 por nacer a la vida. Tambi\u00e9n somos y seremos ese hijo. No basta haber nacido para que el mundo nazca en uno: para ello es necesario un lento proceso\u00a0de vestirlo con palabras. Solo entonces, dice la madre: \u201cver\u00e1s tus ojos all\u00ed donde ahora \/ ver\u00e1s a otros all\u00ed donde entonces\u201d. Pero la fisura est\u00e1 ah\u00ed ante nuestros ojos. \u00bfD\u00f3nde ahora qu\u00e9? \u00bfD\u00f3nde entonces qu\u00e9? El poema no responde, sino que preserva ese vac\u00edo, ese v\u00e9rtigo que nos empuja hacia esa regi\u00f3n remota de la existencia en la que todav\u00eda no nos vemos en lo que vemos, en la que todav\u00eda no vemos a los otros, pero que es la posibilidad misma de cualquier mirada, de cualquier nacimiento. El poema oscurece ese origen haci\u00e9ndonos ver y sentir su mudez, y deja as\u00ed una puerta entreabierta para vislumbrarlo aunque sea como un rel\u00e1mpago.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez por eso la maternidad en el libro es m\u00e1s que la experiencia de tener un hijo. El poema imagina ese estado ambiguo y desbordado de ser fuente: fuente de sangre, de leche, de hijos y tambi\u00e9n de palabras. Como si dar vida y dar palabra estuvieran entrelazados alrededor de un mismo misterio. En \u201cCieloceleste\u201d, el poema m\u00e1s extenso del libro y que reescribe a su manera la pel\u00edcula <em>Stromboli<\/em>, de Rossellini, hay una escena particularmente perturbadora. La mujer, una refugiada que se casa con un soldado italiano oriundo de esa peque\u00f1a isla volc\u00e1nica, acompa\u00f1a a su esposo a la pesca. Recientemente, \u00e9l la hab\u00eda golpeado: ella se hab\u00eda ba\u00f1ado en el mar junto a otro hombre. Decide ahora acompa\u00f1ar a su esposo a la pesca, al pie del volc\u00e1n. De las redes emergen los peces que son atravesados por las lanzas de los pescadores. Es una escena m\u00edtica: los hombres que proveen el alimento sagrado. Ella apenas tolera la escena. El alimento aparece inseparable de la violencia. La posibilidad de asegurar la sobrevivencia, de tener suficiente para comer, o incluso la promesa de una abundancia, legitima tambi\u00e9n su lugar de sumisi\u00f3n en el pueblo. Su lugar es una necesidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ni el poema ni la pel\u00edcula se quedan en esa denuncia. Poco despu\u00e9s, el volc\u00e1n entra en erupci\u00f3n. El pueblo se refugia en el mar. Ella decide que quiere tomar un bote ella misma, pero debe atravesar el volc\u00e1n que expulsa lavas, rocas, ceniza. En la cima, de noche, sabe que va a morir, pero amanece. Llora, exhausta, pero ha sobrevivido: \u201csus ojos exclaman \/ es hermoso: ruega\u201d. Lejos de una liberaci\u00f3n idealizada, nada queda resuelto. Haber rozado la muerte no la instala en otra vida: apenas abre un espacio desde el cual esa vida \u2013atesorada ahora tras esa doble experiencia de su fragilidad\u2013 puede empezar a verse de otro modo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso <em>La medida y el azar<\/em> termina siendo tambi\u00e9n un libro sobre la mirada. No es casual que la primera secci\u00f3n se llame \u201ccristales sobrepuestos\u201d. Cada cristal desplaza levemente el mundo, lo refracta, lo colorea, y al superponerlos nos induce a descubrir que nunca vemos desde un mismo lugar, ni vemos lo mismo. La gravidez es uno de esos cristales. Tambi\u00e9n lo son el hijo, la madre, el lenguaje, el amor. \u00bfQu\u00e9 v\u00ednculos hay entre la mirada y el nacimiento de las cosas? \u00bfQu\u00e9 hay entre la mirada y las cosas? Varios poemas del libro llevan por t\u00edtulo \u201cVisi\u00f3n\u201d, al que se le agrega un color: Visi\u00f3n en rojo, en gris, en ocre. \u00bfSer\u00e1 que tal vez el color es la medida m\u00e1s difusa de la que disponemos? \u00bfUna medida que distingue sin fijar del todo aquello que distingue? Tambi\u00e9n en los poemas sucede algo semejante: las posiciones se desplazan y la mirada no se estabiliza nunca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay un pasaje, en un poema que parece dialogar con \u201cEl gran vidrio\u201d de Duchamp, que concentra admirablemente esa experiencia:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Trizaduras \/ la frontera que separa un cristal de otro jam\u00e1s podr\u00eda atravesarse. Lo que puede atravesarse es el cristal, la mirada que a trav\u00e9s de una ventana ve otra ventana y se ve a s\u00ed misma como en una ventana partida en dos. Una mirada partida en dos. Y el cuerpo (34).<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas trizaduras van m\u00e1s all\u00e1 de la escena del poema, para describir parte de la experiencia de lectura. Nunca terminamos de saber desde d\u00f3nde estamos mirando ni qui\u00e9n habla exactamente. Madre e hijo, quien habla y quien escucha, quien recuerda y quien est\u00e1 por nacer comienzan lentamente a intercambiar sus posiciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por eso ser\u00eda insuficiente decir que estos poemas narran la experiencia de una mujer embarazada. El hijo no aparece \u00fanicamente como alguien que \u201centra \/ no pide permiso \/ ni saluda\u201d. Su llegada desgarra al mundo que exist\u00eda antes que \u00e9l y nos recuerda que cada nacimiento inaugura un mundo nuevo y, que al hacerlo, vuelve extra\u00f1o el mundo que cre\u00edamos habitar:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>dibujando el centro de un mundo<\/em><br><em>nuevo all\u00ed, digo, en los bordes<\/em><br><em>de ese mundo que se desvanece<\/em><br><em>una palabra clara se clava<\/em><br><em>entre los ojos la voz<\/em><br><em>para decir du\u00e9rmete<\/em><br><em>buenas noches<\/em><br><em>ma\u00f1ana<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta impaciencia para que venga el sue\u00f1o me record\u00f3 a una conferencia de Garc\u00eda Lorca que le\u00eda el otro d\u00eda, sobre las canciones de cuna en Espa\u00f1a \u2013otro azar\u2013, donde encontr\u00e9 una observaci\u00f3n que permite atender una de las dimensiones del libro. Lorca afirma que existen canciones en las que, en lugar de la alegr\u00eda, aparece una profunda pesadumbre, canciones donde la madre canta un \u201cresentimiento contra el ni\u00f1o que ha llegado cuando, aun queriendo la madre, no ha debido llegar de ninguna manera\u201d, como en esta canci\u00f3n asturiana:\u00a0<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Este ne\u00f1\u00edn que te\u00f1o nel collo<\/em><br><em>e d\u2019un amor que se tsama Vitorio<\/em><br><em>Dios que mo deu, tseveme llougo<\/em><br><em>por non andar con Vitorio nel collo.<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En <em>La medida y el azar<\/em>, Macarena Garc\u00eda no cede a ninguna prescripci\u00f3n sobre la maternidad, ni a su idealizaci\u00f3n ni a la declaraci\u00f3n constante de su lado oscuro. Amorosamente, me parece, va retir\u00e1ndose de la escena individual para abrir otra m\u00e1s amplia, desconocida e insondable, a la que podemos asomarnos \u00abcomo ni\u00f1os en la pureza\u00bb, seg\u00fan dice H\u00f6lderlin en el mismo poema cuyos versos sobre la inexistencia de medida en la tierra sirven de ep\u00edgrafe al libro. Nos asomamos as\u00ed al verdadero misterio de la maternidad, del nacimiento y de la lengua materna.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De pronto leemos esta especie de instrucci\u00f3n-invocaci\u00f3n: \u201cH\u00e1blales, ay\u00fadanos a volver atr\u00e1s\u201d. \u00bfQui\u00e9n habla? \u00bfLa madre? \u00bfEl hijo? \u00bfNosotros? Como \u201cboyas a la deriva en el ancho mar\u201d, el libro deja que las voces-miradas floten unas dentro de otras hasta que ya no resulta posible separarlas del todo. Esa es su delicadeza: no resuelven esa incertidumbre. Son \u201ccanciones de duda\u201d, se podr\u00eda decir, como si la poes\u00eda consistiera precisamente en sostener ese mundo demasiado endeble, cuyas fronteras no terminan nunca de fijarse.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La palabra ocupa en estos poemas una posici\u00f3n extremadamente fr\u00e1gil. Es, al mismo tiempo, el recuerdo de un mundo que desaparece y el anuncio fantasm\u00e1tico de otro que todav\u00eda no llega. No pertenece del todo a ninguno de los dos. Como los hijos, parece vivir suspendida entre lo que abandona y lo que apenas comienza, como si la maternidad fuera eso, un pliegue. Nada contra la corriente, intentando ir hacia atr\u00e1s, hacia la oscuridad: \u201cVamos, mu\u00e9strame en tus p\u00e1rpados \/ lo que hay de oscuro aqu\u00ed afuera\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si los hijos son \u201cla medida del azar\u201d (una expresi\u00f3n ir\u00f3nica que recoge sin duda innumerables escenas en que la improvisaci\u00f3n es la regla), el poema es el lugar donde la medida y el azar se encuentran. Es la diferencia entre el t\u00edtulo del libro y la met\u00e1fora de los hijos. La diferencia es sutil pero importante. En el poema, medida y azar se tantean, prueban posiciones y circunstancias, v\u00ednculos, empuj\u00e1ndonos siempre m\u00e1s all\u00e1 de una identificaci\u00f3n temprana \u2013incluso cuando todos parecen gritar lo mismo, incluso cuando hay voces que gritan lo que hay que hacer con altoparlantes\u2013 porque a eso se aferra con fuerza la palabra: no a narrar los efectos de la relaci\u00f3n entre una madre y un hijo sino a sondear ese pliegue entre lo no nacido y lo por nacer.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nada termina de asentarse del todo, como si permaneciera un instante en el aire, decidiendo, como las nubes, la forma que tomar\u00e1n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>todo cuanto una palabra imaginamos<\/em><br><em>tememos a\u00f1oramos cuando<\/em><br><em>todav\u00eda hay cosas s\u00f3lidas<\/em><br><em>como una mano dada<\/em><br><em>un cascabel de piedra una nuez<\/em><br><em>si acaso un d\u00eda del pasado o del futuro<\/em><br><em>abri\u00e9ndose\u00a0<\/em><br><em>como las puertas de un cami\u00f3n de leche<\/em><br><em>una caricia, un leve mech\u00f3n de pelo cayendo<\/em><br><em>sobre tu cara dormida<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta dicci\u00f3n mutilada deja ver otra vez una potencia \u2013\u201ctodo cuando una palabra\u201d qu\u00e9, nos preguntamos\u2013 escondida en lo que no vemos ni escuchamos. Es la imagen de esas puertas del cami\u00f3n de leche abri\u00e9ndose como un derramamiento que nos devuelve a esa infancia que puede seguir siendo la vida. Dar a ver esa ausencia \u2013pero sin marcarla como falta\u2013, me parece conmovedor. Es una experiencia que brota de un amor en el l\u00edmite de la propia fragilidad. Como libro dedicado por una madre a sus hijos, hace un gesto delicado y enorme a la vez: hacer del nacimiento y de la proveniencia no algo situado en alguien, sino en un gesto inaugural en el que podemos seguir encontr\u00e1ndonos.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Christian Anwandter<\/strong><br>Fotograf\u00eda de August Sander<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-8f761849 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"718\" height=\"1024\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1-718x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6861\" style=\"width:219px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1-718x1024.png 718w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1-210x300.png 210w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1-768x1095.png 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1-1077x1536.png 1077w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1-280x399.png 280w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-30-a-las-4.02.32-p.-m-1.png 1150w\" sizes=\"auto, (max-width: 718px) 100vw, 718px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La medida y el azar<br>Macarena Garc\u00eda Moggia<br>Provincianos Editores<br>2026<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras le\u00eda La medida y el azar, de Macarena Garc\u00eda Moggia, un libro atravesado por la figura de la madre y del hijo, por el amor y por el temor que puede acompa\u00f1ar esa experiencia tan radical del nacimiento, se present\u00f3 un proyecto de ley impulsado por diputados de derecha que busca obligar a las [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":130,"featured_media":6865,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,443],"tags":[],"class_list":["post-6859","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-poesia","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6859","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/130"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6859"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6859\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6867,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6859\/revisions\/6867"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6865"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6859"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6859"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6859"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}