{"id":6856,"date":"2026-09-28T16:42:21","date_gmt":"2026-09-28T19:42:21","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6856"},"modified":"2026-09-28T16:42:51","modified_gmt":"2026-09-28T19:42:51","slug":"la-vida-salvaje-por-tamara-rutinelli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/09\/28\/la-vida-salvaje-por-tamara-rutinelli\/","title":{"rendered":"La vida salvaje \u2013 Por Tamara Rutinelli"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La vida salvaje<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No voy a hablar de las flores. Pero en Brasil las orqu\u00eddeas crecen salvajes. Mientras me pierdo por las calles de R\u00edo de Janeiro, alucinada por el tama\u00f1o y la arquitectura de unos \u00e1rboles que desaf\u00edan la arrogancia edilicia, la contundencia del plan humano que escenifican los centros urbanos, me sorprenden las orqu\u00eddeas colgando entre la mara\u00f1a de cables, solas y orgullosas. Las vi en otras ciudades, pero nunca me sorprendieron como en R\u00edo. Cualquier persona entregada al delirio de los viveros, sabe que las orqu\u00eddeas son, adem\u00e1s de costosas, delicad\u00edsimas, la asunci\u00f3n de un destino maternal funesto. En nuestras latitudes, el cuidado de una orqu\u00eddea requiere de no se sabe qu\u00e9 milagros. En mi imaginaci\u00f3n, el calor y la soledad propician lo salvaje.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una conversaci\u00f3n radial de 2007, Enrique Symns se refiere a sus amigos de los \u201870 y los \u201880 como \u201clas mejores almas\u201d de aquella \u00e9poca. Enrique Symns, \u201cor\u00e1culo de alcantarilla\u201d como le ponen ah\u00ed junto con no s\u00e9 cu\u00e1ntos otros ep\u00edtetos, dice \u201calma\u201d, \u201cesp\u00edritu\u201d, \u201cmisterio\u201d, \u201cm\u00edstica\u201d, \u201creencantar el mundo\u201d. Mientras lo escucho veo un mont\u00f3n de \u00e1ngeles ca\u00eddos, la vida como riesgo. Alguien me enumera los desatinos de Symns, sus canalladas; \u201cpero ten\u00eda gracia\u201d, digo, qu\u00e9 me importa si era un mentiroso o un ladr\u00f3n. Mi apreciaci\u00f3n es caprichosa, y es a trav\u00e9s del capricho que miramos el mundo. La gracia es un don divino y el estado de gracia una forma de suspensi\u00f3n. No se trata de una cuesti\u00f3n de alturas, sino de percepci\u00f3n del mundo. El estado de gracia es tambi\u00e9n una forma del arrebato. Clarice Lispector escribe sobre el estado de gracia, tambi\u00e9n sobre dios, el esp\u00edritu, los enigmas de la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Clarice Lispector es una de las escritoras m\u00e1s libres que conozco. Se dec\u00eda de una timidez osada, y hac\u00eda de su acercamiento humilde una verdad. Parec\u00eda tomarse demasiado en serio la tarea de alcanzar a trav\u00e9s de la escritura una lengua transparente, borrar el hiato ya no entre las palabras y las cosas, sino a\u00fan m\u00e1s all\u00e1, entre las palabras y la sensaci\u00f3n de las cosas: para Clarice Lispector exist\u00eda un pensamiento sin palabras. Hacer una lengua del fluir de la experiencia, no pensar sino sentir. Hac\u00eda de cualquier asunto su tema, sin temor a la confesi\u00f3n, o temi\u00e9ndole pero no queriendo hacer otra cosa. Disuelta en la deriva, se libraba de modos preestablecidos del decir, para representar de nuevo, para hacer lo nuevo, una lengua viva, una entidad verbal. Imagino que esta condici\u00f3n era el resultado de una disposici\u00f3n vital: la de despojarse de m\u00e1scara, la de no despegarse un mil\u00edmetro de s\u00ed misma como modo de desaparici\u00f3n, de apertura hacia el mundo, eso de que cuanto unx m\u00e1s se confiesa m\u00e1s cerca est\u00e1 de hacer la confesi\u00f3n de Dios. Esto que implicar\u00eda un esfuerzo inaudito, sino una actitud imposible, se me aparece en su escritura como modo espont\u00e1neo, natural, de expresi\u00f3n del ser. Como si fuera necesario creer en unx mismx, en la propia peque\u00f1ez, arbitrariedad, estupidez, para vivir una vida salvaje, real.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una de las pocas entrevistas dadas por Lispector para la televisi\u00f3n brasile\u00f1a, algunos meses antes de su muerte, en 1977, dice que ese d\u00eda est\u00e1 triste porque est\u00e1 cansada. \u00bfQu\u00e9 necesidad tiene de confesar su tristeza? \u00bfPor qu\u00e9 dice que lo que tienen que hacer los escritores es guardar silencio? \u00bfPor qu\u00e9 se niega a considerarse escritora? \u00bfPor qu\u00e9 dice que est\u00e1 muerta, que en ese momento est\u00e1 hablando desde su tumba? Siendo una persona p\u00fablica, Clarice Lispector se niega a sostener una m\u00e1scara para el mundo, a hacer de s\u00ed misma un maniqu\u00ed. Rechazar las etiquetas, rechazar incluso que haya un nombre para las cosas, poner por delante la sensibilidad, la vida como experimentaci\u00f3n, tal vez sea la mejor manera de no ofrecerse como mercanc\u00eda. No hay que ser nada, s\u00f3lo estar siendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando Clarice Lispector escribe o habla sobre Dios, no lo hace desde el lugar del dogma, menos a\u00fan desde el lugar de quien cree, de quien resolvi\u00f3 un acertijo, sino de quien se permite explorar una idea que se le ofrece porque existe en el mundo que habita. Entonces juega con seriedad a rezar, pide no tener pensamientos que la empeque\u00f1ezcan, que la pongan por debajo o por detr\u00e1s de su fuerza, que habita todo lo que est\u00e1 vivo y por eso quiere vivir. La necesidad como fuerza, el compromiso con lo que arrastra, amplifica, destruye, sea el \u00e9xtasis, el amor, la locura o entidades divinas. Tambi\u00e9n ah\u00ed se expresa su libertad, en mostrarse sin tapujos vulnerable, angustiada a veces, euf\u00f3rica e incompleta. Como en el ep\u00edgrafe de Joyce que da t\u00edtulo a su primera novela: \u201cestaba solo, abandonado, feliz, cerca del coraz\u00f3n salvaje de la vida\u201d. Esa desproporci\u00f3n, esa discontinuidad entre los estados de una persona, son los intersticios de silencio que componen una vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfCu\u00e1ndo dejamos de hablar del esp\u00edritu, del alma, de dios? \u00bfCu\u00e1ndo apartamos de las cosas de todos los d\u00edas la dimensi\u00f3n trascendente? \u00bfSer\u00e1 una impostura, una deshonestidad?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Enrique Symns estaba en comuni\u00f3n con su propia creaci\u00f3n. Esa singularidad hace que palabras como \u201calma\u201d o \u201cesp\u00edritu\u201d, salidas de su boca lejos de sonarnos a pacater\u00eda cristiana, nos suenen distinto. Se trata de una direcci\u00f3n como condici\u00f3n, algo que supone una voluntad consciente pero que adivino resultado de una rendici\u00f3n, algo parecido a la idea de destino. Nos rendimos ante aquello que nos arrastra una y otra vez a los mismos fant\u00e1sticos tropezones, accidentes que nos descuajeringan, nos rompen los huesos y tambi\u00e9n nos salvan. Esto ser\u00eda conocerse. Tal vez haga falta elegir de qu\u00e9 morir para vivir en paz con quienes somos. No podemos estar salv\u00e1ndonos siempre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al final de la entrevista que mencionaba al comienzo, Symns dice algo hermoso: que en la c\u00e1rcel hay dos tipos de prisioneros, el que est\u00e1 pensando siempre en fugarse y el que se adapta, y que para fugarse hay que hacer un mot\u00edn, pero que el mot\u00edn siempre se hace en conjunto, en grupo, y que \u00e9l se siente solo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 es una familia? Un grupo imaginario. Pese a mi amor por los libros, quisiera creer menos en las palabras que en los cuerpos, en la carne, menos en las ideas que en la materia. Para fugarse y fundar una rep\u00fablica loca es necesario que lxs amigxs sean una mano que tocar, un olor compartido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Encuentro en la \u201cnegatividad\u201d de escritorxs catalogadxs de hura\u00f1xs, renegadxs (que cada quien haga su lista), m\u00e1s afirmaci\u00f3n, m\u00e1s vitalidad, m\u00e1s \u00edmpetu que en cualquiera de las posiciones alegres, desentendidas que pululan repartiendo frases motivacionales, eslogan intelectuales, o dormidos lugares comunes. \u00bfEs que nadie est\u00e1 enojadx con el presente? Y ojo, podemos dedicarnos a florear nuestros enojos para benepl\u00e1cito del mundo, podemos hacer de la queja otra forma de adaptaci\u00f3n. Nos peleamos con el presente no por la exigencia de unos ideales inalcanzables, o por cortedad de miras, sino porque exigimos del presente una irradiaci\u00f3n que m\u00e1s que contenernos nos proyecte hacia el futuro. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 nuestra voluntad de ruptura?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lxs buscadorxs de intensidades exigen de la vida maravilla, y en eso son personal\u00edsimxs. Me refiero a la fidelidad con lo que sentimos, a nuestro derecho a vivir como queremos, a salir de la vidriera que hace de toda intenci\u00f3n un producto de consumo, una fuerza artificial. Sabemos que la vida (\u201cexistir\u201d, dir\u00eda Syms) puede ser algo mejor que el atolladero de automatismos programados no se sabe por qui\u00e9n. A veces siento que lo que le falta a nuestro tiempo es alma, espontaneidad y locura, algo genuino que no sea el mismo signo repetido hasta el infinito, un poco de dios, desear el riesgo en vez de la seguridad, porque es ah\u00ed donde crece lo mejor de nosotrxs como humanidad. \u00bfPertenecer a d\u00f3nde, para qu\u00e9? Si el loco sufre por causa de ese mundo que es una sociedad, de su c\u00f3digo cerrado, pobre del cuerdo que vive para sostener la m\u00e1scara, su pose de parado. Quien no asume riesgos, se degrada.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los diarios son la contrase\u00f1a de los solitarios, dice Alberto Giordiano citando a Andr\u00e9s Trapielo. Tambi\u00e9n dice que escribir un diario es una forma de resistir al poder, a los estereotipos que el poder establece. Frente a las etiquetas que clausuran la vida, el diario reconstruye pacientemente un flujo, la fuga del tiempo mientras estamos siendo. El diario \u00edntimo se escribe en contra del qui\u00e9n soy y a favor de la pr\u00e1ctica que es solamente existir. Como ejercicio invita al aislamiento, a la inutilidad total: ese otro ante quien nos confesamos es puro imaginario, la reflexividad de la propia lengua, toda finalidad se pierde en la corriente de la escritura. Escribir un diario implica siempre reasumir una intimidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los diarios \u00edntimos caen en un pozo negro y sin fondo. No se sabe a d\u00f3nde van, qu\u00e9 ruido hacen al caer, si se van a encontrar con otros textos, si se los va a comer una rata o si alguien los va atajar en el aire de la ca\u00edda para guardarlos como un tesoro. No se sabe y tampoco importa. Como escritura no pretenden producir un eco, exiliados m\u00e1s all\u00e1 del espacio, no persiguen transformar la vida de nadie, ni mover nada, como si se escribiera en el sue\u00f1o. Quien escribe un diario asume estos principios, aunque m\u00e1s no sea como formalidad, porque son la condici\u00f3n de su libertad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace un tiempo sent\u00ed curiosidad por el motivo que nos lleva a leer diarios publicados. \u00bfPor qu\u00e9 de pronto se convirti\u00f3 en un g\u00e9nero de cierta popularidad? \u00bfQu\u00e9 placer encontramos lxs lectorxs en seguir los movimientos cotidianos de una vida, sus pensamientos, las emociones de quien decide dejar registro de sus d\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tengo la impresi\u00f3n de que leemos diarios \u00edntimos porque ah\u00ed se juega la ficci\u00f3n de la desnudez: los diarios son ajenos al dress code, proponen hacer lo que se les canta. A esa ficci\u00f3n nos entregamos en clavado mortal. Tambi\u00e9n nos invitan a la ilusi\u00f3n de un acercamiento: a la vez que reconstruyen un campo de intimidad ajeno, nos devuelven a la nuestra propia. Un diario \u00edntimo hace del cotidiano una aventura, nos acompa\u00f1a en la enumeraci\u00f3n de los d\u00edas, para sentir la existencia del tiempo, el tr\u00e1nsito y la permanencia del instante. Tambi\u00e9n produce la ficci\u00f3n de la honestidad: nadie nos quiere vender nada, ni convencer de nada. No se trata de espiar, aunque tambi\u00e9n pueda ser un atractivo. O en todo caso, nos invita a espiar m\u00e1s all\u00e1 de lo esp\u00edable. No es la publicaci\u00f3n de una propiedad para la construcci\u00f3n de una figura p\u00fablica (no se proclama una \u201cidentidad\u201d), sino aquello en lo cual lo p\u00fablico ser\u00eda un efecto residual. Imagino que en tiempos de redes sociales, los diarios nos devuelven a la idea de que lo que existe no puede ser encapsulado en una foto ni en una frase ingeniosa. No hay astucia, no debe haberla en los diarios. Un diario es tambi\u00e9n una p\u00e9rdida de tiempo, leer un diario es asumir esa p\u00e9rdida como placer. No hay vida salvaje sin intimidad. Leemos diarios \u00edntimos para respirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la ciudad de La Plata existe hace casi dos d\u00e9cadas una cueva de Altamira para trasnochadxs de toda \u00edndole. Se llama \u201cPura vida\u201d, y el nombre le cabe como un zoquete divino. Es la pura vida del todo vale mientras tenga nervio, sangre y calor. En pura vida se cruzan borrachxs, locxs, entusiastas, punks, rockerxs, metalerxs, raperxs, tanguerxs, cumbierxs y toda la m\u00fasica que cabe en la curva vertiginosa de las edades despiertas. En pura vida hay pogos t\u00edmidos y desaforados, bailongos amables y transpirados. Las caras se mezclan como cartas entre el humo que exhalan bocas an\u00f3nimas. La pura vida es una misa nocturna para sorprendidxs, la hostia del presente. Adentro nos aturdimos y en la vereda charlamos desordenadxs. Es un local chiquito, desprolijo y c\u00f3modo. El \u00fanico lujo es la onda del lugar, la energ\u00eda que nos amontona frente al escenario Federico Moura. En la vereda de enfrente hay una plazoleta que es su extensi\u00f3n al aire: zapadas improvisadas con vino de cart\u00f3n y perros callejeros durante toda la noche. La plazoleta se llama \u201cLa noche de los l\u00e1pices\u201d, en homenaje a una rebeld\u00eda hist\u00f3rica. La pura vida no tiene propuesta, ni plan, ni manifiesto, se hace sola y sin careta, sin m\u00e1scara. En pura vida aparece Dios todas las noches, porque es esa su casa, lejos de los ministerios, las universidades y las modas. De tanto quererla le decimos \u201cPura\u201d, \u201cla neta\u201d, como dicen en M\u00e9xico. Cuando me amargo voy a ver qu\u00e9 hay en Pura, y vuelvo siempre con la esperanza humilde pero revoltosa en un vaso de pl\u00e1stico: que en la m\u00fasica todav\u00eda existe lo salvaje, ese \u00edmpetu que regalaba Charly Garc\u00eda (y antes Billy Bond) cuando gritaba en medio de un recital \u201crompan todo\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Tamara Rutinelli<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fotograf\u00eda de Ugo Mulas<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La vida salvaje I No voy a hablar de las flores. Pero en Brasil las orqu\u00eddeas crecen salvajes. 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