{"id":6826,"date":"2026-09-16T16:21:58","date_gmt":"2026-09-16T19:21:58","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6826"},"modified":"2026-09-16T16:27:16","modified_gmt":"2026-09-16T19:27:16","slug":"leporina-sobre-el-sonido-de-las-liebres-de-analaura-nunez-por-manuel-boher","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/09\/16\/leporina-sobre-el-sonido-de-las-liebres-de-analaura-nunez-por-manuel-boher\/","title":{"rendered":"Leporina. Sobre El sonido de las liebres de Analaura N\u00fa\u00f1ez \u2013 Por Manuel Boher"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cCuando el humo de tabaco tambi\u00e9n huele a la boca que lo exhala, es porque ambos olores se han casado en lo <em>infraleve<\/em>\u201d se\u00f1ala Duchamp, en sus cuadernos, donde imagin\u00f3 una m\u00e1quina que dispusiera estas relaciones; un transformador dise\u00f1ado para almacenar esa energ\u00eda infraleve y descartable. El exceso de presi\u00f3n en un timbre; el crecimiento del pelo; la fuerza con la que cae la orina, el v\u00f3mito; el gesto de estirarse, bostezar, de estornudar. Su idea fue que esta m\u00e1quina nos educara art\u00edsticamente, que nos ense\u00f1ara a mirar la visi\u00f3n y o\u00edr la audici\u00f3n, a no sentir calor o fr\u00edo, sino el sentimiento del cuerpo sintiendo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En uno de los poemas de <em>El sonido de las liebres<\/em> (\u00c1gata Musgo, 2026), de Analaura N\u00fa\u00f1ez, un mirlo solo, ante la exigencia de su entorno, tiende al crecimiento desmedido. Un hecho de la <em>physis<\/em> que, puesto en el panorama del libro, recuerda a este transformador de Duchamp que almacena energ\u00edas leves. En los poemas, \u201cel vapor escribe en los azulejos\u201d, \u201cel calor se adhiere a las paredes, hincha las puertas, descascara la pintura en silencio\u201d, y aun, se habla de: \u201clas huellas que permanecen en las baldosas\u201d \u201cla presi\u00f3n de los codos sobre la mesa, el aire que desplaza un hombro\u201d. Es como la hipertrofia del mirlo que se queda solo: la hablante enclaustrada atiende lo infraleve como la revoluci\u00f3n de un espacio de sujeci\u00f3n y celaje, desarrolla sentidos animales, instintos y alertas en este espacio en reducci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero estas energ\u00edas accidentales y errantes tambi\u00e9n erotizan este espacio contenido, dejando a quienes moran en una especie de alerta sexual que cruza el libro. Ac\u00e1 los calores breves, los olores pasajeros, las respiraciones que empa\u00f1an las superficies, excitan solo levemente el cuerpo, por medios que no se condicen con sus materiales de origen; quiz\u00e1s suspira calor una cazuela que es c\u00f3mplice del degollamiento de una gallina, o el olor a enfermedad de una entrepierna, aunque abrume, hace del \u00f3rgano una presencia latente en la pieza compartida. Estas alertas sexuales, dibujadas por las energ\u00edas de cualquier procedimiento dom\u00e9stico, figuran en la pareja la tensi\u00f3n del cazador y la presa: se desbordan de animalidad y de contradicci\u00f3n, al placer lo maquina el dolor, el miedo, la crueldad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y ese es un problema interesante del sadomasoquismo que el libro de Analaura aborda, porque si el placer interviene en formular leyes a las que responde nuestra realidad, permiti\u00e9ndonos deliberar entre dos o m\u00e1s soluciones, cuando la v\u00eda hacia el placer es el displacer, la crueldad o el da\u00f1o, estas mismas deliberaciones se hacen ambivalentes. Se llega a necesitar del otro para activar esa ley que el placer aclara, turn\u00e1ndose los roles de cerradura y llave: la dependencia crea la claustrofobia y el agobio que son, tautol\u00f3gicamente, nuevos alicientes para la sexualidad masoquista. \u201cIncluso al dormir\/ mi cuerpo sigue tu cuerpo\u201d, dice la hablante en uno de los poemas. En otro comen, ven tele, esperan a que se vaya la tarde para sacar las correas y las amarras; y es parad\u00f3jica esta inercia de crueldad, burocr\u00e1tica, medida: estas personas-animales-vegetales hacen de sus pasiones una contraf\u00e1bula, con contraense\u00f1anzas; la liebre o la gallina convive con el cuchillo o el hocico, que ya tampoco la desea, siendo obvia y consentida la crueldad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, este cuerpo huye en proyecciones, en simulacros que lo diluyen en el paisaje, como la simiente del animal o la semilla del \u00e1rbol. Deja a una paloma pararse en su pecho, para que se lleve de \u00e9l un pedazo que multiplique ese lugar que resguarda al amante. Se prefigura un paisaje de t\u00f3rax, de pechos como an\u00e9monas, como ojos ten\u00eda el cerro donde Mistal visionaba a la madre. Acaso esta identidad diluida tambi\u00e9n guarda algo de estos infraleves: \u201cRebanas tomates\u201d, dice, \u201cy t\u00fa cuerpo se afila con cada corte\u201d; o son las baratas que se mueven con la misma cautela que hay en sus abrazos. Reflexiones casi epic\u00fareas parecieran seccionar el libro: \u201clas semillas abren la tierra por dentro\u201d o \u201cla piedra le dicta su nombre al agua\u201d. Y tambi\u00e9n las notables y obsesivas im\u00e1genes de una cocina monstruosa: a esas materias de sustento, la voz les amasa crueldad, duda, resentimientos, y si seguimos la met\u00e1fora de la asimilaci\u00f3n y el aprendizaje como la boca abierta que come al mundo, aqu\u00ed la hablante decide comunicar, impregnando de comunicabilidad a los alimentos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La liebre me parece un paradigma de esta proyecci\u00f3n, en cuanto implica tambi\u00e9n su fracaso o su destino. Es como si ella resistiera a espirituarse de esta identidad escindida, y ese mismo rechazo la hiciera un yo veros\u00edmil: caprichoso, ambiguo, impredecible como es la vida m\u00e1s all\u00e1 del encierro. Ni gime, ni grita, ni chilla: no por una sumisi\u00f3n perfeccionada, sino porque su sonido est\u00e1 incorporado en la tierra; misteriosa, dual, cambiante. Me recuerda una an\u00e9cdota que quisiera traer: hay un mito peruano, recopilado en 1612 por el Padre Arriagada, donde una mujer ad\u00faltera da a luz a gemelos, uno de su esposo y otro de su amante, ambos hijos con habilidades antit\u00e9ticas. El mismo mito se ha encontrado en toda Am\u00e9rica, donde los gemelos siempre se\u00f1alizaron el adulterio y la trampa. Pero en las versiones canadienses del mito, el ad\u00faltero es siempre una liebre que enga\u00f1a a la mujer, quien defendi\u00e9ndose le parte el labio con un palo. Se dice que desde entonces el labio leporino de la liebre es una se\u00f1al de gemelidad incipiente. Por eso la liebre como dios posee un car\u00e1cter ambiguo en las mitolog\u00edas: a veces es una deidad sabia que tiene a su cargo el orden del universo, a veces aparece como un payaso que va de contratiempo en contratiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">As\u00ed en este primer libro de Analaura, la figura de la liebre pasa de ser una expresi\u00f3n de sumisi\u00f3n, al br\u00edo de cierta libertad donde esta identidad flotante podr\u00eda hallar un centro, donde placer y crueldad convivan sin contenci\u00f3n ni dependencia, y donde la alternancia de fondo y figura sea r\u00edtmica, er\u00f3tica y deliberada. Los poemas de este libro trabajan con factura estas contradicciones, y ha sido afinada su visi\u00f3n a los problemas identitarios del presente, no sin enchufar tambi\u00e9n ese gran cable marino que trae a su trabajo los temas de la muerte y el amor. En ese sentido es un libro leporino, actual, sorprendente y de una calibrada indolencia que conmueve.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Manuel Boher<\/strong><br>Fotograf\u00eda: Retrato de Mieko Shiomi por George Maciunas<br>Sobre:<\/p>\n\n\n<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"alignleft size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"494\" height=\"702\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-16-a-las-4.15.19-p.-m.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6827\" style=\"aspect-ratio:0.7037283281337902;width:296px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-16-a-las-4.15.19-p.-m.png 494w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-16-a-las-4.15.19-p.-m-211x300.png 211w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/09\/Captura-de-pantalla-2026-09-16-a-las-4.15.19-p.-m-281x399.png 281w\" sizes=\"auto, (max-width: 494px) 100vw, 494px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-8f761849 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><br><br><br><br><br><br>El sonido de las liebres<br>Analaura N\u00fa\u00f1ez<br>\u00c1gata Musgo Editora<br>2026<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cCuando el humo de tabaco tambi\u00e9n huele a la boca que lo exhala, es porque ambos olores se han casado en lo infraleve\u201d se\u00f1ala Duchamp, en sus cuadernos, donde imagin\u00f3 una m\u00e1quina que dispusiera estas relaciones; un transformador dise\u00f1ado para almacenar esa energ\u00eda infraleve y descartable. 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