{"id":6767,"date":"2026-07-13T15:04:30","date_gmt":"2026-07-13T18:04:30","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6767"},"modified":"2026-07-13T15:09:31","modified_gmt":"2026-07-13T18:09:31","slug":"la-lengua-de-lo-finito-variaciones-del-gesto-subversivo-por-monica-navarro-correa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/07\/13\/la-lengua-de-lo-finito-variaciones-del-gesto-subversivo-por-monica-navarro-correa\/","title":{"rendered":"La lengua de lo finito: variaciones del gesto subversivo \u2013 Por M\u00f3nica Navarro Correa"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Y como ya todo es in\u00fatil, <\/em><em><br><\/em><em>como los candados del infinito crujen en goznes mohosos, <\/em><em><br><\/em><em>su actitud llena la tierra de lamentos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">Pablo de Rokha<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El gesto de escribir puede ser muchas cosas. A veces significa detenerse. Cuando los acontecimientos se apuran alrededor, cuando todo avanza y quedas detenido ante aquello que a\u00fan no logra tomar forma en el decir, pasmado, arrastrado a la inercia, como si quedaras excluido de la capacidad de nombrar, como si el afuera te excluyera de su discurso hasta que sales al encuentro con las palabras que se detonan con m\u00e1s fuerza que ese afuera, con m\u00e1s fuerza que el discurso del afuera, en intensidades otras, en calles de sentido \u00fanico, en puentes quebrados y cenizas, en teor\u00edas astron\u00f3micas que declaran la guerra a los libros de la ley moderna. Entonces, vienen textos como <em>Cometas y barricadas. La imaginaci\u00f3n insurrecta en el exilio<\/em> (Luciole, 2025), a hablarnos de otros textos como <em>La eternidad por los astros<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como suele ocurrir, el texto que dedica Sean Bonney a Louis-Auguste Blanqui tiene varias capas de lectura. Por un lado, saca a Blanqui de la soledad de su celda desde donde escribe <em>La eternidad por los astros<\/em> y lo inserta quiz\u00e1 en una conversaci\u00f3n, quiz\u00e1 en una obra colectiva, tejida a tiempo y destiempo junto a Rimbaud, a Baudelaire, a Lautr\u00e9amont, a C\u00e9saire, a Benjamin, a Marx. Desde el propio gesto de Blanqui, Bonney tambi\u00e9n abre un tajo en el tiempo y en el espacio por donde escapan las ideas revolucionarias que, desde Blanqui y hacia la posteridad, distintos autores y autoras retoman, hilan, las vuelven poema o manifiesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sabemos que Blanqui no fue el primero en desafiar a las ciencias desde la astronom\u00eda o desde el puro gesto de mirar en rededor los fen\u00f3menos en los que estamos inmersos. No obstante, el detalle coyuntural que significa la publicaci\u00f3n de <em>La eternidad por los astros<\/em> en paralelo, es decir, durante los mismos d\u00edas en que estallaba y era acallada la Comuna de Par\u00eds y, encima, con su autor condenado por rebelde y otros juicios, preso durante treinta siete a\u00f1os, hacen de este un libro que no deja de temblar, de sacudirse entre las manos de quien lo lee. Como las ciudades tentaculares de las que habl\u00f3 alguna vez Pablo de Rokha, en un contexto del todo diferente, Bonney aborda ese \u00edmpetu tentacular de la obra de Blanqui.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfQu\u00e9 es lo que cabe en ese gesto deambulante que salta ante nosotros, que se empu\u00f1a en la mano que atesora la nada como un todo? El gesto de un verso que dio la vuelta a s\u00ed mismo; el de un yo desarticulado que reconocemos, que desarticula al otro y al nosotros en su movimiento; el de un poema que nos vara en el alambrado siempre roto de la comprensi\u00f3n y nos sume en el infinito de esas palabras que pudieron ser absolutamente otras. El gesto, en el hacer y el decir, que no hace ni dice. Que simplemente gesticula.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre destellos ef\u00edmeros y an\u00e1rquicos de un tiempo absolutamente compartimentado en la prisi\u00f3n, el gesto de Blanqui trastoca el muro, se fuga hacia su contexto inmediato entre las barricadas y las fuerzas burguesas y policiales que apresaban a sus compa\u00f1eros. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de su propio tiempo, cuando Blanqui traza una l\u00ednea que se extiende al infinito, \u00bfqu\u00e9 es lo que pone en tensi\u00f3n?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La sentencia del juez lo encierra, lo atrapa en una eternidad donde \u00ablo que escribo en este momento en una celda del Fort du Taureau, lo he escrito y lo escribir\u00e9 a lo largo de toda la eternidad; en una mesa, con una pluma, y ataviado con estas mismas ropas, en circunstancias del todo semejantes\u00bb. Pero lo que all\u00ed escribe es el intento de imaginar un universo donde la sentencia del juez es, sino imposible, entonces, dentro del contexto del infinito, absolutamente insignificante. Para Blanqui, el universo est\u00e1 \u00abpoblado de globos y no deja rinc\u00f3n alguno de tinieblas soledad o inmovilidad en ninguna parte\u00bb. Las tinieblas y la soledad de su celda quedan fuera del universo que imagina y, por lo tanto, tambi\u00e9n la imaginaci\u00f3n revolucionaria; Blanqui, y las tradiciones radicales que representa, deben ocupar un contra-universo, una anti-gravedad, un magnetismo negativo que el pensamiento de la burgues\u00eda no pueda penetrar, abarcar u ocupar. (<em>Cometas y barricadas<\/em>)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y entre todo esto, los cometas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Finitudes, palabras rotas, vidas rotas, como la de Blanqui. Si la recomposici\u00f3n de la ruptura incita en s\u00ed misma a una po\u00e9tica de la subversi\u00f3n, Sean Bonney observa la ruptura de la ruptura. El silencio en las formas de las insurrecciones fugaces, estridentes, contra el orden de la ciudad y del capital, as\u00ed como el arrojo del pensamiento rumiante hacia un paseo por la realidad que deja, en su huella, un poema de la vida cotidiana. \u00bfExiste otro?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si la poes\u00eda <em>sirve<\/em> de utensilio para quienes abogan por el desarme y la incineraci\u00f3n de las formas que les fueron dadas, con todas sus palabras y oraciones, con toda su literalidad y su pol\u00edtica del decir, con su movimiento de avance y retroceso, ante todo, resisti\u00e9ndose a la linealidad del tiempo moderno, lo que se juega es la mirada detenida, la posibilidad del entrecruce, de cavilaciones y conexiones improbables. De conversaciones manuscritas con otras lenguas que esbozaron una imagen que se adopta y se esboza nuevamente al alero de las palabras que nos encontramos en el camino, del alfabeto que dispone sus silencios y sus modos de armar, de la gram\u00e1tica rota, as\u00ed como del ritmo y los c\u00e1nticos absurdos que desprende en sus conjunciones. Enfrentados a la frustraci\u00f3n de <em>no poder <\/em>decir aquello que <em>se quiere <\/em>decir, la escritura po\u00e9tica termina de escribirse a s\u00ed misma. \u00ab<em>La eternidad por los astros<\/em> es, por defecto, un texto po\u00e9tico. La poes\u00eda misma es una celda, s\u00f3lo posible en tanto expresi\u00f3n de una trampa c\u00f3smica\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tanto <em>Cometas y barricadas<\/em> como <em>La eternidad por los astros<\/em> conviven en la misma dimensi\u00f3n de la elocuencia implacable, en un m\u00e9todo en el que no se va de lo particular a lo general ni viceversa, sino en el que se apunta directamente al infinito. Del infinito al infinito mediante la humildad del poema. Del ensayo que hace propio el lenguaje del poema, porque \u00abel proletariado se apodera de las fuerzas de la invisibilidad que le impone la burgues\u00eda\u00bb. El escondite detr\u00e1s de la gram\u00e1tica, tan armada y desplegada como un libro, como un muro.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bonney, con su \u00edmpetu decidido, como hace de costumbre con la discursividad de su lado y la escritura en modo collage, toma el apartado en el que Blanqui se\u00f1ala a los cometas como seres insubordinados, como destellos de luz antigravitacionales que a tientas pueden ser atra\u00eddos por la gravedad y capturados por una \u00f3rbita, como pueden desprenderse de ella sin que la ciencia logre prever la totalidad de sus comportamientos. Malignos, temidos, augurios de pestes y hambrunas. Los rebeldes del cielo. Prejuiciados. Incapturables a la raz\u00f3n de las ciencias exactas. \u00abSupersticiones, presagios de fuego que amenazan la propiedad de la clase dominante sobre el cielo, son met\u00e1foras convertidas en ideolog\u00eda; un sistema antipo\u00e9tico o versificado que, por paranoia y por deseo social de perpetuar la injusticia y el terror, se convierte en tejido legal\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Asimismo, para Bonney, las barricadas \u2013como la poes\u00eda\u2013 se extinguen y vuelven en otro lugar, en un movimiento que no es capaz de definirse como una derrota ni como una victoria m\u00e1s que ef\u00edmera, corta de vista. \u00abDentro de un universo infinito, la derrota siempre es inevitable, pero tambi\u00e9n lo es la victoria\u00bb, escribe.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El infinito es el sinsentido de un mundo de leyes y de palabras, cortas de efecto. Y algo siempre vendr\u00e1 a interrumpir esa inercia, en este caso los cometas y las barricadas. Lo que nos jugamos es la interrupci\u00f3n. El corte de la cinta de Moebius.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En este sentido, no deja de aparecer en el texto de Bonney la cuesti\u00f3n o m\u00e1s bien la confirmaci\u00f3n de que el acento no est\u00e1 en aquello <em>para lo que sirve<\/em> el fuego de las barricadas, y lo insignificante a escala c\u00f3smica de su extinci\u00f3n, sino en c\u00f3mo tambi\u00e9n se reafirma en ese fuego la grieta de la prisi\u00f3n, a trav\u00e9s de la que Blanqui proyecta su nombre y sus palabras hacia el pasado y hacia el futuro, como amenaza constante al sistema de la burgues\u00eda y el capital, en la inercia, como posibilidad y como potencia para quienes abogan por una realidad otra, y ante la que las palabras emergen como chispazos. Chispazos que se instalan, tozudamente, entre los escombros de la ciudad que a cada rato se viene abajo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En momentos de derrota, la revoluci\u00f3n se repliega de vuelta hacia la po\u00e9tica. As\u00ed como en los momentos de insurrecci\u00f3n \u2013como bien sab\u00edan Rimbaud, los surrealistas y los situacionistas\u2013 las energ\u00edas ocultas en la po\u00e9tica estallan hacia la revoluci\u00f3n. La revoluci\u00f3n no se vuelve po\u00e9tica, la poes\u00eda se destroza a s\u00ed misma en el proceso de devenir revolucionaria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De alguna manera el gesto de Blanqui, como el de Bonney, no deja de conversar sino con el gesto situacionista de la revoluci\u00f3n en las cosas menores, que se proyecta desde la pol\u00edtica de la vida cotidiana: un tel\u00e9fono en llamas, una cuchara de palo que arranca de una mano a otra. Basta una pura mano desde el m\u00e1s all\u00e1 que nos recuerde, como lo hace Blanqui \u2013y Bonney\u2013 que en cualquier momento puede estallar una revuelta.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La mesa que baila est\u00e1 siempre ante nosotros. Y a\u00fan ponemos el papel por debajo de esa pata chueca para simular la estabilidad que jam\u00e1s nos viene dada. Esa boleta que guardamos en nuestro bolsillo como garant\u00eda de devoluci\u00f3n de nuestra fuerza de trabajo. Ese papel donde se escriben las leyes y los tratados de libre comercio, que doblamos, arrugamos, transformamos: gesto con el cual alteramos el descalabre, quiz\u00e1 solamente para trastocarlo a nuestra medida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escrituras como la de Blanqui no abogan al infinito, sino precisamente a la vida finita en la que se abren las m\u00faltiples posibilidades del hacer y del decir, posibilidades de la lengua, al fin. Al gesto mismo de escribir como pr\u00e1ctica antiopresiva. Las letras se desintegran, y lo que leemos como un texto aficionado, destinado a otros aficionados por las cosas incomprensibles, no es sino una idea inconclusa de aquello que todo el tiempo se nos escapa: la finitud poema. Es en su falta de conclusi\u00f3n donde se abre la pregunta por el m\u00e1s all\u00e1 del poema.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su po\u00e9tica revolucionaria es sombr\u00edamente realista en tanto comprende que \u00e9l, Blanqui, estar\u00e1 en su celda para siempre, pero tambi\u00e9n se aferra e insiste sombr\u00edamente en una conflagraci\u00f3n ut\u00f3pica que siempre existe justo m\u00e1s all\u00e1 de finita imaginaci\u00f3n burguesa. Se burla: no hay en el universo \u00abun solo punto en donde no estalle incesantemente la perturbaci\u00f3n de esta armon\u00eda pretendida\u00bb. Los arm\u00f3nicos capitalistas son destrozados a cada paso por el anarquismo antigravitacional de los cometas, por la lucha de las barricadas, por escritos como el de Blanqui, Rimbaud, Lautr\u00e9amont, Cesaire y millones m\u00e1s. Puede que estos estallidos disonantes de j\u00fabilo ut\u00f3pico duren solo un par de segundos, pero eso no importa: \u00abla ausencia de tal perturbaci\u00f3n no equivaldr\u00eda m\u00e1s que al marasmo y enseguida la descomposici\u00f3n\u00bb. El aburrimiento de Blanqui en su celda es simplemente aquel estancamiento: contiene el verdadero sentido de toda la historia del capital, el sentido de cada frase de mierda pronunciada por reyes, el contenido de cada salmo y cada himno nacional y cada f\u00f3rmula financiera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque no hay utilidad sino el propio rastro de lo dicho y en una suma de palabras que se transforman en el poema del haber, del habemos. Habemos ca\u00eddo, habemos hablado. Cada qui\u00e9n sabe c\u00f3mo la realidad se transforma de un momento a otro y no aramos lo que sol\u00edamos ser. Y c\u00f3mo deambulamos entre las mismas preguntas pese a esos movimientos. Termina el poema y nos quedamos rebotando en una \u00f3rbita otra. Aunque la casa sigue estando, como el libro en el muro, como la prisi\u00f3n a la vuelta de un barrio que insiste, entre la presencia policial y los restos de la ciudad que heredamos o que nos hered\u00f3 a nosotros. Podr\u00e1 la gravedad acercarnos a su fuente de desdichas, podr\u00e1 la \u00f3rbita sumarnos entre sus filas. Pero entre el <em>juego de ni\u00f1xs<\/em> que se da en una vereda sin sombra, entre la cocina flamante de una casa cualquiera, y entre las palabras que nos esbozan como posibilidades fuera de serie, nos quedamos pasmados, detenidos, dando un paso al vac\u00edo que nos devuelve solamente a la finitud y desde donde reci\u00e9n pensamos lo incomprensible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 d\u00f3nde le\u00ed la imagen de un bostezo \u2013jur\u00e9 que fue en <em>Rayuela<\/em>, pero no logr\u00e9 encontrarla nuevamente\u2013 donde el narrador comenta que existe un puro bostezo en el mundo, que se va traspasando de persona en persona. As\u00ed creo que podr\u00eda resumirse la idea de la revuelta a escala c\u00f3smica, al igual que el gesto en la lengua del poema. Esa interrupci\u00f3n en el habla, en el respiro, esa bocanada de aire que no se puede evitar ni disimular una vez se hace presente. No basta con entregarse a ese abrir de bocas tan grande que tensiona los m\u00fasculos faciales hasta el hartazgo, no basta tampoco con sostenerlo. No basta incluso con las cuerdas que gritan una vocal inexistente. En la pura detenci\u00f3n, ese gesto solo habita en un presente que nos excede, completamente finito y cuantificable, entre muros o \u00e1rboles o calles destrozadas. Si bien nunca basta, ya con el hecho de ver a alguien hacer suyo ese bostezo, el gesto se desprende del s\u00ed mismo para pasar al otro, para ser del otro, para verlo: al otro y al gesto.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por M\u00f3nica Navarro Correa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fotograf\u00eda de Enrique Metinides<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-8f761849 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"554\" height=\"796\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Captura-de-pantalla-2026-07-13-a-las-3.09.00-p.-m.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6770\" style=\"width:274px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Captura-de-pantalla-2026-07-13-a-las-3.09.00-p.-m.png 554w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Captura-de-pantalla-2026-07-13-a-las-3.09.00-p.-m-209x300.png 209w\" sizes=\"auto, (max-width: 554px) 100vw, 554px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Cometas y barricadas. La imaginaci\u00f3n insurrecta en el exilio<\/em><br>Sean Bonney <br>Luciole Ediciones <br>2025.<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Y como ya todo es in\u00fatil, como los candados del infinito crujen en goznes mohosos, su actitud llena la tierra de lamentos. Pablo de Rokha El gesto de escribir puede ser muchas cosas. A veces significa detenerse. 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