{"id":6763,"date":"2026-07-07T14:23:31","date_gmt":"2026-07-07T17:23:31","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6763"},"modified":"2026-07-07T14:24:21","modified_gmt":"2026-07-07T17:24:21","slug":"una-casta-ebria-de-poetas-chilenas-por-marianne-leighton","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/07\/07\/una-casta-ebria-de-poetas-chilenas-por-marianne-leighton\/","title":{"rendered":"Una casta ebria de poetas chilenas \u2013 Por Marianne Leighton"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre: <em>Memorias de la Gracia <\/em>de<em> <\/em>Malva Marina V\u00e1squez<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una vocaci\u00f3n coral nos sorprende en estas <em>Memorias de la Gracia<\/em>, el \u00faltimo libro de la poeta Malva Marina V\u00e1squez, despu\u00e9s de <em>Tiempo de la muerte s\u00fabita<\/em> (1998) y <em>Perla Negra <\/em>(2001). Y me aventuro en las p\u00e1ginas de este poemario como quien ingresa a una galer\u00eda de arte, una que dista mucho de la sala silenciosa y solemne de un museo vetusto, ya que invita a recorrer una exposici\u00f3n sonora donde resuenan m\u00faltiples ecos. En efecto, se invocan las voces de poetas y artistas latinoamericanas y, en especial de tres figuras relevantes: Gabriela Mistral, Sor Juan In\u00e9s de la Cruz y Fridha Kahlo. En este poemario, la poeta orquesta un \u201cdi\u00e1logo informe e intemporal\u201d, proveniente del subsuelo de un olvido que comienza a disiparse gracias a una voz que \u201caltisona\u201d la letra de su \u201copus pulenta\u201d.&nbsp; La primera gracia que me asalta en este intrincado laberinto es la imagen de la portada, ese \u201cJard\u00edn encantado\u201d (2011) de la escultora brasilera Ana Mar\u00eda Pacheco. Es un bajo relieve en porcelana coloreada, cuya paleta transita del blanco de los vestidos a las tonalidades tierra de los animales, hasta llegar al cobre que funge como marco. Son cuerpos h\u00edbridos: cabezas de animales salvajes sobre cuerpos femeninos ataviados de blancos vaporosos. Se aproximan con confianza unos a otros como si compartieran una reuni\u00f3n amistosa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La elecci\u00f3n de la portada no podr\u00eda ser m\u00e1s afortunada en este libro donde, conviene recordarlo, la acci\u00f3n privilegiada es la de rememorar. Y no se trata de una rememoraci\u00f3n cualquiera, sino de la evocaci\u00f3n de la Gracia: la may\u00fascula del encanto est\u00e9tico, la armon\u00eda y el garbo, pero, sobre todo, del don gratuito. En <em>Memorias de la Gracia<\/em>, aunque m\u00faltiples voces resuenan en sordina \u2013desde Dostoievsky a Vallejo\u2013 la poeta ha querido ser expl\u00edcita en la invocaci\u00f3n de m\u00faltiples poetas latinoamericanas (y de un \u00fanico poeta var\u00f3n) que le han ayudado a urdir \u201clos goznes de estas letras\u201d o esa trenza que sostiene y entrelaza su voz. Se trata de un linaje o \u201ccasta ebria\u201d que la impele con vehemencia \u201ca graznar y pico alzar\u201d, donde con protagonismo indiscutible se yerguen las voces de Gabriela Mistral con su sed y desvar\u00edo redoblados; el ruido sacr\u00edlego de Sor Juana In\u00e9s de la Cruz y el tesoro il\u00edcito de los c\u00e1lices colmados de Delmira Agustini. Se suman adem\u00e1s otras voces e imaginarios de la literatura chilena: la nebulosa amalgama de v\u00edscera y mente de Diamela Eltit; el memorable reino po\u00e9tico de la bastarda Emperatriz, Carmen Berenguer; el \u00e1gape de voces con que Soledad Fari\u00f1a entona la vocal de la tierra; el pubis \u00e1ngel y cal de Marina Arrate; la pureza rabiosa de la eleg\u00eda de Rafael Rubio y los desvelos en la v\u00eda p\u00fablica de Eugenia Brito. Enarboladas como talismanes, estas voces nos conducen a otro sentido de \u201cmemorias\u201d: la constataci\u00f3n de una existencia po\u00e9tica que instala su <em>pathos<\/em> en el espacio de las \u201csacr\u00edlegas musas&#8221; que \u201cTe traen los ecos y reflejos de ti misma\/esa vuelta al enigma\/en que se perfila la letra\u201d. La poes\u00eda de Malva Marina, como vemos, tiene una vocaci\u00f3n coral, como apreciamos en el poema \u201cDe un primer sue\u00f1o\u201d: \u201cEnarbola a la musa airada\/Que insufla aliento en el polvo\/Para irrumpir ya\/en el vuelo alzada\/en una algazara de voces\/junto a la entrada\/suntuosa de las palabras\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vuelvo a la palabra \u201cgracia\u201d y a otro de sus m\u00faltiples sentidos. En el uso cotidiano la empleamos para designar aquello que nos divierte o nos provoca risa. Malva V\u00e1squez hace que sus palabras mismas se diviertan, desplegando una estrategia creativa singular: inventa nuevos vocablos y frases al desarticular las ya existentes. Como si retorn\u00e1ramos al goce infantil del juego de palabras, la \u201censimismada\u201d se convierte en \u201cen s\u00ed y mimada\u201d; las \u201ctrompas de Falopio\u201d devienen \u201ctrompas de falo y opio\u201d (pienso en poder y embriaguez); la vulva deja de ser pecaminosa para devenir \u201cpeca y mimosa\u201d, lunar travieso y cari\u00f1oso. Incluso, la frase \u201cPubis angelical\u201d, t\u00edtulo de la novela de Manuel Puig que denuncia la utilizaci\u00f3n y postergaci\u00f3n de las mujeres, se metamorfosea en \u201cPubis, \u00e1ngel y cal\u201d; vientre mensajero ideal y muerte purificadora, antesala al \u201cv\u00f3rtice de miradas\u201d que \u201cen un rictus mortal\/abre la comisura de su boca\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Prosigo devanando el hilo de este museo sonoro que, como \u201cacuoso laberinto de nuestra ca\u00edda\u201d, ha dejado o\u00edr su \u201cb\u00e1rbara disonancia\u201d, cuando en la secci\u00f3n final, se me interpela, con urgencia, a desvelar un olvido. El poema \u201cEl <em>vis a vis<\/em> del cobijo materno\u201d me hace retornar a la dedicatoria del libro: \u201cA la memoria de mi madre\u201d. Un gesto n\u00edtido y simple que reverbera en mi galer\u00eda de voces; la dedicatoria de Alejandra Pizarnik en <em>Extracci\u00f3n de la piedra de la locura<\/em> a su progenitora. Pero, a diferencia de Pizarnik, quien en un poema de este libro exclama: &#8220;Lloras funestamente y evocas tu locura \/ y hasta quisieras extraerla de ti \/ como si fuese una piedra, \/ a ella, tu solo privilegio&#8221;, Malva Marina hace alianza con todas las voces que la constituyen, especialmente, con el desvar\u00edo y la sed mistralianas. Como la mejor funambulista, se equilibra sobre la memoria rescatada, consciente de sus peligros y abismos, para recordarnos que, aunque la muerte sea cierta: \u201c(\u2026) el instante de una memoria es invencible\/Es como el talism\u00e1n de una resistencia\/sin la cual nada fu\u00e9ramos ya\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Acallemos por un instante las otras voces convocadas para dejar resonar la elocuencia mayor de la lengua materna, que en el poemario encierra una paradoja; no susurra consuelo ni entona canci\u00f3n de cuna. Esa huella materna se proyecta en la evocaci\u00f3n de una pintura: el \u201cAutorretrato con caballete\u201d de Sofonisba Anguissola; la primera mujer que logr\u00f3 consagrarse con \u00e9xito al arte pict\u00f3rico en el Renacimiento italiano. En el cuadro Sofonisba se autorretrata mirando directamente al espectador \u2013como har\u00e1 m\u00e1s tarde Vel\u00e1zquez en <em>Las Meninas<\/em>\u2013 mientras pinta un cuadro. Estamos ante un interesante antecedente del autorretrato del pintor barroco espa\u00f1ol. La imagen del cuadro de Sofonisha corresponde a la arquet\u00edpica Virgen con el Ni\u00f1o, Por su parte, la figura de la pintora transmite una severa seguridad; aparece vestida de un riguroso caf\u00e9 carmelita, apenas suavizado por los vuelos blancos de la blusa. Cabello recogido con rigor, manos aplicadas y flexibles en su labor. Lo que m\u00e1s destaca es la mirada franca, sin tapujos ni velos, dirigida hacia s\u00ed misma y hacia nosotros, los espectadores. Todo cuadro, al igual que un poema, existe \u00fanicamente cuando lo leemos. En ese acontecer, la pretensi\u00f3n de universalidad se consume en el chispazo irrepetible de la sensibilidad propia. \u00bfQu\u00e9 se le revel\u00f3 a Malva V\u00e1squez en este lienzo? La respuesta emerge de un poema ecfr\u00e1stico, \u201cEl <em>vis a vis<\/em> del cobijo materno\u201d. En estos versos, la poeta hace resonar la memoria de la madre \u2013o, mejor dicho, graznar la memoria de la madre\u2013 evoc\u00e1ndola e invoc\u00e1ndola a la vez:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anguilas del mirar<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">tus p\u00e9treos ojos<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">en un desliz del socorro ang\u00e9lico<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">van demudando el <em>vis a vis<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">del cobijo materno<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y desde tu caballete<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Anguilas y serpientes<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">-\u00a1C\u00f3mo no volver all\u00ed, c\u00f3mo no volver!-<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si va a fermentar el pincel<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">si va a borrarse el nutricio ed\u00e9n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">para mostrar el pastar al d\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y el amargo beber la negra leche<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">de la inane edad<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">y su brutal despojo&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el poema la figura de Sofonisba nos enfrenta con dureza el\u00e9ctrica, desmantelando la imagen de la madre como remanso, borrando el para\u00edso perdido y ti\u00f1\u00e9ndolo con la sangre del tiempo que, al avanzar sin retorno, convierte la blancura nutricia en negra leche amarga.&nbsp; No obstante, como sugieren los versos finales del \u00faltimo poema del libro: \u201cSosteniendo un cr\u00e1neo\/en la cuerda floja\/de la memoria\u201d, es cierto que en el acto de recordar puede consumirse la vida; pero tambi\u00e9n puede depararnos la gracia de \u2013al no olvidar lo vano de las vanidades y aprovechar el d\u00eda\u2013 reencontrar la huella de \u201cuna perdida mirada\u201d. Mientras ello no ocurra, lo que s\u00ed se recupera en este libro son las voces que comparten: \u201cla cena del coraz\u00f3n\/por nuestra gracia libremente concedida\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por Marianne Leighton<br>Fotograf\u00eda de Gotthard Schuh<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-8f761849 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"445\" height=\"688\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Captura-de-pantalla-2026-07-07-a-las-2.16.56-p.-m.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6764\" style=\"width:263px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Captura-de-pantalla-2026-07-07-a-las-2.16.56-p.-m.png 445w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Captura-de-pantalla-2026-07-07-a-las-2.16.56-p.-m-194x300.png 194w\" sizes=\"auto, (max-width: 445px) 100vw, 445px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Memorias de la Gracia<br>Malva Marina V\u00e1squez<br>Palabra Editorial<br>2025<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br><br><br><\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre: Memorias de la Gracia de Malva Marina V\u00e1squez Una vocaci\u00f3n coral nos sorprende en estas Memorias de la Gracia, el \u00faltimo libro de la poeta Malva Marina V\u00e1squez, despu\u00e9s de Tiempo de la muerte s\u00fabita (1998) y Perla Negra (2001). 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