{"id":6746,"date":"2026-06-29T14:36:42","date_gmt":"2026-06-29T17:36:42","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6746"},"modified":"2026-06-29T14:37:35","modified_gmt":"2026-06-29T17:37:35","slug":"seguir-la-piedra-por-anita-maria-riquelme","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/06\/29\/seguir-la-piedra-por-anita-maria-riquelme\/","title":{"rendered":"Seguir la piedra \u2013 Por Anita Mar\u00eda Riquelme"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La piedra est\u00e1 quieta en un mismo lugar, es esf\u00e9rica, lista para rodar por la avenida y adelantar a algunos autom\u00f3viles atascados a las 6 pm. Pero su forma ovalada es de una potencia inutilizada, incrustada al suelo; no hay quien la levante para incluirla en una nueva Odisea o viaje del h\u00e9roe, ni tampoco quien la sostenga en la mano, dubitativo en si lanzar o no. La piedra es un ovillo sin lana, un huevillo, una esfera de hormig\u00f3n. Sus d\u00edas est\u00e1n dados por su permanencia en un mismo lugar, delimitando el camino, acaparando espacio. No as\u00ed los zapatos, que pasan de un lado a otro; algunos tropiezan, les sigue un puntapi\u00e9 con el mismo pie adolorido y palabras malsonantes. De vez en cuando ser\u00e1 rodeada por delgadas ruedas de caucho, por un silbido met\u00e1lico y la inevitable basura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aunque, si nos tornamos en poetas so\u00f1adores, llegar\u00e1 el zapato de un ni\u00f1o puesto \u00e1gilmente en su coronilla, dar\u00e1 el impulso necesario, brincar\u00e1 dibujando una breve curvatura hacia el pavimento, un golpe seco y seguir\u00e1 en la pr\u00f3xima esfera, sin saber que en su suela se adhieren sue\u00f1os ajenos. Pero no, el poeta maldito nos recuerda la silenciosa tortura de quien no reclama su existencia, y que los que m\u00e1s tropiezan son los mismos ni\u00f1os. Ser\u00e1n pocos los pies pidiendo ayuda en su vuelo, los que desobedezcan al temor de una ca\u00edda o que, fortuitamente, les permitan reavivar su infancia. Peor a\u00fan, la esfera carece de importancia en su individualidad; es el grupo el que crea su raz\u00f3n de ser, la colectividad de esferas de hormig\u00f3n alineadas arm\u00f3nicamente para incomodar, a expensas de otros bienes de servicio comunes. Quiz\u00e1 otro d\u00eda deber\u00eda hablar de los basureros, los que s\u00ed logran destruir o robar, no como nuestra inerme esfera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La piedra o el colectivo de piedras, inm\u00f3vil, quieto y est\u00e1tico; la esfera de hormig\u00f3n pulido con sello antigrafiti, disponible en tres medidas, desde los 40 cm de di\u00e1metro y 80 kg de producto nacional. Sigue ah\u00ed, inerte e insignificante, esperando ser \u00fatil, cuando muchos desconocen la raz\u00f3n de su existencia, dotando as\u00ed cierta flexibilidad accidental. Es as\u00ed que, en una universidad con campus en San Joaqu\u00edn, les han dado lugar en su colecci\u00f3n de esculturas, con las mismas cualidades que en otros lugares, salvo la definici\u00f3n especial otorgada. Por Cerrillos, al contrario, sin que se le otorgue una distinci\u00f3n particular, hay esferas pintadas, s\u00ed, no monocrom\u00e1ticas, predominando las esferas con ojos mirando sobre los 45\u00b0 del suelo. Su intenci\u00f3n me es desconocida, aunque de por s\u00ed se agradece la sublevaci\u00f3n al supuesto sello antigrafiti o la revelaci\u00f3n de una falsa promesa del proveedor. Estos conjuntos \u2013porque son m\u00e1s de un grupo por la larga avenida\u2013 coloridos y llamativos, del cual sabemos que no nos ven, no solo por su materialidad, sino por el \u00e1ngulo que aspiran, nos recuerdan nuestra propia ceguera y los anhelos que se pierden por falta de visi\u00f3n de futuro. La venganza suele ir bien junto a la iron\u00eda, aunque esa iron\u00eda tambi\u00e9n nos toque.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De camino al metro puedo ver diversas esferas de hormig\u00f3n alineadas donde podr\u00eda ir un \u00e1rbol; algunos se sientan en ellas, a pesar de que sus dimensiones sean escasas. Desde ah\u00ed, si alejan su vista del celular, podr\u00e1n continuar la espera mientras observan la repetici\u00f3n del flujo de pasos acelerados, los scooters con sus min\u00fasculas luces al costado, un papel ca\u00eddo intencionalmente, alguna colilla de cigarro apagada apresuradamente, el polvo y su eterno retorno\u2026 Una maldici\u00f3n amortiguada detiene la enumeraci\u00f3n; tenemos suerte, no siempre se puede estar presente cuando un pie tropieza e ingresa la informaci\u00f3n al sistema nervioso para reaccionar ante el dolor y su escasa protecci\u00f3n: zapatilla urbana, talla 36, capellana textil.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Anita Mar\u00eda Riquelme<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La piedra est\u00e1 quieta en un mismo lugar, es esf\u00e9rica, lista para rodar por la avenida y adelantar a algunos autom\u00f3viles atascados a las 6 pm. 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