{"id":6739,"date":"2026-06-25T14:28:28","date_gmt":"2026-06-25T17:28:28","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6739"},"modified":"2026-06-25T14:28:57","modified_gmt":"2026-06-25T17:28:57","slug":"y-entonces-pense-que-el-tiempo-era-otra-cosa-y-escribir-apuntes-para-un-abecedario-inutil-por-tamara-rutinelli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/06\/25\/y-entonces-pense-que-el-tiempo-era-otra-cosa-y-escribir-apuntes-para-un-abecedario-inutil-por-tamara-rutinelli\/","title":{"rendered":"Y entonces pens\u00e9 que el tiempo era otra cosa y escribir (apuntes para un abecedario in\u00fatil) \u2013 Por Tamara Rutinelli"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>\u00bfC\u00f3mo hacer para que lo que cada uno de nosotros asimila de esta realidad cultural nos hable, nos&nbsp;forme, nos prepare como hombres incompatibles con esta realidad&nbsp;misma que sin embargo nos constituye? (&#8230;) \u00bfc\u00f3mo remontar la corriente de la disoluci\u00f3n, esta degradaci\u00f3n de lo humano que parece estar inscripta en la necesidad de su desarrollo?&nbsp; <\/em>Le\u00f3n Rozitchner (\u201cLa izquierda sin sujeto\u201d)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>Ser el llorado y no el que llora.<\/em> Vicente Zito Lema (\u201cConversaciones con Enrique Pichon Riviere sobre el arte y la locura\u201d)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>A<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hacia&nbsp; el a\u00f1o 1897 Macedonio Fern\u00e1ndez se va a vivir con Julio Molina y Vedia y algunos amigos m\u00e1s a una isla del Paraguay para fundar una colonia anarquista. El proyecto original inclu\u00eda al padre de Borges, que por motivos de casamiento se ausenta de la aventura. De esta experiencia, nos queda como testimonio \u201cLa nueva Argentina\u201d (1929-1931), que bajo la direcci\u00f3n de Horacio Gonz\u00e1lez, fue editado parcialmente en la colecci\u00f3n \u201cLos raros\u201d de la Biblioteca Nacional. Al mencionar esta campa\u00f1a ut\u00f3pica, Piglia los llama \u201cn\u00e1ufragos de la sociedad\u201d. El sue\u00f1o de una literatura sin Estado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>B<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No s\u00e9 qu\u00e9 busco. Un firulete en el paso, algo que me devuelva a la sensaci\u00f3n de novedad y me saque de la apat\u00eda de un todos los d\u00edas desmayado, sin vigor ni entusiasmo. Ando como un trompo rebotando entre las cosas. Qu\u00e9 cosas. Bueno, Macedonio, Piglia, Ludmer, personas que hicieron cosas raras con las palabras para acercarnos a todxs lo raro de las cosas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora es un tiempo dif\u00edcil de pensar, aunque pensar no sea jam\u00e1s una dificultad ya que no precisa de voluntad: pensar ser\u00eda como respirar. Son tiempos dif\u00edciles de contar. Cuesta decir algo que nos permita dar el salto hacia otro tiempo. Trabados en esta dificultad, habitamos un tiempo sin tiempo. Pero sobre todo, y quiz\u00e1s a causa de lo anterior, estamos aburridxs. Un aburrimiento que no es hijo del ocio sino de la trampa. Y no porque no pase nada. Pareciera m\u00e1s bien que pasa de todo, o que todo lo que pasa es fundamental, decisivo, un <em>de ahora para siempre<\/em>. \u201cLo que pasa\u201d se nos presenta con el car\u00e1cter de lo definitivo, y es realmente insoportable. Las vidas que vivimos est\u00e1n abonando un gustito de impotencia y no hay \u00e1nimo que sobreviva sin transar con lo mec\u00e1nico. Nos parecemos a condenadxs a la espera de una liberaci\u00f3n. Nos motiva m\u00e1s la idea del fin que la de los inicios (la de finalizar que la de iniciarse), como si ya nada pudiera ser un comienzo. No s\u00e9 c\u00f3mo hacemos para salir de esta sensaci\u00f3n de que ya no hay tiempo, ya no queda tiempo. Decimos \u201cno tengo tiempo\u201d sin sospechar que estamos afirmando algo distinto de lo que decimos al voleo para justificarnos: que no hay m\u00e1s tiempo, que el tiempo no existe m\u00e1s. Si el tiempo era una l\u00ednea que conectaba pasado, presente y futuro, si en el transcurrir hist\u00f3rico pod\u00edamos situarnos en alg\u00fan punto, ahora es un no lugar: no hay d\u00f3nde situarse porque el tiempo muri\u00f3, como hace un siglo mor\u00eda Dios. El pasado es una invenci\u00f3n, algo que estamos constantemente rearmando, que definimos desde el presente; tambi\u00e9n, desde que los archivos, los registros, las memorias ortop\u00e9dicas de la tecnolog\u00eda se multiplicaron, el pasado se convirti\u00f3 en una colecci\u00f3n de datos que se acumula como basura, un exceso (de memoria, ya no podemos olvidar: en \u201cOtra vuelta al giro autobiogr\u00e1fico\u201d (2011), Albeto Giordano afirma que la memoria remite a lo memorable, es decir a \u201clo definitivo\u201d, que es necesario olvidar). El futuro no existe porque es impalpable; pero adem\u00e1s, en un contexto de crisis pol\u00edtica, ecol\u00f3gica, econ\u00f3mica, como el actual, imposible, una imposibilidad que s\u00f3lo es capaz de concebir el fin de la especie (no hay proyecto de futuro). El presente se perdi\u00f3, lo liquid\u00f3 la velocidad que nos hace sentir que siempre es tarde, que llegamos tarde, que algo se termina, que estamos en el futuro (que no existe). C\u00f3mo demorarnos, c\u00f3mo detenernos, c\u00f3mo respirar, c\u00f3mo reencontrar el tiempo o c\u00f3mo vivir fuera del tiempo. Es una sensaci\u00f3n colectiva, no soy yo: la primera persona es una excusa narrativa.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>C<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Como me la paso pensando todos los d\u00edas, escribiendo en mi cabeza, ensimismada y sola, voy a intentar darle forma a algo que en principio se presenta como una intuici\u00f3n. Los libros que me gustan, \u201cAqu\u00ed Am\u00e9rica Latina\u201d (2010), por ejemplo, me gustan por eso, porque cuando intento descifrar c\u00f3mo est\u00e1n escritos, c\u00f3mo fueron pensados, adivino que surgieron de una intuici\u00f3n, que esos libros son el andamiaje de una b\u00fasqueda (que escribir es perseguir, es pensar en texto): dar con una manera de definir o sistematizar, por ejemplo en Ludmer, lo que denomina el tiempo otro del 2000. Ensayar las ideas. Eso, entre otras cosas. Tambi\u00e9n as\u00ed son los libros que me gustan, libros de los que puede decirse muchas cosas, que no tienen una l\u00ednea, una calle de sentido \u00fanico, sino que se parecen a un mapa, a una superficie por la que podemos deambular, dando con calles y casas, historias y vidas, cada vez, distintas. Adivino tambi\u00e9n, que la experiencia de lectura de libros como esos, ser\u00eda cada vez diferente, que se trata de libros que no se acaban nunca, que sobrepasan la frontera material de sus p\u00e1ginas, caracteres, cap\u00edtulos. Las ideas, cuando son buenas, rehuyen al ordenamiento y la clasificaci\u00f3n, no pueden enumerarse sin traicionar algo de lo que las tracciona, las pone en movimiento. Porque las ideas son, y que esto sea escrito en las piedras como quiso Sarmiento, para la vida, para el vivir, para ninguna otra cosa. Estos libros a los que me refiero nos invitan a caminar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>D<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pienso en la posibilidad de un texto hecho de fragmentos. Me est\u00e1 costando escribir. No ponerme sobre el teclado y hacer que la pantalla se llene de palabras, sino concebir algo que tenga un sentido, una forma, que sea un acto de comunicaci\u00f3n. Pensando en las expresiones art\u00edsticas de hace tiempo a esta parte (no me atrever\u00eda del todo a precisar desde cu\u00e1ndo, aunque me parece que en los \u00faltimos 10 a\u00f1os existe una tendencia generalizada), lo <em>meta<\/em> resulta de la expresi\u00f3n de una imposibilidad (montones de ficciones-ensayo sobre la escritura, por ejemplo). Me pongo metadiscursiva cuando en la voluntad de decir me descubro dificultada o impedida. Es como la revelaci\u00f3n de un fin, de algo acabado. S\u00f3lo la cercan\u00eda de la muerte debiera ponernos a perorar sobre el sentido de la vida, en vez de simplemente vivir. Entiendo que la dicotom\u00eda pueda resultar falaz (ya dije que unx piensa como respira), pero quiero que se entienda el punto. Me pongo metadiscursiva cuando estoy dificultada en el discurso. Me vuelvo sobre el mecanismo de la acci\u00f3n que no puedo desarrollar, hago de ese retorno la acci\u00f3n. Pero una cosa es identificarlo como un rodeo, una exploraci\u00f3n, y otra convertirlo en un fin en s\u00ed mismo. Pasa algo parecido con lo fragmentario. \u00bfNo ser\u00e1 la expresi\u00f3n de nuestra dificultad para articular las partes en un todo, de encontrar continuidad entre una cosa y otra (nuestra continuidad es por saltos, rayada)? \u00bfNo nos habla de una percepci\u00f3n cada vez m\u00e1s fragmentada, de nuestro estar ya sin tiempo? Y esta pregunta: \u00bfd\u00f3nde queda el otrx, d\u00f3nde est\u00e1 en ese movimiento salvaje e indistinto? \u00bfD\u00f3nde se ubica el otrx en mi discurso cuando hablo as\u00ed, fragmentariamente, cuando vivo as\u00ed? \u00bfAbro o cierro caminos para la comunicaci\u00f3n? \u00bfCu\u00e1l ser\u00eda la nueva comunicaci\u00f3n para una vida fuera del tiempo? \u00bfNo es la fantas\u00eda de una realidad mediada por pantallitas, im\u00e1genes luminosas y veloces, la pr\u00e1ctica exteriorizada de una nueva experiencia perceptiva? \u00bfSe puede vivir sin sujeto, sin sujeci\u00f3n y a\u00fan as\u00ed vivir en comunicaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo hacer comunidad? Las respuestas (tristes) que imagino, se parecen a una obra de Beckett. \u00bfHay que recuperar el cuerpo, la presencia material y sensible de todas las cosas? \u00bfRecuperarla de d\u00f3nde? \u00bfQui\u00e9n o qu\u00e9 nos la sustrajo?&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>E<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La palabra confesi\u00f3n, confesarse, implica un acto de contrici\u00f3n, un mirar hacia adentro y un decir desembozado. Arrastra un aire de religiosidad y tambi\u00e9n de legalidad, repone el fantasma de un padre. Por lo mismo, es sospechosa. No se me escapa su parte de quimera, de artilugio en la escritura, pero quiero ser inocente, macedoniana, sin saltar afuera de m\u00ed, para observarme enloquecida. Masotta lo hace en \u201cRoberto Arlt, yo mismo\u201d (1965). Lo virtuoso del texto, si cabe el calificativo, est\u00e1 en su ambig\u00fcedad, una ambig\u00fcedad de fondo: bajo la superficie de la confesi\u00f3n hay preguntas que no se resuelven, oraciones que no se cierran, afirmaciones como titubeos. Parece que se dice algo, pero a la hora de relatarlo, dudamos realmente de qu\u00e9 es lo que se est\u00e1 confesando. \u00bfQu\u00e9 confiesa Masotta en este texto? Est\u00e1 el descubrimiento de la pertenencia a una clase social, una especie de condena en t\u00e9rminos arltianos, de determinismo pol\u00edtico, y est\u00e1 tambi\u00e9n el patetismo de una duda: \u00bfhasta d\u00f3nde llega eso que descubre en \u00e9l, a trav\u00e9s de Arlt, y de qu\u00e9 sirve reconocerlo, identificarlo? La clase media se expone como la personificaci\u00f3n de una mediocridad, de una vida sin aventura, de un temor pegado a la cara, un apocamiento de miserable donde la traici\u00f3n, lejos de representar una fuga, representa una confirmaci\u00f3n. \u00bfEs de clase media tener verg\u00fcenza? \u00bfEs de clase media tener miedo? Para un div\u00e1n de pacotilla: \u00bfalcanza con nombrar el mal para zafarse de lo que el mal provoca? \u00bfConciencia o estructura? Un poco de las dos, parece decirnos Masotta, o queremos que nos diga. Hacia el final, describe una fotograf\u00eda de sus a\u00f1os de juventud, menciona el traje que ten\u00eda puesto, una \u201clocura sociol\u00f3gica\u201d, la expresi\u00f3n del miedo en su cara, algo que no pod\u00eda sino enfermarlo. Confesarse, asumir una incomodidad, \u00bfenfermarse?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>F<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Camino en zig zag, voy enhebrando intuiciones, en la esperanza de trazar un territorio que sea capaz de contar eso que no estoy pudiendo, las dificultades de un tiempo nuestro. Voy a hacer el esfuerzo. Pido un esfuerzo a quien lee, lo s\u00e9. Entre tanta informaci\u00f3n dispersa, hay un hilo. En lo fragmentario, la continuidad del abecedario crea un flujo. Podr\u00edan ser fechas, esto podr\u00eda ser un diario. No salteado como en Ludmer, sino consecutivo, lineal. El desorden es aparente. Pero el calendario ser\u00eda una invitaci\u00f3n a la inconclusi\u00f3n o al cierre como interrupci\u00f3n. Prefiero un fin, aunque artificial, certero. Por otro lado, una vuelta a la lengua, aunque sea a trav\u00e9s de un artificio tan rudimentario como el de las letras. El tiempo (como cronolog\u00eda) es otra cosa, y sumamente afectada en este contexto, como para entregarme inocentemente a su ilusi\u00f3n. Mejor volver a los palotes, a la regularidad de los renglones, a la insistencia de una caligraf\u00eda imaginaria, a la mano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>G&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En una entrevista, Le\u00f3n Rozitchner dice, citando a Val\u00e9ry, que para hacer cualquier cosa es necesario ser arbitrario. Es necesario atreverse, dar el salto entonces, aunque cada gesto, cada movimiento que ensayamos venga acompa\u00f1ado de un cierto pudor, de la certeza de estar haciendo el rid\u00edculo. Qui\u00e9n nos dice sobre qu\u00e9 o c\u00f3mo escribir. Ser arbitrario ser\u00eda tambi\u00e9n autorizarse, darse permiso para la aventura con toda su sospecha de falta, de torpeza, de desacierto. Por qu\u00e9 no hacer filosof\u00eda en Argentina. Por qu\u00e9 no estudiar a Pichon Rivi\u00e9re, a Moffat, en vez de solamente a Lacan. Por qu\u00e9 no traer agua para nuestro molino, practicando hasta el cansancio nuestro manifiesto antropof\u00e1gico. Poner distancia ante las modas, las teor\u00edas y discursos empaquetados, la jerga acad\u00e9mica. Esto es un registro de ideas, de anotaciones en el margen de los libros, en hojas sueltas, en la cabeza, de esas que crecen y siguen creciendo como \u00e1rboles al costado del camino, en el rumiar de todos los d\u00edas. Tiene que ser un proceso consciente, para que no nos lleve puestos. Digo que la escritura colabora, es amiga para reencontrar el tiempo, es la savia que nutre y sostiene el \u00e1rbol.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>H<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u201cYo ya no. Horacio Gonz\u00e1lez: el don de la amistad\u201d (2016), de Mar\u00eda P\u00eda L\u00f3pez, leo: \u201cQuiz\u00e1s la renuencia de Horacio de considerar sus novelas como tales surja de esa incomodidad frente a la clasificaci\u00f3n y a lo que ella establece como modelo\u201d. Sobre el \u00e9nfasis clasificatorio del nombre. Las trampas de la precisi\u00f3n del nombre. Es necesario usar con cierta cautela las palabras. La publicidad y el dise\u00f1o hacen estragos con la lengua, convierten las palabras en cosas y las cosas en una imagen chata, pobre, sin misterio. No se trata de la cl\u00e1sica confusi\u00f3n palabras-cosas, de desconocer la arbitrariedad del acto de nombrar, sino de algo peor. En \u00e9poca de redes virtuales, las palabras son tambi\u00e9n mercanc\u00eda, bienes de consumo. Es necesario entonces, desarmar las palabras, crear un lenguaje nuevo, no obedecer y en cualquier caso ser conscientes de lo que el nombre no s\u00f3lo inaugura sino tambi\u00e9n clausura, entorpece. Contra el eslogan, contra la jerga, contra la institucionalizaci\u00f3n y el mercantilismo. A prop\u00f3sito de las clasificaciones, en la \u00faltima mudanza cambi\u00e9 el criterio con el que ordenaba mi biblioteca (toda biblioteca establece un orden del mundo; ni hablemos de la CDU): \u00a1adi\u00f3s a los g\u00e9neros! (poes\u00eda, narrativa, filosof\u00eda, historia, etc). A favor de la escritura como pr\u00e1ctica plural, del acto de pensar con palabras, en contra del modelo. Aunque confieso, conservo intacta la ilusi\u00f3n de las naciones; en contra de la globalizaci\u00f3n, mi biblioteca traza fronteras, hace de los pa\u00edses mesas de caf\u00e9 en las que muertos y vivos se pasan la posta para dar continuidad a una charla.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una amistad implica tambi\u00e9n una cierta relaci\u00f3n con la ciudad. \u00bfCu\u00e1les son los modos de socializaci\u00f3n de otras \u00e9pocas, de esta misma? La ciudad, la forma en que la habitamos, puede propiciar ciertas formas de la amistad. Me gustan los libros en los que la gente camina por las calles, se encuentra con otra gente, se mete en un bar, un cine, conversa. Leyendo los \u201cDiarios de Emilio Renzi\u201d de Piglia, por ejemplo, una tiene la sensaci\u00f3n de que para encontrarse las personas ten\u00edan que salir a la calle. Lo ordeno mejor: las personas sal\u00edan a la calle s\u00f3lo o especialmente, para encontrarse con otras personas, daban vueltas hasta cruzarse. Ese hecho, aparentemente fortuito, es una constante, casi una fatalidad. Exist\u00eda una rutina de calles y bares, donde se intu\u00eda andaban lxs amigxs. El lugar de reuni\u00f3n se situaba en el espacio p\u00fablico. Se pod\u00eda estar endeudadx, pero siempre hab\u00eda un mango para el caf\u00e9 y si no, un amigx invitaba. Los grupos, las pr\u00e1cticas sociales ten\u00edan sus barrios, sus zonas para designarse a s\u00ed mismxs, como si fueran una extensi\u00f3n de la misma ciudad: Florida y Boedo, para usar un clich\u00e9. Entonces, pasaba algo: la charla, la cita m\u00e1s o menos prolongada, las peripecias de las vidas sobre el mantel, el flujo de la amistad en acci\u00f3n. Tambi\u00e9n en la calle, en andar, deambular, un modo de pensar, de pasear por las ideas sin sentido fijo aparente, hilando cosas discontinuas. O un ensimismamiento andariego, al aire, volcado hacia las cosas y las personas. En las fotograf\u00edas que miro, la gente va casi siempre abrigada. Un pensamiento a la intemperie, en movimiento, tal vez inc\u00f3modo. Sin apuro, no se iba a un lugar, sino al encuentro de algo o alguien: el destino era un trazo borroneado. La prohibici\u00f3n sobre el espacio p\u00fablico ejercida sistem\u00e1ticamente por gobiernos autoritarios y siempre anti-populares, abrieron el campo de la clandestinidad, la circulaci\u00f3n por \u00e1mbitos privados o semi-p\u00fablicos, un repliegue desobediente.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>J<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl ojo mocho\u201d era un derroche, cuenta Mar\u00eda&nbsp; P\u00eda L\u00f3pez. Hablando del exceso, la palabra derroche refiere una generosidad, es lo contrario de la palabra desperdicio, que implica una forma de desprecio, de goce sin ideas. Frente a una literatura comedida, de pocas palabras, parca, pulcra, elijo la otra, desbordante, que acumula adjetivos como adornos sobre una cabeza, no para precisar, sino por el contrario, para derramarse. Una literatura con plumas de colores, de loca de fiesta que no persigue lo lindo sino lo m\u00f3vil, lo inestable, lo vivo, una desproporci\u00f3n. El derroche es siempre un gesto alegre, una celebraci\u00f3n, una forma de la fiesta. En \u201cEl ojo mocho\u201d, una entrevista puede tener 40 p\u00e1ginas, e incluye risas, chistes, preguntas inconclusas, es una conversaci\u00f3n. El derroche est\u00e1 del lado de la vida, no del perfil museogr\u00e1fico, del monolito. Salto mentalmente a Perlongher, al neobarroso. Salto a la amistad, al encuentro, a la vida de todos los d\u00edas. Las m\u00e1quinas no saben derrochar, la IA no sabe de derroche. El c\u00e1lculo, la especializaci\u00f3n, la prolijidad en la cuenta de los debe y los haber, asfixian la imaginaci\u00f3n, el deseo y la novedad.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>K<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escritura es una forma de la acci\u00f3n, es un acto. Quien escribe (no importa qu\u00e9) es un hacedor, y tambi\u00e9n un \u201cmeditador\u201d del vivir. La escritura es un \u201carte de vivir\u201d. Quienes leemos somos como rastreadores, ese antiguo oficio campero que consist\u00eda en dar con las huellas de hombres, animales y caminos, en adivinarle a la tierra su vena invisible. En entrevista con Diego Sztulwark, Le\u00f3n Rozitchner dice: \u201csi vos no entend\u00e9s el texto como un enigma, nunca vas a entender nada\u201d. Lo que dice Josefina Ludmer, a trav\u00e9s de H\u00e9ctor Libertella, sobre la densidad urbana, el fantasma de la ciudad que todxs llevamos dentro, podr\u00eda aplicarse tambi\u00e9n a los textos. Toda escritura tiene densidad textual, fantasmas de otras escrituras, algo como un enigma. Esa comunidad de invisibilidades en cualquier escritura es lo literario. La biblioteca borgiana es una met\u00e1fora de lo mismo. Tal vez podamos abandonar la linealidad y la cronolog\u00eda, reencontrar en el salto, en la verticalidad, el balbuceo infantil de una lengua a punto de crearse. Densidad urbana, densidad textual, densidad humana, vital. Tal vez vivir sea este andar un poco locxs viendo en la cara del verdulero la nariz de una abuela, la sonrisa de Gardel, la mirada de un santito de iglesia. La experiencia como composici\u00f3n, fuga y misterio, un enigma. Leer es tambi\u00e9n una actividad medi\u00famnica, hablar con fantasmas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>L<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estamos duelando el tiempo, tal vez somos como viudxs nost\u00e1lgicxs. En Argentina no hablamos de saudade sino de nostalgia. La nostalgia tiene un componente pat\u00e9tico, de borracho trist\u00f3n, de disco rayado. El tango de Cad\u00edcamo y Cobi\u00e1n dice as\u00ed: \u201cNostalgias, de sentir su risa loca, de sentir junto a mi boca como un fuego su respiraci\u00f3n. Angustias, de sentirme abandonado, de sentir que otro a su lado, pronto pronto le hablar\u00e1 de amor. Hermano, yo no quiero rebajarme, ni pedirle, ni llorarle, ni decirle, que no puedo m\u00e1s vivir. Desde mi triste soledad ver\u00e9 caer las rosas muertas de mi juventud\u201d. Lloramos, pedimos (suplicamos), nos rebajamos, y sentimos verg\u00fcenza. \u00bfSer\u00e1 de clase media tener verg\u00fcenza? En la nostalgia, no se trata s\u00f3lo de p\u00e9rdida, sino tambi\u00e9n de ofensa: nos exilian, nos excluyen de una forma de felicidad. Con la nostalgia hay ca\u00edda en la desgracia. \u00bfEso que vemos del otro lado del vidrio, expulsadxs del adentro, qu\u00e9 es? Un cambio de eje: el espectro de la felicidad se transforma en lo real, nosotrxs en su fantasma. Lo que se muere no es una muerte. Volviendo a Ludmer, el que le dec\u00eda a Libertella que ve\u00eda \u201cdensidad urbana\u201d en Buenos Aires era un espa\u00f1ol. Lo dec\u00eda se\u00f1alando una singularidad. \u00bfAcaso en Espa\u00f1a no hay pasado? Argentina, patria de fantasmas. Tal vez ser argentino sea vivir entre fantasmas, ser un fantasma (potencial o cabalmente), y a la vez, permanecer en comunicaci\u00f3n con el m\u00e1s all\u00e1, vivir en contacto. Si la inmigraci\u00f3n invent\u00f3 la nostalgia, el mal se extendi\u00f3 desbordando la gen\u00e9tica. Est\u00e1n los fantasmas de las comunidades mascaradas que habitaron estas tierras, el recuerdo de sus sobrevivientes, los fantasmas de las guerras, de los enfrentamientos, de&nbsp; los fusilados, de los torturados en los centros clandestinos, de los desaparecidos, aparecidos como fantasmas, de los proyectos de pa\u00eds que no fueron. La nuestra es una ret\u00f3rica del fantasma.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>M<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl habilitado\u201d es una pel\u00edcula dirigida por Jorge Cedr\u00f3n, con gui\u00f3n de Cedr\u00f3n y Miguel Briante, de 1970. Cuenta la historia de cinco empleados que trabajan en el subsuelo de una casa de telas en Mar del Plata. El grupo est\u00e1 conformado por un tr\u00edo payasesco, tres cuerpos que van remplaz\u00e1ndose en la directiva de las bromas y la estupidez: se empujan, juegan, se golpean, sin tomarse nada demasiado en serio (Walter Vidarte, H\u00e9ctor Tealdi y Jos\u00e9 Mar\u00eda Guti\u00e9rrez). Del otro lado, tenemos a un espa\u00f1ol exiliado (H\u00e9ctor Alterio) que entr\u00f3 a la empresa hace 25 a\u00f1os, sumiso, con cara de derrotado, cuyo \u00fanico orgullo es el de ser un \u201chabilitado\u201d, cargo que lo ubica por encima del resto. El otro (Billy Cedr\u00f3n), es un muchacho procedente de un barrio perif\u00e9rico, un Erdosain de trazos gruesos, de actitudes miserables, movido por el resentimiento. El conflicto estalla al comienzo de la pel\u00edcula por unos sobretodos devueltos, que el patr\u00f3n decide regalarles. Hay cuatro sobretodos, que se reparten, pelea mediante, en un entrevero grotesco. Cuando el joven vuelve al hogar, la madre lo interpela asustada: primero lo acusa de haberlo robado, luego de haberse gastado el sueldo en algo tan caro, sin consideraci\u00f3n por sus mal vestidos hermanitos, finalmente, cuando el muchacho le dice que fue un regalo del jefe, la mujer contesta aliviada: \u201c\u00bfviste, viste que es bueno?\u201d. El espa\u00f1ol, ausente al momento del \u201cregalo\u201d, no recibe nada. Para burlarse, el joven le confecciona un sobretodo de papel que el tr\u00edo le coloca encima, entre risas. El espa\u00f1ol llora, los putea, y al ser descubierto en esa actitud, es despedido del trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En otra escena, Ana Mar\u00eda Piccio le propone al muchacho asistir a una fiesta. \u00c9l se niega, ella insiste. \u201cNo tengo pantal\u00f3n\u201d, exclama, mientras le muestra la tela rasgada y sucia del que lleva puesto. Luego lo vemos abrir un placard, extraer admirado un traje ajeno. Frente al espejo, se prueba el pantal\u00f3n, ajustando el cintur\u00f3n para disimular un talle demasiado grande.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo, por qu\u00e9, puede deducirse un drama de la ropa? \u201cAquel tapado de armi\u00f1o, todo forrado en lam\u00e9\u201d, cantaba Gardel. \u201cPercal, te acuerdas del percal\u201d, cantaba Charlo. \u201cMis descamisados\u201d, dec\u00eda Evita, para identificar a los trabajadores que, a diferencia de la burgues\u00eda porte\u00f1a y otra clase de pitucos, no llevaban camisa. A la luz del presente, con elevados niveles de producci\u00f3n y consumo, el acceso a la ropa no representar\u00eda un problema para ning\u00fan habitante de cualquier centro urbano. Existe una circulaci\u00f3n descomunal de ropa (ferias, locales, campa\u00f1as de donaci\u00f3n, etc), y monta\u00f1as de basura de moda flotando por el mundo. Aparentemente esto no siempre fue as\u00ed. Los signos de nuestra crisis difieren de los de crisis anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No es algo anodino, la ropa implica una perform\u00e1tica, la identidad como composici\u00f3n. Su poder de transfiguraci\u00f3n se extiende al esp\u00edritu, una actuaci\u00f3n encarnada, una fantas\u00eda con papeleta. La ropa es una forma de la condena o de la salvaci\u00f3n. Hoy, mientras caminaba por la calle, dos adolescentes que ven\u00edan delante de m\u00ed repet\u00edan, refiri\u00e9ndose a un buzo: \u201cno es de tincho, ni de villero\u201d. Como signo de una exterioridad, la ropa porta un don, el poder de una transformaci\u00f3n alqu\u00edmica. Ser y parecer. Si somos pobres, que no se note. Frente a la escasez de trajes y vestidos, la austeridad de telas baratas y de baja calidad, se levantaban en los conventillos el aseo, la pulcritud y el agua de colonia como nueva frontera. Esto lo cuenta muy bien Mar\u00eda Moreno al rememorar sus a\u00f1os de infancia, el recelo de una madre, qu\u00edmica de profesi\u00f3n, obsesionada con los g\u00e9rmenes. Ya mencion\u00e9 que en \u201cRoberto Arlt, yo mismo\u201d, Masotta se refiere al traje que lleva puesto en una foto, un traje usado confeccionado por un sastre famoso, comprado a su leg\u00edtimo propietario. Sebreli, en otro texto, alcahuetea que se trat\u00f3 de un regalo, despojando al amigo de los beneficios de la compra. Masotta describe ese traje, en contraposici\u00f3n al del padre, a quien habr\u00eda despreciado por carecer de gusto. El traje representa la posibilidad de fugarse de una clase social, de salir a otra cosa. En varios de los textos en los que Sebreli rememora sus a\u00f1os de juventud en los \u201850, describe puntillosamente c\u00f3mo \u00e9l o sus amigos iban vestidos, la actitud corporal, a quien o a quienes se parec\u00edan o quer\u00edan parecerse, como si estuviesen imposibilitados de ser ellos mismos, o como si serlo fuera una tragedia a sortear. La ropa, la pose, las actitudes, la superficie de la imagen aparece como el santo y se\u00f1a de una construcci\u00f3n identitaria, como la posibilidad de un salto. Mientras leo estos textos, pienso en una \u00e9poca, en los maniqu\u00edes de las vidrieras, en los escaparates de la calle Florida, en la construcci\u00f3n de las im\u00e1genes ic\u00f3nicas del cine, en el James Dean de \u201cRebelde sin causa\u201d o en el Humphrey Bogart del cine negro, tambi\u00e9n en \u201cla \u00f1ata contra el vidrio\u201d de Disc\u00e9polo. La preeminencia de la imagen sobre un fondo difuso, la exterioridad como drama. \u00bfUna salida facilonga del conflicto?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>N<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Le cuento a un amigo que a veces siento verg\u00fcenza por no tener guita. Me dice que le est\u00e1 pasando a todo el mundo, que no me preocupe, s\u00f3lo que nadie lo dice. Me sorprende. Paso revista a todas las declaraciones de personas que expresan prosperidad y alegr\u00eda, a\u00fan cuando est\u00e1n vendiendo un par de medias rotas. \u00bfY si estuvieran actuando? \u00bfSe dan cuenta de que est\u00e1n actuando? La crueldad de una \u00e9poca pone as\u00ed sus huevos. De pronto, me parece una obviedad: todxs tienen problemas de guita. El sujeto actual es un sujeto de consumo. La crisis econ\u00f3mica actual alcanza tales proporciones que no s\u00f3lo se trata de la dificultad o falta de acceso a aquello de lo que podr\u00edamos prescindir, sino que los derechos m\u00e1s b\u00e1sicos se han convertido en mercanc\u00eda. En la cadena del consumo, todo se consume y el mismo sujeto se transforma en objeto de consumo, se trabaja para consumir y para ser consumido. No existe pr\u00e1ctica, v\u00ednculo, actividad, que no est\u00e9n siendo atravesados por esa l\u00f3gica. En este sistema, se es sujeto de consumo o se es un paria, un desecho humano. Qu\u00e9 pasa con la guita. Se dice \u201cno hay plata\u201d, \u201cno tengo plata\u201d, de la misma manera que se dice \u201cno tengo tiempo\u201d. \u00bfSer\u00e1 que la guita no existe m\u00e1s? \u00bfQu\u00e9 es \u201cla guita\u201d si no hay guita? \u00bfQu\u00e9 significa no tener guita? Hablamos de la crisis econ\u00f3mica para explicar groseramente el contexto, pero adivino que no es de eso de lo que hay que hablar. La literatura sabe bastante de ese silencio, de rodear las complejidades del asunto, de esa verg\u00fcenza. \u00bfC\u00f3mo abordar el tema sin clausurar el pensamiento, sin coartar la posibilidad de una acci\u00f3n transformadora, c\u00f3mo saltar su tranquera? Del otro lado hay un campo desconocido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>\u00d1<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La palabra consagraci\u00f3n tiene dos acepciones: la de consagrarse, entregarse a algo, y la de haber sido consagrado por alguien, que implica un reconocimiento externo. Entre la consagraci\u00f3n a una actividad desinteresada, el inter\u00e9s por obtener cierto reconocimiento y la consideraci\u00f3n de la tarea como trabajo, anda a los tumbos la literatura. \u00bfCu\u00e1l es el valor de un libro? \u201cPeronismo imaginario\u201d era como Sebreli llamaba a su peronismo y al de sus amigxs, durante la d\u00e9cada del \u201850. La expresi\u00f3n, que podr\u00eda extenderse m\u00e1s all\u00e1, propone la idea de una militancia espiritual. Si se nos frunce el ce\u00f1o, el efecto es el esperado. \u00bfSer\u00e1 que con la literatura ni se come, ni se educa, ni se cura?&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>O<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal vez le estemos pifiando en la descripci\u00f3n y el nombre de los problemas. La desobediencia es un don al alcance de todxs. Tal vez lo mejor de nuestra historia se desarroll\u00f3 en medio de crisis y restricciones. Hicimos a pesar de, con lo que ten\u00edamos a mano. Claro, hace falta imaginaci\u00f3n. Pero, \u00bfy si la excepci\u00f3n fueran los momentos en que nuestras vidas se desplegaron en contextos de relativa comodidad? \u00bfY si el problema fuera nuestra disposici\u00f3n an\u00edmica, la forma en que nos posicionamos frente a los requerimientos de un sistema que nos mantiene ansiosxs, ocupadxs para nada, sin tiempo para todo? \u00bfY si estuvi\u00e9ramos haciendo un esfuerzo in\u00fatil por sostener una apariencia que nos arranca la vida, por no hacernos cargo de que la fantas\u00eda est\u00e1 rota? Tal vez tengamos que asumir la p\u00e9rdida y mirar inc\u00f3modamente qu\u00e9 de nosotrxs sigue sosteniendo un modo de vivir amparado en un sistema de crueldad destructivo de nuestras fuerzas vitales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Milei es la manifestaci\u00f3n burda, pat\u00e9tica, grotesca, de nuestros males. Es una caricatura, un archi-enemigo berreta. Insistir con Milei tal vez sea no hacernos cargo del problema. No me refiero a que quedar\u00e1n (siempre quedan) dando vueltas otros que piensan como \u00e9l, o a que nuevas formas de fascismo sobrevendr\u00e1n. Milei es la representaci\u00f3n cabal de nuestra \u00e9poca, y es necesario pensar de qu\u00e9 est\u00e1 hecha nuestra \u00e9poca (no voy a problematizar el t\u00e9rmino ahora), cu\u00e1nto de nuestra \u00e9poca somos tambi\u00e9n nosotrxs, nuestros h\u00e1bitos, nuestras pr\u00e1cticas, nuestros modos de sentir y pensar. Vuelvo a Le\u00f3n Rozitchner, cuando en \u201cLa izquierda sin sujeto\u201d (1966), hace menci\u00f3n al nido de v\u00edboras que reside en cada unx de nosotrxs. Adherimos a solicitadas, declaraciones p\u00fablicas, las hacemos nosotrxs mismxs con el tono de la arenga, exponiendo nuestro enojo o nuestra angustia en una performance in\u00fatil. Frente a la individuaci\u00f3n, frente al aislamiento al que somos sometidxs y sostenemos, frente a la confusi\u00f3n de cuerpos e im\u00e1genes, de experiencia sensible y realidad virtual, frente a la irrealizaci\u00f3n de la presencia, del espacio y el tiempo, frente a la preeminencia de las m\u00e1quinas, frente a lo colectivo como descarga fugaz \u00bfqu\u00e9 hacer? \u00bfC\u00f3mo abandonar la carrera?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>P<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si el tiempo muri\u00f3, el tiempo es ahora un fantasma. Si vivimos en una patria de fantasmas, por qu\u00e9 no habitar, por qu\u00e9 no crear un tiempo dentro de ese tiempo, sembrar en ese vac\u00edo, en el espectro, una semilla.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Q<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dice de Macedonio Fern\u00e1ndez que andaba siempre abrigado, que para paliar el fr\u00edo usaba diarios entre la piel y la ropa. Se dice de \u00e9l que su fr\u00edo era metaf\u00edsico. El punto de reuni\u00f3n entre las manifestaciones sensibles de un cuerpo, como otro de la voluntad y su hermana la conciencia, y las ideas, inquietudes, emociones que componen una subjetividad, es la respuesta a una pregunta no formulada, desconocida, desestimada adem\u00e1s por el psicoan\u00e1lisis (salvo cuando asume la forma del s\u00edntoma). La palabra \u201ctemblor\u201d aplicada a un impulso, al nervio de las cosas, resulta ilustrativa en la medida en que acerca la carne a una vibraci\u00f3n, a algo evanescente. Com\u00fan, comuni\u00f3n, comunicaci\u00f3n. Quisiera insistir con el cuerpo, con la preeminencia de la carne como expresi\u00f3n material de una subjetividad.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>R<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En los primeros p\u00e1rrafos de \u201cLa izquierda sin sujeto\u201d (1966), Le\u00f3n Rozitchner afirma que las izquierdas leen la revoluci\u00f3n desde el determinismo hist\u00f3rico. Se pregunta entonces qu\u00e9 pasa con las revoluciones que no son, las que no triunfan o ni siquiera asoman, a\u00fan cuando existe un conjunto de personas organizadas en pos de ese fin y un aparato te\u00f3rico que las acompa\u00f1a. \u00bfD\u00f3nde entran esas experiencias en el marco de la ley hist\u00f3rica? Frente a la revoluci\u00f3n como triunfo, un no va m\u00e1s, algo acabado y completo en s\u00ed mismo, Horacio Gonz\u00e1lez, en \u201cLa mitad de un \u00e9charpe o un canto inconcluso\u201d (1987), escribe: \u201cDe la revoluci\u00f3n nada queda. Porque la revoluci\u00f3n es, siempre,&nbsp;<em>lo que queda<\/em>\u201d. Entre ambos textos median 20 a\u00f1os, una tragedia (un trauma) y una democracia que pretend\u00eda poner punto final no s\u00f3lo a la dictadura, sino tambi\u00e9n a las militancias de los a\u00f1os \u201860 y \u201870 en Argentina, muy especialmente a aquellas que cuestionaban los usos leg\u00edtimos de la violencia, un \u201cnunca m\u00e1s\u201d revoleado para todos lados. Ese \u201cnunca m\u00e1s\u201d es un tajo en nuestra propia historia, el abismo que nos impide trazar una continuidad, no narrada sino profunda en t\u00e9rmino de nuestros imaginarios, entre quienes nacimos en los a\u00f1os \u201880 (qu\u00e9 decir de quienes nacieron en los \u201890, o ya en el nuevo siglo) y las generaciones que integraron activamente esa parte de la historia. Ese \u201cnunca m\u00e1s\u201d es la expresi\u00f3n de un trauma.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A esto tambi\u00e9n se refiere Josefina Ludmer cuando habla del pasaje de la naci\u00f3n al imperio global, y Rozitchner, cuando describe la racionalidad del sujeto destramado de su propia historicidad. En una conversaci\u00f3n con amigxs digo \u201cpensamiento nacional\u201d y me preguntan: \u201c\u00bfperonismo?\u201d. No. En el texto citado, Gonz\u00e1lez cuenta la an\u00e9cdota de una comunera de Par\u00eds, Luisa Michel, que tras haber sido deportada a una isla de Nueva Caledonia, le entrega la mitad de una banda roja de la Comuna a un sublevado canaco. Escribe Gonz\u00e1lez: \u201cNo hay otra revoluci\u00f3n que no sea la transmisi\u00f3n de un resto\u201d. \u00bfY nuestra banda roja?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>S<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Donde sea que est\u00e9n los resquicios para pensar positivamente nuestra \u00e9poca, no deben estos prescindir del latido de lo pasado, de su reverberaci\u00f3n. La novedad es siempre una respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>T<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En \u201cAqu\u00ed Am\u00e9rica Latina\u201d, Josefina Ludmer desarrolla su idea de las literaturas postaut\u00f3nomas, el signo de la literatura del nuevo siglo. Lo que est\u00e1 en juego es la autonom\u00eda literaria, y muy especialmente la distinci\u00f3n ficci\u00f3n\/realidad. Esta consideraci\u00f3n supone por un lado la ilusi\u00f3n de una implicaci\u00f3n subjetiva autoral en la escritura, algo que pudiendo seguir siendo la pura imaginaci\u00f3n, es tambi\u00e9n la pura realidad, o el modo en que la literatura elabora la realidad, la introduce, juega con ella. Se asume una subjetividad (hist\u00f3rica) en la escritura de ficci\u00f3n (tambi\u00e9n podr\u00edamos llevarlo a otros g\u00e9neros). Esta elaboraci\u00f3n tiene como contraparte cierta indistinci\u00f3n de universos o dimensiones. Como anticipaci\u00f3n de lo que vendr\u00eda despu\u00e9s, quiz\u00e1s no se trate de un asunto de escritura, sino de un problema de lectura. De ah\u00ed buena parte de las pol\u00e9micas en torno a las llamadas \u201cliteraturas del yo\u201d, y tambi\u00e9n de la confusi\u00f3n que trajo la virtualidad. Lxs lectorxs debieran ser menos cr\u00e9dulos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>U<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Frente a estas literaturas que describe Ludmer, tengo la impresi\u00f3n de que irrumpe en el escenario literario actual (desde hace menos de una d\u00e9cada), una vuelta a la ficci\u00f3n (sin \u201cyo\u201d) y al g\u00e9nero, especialmente a trav\u00e9s de la ciencia ficci\u00f3n. Si en la d\u00e9cada del \u201850, el policial se convert\u00eda en un fen\u00f3meno editorial y de lectura (vastas colecciones dedicadas al g\u00e9nero, grandes tiradas, traducciones y nuevas ficciones), no se trataba s\u00f3lo de la decantaci\u00f3n tard\u00eda del periodismo en la literatura, o de la obsesi\u00f3n por una forma pura de la ficci\u00f3n (un mecanismo narrativo), sino sobre todo de la trascendencia de su objeto: la ley. Abrocho esta circunstancia a la publicaci\u00f3n de \u201cOperaci\u00f3n Masacre\u201d (1957), de Rodolfo Walsh, y propongo tambi\u00e9n que en Walsh se cuenta la historia de una generaci\u00f3n: en los a\u00f1os \u201850, la obsesi\u00f3n por la ley era ya la prueba de una crisis, de un orden roto o a punto de romperse. El padre, depuesto. Volviendo a la actualidad, sugiero entonces que, muerto el tiempo, la lectura se orienta hacia aquellas obras que crean un tiempo (fuera del tiempo), empezando por el futuro (no lo obturado, el pasado, sino lo robado, lo sustra\u00eddo). La ciencia ficci\u00f3n est\u00e1 construyendo futuro para restablecer el presente. Al referirse al acto creativo del artista, Pichon Rivi\u00e9re afirma que la p\u00e9rdida es el origen de toda creaci\u00f3n y que es a trav\u00e9s de lo creado que el artista restituye, recompone ese algo perdido. Tal vez exista en el fen\u00f3meno algo sintom\u00e1tico social y tambi\u00e9n de intento de reparaci\u00f3n a trav\u00e9s de la literatura. Ya hace alg\u00fan tiempo Gabriela Cabez\u00f3n C\u00e1mara llamaba a lxs escritorxs a imaginar futuro, a crearlo a trav\u00e9s de la literatura.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfSeremos nost\u00e1lgicos del futuro? Mientras la ofensa nos tiene paralizadxs, nos preguntamos a qui\u00e9n hablar, para qui\u00e9n hablamos. \u201cRecuerdos del porvenir\u201d (2001) es el t\u00edtulo de una pel\u00edcula de Chris Marker sobre la fot\u00f3grafa Denise Bellon. Otras torsiones del tiempo: mirar hacia atr\u00e1s para ver hacia adelante.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>W<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Julio Molina y Vedia escribe en 1960 \u201cInvitaci\u00f3n a los amigos\u201d. Bajo el sue\u00f1o de una \u201cNueva Argentina\u201d, una comunidad ut\u00f3pica de personas liberadas, la amistad se constituye como fuerza motora. La naci\u00f3n como medida de comunidad, la comunidad como medida de amistad. El autor anarquista escribe un folleto sobre ese pa\u00eds por venir. La imaginaci\u00f3n del futuro es asimismo una invitaci\u00f3n, una solicitud alegre, la difusi\u00f3n de la buena nueva, un llamamiento a la reuni\u00f3n. Por fuera de todo c\u00e1lculo, especulaci\u00f3n, por fuera de toda l\u00f3gica de consumo, la amistad funda un escenario social de solidaridad, cuidado mutuo, pasiones desplegadas, libertad compartida. El sujeto al que convoca es un artista, en el sentido amplio del t\u00e9rmino: creador de vida, persona de fe (un movimiento entusiasta hacia lo desconocido). Molina y Vedia vivi\u00f3 99 a\u00f1os, se dice que siendo un solitario, nunca dej\u00f3 de buscar esxs amigxs que hicieran posible la tarea no ya de un nuevo pa\u00eds sino de una nueva vida (la vida intensa).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>X<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo vivir? Esa ser\u00eda la cuesti\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Y<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Escribo este abecedario in\u00fatil y arbitrario con la sombra de una queja como espada de Damocles. Tal vez me cay\u00f3 encima y es responsable de todo este desparrame (despilfarro y despiplume, para saludar a&nbsp; N\u00e9stor Perlongher). Hago un gran esfuerzo para ensayar nuestro presente sin ponerme sentenciosa, ni caer en los estereotipos que pretenden dar respuesta a todo. Si el abecedario termina, si el libro se cierra, las preguntas contin\u00faan abiertas, son tambi\u00e9n una invitaci\u00f3n a lxs amigxs, para que haya conversaci\u00f3n, movimiento, vida con el texto. Adem\u00e1s de perpleja, como muchxs, me siento desanimada. No estoy fuera de lo que escribo, ni de la voluntad que me empuja a este esperpento.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Z<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ricardo Piglia dec\u00eda que si la literatura no hubiera estado ya inventada, no hubi\u00e9ramos sido capaces siquiera de imaginarla. \u00bfExiste cosa m\u00e1s gratuita y arbitraria que escribir literatura? \u00bfQu\u00e9 extra\u00f1o m\u00f3vil nos mantiene horas y horas con el culo en la silla, de cara a una pantalla o un cuaderno, elaborando ideas, creando personajes, meditando cada palabra, cada frase, corrigiendo hasta el cansancio, sin que nadie nos mire, ni nos anime, y todav\u00eda menos a\u00fan nos pague? \u00bfQu\u00e9 raro impulso nos mantiene agarrados de la cabeza a esta actividad solitaria, obsesiva, terca, a espaldas de un mundo que prescinde de nosotrxs? La literatura, adivino, cada vez m\u00e1s se parece a una secta. A lxs que se nos caen los pelos pensando en todo esto, estamos m\u00e1s cerca de la filatelia, de la taba o el juego de bochas, que de tik tok. Para qui\u00e9n hablamos, qui\u00e9n nos escucha. Esto no pretende ser un lamento sino tan s\u00f3lo una apreciaci\u00f3n con la que lidiar. La literatura no tiene valor en el sistema de valores actual, o si lo tiene, est\u00e1 muy por fuera de ese sistema. Por lo mismo, para nosotrxs, representa un mundo habitable, posible. A\u00fan as\u00ed.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Tamara Rutinelli<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fotograf\u00eda de Richard Kalvar<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00bfC\u00f3mo hacer para que lo que cada uno de nosotros asimila de esta realidad cultural nos hable, nos&nbsp;forme, nos prepare como hombres incompatibles con esta realidad&nbsp;misma que sin embargo nos constituye? 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