{"id":6735,"date":"2026-06-24T16:03:35","date_gmt":"2026-06-24T19:03:35","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6735"},"modified":"2026-06-24T16:04:36","modified_gmt":"2026-06-24T19:04:36","slug":"la-caida-del-caballo-una-idea-sobre-estampas-de-ocasion-de-r-a-cuello-por-rodolfo-reyes-macaya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/06\/24\/la-caida-del-caballo-una-idea-sobre-estampas-de-ocasion-de-r-a-cuello-por-rodolfo-reyes-macaya\/","title":{"rendered":"La ca\u00edda del caballo: una idea sobre Estampas de ocasi\u00f3n de R.A. Cuello \u2013 Por Rodolfo Reyes Macaya"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Alguna vez particip\u00e9 en una mudanza en la que Ra\u00fal Cuello se trasladaba desde el Abasto hasta Parque Patricios. Tuve que integrar una cadena humana para mover su biblioteca, que ya en ese entonces crec\u00eda a una velocidad preocupante. Esa experiencia me dio una dimensi\u00f3n f\u00edsica, con dolor de espalda incluido, de lo que significa ser lector de la manera en que lo es Ra\u00fal.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Agradezco a Libros Tadeys por este libro y a Ra\u00fal por la invitaci\u00f3n. Lo que propongo aqu\u00ed es una clave de lectura para <em>Estampas de ocasi\u00f3n<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es un libro lateral, de ensayos, semblanzas, impresiones, experiencias solidificadas en textos que hablan de autores y sus libros, pero sobre todo de lo que esa lectura le hizo a quien la vivi\u00f3. La voz que nos gu\u00eda por sus p\u00e1ginas es la de Ra\u00fal Cuello, en\u00f3logo cuyano e investigador del INTA en Buenos Aires. Hay algo en ese perfil, el hombre que trabaja con fermentaciones, que observa en un laboratorio lo que el tiempo hace a las cosas, que se filtra en el modo en que lee. La convicci\u00f3n de que ciertas transformaciones no se ven mientras ocurren.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El libro dibuja constelaciones de autores. El <em>name dropping<\/em> puede aturdir o deslumbrar seg\u00fan el temple del lector, pero los enunciados se concatenan en un ritmo que termina siendo prodigioso. Es un canon personal, una historia sentimental de la literatura argentina y de sus derivas francesas, en la que toda obra aparece indisociable de su autor. Sin embargo, la figura del autor importa menos como biograf\u00eda que como voz. Y aunque hay un inter\u00e9s formalista de fondo, en \u00faltima instancia es otra cosa la que impera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me he preguntado qu\u00e9 principio le permite a este libro avanzar sin dudar. La respuesta que encontr\u00e9 no es una cosmovisi\u00f3n sino algo m\u00e1s preciso, una peque\u00f1a mitolog\u00eda literaria argentina. Y a Ra\u00fal Cuello lo ver\u00eda como el mit\u00f3grafo de esa tradici\u00f3n que cultiva la sutileza, la intelecci\u00f3n, lo singular, siempre lo contrario de la Ciencia en su b\u00fasqueda de generalidades.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La cuesti\u00f3n podr\u00eda parecer visual: la \u00e9cfrasis, las referencias a la historia del arte, el t\u00edtulo mismo. <em>Estampa<\/em> es un g\u00e9nero menor dentro de la tradici\u00f3n art\u00edstica; <em>fresco<\/em>, en cambio, uno de los centrales de la revoluci\u00f3n pict\u00f3rica del Renacimiento toscano. Pero esos caminos, aunque seductores, no llegan a la m\u00e9dula del libro. Tampoco es la cr\u00edtica impresionista que cierta tradici\u00f3n metodol\u00f3gica quiso enterrar, la que mezclaba obra y autor sin rigor conceptual. Lo de Cuello es otra cosa. Una cr\u00edtica atravesada por la experiencia de la conversi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">B\u00fasqueda de los orfebres, de los delicados, peque\u00f1o compendio de obsesiones movilizado por la pulsi\u00f3n del coleccionista y el fervor del converso. La experiencia de la literatura como una ca\u00edda del caballo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me refiero a aquella escena en la que Saulo de Tarso, mucho antes de ser San Pablo, cae del caballo en el camino a Damasco. Saulo persigue al cristianismo como si fuera una plaga y en mitad del camino cae, ve a Dios, y a partir de esa ca\u00edda toda su vida se reconfigura: las pasiones purgadas, las vilezas esfumadas, la ligereza que precipita una vida nueva. Caravaggio lo pint\u00f3 mejor que nadie.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En el libro, Ra\u00fal anota, despu\u00e9s de haber le\u00eddo un texto en particular, que &#8220;nada volvi\u00f3 a ser igual&#8221;, y que le fue regalado el don de &#8220;seguir buscando, libro tras libro, el sagrado encuentro con la palabra escrita, un gusto reservado a aquellos lectores que se saben impenitentes.&#8221; En otros pasajes dice que se propuso registrar las obras que significaron algo verdaderamente importante para esa &#8220;cosmovisi\u00f3n afectiva que propicia la lectura misma y que toma la forma de una huella, si no indeleble, al menos trascendente, ya que desde el momento en que una obra entra en nuestra vida, nunca volvemos a ser los mismos: algo se trastoca o rompe cuando asistimos al encuentro de lo maravilloso.&#8221;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo el compendio est\u00e1 atravesado por esa b\u00fasqueda de lo que Ra\u00fal llama sagrado, ct\u00f3nico, algo que parece no ser de este mundo pero que s\u00ed lo es, o al menos que puede verse en el encuentro con ciertos libros, con unos pocos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras San Pablo, la literatura argentina invent\u00f3 su propia parodia de la ca\u00edda, que hoy parece fundacional. Isidoro Funes, el uruguayo de Fray Bentos que queda postrado despu\u00e9s de caerse de un caballo. El golpe lo deja maltrecho y al mismo tiempo le despierta una capacidad sobrehumana: puede memorizar un pasaje entero en lat\u00edn sin haber estudiado lenguas, puede memorizar el color de cada hoja de un \u00e1rbol en un d\u00eda de verano, todas las hojas, sin excepci\u00f3n. Pero no puede razonar, porque razonar supone abstraer, universalizar, y para Funes todo es particular.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ra\u00fal dice que ese relato lo parti\u00f3 en dos. Borges fue para \u00e9l tambi\u00e9n una ca\u00edda del caballo, una conversi\u00f3n. La experiencia literaria opera en el libro como una revelaci\u00f3n que se replica al infinito mediante la b\u00fasqueda, una serie de jinetes que caen y se convierten, como si de un abismo en espejo se tratara.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Y es literatura argentina. La restricci\u00f3n del elemento nacional no es menor, la cuesti\u00f3n del caballo parece paradigm\u00e1tica. Pensemos en Saer: en <em>Nadie, nada, nunca<\/em>, la dictadura aparece como un loco que mata caballos, como si destruir esos animales fuera destruir algo que el lenguaje no sabe nombrar de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa recurrencia menos un rasgo identitario que una se\u00f1al. Cuando Ra\u00fal dice &#8220;argentino&#8221; se refiere a individuos que pueden venir desde los barcos o desde el centro de la tierra. Si no fuera por la singularidad de los nombres propios, la mayor\u00eda de ellos ver\u00eddicos, uno podr\u00eda reemplazar &#8220;literatura argentina&#8221; por &#8220;literatura rumana&#8221; y la diferencia ser\u00eda solo sutil. La cuesti\u00f3n es la b\u00fasqueda de lo trascendente en un mundo saturado de libros que no llevan a ninguna parte, para hallar, entre todos ellos, los pasajes que suspenden el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tal b\u00fasqueda tiene sus propias met\u00e1foras. Kafka dec\u00eda en una carta que la literatura deber\u00eda ser como un rompehielos que quiebre el mar helado que llevamos dentro. Cuello busca la grieta por donde se cuela la luz.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero hay otra figura del jinete, la del que no cae porque aprendi\u00f3 a borrar las sombras. El caballo que le traen a Alejandro es feroz e indomable. Nadie puede montarlo. Tira al suelo a cualquiera que lo intente y se regodea en eso. Pide que le den la oportunidad, aunque es todav\u00eda un ni\u00f1o, y los adultos que lo rodean se r\u00eden. Pero ha visto algo que los otros no vieron: el animal tiene miedo de su propia sombra. Entonces lo toma suavemente de las riendas y lo gira hacia el sol, hacia Oriente. El caballo queda ciego de luz. Alejandro cree que no caer\u00e1. Con esa certeza construy\u00f3 el imperio m\u00e1s grande de la antig\u00fcedad y a su muerte se deshizo en pedazos. Hay quienes prefieren caer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Rodolfo Reyes Macaya<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Obra de portada: <em>Caravaggio. Conversi\u00f3n en el Camino a Damasco (1601). \u00d3leo sobre tela. Capilla Cerasi, Santa Mar\u00eda del Popolo, Roma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre:<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-8f761849 wp-block-group-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"510\" height=\"750\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Captura-de-pantalla-2026-06-24-a-las-4.00.30-p.-m.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-6736\" style=\"aspect-ratio:0.6800289785076069;width:205px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Captura-de-pantalla-2026-06-24-a-las-4.00.30-p.-m.png 510w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/Captura-de-pantalla-2026-06-24-a-las-4.00.30-p.-m-204x300.png 204w\" sizes=\"auto, (max-width: 510px) 100vw, 510px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estampas de ocasi\u00f3n<br>Ra\u00fal Andr\u00e9s Cuello<br>Libros Tadeys<br>2025<\/p>\n<\/div>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alguna vez particip\u00e9 en una mudanza en la que Ra\u00fal Cuello se trasladaba desde el Abasto hasta Parque Patricios. Tuve que integrar una cadena humana para mover su biblioteca, que ya en ese entonces crec\u00eda a una velocidad preocupante. Esa experiencia me dio una dimensi\u00f3n f\u00edsica, con dolor de espalda incluido, de lo que significa [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":128,"featured_media":6737,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[443],"tags":[],"class_list":["post-6735","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6735","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/128"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6735"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6735\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6738,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6735\/revisions\/6738"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6737"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6735"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6735"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6735"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}