{"id":6686,"date":"2026-06-10T17:06:16","date_gmt":"2026-06-10T20:06:16","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6686"},"modified":"2026-06-10T17:11:09","modified_gmt":"2026-06-10T20:11:09","slug":"la-seduccion-de-la-infamia-joseph-roth-y-la-sonrisa-del-mundo-por-sasha-hilas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/06\/10\/la-seduccion-de-la-infamia-joseph-roth-y-la-sonrisa-del-mundo-por-sasha-hilas\/","title":{"rendered":"La seducci\u00f3n de la infamia: Joseph Roth y la sonrisa del mundo \u2013 Por Sasha Hilas"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Joseph Roth siempre fue un personaje dif\u00edcil de tragar. A pesar de haber sido uno de los cronistas mejor pagados y m\u00e1s talentosos de la d\u00e9cada de 1920; de su iron\u00eda mordaz y un alem\u00e1n marcado por el ritmo gramatical de su idish materno que le daban una voz \u00fanica; y de que sus art\u00edculos denunciaran la hipocres\u00eda de Alemania y Austria respecto de la Primera Guerra Mundial\u2026 era alcoh\u00f3lico, mit\u00f3mano, agrandado, despilfarrador y contradictorio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El fil\u00f3sofo berlin\u00e9s Walter Benjamin rescata a la perfecci\u00f3n un retrato de Roth en una anotaci\u00f3n de su diario de Mosc\u00fa, cuando se encontr\u00f3 con \u00e9l el 16 de diciembre de 1926, en un hotel de lujo: Da la impresi\u00f3n de que Roth vive a lo grande [\u2026]. Despu\u00e9s de su lectura, mantuvimos una charla en la que lo forc\u00e9 a mostrar sus cartas. El resultado se puede resumir en pocas palabras: lleg\u00f3 a Rusia siendo un bolchevique declarado (casi) y se va hecho un mon\u00e1rquico\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese era Roth: contradictorio hasta el extremo, pero con un magnetismo innegable. Vivi\u00f3 sobre todo en hoteles y persigui\u00f3 con avidez la diversidad cultural, movi\u00e9ndose entre Viena, Berl\u00edn y, finalmente, Par\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">I.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Nadie sabe con certeza d\u00f3nde naci\u00f3. Fue en la provincia austr\u00edaca de Galitzia, posiblemente en Brody, aunque \u00e9l mismo lo negaba: siempre quiso \u2014y sostuvo\u2014 haber nacido en Schwabendorf. Sin embargo, esa tierra natal sigui\u00f3 habitando su memoria, y volvi\u00f3 a ella en cuentos y novelas. Sufri\u00f3 los pogromos rusos y se enlist\u00f3 en el ej\u00e9rcito austroh\u00fangaro durante la Primera Guerra Mundial. Roth sol\u00eda relatar haza\u00f1as en el frente, aunque es probable que ninguna le hubiera ocurrido en persona. De las trincheras trajo, eso s\u00ed, una serie de cr\u00f3nicas que lo situaron r\u00e1pidamente a la cabeza del periodismo alem\u00e1n en el <em>Frankfurter Zeitung<\/em>. Lo \u00fanico seguro es que regres\u00f3 de la guerra sin nacionalidad: el Imperio austroh\u00fangaro hab\u00eda desaparecido. Y esa condici\u00f3n de ap\u00e1trida lo acompa\u00f1ar\u00eda en el coraz\u00f3n hasta el final de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las historias sobre su origen y juventud son muchas, y casi todas las invent\u00f3 Roth: era un mentiroso empedernido. Una cosa, sin embargo, es cierta: sus \u00fanicos hogares fueron el Imperio austroh\u00fangaro y el Hotel Foyot de Par\u00eds. Por el primero abandon\u00f3 el comunismo y se volvi\u00f3 militante del partido mon\u00e1rquico austr\u00edaco; en el segundo hizo su nido cuando Alemania anex\u00f3 Austria y comenzaron las pol\u00edticas antisemitas del Tercer Reich. Se convirti\u00f3 al catolicismo, aunque nunca se alej\u00f3 de su rabino, y en su obra elev\u00f3 un elogio a los jud\u00edos orientales, con quienes hab\u00eda crecido y de los que \u00e9l mismo era un representante ejemplar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuenta la leyenda que, en 1937, Joseph Roth fue el \u00faltimo en abandonar el Hotel Foyot, su hogar durante a\u00f1os. Incluso el personal lo hab\u00eda dejado antes que \u00e9l. Pas\u00f3 los dos \u00faltimos d\u00edas en su peque\u00f1o cuarto del segundo piso, encerrado, escribiendo sin descanso. Solo sali\u00f3 cuando comenzaron a demoler el techo. Se mud\u00f3 entonces al caf\u00e9-hotel de enfrente \u2013el Caf\u00e9 Tournon\u2013 y desde all\u00ed contempl\u00f3 c\u00f3mo su \u00faltimo refugio se desmoronaba hasta quedar en ruinas. Como un fantasma todav\u00eda ligado a un hogar perdido, Roth permaneci\u00f3 en ese nuevo hotel, separado apenas por una calle del Foyot desaparecido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">II.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su orgullo de jud\u00edo oriental se percibe no solo en el protagonismo que otorga a estos personajes en sus relatos, sino tambi\u00e9n en el desprecio que destila hacia \u201clo occidental\u201d. En Paseo (1921), Roth se enfurece con el uso que la burgues\u00eda hace de la naturaleza y sentencia: \u201cNo entiendo a las personas que pasean para disfrutar de la naturaleza. El bosque no es un caf\u00e9. La \u2018recreaci\u00f3n\u2019 no es una necesidad, si es el objetivo expreso del excursionista. La \u2018naturaleza\u2019 no es un conjunto de instalaciones\u201d. M\u00e1s adelante, afina todav\u00eda m\u00e1s esas observaciones:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl europeo occidental sale a la \u201cnaturaleza\u201d como si fuera a una fiesta de disfraces. Tiene una relaci\u00f3n con la naturaleza mediada por la chaqueta de pa\u00f1o tirol\u00e9s. Vi excursionistas que eran contadores. No necesitaban bastones. El suelo es tan plano y liso que una pluma estilogr\u00e1fica les habr\u00eda servido igual de bien. Pero el ser humano no ve el suelo llano y liso. Ve \u201cnaturaleza\u201d. Si saliera a navegar, probablemente se pondr\u00eda el traje de lino blanco que hered\u00f3 de su abuelo, que tambi\u00e9n era marinero de fin de semana. No tiene o\u00eddos para el batir de una ola y no sabe que el estallido de una burbuja es algo significativo. El d\u00eda en que la naturaleza se convierta en un lugar de esparcimiento ser\u00e1 el fin\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin adornos, as\u00ed es la pluma de Joseph Roth. En el Caf\u00e9 Tournon, su mesa era oficina y estudio, donde escrib\u00eda y recib\u00eda visitas hasta la madrugada. Entre el bullicio y el alcohol encontraba claridad, y tal vez por eso sus escenarios son estaciones, calles, caf\u00e9s, mercados, campamentos, hoteles y pueblos fronterizos: espacios de cruce, circulaci\u00f3n y convivencia entre clases, patrias e idiosincrasias. Pero en ellos tambi\u00e9n late la falta de sentido, esa misma que \u00e9l cargaba y que impregn\u00f3 toda su obra.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A trav\u00e9s de Franz Tunda (<em>La fuga sin fin<\/em>), Roth ironiza sobre el intento burgu\u00e9s de resguardar lo que llaman \u201ccultura europea\u201d, una noci\u00f3n vac\u00eda usada para dar un \u00faltimo sentido a un mundo occidental que, como Cenicienta pasada la medianoche, revela su verdadera y abrumadora faz. Con Mendel Singer (<em>Job<\/em>) y Andreas Pum (<em>La rebeli\u00f3n<\/em>) se enfrenta, en cambio, a la falsedad de un proyecto divino superior frente a la desolaci\u00f3n de la guerra y el despojo que carcome sus vidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A mi juicio, la crisis de sentido que denuncia Roth va de la mano con una atenci\u00f3n particular a los vencidos de la historia. Su trabajo como cronista es intachable en este sentido, y su labor como escritor no se queda atr\u00e1s. Los ejemplos abundan, pero elijo uno que me gusta especialmente. En \u201cLa sonrisa del mundo\u201d propone una fantas\u00eda curiosa: un habitante de Marte se suscribe a una revista ilustrada berlinesa para informarse sobre la situaci\u00f3n de la Tierra; all\u00ed concluye:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEl hambre se comprende desde la perspectiva del comit\u00e9 de beneficencia, y el fr\u00edo, desde el recuerdo del rico de una visita a parientes que no ten\u00edan calefacci\u00f3n. Los mendigos inv\u00e1lidos simulan tara y pobreza ex profeso para los fot\u00f3grafos de las siempre guap\u00edsimas revistas ilustradas. El mundo es un objeto de ilustraci\u00f3n [\u2026] El querido lector marciano se asombra del rinc\u00f3n humor\u00edstico que en veinte p\u00e1ginas escasas abarca toda la desolaci\u00f3n del planeta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">III.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con una perspicacia cercana a la de Walter Benjamin, Roth vio que en un clima de indiferencia ante la violencia nazi, donde se expulsaba a escritores y se quemaban sus libros, el paso siguiente ser\u00eda quemar personas. Aunque no pod\u00eda prever el curso de la historia hay que decir que no se equivocaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mi fotograf\u00eda favorita de Roth lo muestra junto a su buen amigo y benefactor Stefan Zweig. Roth mira a la c\u00e1mara, mientras Zweig lo observa con la ternura de viejos amigos. Roth jam\u00e1s entendi\u00f3 qu\u00e9 le vio Zweig a \u00e9l, un vicioso y pesimista jud\u00edo del este europeo: \u201cser amigo m\u00edo es funesto\u201d, le dijo en una ocasi\u00f3n. Si alguien intent\u00f3 salvarlo de s\u00ed mismo, fue Zweig, quien, consciente de que la ansiedad y el alcohol consum\u00edan a su amigo, le ofreci\u00f3 en innumerables ocasiones costearle una cura de desintoxicaci\u00f3n. Roth las rechaz\u00f3 todas: le deb\u00eda a la bebida sus mejores novelas. Y a su alcoholismo le dedic\u00f3 uno de sus \u00faltimos escritos, tan brillante como testimonial: <em>La leyenda del santo bebedor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin saberlo, all\u00ed hab\u00eda escrito su propio epitafio. Cuando Andreas \u2013protagonista de <em>La leyenda del santo bebedor<\/em>\u2013 atraviesa sus \u00faltimos momentos en una capilla, entre la realidad y el m\u00e1s all\u00e1, cree tener delante a Santa Teresa. Le entrega el dinero que hab\u00eda reservado para ella y exhala su \u00faltimo suspiro: \u201c\u00a1Que Dios conceda a todos nosotros, bebedores y bebedoras, una muerte tan f\u00e1cil y hermosa!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muri\u00f3 en Par\u00eds en 1939, poco antes de que los nazis tomaran Francia. En su funeral se reunieron cat\u00f3licos mon\u00e1rquicos, jud\u00edos, comunistas e intelectuales laicos: un cortejo tan contradictorio y plural como su propia vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si bien la amistad entre ambos estaba marcada por notorias asimetr\u00edas \u2013sobre todo econ\u00f3micas y profesionales: Zweig era un novelista reconocido y de buen pasar, mientras que Roth perd\u00eda prestigio, acumulaba deudas y atravesaba penurias\u2013, Roth ofrec\u00eda a su amigo un acompa\u00f1amiento intelectual y an\u00edmico complejo. En sus contradicciones supo ver, como pocos, el peligro del asimilacionismo jud\u00edo y del sionismo, as\u00ed como la paulatina p\u00e9rdida de heterogeneidad cultural provocada por el auge de los nacionalismos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1933 Roth le escrib\u00eda palabras de aliento frente a un futuro incierto que se abr\u00eda para Europa luego del ascenso del nazismo. Tras exponer disparatadas predicciones sobre el retorno de los Habsburgo y su imperio perdido, cierra la carta gui\u00f1ando el ojo: \u201cpor supuesto, la verdadera patria es la amistad\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Por Sasha Hilas<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Joseph Roth siempre fue un personaje dif\u00edcil de tragar. 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