{"id":6683,"date":"2026-06-08T17:17:37","date_gmt":"2026-06-08T20:17:37","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6683"},"modified":"2026-06-08T17:22:51","modified_gmt":"2026-06-08T20:22:51","slug":"emisiones-radiales-por-sergio-lopez-recabarren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/06\/08\/emisiones-radiales-por-sergio-lopez-recabarren\/","title":{"rendered":"Emisiones radiales \u2013 Por Sergio L\u00f3pez Recabarren"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\"><em>\u201cParecido a una frecuencia, a una <\/em><em><br><\/em><em>est\u00e1tica, al ruido rosa de la radio.\u201d&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right wp-block-paragraph\">John Burnside&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Sinapsis arb\u00f3rea&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El <em>Cupressus Serperviresns,<\/em> mejor conocido como Cipr\u00e9s, es un \u00e1rbol nativo del mediterr\u00e1neo oriental. Su tronco puede alcanzar entre los treinta y veinte metros de altura, y un di\u00e1metro parecido a un neum\u00e1tico de cami\u00f3n. Es habitual verlos en el Parque Metropolitano, perfumando con su aroma los pulmones de quien camina por el sendero.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pese a su imponente altura, su desarrollo bajo tierra es lo que llama mi atenci\u00f3n. Es un saber conocido que los \u00e1rboles se comunican entre s\u00ed a trav\u00e9s de sus ra\u00edces. Y en el caso de \u00e1rboles cuya altura roza edificios, lo que ocultan bajo el pasto debe ser enorme. Si el ser humano tiene m\u00e1s o menos 100.000 km de vasos sangu\u00edneos dentro de su cuerpo, no ser\u00eda raro que un \u00e1rbol de dos mil a\u00f1os tenga una conexi\u00f3n de miles de kil\u00f3metros con sus cong\u00e9neres. Para Enrique Garc\u00eda G\u00f3mez, los bosques son un sistema complejo, que se mantiene vivo hace milenios gracias a la evoluci\u00f3n en el lenguaje de la <em>flora<\/em>.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A trav\u00e9s de un lenguaje el\u00e9ctrico, parecido a la sinapsis, los \u00e1rboles son capaces de enviarse informaci\u00f3n relevante para su subsistencia. Se podr\u00eda decir que nuestro proceso para traspasar la informaci\u00f3n de una neurona a otra desciende de este lenguaje arb\u00f3reo, el cual replicamos mediante los medios electr\u00f3nicos que nos conectan como el bosque.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La U jug\u00f3 contra Flamengo por los cuartos de final de la Copa Libertadores. El partido lo transmiti\u00f3 Fox Sports, pero como a mi mam\u00e1 no le gusta el f\u00fatbol tuve que verlo en el computador. Esa noche mi primo se qued\u00f3 con nosotros, y como \u00e9l era mayor me pareci\u00f3 bien su idea de escucharlo por la radio porque \u201ces m\u00e1s entretenido\u201d. La U perdi\u00f3 de local, pero Montillo hizo un golazo, picando la pelota por arriba del arquero. No lo vi, pero lo escuch\u00e9. Me pareci\u00f3 alucinante la forma de gritar del <em>Trovador<\/em>, como si el gol lo hubiera hecho su hijo. No entend\u00eda nada, pero ve\u00eda en mi pieza el azul y rojo de la U y a mi primo sonre\u00edr junto al velador. Fuimos a comer al Chilenazo, y mi primo dijo que pese a haber perdido, hab\u00edamos pasado a la semifinal, por lo que experiment\u00e9 el triunfo con la lengua. La carne sangrando en mi boca, y la pileta dentro del restor\u00e1n, con sus baldosas lapisl\u00e1zuli, ha sido mi experiencia m\u00e1s cercana con la sinestesia de la que habl\u00f3 Rimbaud.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El puerto es un fest\u00edn de ruidos. Gritos en diferentes tipos de espa\u00f1ol, cumbia y diversos olores. Ante el aviso de desembarque, las gaviotas se pierden en el hilo negro que parte el cielo en dos. Uno se pregunta qu\u00e9 traen estos barcos, si acaso vienen radios, tel\u00e9fonos, botellas de sake, mirin, l\u00e1mparas o frazadas. Atraviesan el mar en cuarenta d\u00edas, llegan a tierra y alborotan la cumbia villera que rebota en las paredes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Barthes \u201c<em>el lenguaje es una piel: yo froto mi lenguaje contra el otro. Es como si tuviera palabras a guisa de dedos, o dedos en la punta de mis palabras. [\u2026] por otra parte, envuelvo al otro en mis palabras, lo acaricio, lo mimo, converso acerca de estos mimos, me desvivo por hacer durar el comentario al que someto la relaci\u00f3n\u201d.&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin mover los labios, A extiende su voz en el o\u00eddo de B. Con sus ojos y postura corporal, se dicen cosas encriptadas para el resto. Acaso una invitaci\u00f3n a tomar algo o a cortar la maleza del jard\u00edn, incluso puede ser un insulto pronunciado con cari\u00f1o.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que no se ve pero existe, es parecido a la grabaci\u00f3n de unas vacaciones en Puerto Montt. Sabes que la lluvia <em>est\u00e1 ah\u00ed,<\/em> pero no la ves, solo la escuchas. Lo mismo pasa con las palabras, no las ves, pero se escuchan en la mirada.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ondas electromagn\u00e9ticas viajan a trav\u00e9s del espacio. Contienen informaci\u00f3n relevante para evitar una guerra, o quiz\u00e1s una melod\u00eda que se esparce entre la juventud como el deseo de probar el alcohol por primera vez. Su textura, casi et\u00e9rea, hace imposible sentir la suavidad o aspereza de su piel. Aunque, para algunos o\u00eddos, la alerta de temporal puede despertar una angustia no comprensible para aquel que sue\u00f1a con la lluvia. Una mediagua construida con lo justo no es rival para ese tipo de inclemencias, entiende el que duerme en una cama de dos plazas, pensando en que sus camelias se hidratar\u00e1n con el sudor de las nubes. Textura de lija o cubrecama, depende del o\u00eddo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para John Cage, el sonido estaba muy manoseado, y faltaba explorar el silencio. En su 4\u00b433\u201d, intent\u00f3 demostrar que en el mutismo hab\u00eda m\u00fasica.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Puede que, si nos callamos por algunos minutos, encontremos una m\u00fasica interna que relaje o irrite nuestro temple. Puede que, como el tibur\u00f3n martillo, sintamos a ras de suelo la vibraci\u00f3n de los polos magn\u00e9ticos, el vibrar que se esconde tras las cosas. La mesa, la botella, la guitarra que descansa sobre la cama, todo puede tener <em>algo que decir<\/em>. Quiz\u00e1s eso es la meditaci\u00f3n, cerrar la boca y ojos, y captar las melod\u00edas del ambiente, con la forma de pensamientos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace poco, descubr\u00ed en las redes un m\u00fasico que se dedica a \u201cmostrar\u201d, a trav\u00e9s de un sintetizador, la melod\u00eda de frutas y verduras. Del silencio amargo de un lim\u00f3n emana una melod\u00eda desparramada, un techno \u00e1cido, con una pizca de az\u00facar rubia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center wp-block-paragraph\">***<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo recuerdo lamiendo damascos reventados en el pasto, con su cola de cinco cent\u00edmetros movi\u00e9ndose al ritmo de un parabrisas. El aroma de la carne siempre fue su punto d\u00e9bil, aquello por lo que dejaba de escuchar nuestro llamado y obedec\u00eda su instinto m\u00e1s puro. Ese d\u00eda en el parque, cuando sali\u00f3 a la siga de los queltehues, se ve\u00eda feliz, corriendo por el pasto, con la lengua afuera, revolc\u00e1ndose en el barro para despu\u00e9s llegar al auto con las patas negras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">John Burnside escribe:<em> Los muertos que en su d\u00eda nombramos y enterramos rompen, como olas, sobre hojas y arena, sobre troncos y hierros oxidados.&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su nombre resuena en los o\u00eddos de quien lo acarici\u00f3, aunque su aliento, a veces, espantara. Veo sus orejas, erguidas ante mi llamado, cada vez que me siento bajo el damasco y toco la pulpa que dej\u00f3 esparcida para m\u00ed.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por <strong>Sergio L\u00f3pez Recabarren<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fotograf\u00eda de Harry Gruyaert<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cParecido a una frecuencia, a una est\u00e1tica, al ruido rosa de la radio.\u201d&nbsp; John Burnside&nbsp; Sinapsis arb\u00f3rea&nbsp; El Cupressus Serperviresns, mejor conocido como Cipr\u00e9s, es un \u00e1rbol nativo del mediterr\u00e1neo oriental. Su tronco puede alcanzar entre los treinta y veinte metros de altura, y un di\u00e1metro parecido a un neum\u00e1tico de cami\u00f3n. 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