{"id":6654,"date":"2026-05-29T15:39:55","date_gmt":"2026-05-29T18:39:55","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6654"},"modified":"2026-05-29T15:39:56","modified_gmt":"2026-05-29T18:39:56","slug":"las-luces-primeras-sobre-hasta-aca-llegaba-el-mar-de-rodrigo-vergara-por-miguel-angel-gutierrez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/05\/29\/las-luces-primeras-sobre-hasta-aca-llegaba-el-mar-de-rodrigo-vergara-por-miguel-angel-gutierrez\/","title":{"rendered":"Las luces primeras: sobre Hasta ac\u00e1 llegaba el mar de Rodrigo Vergara \u2013 Por Miguel Angel Guti\u00e9rrez"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lugar com\u00fan si lo hay: invocar a Roland Barthes para escribir, quiz\u00e1s referenciar dir\u00eda el franc\u00e9s, a la fotograf\u00eda. En su <em>C\u00e1mara l\u00facida<\/em> Barthes se detiene en una fotograf\u00eda de su madre (siempre su madre), la denomina <em>la foto del invernadero<\/em> y desde all\u00ed establece gran parte de sus postulados sobre la fotograf\u00eda como arte, que es probablemente lo que menos interesa para estos casos. Aquella foto de su madre, que Barthes, seg\u00fan recuerdo, conoce d\u00edas antes de que ella muera, es para \u00e9l un fen\u00f3meno casi inabarcable \u2013tanto que Barthes se reh\u00fasa a mostrarnos la fotograf\u00eda\u2013 en cuanto re\u00fane elementos afectivos, hist\u00f3ricos y art\u00edsticos. Su madre est\u00e1 justamente <em>apag\u00e1ndose<\/em>, perdiendo su luz, y el azar \u2013o la investigaci\u00f3n\u2013 le da la oportunidad, qu\u00edmica y materialidad mediante, de volver a ser testigo de la luz de su madre, esa luz que la fotograf\u00eda y solo la fotograf\u00eda pudo guardar todo este tiempo, la de un momento en que su madre a\u00fan no era su madre pero sin embargo ten\u00eda la misma luz. La fotograf\u00eda como testigo de que su madre <em>fue<\/em>, la fotograf\u00eda como medio para volver a ser espectador de su luz m\u00e1s preciada justo en ese momento en que solo quedan sus penumbras, la certeza, dir\u00e1 Barthes, \u201cde que el cuerpo fotografiado me toca con sus propios rayos\u201d.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El poeta brit\u00e1nico Tom Raworth, lamentablemente poco le\u00eddo en nuestro idioma, tiene un verso donde indirectamente habla de lo mismo: \u201ccomo la luz tiene velocidad siempre estamos visualmente en el pasado\u201d, as\u00ed como la foto del invernadero llega con su luz <em>nueva<\/em> en el \u00faltimo momento de la vida de la madre de Barthes. Lo que intento decir es que en la fotograf\u00eda la luz, su elemento primordial, hace las veces de pasado y futuro, lo que quiz\u00e1s no ser\u00eda cierto en el caso de la fotograf\u00eda digital, pero eso es una discusi\u00f3n que se puede tener nunca o en otro lado, pero que ac\u00e1 por lo menos no tiene lugar. Porque este texto trata de un libro, o m\u00e1s bien un proyecto art\u00edstico multidisciplinar que si acotamos al formato libro no hacemos m\u00e1s que ser injustos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Todo empieza \u2013realmente <em>todo empieza<\/em>\u2013 en Monte Verde, considerado como el primer asentamiento humano del que se tenga registro en el continente americano, redescubierto hace unos cincuenta a\u00f1os y en camino a ser reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Se estima, seg\u00fan lo hallado en el lugar, que hay material que data de hace 14.500 a\u00f1os: restos de comida, flora, hasta chozas y otras tecnolog\u00edas. Tomando aquel fen\u00f3meno arqueol\u00f3gico como catalizador es que Rodrigo Vergara construye <em>Hasta ac\u00e1 llegaba el mar<\/em>, que utiliza diversas t\u00e9cnicas fotogr\u00e1ficas como la estenopeica, el 16 mil\u00edmetros y el gran formato para intentar generar una nueva relaci\u00f3n entre el presente y el pasado: la foto del invernadero de Barthes, solo que en vez de la madre hay f\u00f3siles, f\u00f3siles de luz se dice en el libro, largas exposiciones que capturan o m\u00e1s bien reaparecen la luz primitiva del paisaje. Adem\u00e1s las fotograf\u00edas que forman parte del proyecto fueron reveladas con agua de los r\u00edos que corren entre dicho paisaje, esbozando otra capa de sentido material a esta especie de retorno de lo primitivo. Me tomar\u00e9 la libertad de citar a Luis Alberto Spinetta:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cy las luces primeras<br>entre la neblina<br>ya empezaron a desperezar\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una lectura obvia de esta letra ser\u00eda decir que trata sobre el amanecer y aquel momento en que el cielo se abre para dejar pasar la luz. Otra lectura, la que me interesa, es justamente la del retorno de lo primitivo, de aquel desperezar de \u00e9poca, de la neblina disipada que permite ver una luz que siempre estuvo pues <em>primera <\/em>pero de la que reci\u00e9n ahora podemos ser testigos. No es casual que lo que permite esto sea una combinaci\u00f3n entre ciencia y t\u00e9cnica, entre los arque\u00f3logos que llevan cincuenta a\u00f1os estudiando el sitio y la fotograf\u00eda, hija pr\u00f3diga de la qu\u00edmica y la t\u00e9cnica.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entre los pocos textos que componen el libro hay uno que dice: \u201cMuchos de estos hallazgos se atribuyen a ni\u00f1os que escarban la tierra por pura curiosidad y llegan a casa con piedras raras.\u201d Podr\u00edamos decir que justamente Rodrigo Vergara es ese ni\u00f1o que de curioso andaba escarbando y volvi\u00f3 a su casa con piedras raras, ideas extra\u00f1as, fotos imposibles, lo bueno es que no qued\u00f3 todo en curiosidad y las piedras raras ahora son piedras preciosas y las ideas extra\u00f1as son obra que podemos esta vez llevarnos a nuestras casas. El libro en cuesti\u00f3n tiene tres partes distintas, cada una bastante diferente en materialidad y t\u00e9cnica, sin embargo no hay en su interior un orden, las cosas est\u00e1n sueltas, ofrecidas a nuestros ojos dispersos que entre piedra, alerce y agua se regodea. Ya en <em>Sigue la calma al otro lado? <\/em>(Casa en Blanco, 2025), libro de fotograf\u00edas de Jap\u00f3n, Vergara hab\u00eda probado y aprobado aquel desorden, y ya tambi\u00e9n en <em>Hotel <\/em>(Ediciones La Visita, 2024), libro sobre un hotel abandonado en Pisagua, estaba la luz como retorno al presente de lo que ya no est\u00e1, de la memoria de un lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Debo decir que hablo del arte de un amigo, lo que significa dos cosas, primero que veo todo lo que hace con ojos amorosos, segundo que al ser consciente de lo primero no puedo evitar forzar el pensamiento cr\u00edtico, intentando por un lado no caer en la trampa conformista de la amistad, y por el otro no perder de vista que all\u00ed donde intento ver un artista siempre va a estar mi amigo. En ese claroscuro a veces uno se decanta por no decir nada p\u00fablicamente, cuidar al amigo, criticar al artista en privado, esperar que la pr\u00f3xima vez sea mejor. A veces, las m\u00e1s felices, como esta, uno puede salir al mundo y decir que un amigo no solo es un amigo sino que tambi\u00e9n un artista que si no fuese amigo a\u00fan as\u00ed seguir\u00eda siendo artista.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lugar com\u00fan si lo hay: invocar a Roland Barthes para escribir, quiz\u00e1s referenciar dir\u00eda el franc\u00e9s, a la fotograf\u00eda. 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