{"id":6566,"date":"2026-05-06T13:36:39","date_gmt":"2026-05-06T16:36:39","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6566"},"modified":"2026-05-28T16:08:13","modified_gmt":"2026-05-28T19:08:13","slug":"narrarse-a-si-mismo-por-luis-valenzuela","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/05\/06\/narrarse-a-si-mismo-por-luis-valenzuela\/","title":{"rendered":"Narrarse a s\u00ed mismo \u2013 Por Luis Valenzuela"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cHoy homogeneizamos en nuestra memoria casi todas las pel\u00edculas, dada la rapidez con que podemos verlas en nuestras plataformas sin movernos de casa. [\u2026] De todas las que vemos de este modo, muy pocas se convierten en una experiencia singular. Y esto sucede tambi\u00e9n en otros \u00f3rdenes de la vida\u201d<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Vivimos una \u00e9poca atravesada por una crisis de la narraci\u00f3n, la cual, como sociedad, no logramos contar como experiencia. En su libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Sin relato. Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> \u2015que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo, 2025\u2015, Lola L\u00f3pez Mond\u00e9jar diagnostica una de las transformaciones m\u00e1s profundas de la modernidad tard\u00eda: la atrofia progresiva de la capacidad narrativa. En las consultas cl\u00ednicas actuales, los profesionales observan a personas afligidas por angustia, insomnio, autolesiones o depresi\u00f3n, pero que son incapaces de atribuir este malestar a una circunstancia biogr\u00e1fica concreta. El sujeto sufre, pero carece de la estructura para articular su propia experiencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Para comprender esta crisis de la subjetividad, L\u00f3pez Mond\u00e9jar traza varios ejes hist\u00f3ricos y socioculturales. Propone una cronolog\u00eda del declive que inicia con la p\u00e9rdida de la experiencia advertida por Walter Benjamin en el periodo de entreguerras, avanza hacia la ca\u00edda de los grandes relatos se\u00f1alada por Lyotard a fines del siglo XX, y desemboca en la actual digitalizaci\u00f3n del mundo. Lejos de enriquecernos, la sobreabundancia de textos y el reinado del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">storytelling<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> artificial han vaciado nuestro mundo interno. Hemos perdido la capacidad de transformar los sucesos en una experiencia verdaderamente propia y comunicable.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un eje cr\u00edtico relevante en el texto es la intersecci\u00f3n entre el modelo de producci\u00f3n y la precariedad material. Siguiendo las tesis de Richard Sennett sobre la corrosi\u00f3n del car\u00e1cter, L\u00f3pez Mond\u00e9jar argumenta que la flexibilidad laboral del capitalismo posfordista destruye nuestra noci\u00f3n de temporalidad. Trabajos inestables e intermitentes, como los de los repartidores de Glovo, agotan la fuerza ps\u00edquica en la supervivencia diaria, impidiendo que el individuo concatene sus vivencias mediante nexos causales. Sin la capacidad de ordenar el pasado, el presente y el futuro, la narraci\u00f3n vital se fragmenta y los lazos sociales se vuelven fr\u00e1giles.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En paralelo, el entorno digital agrava esta atrofia. Las pantallas reemplazan el consejo humano y el di\u00e1logo por recomendaciones prefabricadas de gur\u00fas virtuales. De este modo, hoy impera el deseo de la \u201cno-fricci\u00f3n\u201d, un rechazo al conflicto y al contacto aut\u00e9ntico que se manifiesta en el uso de aplicaciones de citas. Esta huida de la experiencia genuina se refleja incluso en el consumo cultural: la antigua vivencia participativa de ir al cine se ha homogeneizado en el consumo r\u00e1pido que imponen las plataformas desde casa, eliminando toda singularidad. Ante cualquier problema, la orden social contempor\u00e1nea es evitar la reflexi\u00f3n mediante consignas como \u201cmejor no pensar\u201d o \u201ccorre hacia adelante\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">L\u00f3pez Mond\u00e9jar reivindica el inmenso valor de la narraci\u00f3n: \u201clo novedoso hoy es que la producci\u00f3n de individualidad que impulsa nuestro mundo digitalizado se centra en aumentar progresiva o incesantemente esta jibarizaci\u00f3n acci\u00f3n de la capacidad narrativa\u201d. En ese sentido, desde la perspectiva de Paul Ricoeur, la identidad personal se construye en forma de identidad narrativa. Narrarse a uno mismo, entonces, no es un simple acto de contar an\u00e9cdotas, sino un complejo ejercicio de metacognici\u00f3n que nos permite unir elementos biogr\u00e1ficos, caracterizar a los protagonistas de nuestra vida y buscar un sentido a la existencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El libro plantea una pregunta ineludible: al renunciar al pensamiento cr\u00edtico y a la narrativa en favor de la inmediatez: \u00bfsomos hoy, pues, menos humanos? La autora advierte con lucidez que reconstruir nuestro relato es hoy una urgencia \u00e9tica. Reivindicar el lenguaje y el yo narrativo se perfila como el \u00fanico refugio frente a un sistema que nos exige permanecer mudos, vac\u00edos y siempre productivos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">L\u00f3pez Mond\u00e9jar recuerda a Kafka cuando le preguntaron si le gustaba el cine, y este dijo que no, porque no le gustaba que le robaran sus propias im\u00e1genes. En esa l\u00ednea, se pregunta si la sobreexposici\u00f3n a las pantallas roba nuestra capacidad simb\u00f3lica e imaginativa, si colonizan nuestro mundo interior con im\u00e1genes prestadas. En principio, se aventura a decir que s\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El libro otorga un lugar importante al mundo digital que vivimos, en rigor, \u201cun modo de producci\u00f3n instaurado por el capitalismo de la atenci\u00f3n, de la vigilancia\u201d, digital, cognitivo o como queramos llamarlo que condiciona, como en las im\u00e1genes de Kafka, nuestra mente. Se tratar\u00eda de un capitalismo narcisista, postfordista y neoliberal que proyecta la promesa de felicidad en el marco del mundo digital. Promesa feliz y digital cuyos efectos no solo afectan la inteligencia y la atenci\u00f3n, sino tambi\u00e9n las formas de relacionarnos. Ah\u00ed es donde L\u00f3pez Mond\u00e9jar introduce, de manera pertinente, el concepto de la no-fricci\u00f3n. Esta es comprendida desde su aspecto creativo, constructivo y como apertura de horizontes nuevos: \u201cla fricci\u00f3n no es sin\u00f3nimo de resistencia, sino que sirve para recordar la importancia de la interacci\u00f3n, para definir el movimiento, las formas culturales y el poder de la acci\u00f3n\u201d. Se trata de una huida del conflicto constante en el marco de una sociedad ramificada donde las relaciones humanas se convierten en un juego \u201cdonde todos parecemos avatares cuyos sentimientos dan la impresi\u00f3n de que no importan demasiado\u201d. As\u00ed, frente a la tiran\u00eda de la inmediatez que nos exige huir hacia adelante y evitar el pensamiento, armar el propio relato se revela como una trinchera posible para salvaguardar nuestra fr\u00e1gil condici\u00f3n humana.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Son m\u00faltiples y variados los aspectos que influyen y rodean la atrofia de la capacidad narrativa y en la condici\u00f3n humana. L\u00f3pez Mond\u00e9jar los sintetiza de la siguiente manera: \u201cPresentismo, fragmentaci\u00f3n, superficialidad, descenso del umbral de la empat\u00eda, atrofia de la capacidad narrativa y fantas\u00eda de invulnerabilidad son s\u00edntomas que interrogan lo que tradicionalmente defin\u00edamos como humano\u201d. Nos sit\u00faa frente a un espejo implacable de nuestra \u00e9poca. Frente a esta constelaci\u00f3n de s\u00edntomas surge un interrogante urgente que resuena en el vac\u00edo de nuestro tiempo: al despojarnos del relato \u00edntimo que nos construye y nos conecta con el otro. \u00bfEstamos, acaso, renunciando de modo irremediable a la esencia de lo que alguna vez denominamos nuestra condici\u00f3n humana?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me llama la atenci\u00f3n y me interesa destacar un apartado en torno a la literatura y la cr\u00f3nica del dolor. L\u00f3pez Mond\u00e9jar hace referencia al siglo XVI y la aparici\u00f3n de la novela y el autorretrato, como respuestas al abandono de las religiones y \u201cel giro de la mirada hacia el ser humano despojado de gu\u00edas\u201d. Actualiza esa referencia con un ejemplo espec\u00edfico y contempor\u00e1neo, con <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El a\u00f1o del pensamiento m\u00e1gico<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Joan Didion, donde su autora relata de forma honesta sus sentimientos ante las p\u00e9rdidas de su hija y de su marido. L\u00f3pez Mond\u00e9jar sostiene que los escritores narran en primera persona sus experiencias de duelo, de separaci\u00f3n, de enfermedad, explorando emociones y sentimientos sin recurrir a la ficci\u00f3n como \u201cantes nunca se hab\u00eda hecho\u201d. La literatura relata \u201clo que queremos esconder en nuestros s\u00f3tanos\u201d, \u201cse ocupa de representar ese dolor, ese agujero sin simbolizar que arrasa el psiquismo\u201d. Porque, contin\u00faa, \u201cnarrar el dolor proporciona una recuperaci\u00f3n del sentido y del reconocimiento perdidos. Ordena el caos en el que sume el acontecimiento traum\u00e1tico y calma\u201d. De este modo, la narraci\u00f3n, tanto literaria como del psicoan\u00e1lisis, construyen un relato que permite, con matices, ordenar tanto el trauma como el dolor.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En un sistema, y un mundo, que fragmenta el tiempo en instantes precarios y agota nuestra experiencia, volver a narrarnos es el \u00fanico conjuro capaz de zurcir los pedazos dispersos de nuestra identidad. <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Ante una \u00e9poca anestesiada que nos empuja al vac\u00edo de la no-fricci\u00f3n y a la p\u00e9rdida del contacto genuino, adue\u00f1arnos de nuestra autobiograf\u00eda es la \u00fanica manera de habitar el mundo sin desvanecernos en su ruido.<\/span><\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Luis Valenzuela<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Frank Gohlke<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-6652\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Captura-de-pantalla-2026-05-28-a-las-4.06.18-p.-m.jpg\" alt=\"\" width=\"318\" height=\"481\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Captura-de-pantalla-2026-05-28-a-las-4.06.18-p.-m.jpg 956w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Captura-de-pantalla-2026-05-28-a-las-4.06.18-p.-m-199x300.jpg 199w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Captura-de-pantalla-2026-05-28-a-las-4.06.18-p.-m-678x1024.jpg 678w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/Captura-de-pantalla-2026-05-28-a-las-4.06.18-p.-m-768x1160.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 318px) 100vw, 318px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Sin relato. Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad<br \/>\n<span style=\"font-weight: 400;\">Lola L\u00f3pez Mond\u00e9jar<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">Anagrama<br \/>\n<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">2025.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHoy homogeneizamos en nuestra memoria casi todas las pel\u00edculas, dada la rapidez con que podemos verlas en nuestras plataformas sin movernos de casa. [\u2026] De todas las que vemos de este modo, muy pocas se convierten en una experiencia singular. 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