{"id":6512,"date":"2026-04-09T18:09:01","date_gmt":"2026-04-09T21:09:01","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6512"},"modified":"2026-05-28T15:55:57","modified_gmt":"2026-05-28T18:55:57","slug":"la-perspectiva-exterior-gombrowicz-en-argentina-por-juan-jose-saer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/04\/09\/la-perspectiva-exterior-gombrowicz-en-argentina-por-juan-jose-saer\/","title":{"rendered":"La perspectiva exterior: Gombrowicz en Argentina \u2013 Por Juan Jos\u00e9 Saer"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Ser polaco. Ser franc\u00e9s. Ser argentino. Aparte de la elecci\u00f3n del idioma, \u00bfen qu\u00e9 otro sentido se le puede pedir semejante autodefinici\u00f3n a un escritor? Ser comunista. Ser liberal. Ser individualista. Para el que escribe, asumir estas etiquetas, no es m\u00e1s esencial, en lo referente a lo espec\u00edfico de su trabajo, que hacerse socio de un club de f\u00fatbol o miembro de una sociedad gastron\u00f3mica. La posibilidad de ser perceptible como tal o cual cosa bien definida en el reparto de roles de la imaginaci\u00f3n social es un privilegio del hombre, no del escritor. Del hombre \u2013es decir de la primera ficci\u00f3n que debe abolir, como si fuera una est\u00e9tica ya perimida, el escritor de ficciones. La certeza de esa desnudez no s\u00f3lo orienta o preside, sino que incluso es la justificaci\u00f3n \u00faltima del trabajo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>A priori<\/em>, el escritor no es nada, nadie, situaci\u00f3n que, a decir verdad, metaf\u00edsicamente hablando, comparte con los dem\u00e1s hombres, de los que lo diferencia, en tanto que escritor, un simple detalle, pero tan decisivo que es suficiente para cambiar su vida entera: si para los dem\u00e1s hombres la construcci\u00f3n de la existencia reside en rellenar esa ausencia de contenido con diversas im\u00e1genes sociales, para el escritor todo el asunto consiste en preservarla. La tensi\u00f3n de su trabajo se resume en lo siguiente: no es nadie ni nada, se aborda el mundo a partir de cero, y la estrategia de que se dispone prescribe, justamente, que el artista debe replantear d\u00eda tras d\u00eda su estrategia. Esta, y no el individualismo recalentado que se le atribuye, es la verdadera lecci\u00f3n de Gombrowicz. &#8220;Su pensamiento&#8221;, dice en una p\u00e1gina del <em>Diario<\/em>, refiri\u00e9ndose a Camus, &#8220;es demasiado individualista, demasiado abstracto&#8221;. Y unas l\u00edneas m\u00e1s abajo: &#8220;\u00bfConciencia? Aunque tenga conciencia como todo en m\u00ed, es m\u00e1s bien una semiconciencia y una cuasiconciencia. Soy semiciego. Soy casquivano. Soy de cualquier manera&#8221;.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sentido de la famosa inmadurez witoldiana es el rechazo de toda esencia anticipada. Las marionetas de <em>Ferdydurke<\/em> y de <em>Transatl\u00e1ntico<\/em> se desviven por coincidir todo el tiempo con una imagen abstracta de s\u00ed mismas (el Genio Local, la Moderna, los Patriotas Polacos) y los adultos ya un poco decr\u00e9pitos de <em>La pornograf\u00eda<\/em> se estremecen ansiosamentee ante esa fuerza suprema de la adolescencia que es la indeterminaci\u00f3n. Cuando se cree ser alguien, algo, se corre el riesgo, luchando por acomodar lo indistinto del propio ser a una abstracci\u00f3n, de transformarse en arquetipo, en caricatura. El homosexual de <em>Transatl\u00e1ntico<\/em> se llama lisa y llanamente &#8220;Puto&#8221;, lo que en polaco o en franc\u00e9s no significa nada, pero que en espa\u00f1ol quiere decir justamente eso, homosexual \u2013y lo rid\u00edculo del personaje, y lo pat\u00e9tico tambi\u00e9n, provienen de la constante adecuaci\u00f3n de su comportamiento a la definici\u00f3n que engloba su nombre: &#8220;Puto&#8221;. En <em>Ferdydurke<\/em> la Moderna se viste, habla y act\u00faa todo el tiempo como una persona moderna, de modo que acaba llam\u00e1ndosela as\u00ed, como ella cree ser, &#8220;la Moderna&#8221;. Si denominamos a alguien ir\u00f3nicamente por medio de un estereotipo \u2013el Escritor, el Editor, la Belleza Local\u2013, ya estamos dando a entender que su titular, a causa de un comportamiento demasiado definido, es v\u00edctima de cierta ilusi\u00f3n sobre s\u00ed mismo. De tanto ser esencias \u2013Don Giovanni, Fausto, Trist\u00e1n e Isolda\u2013 los personajes de \u00f3pera terminan por naufragar en la opereta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa incertidumbre program\u00e1tica propia del artista explica muchas de las contradicciones de Gombrowicz, no pocas de sus rarezas e incluso de sus caprichos, como el de hacerse pasar por conde, supercher\u00eda cuyo origen ficcional se vuelve evidente, cuando nos damos cuenta de que lo pretend\u00eda de un modo intermitente, sobre todo ante los que lo conoc\u00edan de Polonia y sab\u00edan que no lo era. En cierto sentido, toda veleidad de identidad personal es una tentativa por hacerse pasar por conde. Si el artista debe asumir una acritud exterior cualquiera, como de todos modos ser\u00e1 falsa, que por lo menos sea exageradamente falsa, evidentemente ilusoria. Es un homenaje al escepticismo del interlocutor, y tiene algo de lo que Joachim Unsfeld llama la &#8220;argumentaci\u00f3n pesimista&#8221; en el trato de Kafka con sus editores: estoy muy contento de que haya decidido publicar mi libro, pero yo en su lugar hubiese rechazado el manuscrito. Me hago pasar por conde polaco, pero yo s\u00e9 que usted sabe que no soy m\u00e1s que un pobre diablo que el viento de la contingencia deposit\u00f3 en este pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ese viento nos lo trajo a la Argentina \u2013el incre\u00edble azar que de ahora en adelante lo mezcla para siempre al folklore literario de Buenos Aires. En cieno sentido, cay\u00f3 en un medio preparado para recibirlo, no \u00fanicamente porque la realidad hist\u00f3rica de la Argentina est\u00e1 hecha de multitudes sin patria, de inmigrantes, de pr\u00f3fugos, de abandonados, sino porque incluso en la literatura del R\u00edo de la Plata -la &#8220;culta&#8221; y la &#8220;popular&#8221;- incluso antes de su llegada, pululaban los personajes de su estirpe, cuya vida es un interminable par\u00e9ntesis entre un barco que los trajo de un lugar ya improbable y otro, fantasmal, que deber\u00eda llevarlos de vuelta. Es sabido que Gombrowicz estuvo a punto de volverse a Europa en el mismo barco que lo trajo, pocos d\u00edas despu\u00e9s de su llegada, y que subi\u00f3 a bordo con sus valijas pero que cuando son\u00f3 la sirena anunciando la partida se volvi\u00f3 a bajar: el pr\u00f3ximo zarpar\u00eda casi veinticuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde. Ricardo Piglia dice de \u00e9l \u2013hace poco se lo reprocharon en un diario\u2013: el mejor escritor argentino del siglo XX es Witold Gombrowicz. Esa afirmaci\u00f3n es sin duda una exageraci\u00f3n ir\u00f3nica destinada a poner a prueba el nacionalismo argentino, pero no es totalmente inexacta; el tema witoldiano por excelencia, la inmadurez, lo inacabado \u2013que \u00e9l atribu\u00eda a la cultura polaca\u2013 ven\u00eda siendo de un modo inequ\u00edvoco, desde los a\u00f1os veinte, la preocupaci\u00f3n esencial de los intelectuales argentinos. Y Gombrowicz observaba en esa realidad social \u2013con mucha penetraci\u00f3n en ciertos casos\u2013 el despliegue multiforme de su rema predilecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero \u00e9ste es \u00fanicamente un aspecto de sus relaciones con Argentina. Otro que merece ser se\u00f1alado es el siguiente: buena parte de nuestra literatura \u2013desde sus or\u00edgenes pero sobre todo en el siglo XIX y a principios del actual\u2013 ha sido escrita por extranjeros en idiomas extranjeros: alem\u00e1n, ingl\u00e9s, franc\u00e9s, italiano. Cuando todav\u00eda no ten\u00edamos literatura, ya viajeros europeos, marineros, cient\u00edficos, comerciantes, aventureros, incluso esp\u00edas, repertoriaban en informes, cartas, relatos, memorias, las caracter\u00edsticas de nuestro suelo, de nuestro paisaje, de nuestra sociedad, de nuestras primeras diferencias con el resto del mundo. Si es cierto, como se supone, que fue en las Gal\u00e1pagos \u2013las terribles <em>Encantadas<\/em> de Melville\u2013 donde Darwin formul\u00f3 por primera vez su teor\u00eda de la evoluci\u00f3n, es l\u00edcito calcular que la fue madurando en Argentina, ya que en su delicioso <em>Viaje<\/em>, la etapa que precede a las islas Gal\u00e1pagos es justamente la de la pampa y los Andes argentinos. Esa literatura de viajeros es contempor\u00e1nea a la aparici\u00f3n misma del pa\u00eds: as\u00ed, la primera fundaci\u00f3n de Buenos Aires que, como muchas otras empresas argentinas, acab\u00f3 con una masacre, est\u00e1 contada por un marino alem\u00e1n, que dej\u00f3 el testimonio en su propio idioma. F\u00e9lix de Azara, Millau, MacCann, Woodbine Hinchliff, Alfred Ebelot, un ingeniero de Toulouse contratado por el gobierno en 1875 para cavar \u2013tentativa vagamente kafkiana\u2013 una fosa de quinientos kil\u00f3metros destinada a frenar las invasiones indias, Albert Londres, el incomparable W. H. Hudson, que idolatraba hasta nuestros peores defectos, los mismos que tambi\u00e9n a Borges le parecen virtudes, han sembrado de im\u00e1genes y experiencias argentinas varios idiomas del mundo. Gombrowicz se inscribe en un lugar destacado de esa tradici\u00f3n. Sus bronquios delicados, que felizmente lo obligaban a alejarse de tanto en canto del clima h\u00famedo de Buenos Aires, nos han deparado testimonios valios\u00edsimos de C\u00f3rdoba, de Tandil, de Mar del Plata, de Santiago del Estero. Su mirada no es solamente la de un psic\u00f3logo, la de un soci\u00f3logo y la de un esteta, sino incluso la de un observador pol\u00edtico y, a pesar de ciertas afirmaciones caprichosas y de su obsesi\u00f3n confesa de originalidad \u20130 tal vez a causa de ella\u2013, uno de los m\u00e1s certeros. El hecho de sentirse, como lo dice tantas veces en el <em>Diario<\/em>, el m\u00e1s pobre, el m\u00e1s desesperado de los hombres, explica quiz\u00e1s su preferencia por lo que \u00e9l llama &#8220;lo bajo&#8221;\u2013ya volveremos a hablar de esto un poco m\u00e1s adelante\u2013, por los seres oscuros, de los que ni el atractivo er\u00f3tico ni la manifestaci\u00f3n viviente de su famosa inmadurez bastan para explicar su inter\u00e9s. Aunque pueda parecer absurdo trat\u00e1ndose de Gombrowicz, hay un elemento militante en esa afinidad, una oposici\u00f3n deliberada a los c\u00edrculos intelectuales y pol\u00edticos de Buenos Aires. Aqu\u00ed, dice, \u00fanicamente el vulgo es distinguido. A \u00e9l, que no se cansaba de denostar la democracia y que a veces delataba cierto masoquismo (tema por otra parte \u00edntimamente witoldiano) en hacerse tratar de fascista, no se le escapaba sin embargo que por mucho que exaltara la aristocracia del esp\u00edritu, esa carne caliente y an\u00f3nima era la \u00fanica dignidad irrefutable de la vida. Aun cuando se trate solamente de un puro deseo er\u00f3tico, la dependencia de los due\u00f1os de la sociedad respecto de ella, la necesidad vamp\u00edrica de juventud, produce de por s\u00ed una inversi\u00f3n de valores, y aniquila las jerarqu\u00edas sociales. M\u00e1s de una vez Gombrowicz sugiere que toda la organizaci\u00f3n social est\u00e1 pensada como un sistema de explotaci\u00f3n de los j\u00f3venes por parte de los adultos. Las p\u00e1ginas sobre Santiago del Estero recuerdan, por su exaltaci\u00f3n de esa belleza espont\u00e1nea e inconsciente de s\u00ed misma, algunas emociones de Gauguin en el Pac\u00edfico. Y est\u00e1 tambi\u00e9n su percepci\u00f3n clara de la luz de Santiago, del aire transparente y feliz de Tandil, de la peculiaridad del espacio americano en Necochea, una impresi\u00f3n planetaria, c\u00f3smica, la sensaci\u00f3n de un presente sin memoria prolong\u00e1ndose a su alrededor hacia el infinito:<\/p>\n<blockquote><p>Vac\u00edo y arena, oleaje &#8230; estruendo que se ahoga y adormece. Espacios, distancias sin fin. Frente a m\u00ed y hasta Australia s\u00f3lo esta agua surcada de melenas brillantes, al sur de las islas Falkland y las Orcadas y el Polo. Tras de m\u00ed, el interior: R\u00edo Negro, la pampa &#8230; El mar y el espacio resuenan en los o\u00eddos y ante los ojos, producen confusi\u00f3n. Camino y sin cesar me alejo de Necochea &#8230; hasta que finalmente su recuerdo llega a desaparecer, y no queda sino el mero hecho de alejarse, incesante, eterno, como un secreto que llevara conmigo (<em>Diario argentino<\/em>, VI).<\/p><\/blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como las de todo viajero, muchas de las observaciones de Gombrowicz son comparativas, pero m\u00e1s de una vez la evidencia de lo absoluto, algo in\u00e9dito, un elemento todav\u00eda no pensado del mundo, lo desv\u00eda de su trayectoria y lo hace modificarse y crecer.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No es sorprendente: si Gombrowicz fue joven en Polonia, no cabe duda de que madur\u00f3 en Argentina. Seg\u00fan nos lo cuenta \u00e9l mismo, en los primeros a\u00f1os de Buenos Aires su orgullo principal era su aspecto adolescente que confund\u00eda a sus interlocutores; podemos pues, a pesar de la ruptura brutal del exilio, atribuirle cierta continuidad a la imagen de s\u00ed mismo que ten\u00eda antes y despu\u00e9s de su viaje. Hasta que \u2013el <em>Diario<\/em> lo consigna\u2013 sobrevino la cat\u00e1strofe: las primeras arrugas. En la visi\u00f3n witoldiana del mundo, la madurez es un trauma tan terrible como podr\u00eda serlo en la de S\u00f3focles el parricidio. En <em>Ferdydurke<\/em>, escrita ames del viaje, el punto de vista es el de la juventud, en <em>La pornograf\u00eda<\/em>, el de los adultos. En <em>Transatl\u00e1ntico<\/em> \u2013una de sus obras maestras\u2013 el narrador es, seg\u00fan los medios sociales que frecuente, alternativamente objeto o sujeto de seducci\u00f3n. Esa madurez perfecciona su m\u00e9todo narrativo multiplicando la variedad de puntos de vista hasta darle a sus primeras intuiciones, como sucede en la evoluci\u00f3n de toda gran literatura, la complejidad de un sistema. La evoluci\u00f3n de su literatura es inseparable de su experiencia argentina, y esa experiencia penetra y modela la mayor parte de su obra, que sin ella se volver\u00eda incomprensible. A diferencia de otros escritores polacos, como Milosz, por ejemplo, Gombrowicz hizo de su exilio un medio de ensanchar y cultivar sus diferencias con Occidente, privilegiando la particularidad de su propia perspectiva. Cuando Milosz le reprocha en 1959 no ocuparse lo suficiente de la actualidad polaca, Gombrowicz le responde que Milosz juzga todav\u00eda las cosas desde una perspectiva polaca interior. Podemos considerar lo que Gombrowicz llama su &#8220;propia perspectiva&#8221;, como una perspectiva exterior, no solamente respecto de la sociedad polaca de esos a\u00f1os, sino tambi\u00e9n de Occidente y, sobre todo, en la m\u00e1s metaf\u00edsica intimidad de la problem\u00e1tica witoldiana, respecto de la madurez ap\u00f3crifa y decadente de la esfera superior, como \u00e9l la llama, los &#8220;Churchill, los Picasso, los Rockefeller. los Stalin, los Einstein&#8221;, esa perspectiva exterior que &#8220;proporciona una igualdad m\u00e1s verdadera que la otra, la hecha de consignas y de teor\u00edas&#8221;. La perspectiva exterior que podr\u00edamos llamar generalizada, ya que Gombrowicz la aplica de un modo sistem\u00e1tico a todo lo que examina, si bien puede ser una consecuencia de su &#8220;obligaci\u00f3n de originalidad&#8221;, es tambi\u00e9n el resultado de su exilio argentino. Esa perspectiva exterior es el modo que tiene la cultura argentina de relacionarse con Occidente \u2013la exterioridad de la inmadurez polaca llevada a su m\u00e1xima potencia. Traspapel\u00e1ndose en la banalidad argentina, Gombrowicz aterriz\u00f3 m\u00e1s cerca de su propio ser que si hubiese integrado, como otros emigrados del Este, la &#8220;madurez&#8221; de Occidente. Para su gusto, los polacos exiliados asumen una perspectiva demasiado occidental \u2013error que no pocos disidentes del Este han seguido cometiendo m\u00e1s tarde, cuando hubieran podido aprender de \u00e9l, de Gombrowicz, en apariencia el m\u00e1s irresponsable, que en vez de frotarse las manos ante la bella, desnuda en la cama y dispuesta a dejarse poseer, es m\u00e1s estimulante, conservando la sangre fr\u00eda, repertoriar sus imperfecciones, aplic\u00e1ndole la perspectiva exterior como a cualquier otro objeto del mundo. No podemos no admirarlo cuando, en plena guerra fr\u00eda, y despu\u00e9s de haberlo perdido todo, en vez de modelar su pensamiento seg\u00fan las consignas de Occidente, se detiene a examinar con sus propios criterios la cuesti\u00f3n del comunismo: no se es, cuando se es escritor, como dec\u00edamos al principio, ni comunista, ni liberal, ni individualista, ni nada, y consignas y teor\u00edas s\u00f3lo reproducen la cristalizaci\u00f3n infecunda de abstracciones vac\u00edas, aquello que, justamente, perturba la disponibilidad del artista. La radicalizaci\u00f3n de esta perspectiva se produjo en Argentina, primero porque su exilio obligatorio lo mand\u00f3, m\u00e1s lejos todav\u00eda de lo que estaba en Polonia del centro de Europa, hacia el arrabal de Occidente, pero tambi\u00e9n porque el lugar en que cay\u00f3 se debat\u00eda desde hac\u00eda a\u00f1os en la misma problem\u00e1tica. Fue, como se dice, una desgracia con suerte, porque, de hoja seca y an\u00f3nima llevada por el viento de la contingencia, gracias al car\u00e1cter at\u00edpico de su destino de exiliado, excesivo en relaci\u00f3n con el de otros emigrados que se integraron plenamente en la cultura occidental, pas\u00f3 a ser, de toda intemperie, signo, paradigma y emblema. De todas las posibilidades de ser que se le ofrec\u00edan en los tiempos de su inmadurez, escritor europeo postnietzscheano, precursor, como lo pretendi\u00f3 cantas veces, del existencialismo, sacerdote en el destierro de la tradici\u00f3n polaca amenazada por la ola colectivista, o cualquier otra mueca r\u00edgida de la esfera superior, le toc\u00f3 , gracias a un crucero de propaganda \u2013opereta witoldiana <em>avant la lettre\u2013<\/em>, un destino m\u00e1s fecundo, m\u00e1s inclasificable, el de ser Gombrowicz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta singularidad \u2013ser Gombrowicz\u2013 si ha sido una suerte para Gombrowicz, lo ha sido tambi\u00e9n para la Argentina. Al cabo de unos a\u00f1os, su patria perdida y la Argentina ejemplificaban para \u00e9l, como modelos intercambiables, el mismo aspecto de las cosas. Los detalles por los que difieren tienen menos peso que la acumulaci\u00f3n de analog\u00edas. Para un argentino, hay algo inmediatamente perceptible en los juicios de Gombrowicz sobre la literatura polaca: aparte de algunas cuestiones de detalle, esos juicios pueden aplicarse en bloque a la literatura argentina, y sobre todo a uno de sus aspectos centrales, que Gombrowicz se\u00f1ala a menudo en el <em>Diario<\/em> y en sus entrevistas: el conflicto entre un nacionalismo excesivo, de tipo reactivo, y el deslumbramiento, secreto o confesado, por la literatura europea. &#8220;En lugar de la palabra Polonia, ponga la palabra Argentina&#8221;, le aconseja con determinaci\u00f3n a Dominique de Roux en sus <em>Entretiens<\/em> (p. 68). Ese conflicto, en el que Gombrowicz identifica sin dificultades el s\u00edntoma de la inmadurez, y que en ambos pa\u00edses tiene or\u00edgenes hist\u00f3ricos muy diferentes, representa probablemente la tensi\u00f3n principal de la literatura argentina, y recorre toda su historia desde la aparici\u00f3n de los grandes textos fundadores en la primera mitad del siglo XIX. El lector argentino puede aprender cosas m\u00e1s esenciales sobre su propia literatura leyendo en el <em>Diario<\/em> de Gombrowicz los juicios que se refieren a la literatura polaca, que en las p\u00e1ginas vehementes \u2013y a veces convencidas de antemano de aquello que supuestamente deber\u00edan examinar\u2013 de algunos de nuestros propios historiadores de la literatura. Esta ambivalencia respecto de la literatura europea, mezcla de distancia geogr\u00e1fica y de proximidad intelectual, de rechazo y de fascinaci\u00f3n, si bien no contribuye a facilitar la tarea del escritor argentino, presenta algunas ventajas indiscutidas, si se asume la actitud witoldiana por excelencia, la perspectiva exterior: &#8221;<em>j&#8217;avais quasiment la certitude que la r\u00e9vision de la forme europ\u00e9enne ne pouvait \u00eatre entreprise qu&#8217; \u00e0 partir d&#8217;une position extra-europ\u00e9enne, de l\u00e0 o\u00f9 elle est plus l\u00e2che et moins parfaite<\/em>&#8221; (<em>Entretiens<\/em>, p. 82).<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una charla de 1967, Jorge Luis Borges comenz\u00f3 desarrollando, a prop\u00f3sito de Joyce, una idea que ya hab\u00eda aplicado al conjunto de la literatura argentina veinticinco a\u00f1os antes, en una conferencia c\u00e9lebre, &#8220;El escritor argentino y la tradici\u00f3n&#8221;. Seg\u00fan Thorstcin Veblen, en su <em>Teor\u00eda de la clase ociosa<\/em>, si los jud\u00edos han sido capaces de innovar en tantos aspectos de la cultura occidental, el hecho no se debe a presuntas diferencias raciales, sino a que, estando al mismo tiempo dentro y fuera de esa cultura, a un jud\u00edo siempre le ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil que a un no jud\u00edo innovar en ella. Borges descubre la misma situaci\u00f3n para los irlandeses respecto de Inglaterra y para el conjunto de la cultura argentina respecto de Occidente: &#8220;&#8230; les bast\u00f3 el hecho de sentirse irlandeses, distintos, para innovar en la cultura inglesa. Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, estamos en una situaci\u00f3n an\u00e1loga; podemos manejar todos los temas europeos, manejarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas&#8221;. En los mismos a\u00f1os , a pocas cuadras uno del otro, ignor\u00e1ndose y probablemente detest\u00e1ndose mutuamente, el papa de la <em>inteligentzia<\/em> europeizante y el emigrado polaco, los duelistas irreconciliables de <em>Transatl\u00e1ntico<\/em> defin\u00edan, para darle un sentido a su propio trabajo, la misma estrategia respecto de la tradici\u00f3n de Occidente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esto nos lleva a otro aspecto de las relaciones de Gombrowicz con la Argentina, las que mantuvo con Borges, aunque tal vez ser\u00eda m\u00e1s correcto decir: las que no mantuvo. Es sabido que hubo entre ellos una cena catastr\u00f3fica y algunos encuentros casuales, fugaces y desde\u00f1osos. La cena catastr\u00f3fica recuerda un poco el encuentro de Joyce y Proust, en mayo de 1922, en casa de un tal Sydney Schiff, encuentro en el que, seg\u00fan Joyce, a Proust parec\u00edan interesarle exclusivamente las duquesas en tanto que a \u00e9l, Joyce, le interesaban exclusivamente las mucamas. La afirmaci\u00f3n de Gombrowicz de que Borges y \u00e9l no se pod\u00edan entender porque a Borges le interesaba la vida literaria y a \u00e9l la vida <em>tout court<\/em> \u2013existe una leyenda persistente sobre el vitalismo de Gombrowicz, semejante a la de su individualismo\u2013 es desmentida por la curiosa man\u00eda witoldiana de llegar a las ciudades del interior argentino y convocar inmediatamente a los intelectuales de la regi\u00f3n para someterlos a una especie de examen literario y filos\u00f3fico antes de permitirles sentarse con \u00e9l a una mesa de caf\u00e9 y escucharlo pontificar durante horas. La acusaci\u00f3n de europeizante que Gombrowicz blande a menudo contra Borges es infundada ya que el t\u00e9rmino supone una adhesi\u00f3n acr\u00edtica a todo lo que proviene de Europa; y el \u00fanico sentido en el que Borges es europeizante \u2013sinti\u00e9ndose, seg\u00fan la descripci\u00f3n de Veblen, dentro y fuera a la vez\u2013 es exactamente el mismo en el que lo es el propio Gombrowicz. En cuanto al pretendido snobismo aristocratizante de Borges, que no pierde la ocasi\u00f3n de evocar sus antepasados militares y sus or\u00edgenes ingleses, si algo nos recuerda son justamente las pretensiones nobiliarias de Gombrowicz y su costumbre de recitar con lujo de detalles su \u00e1rbol geneal\u00f3gico para desesperaci\u00f3n de sus interlocutores. Esta \u00faltima semejanza, puramente anecd\u00f3tica, no debe hacernos olvidar otras coincidencias m\u00e1s singulares; aparte de la perspectiva exterior, no es dif\u00edcil descubrir en ambos, tal vez como consecuencia de esa perspectiva, el mismo gusto por la provocaci\u00f3n, la misma desconfianza te\u00f3rica ante la vanguardia y, sobre todo, el mismo intento de demolici\u00f3n de la forma; uno, Gombrowicz, exaltando la inmadurez y el otro, Borges, desmantelando con insistencia la ilusi\u00f3n de la identidad \u2013probablemente a partir del mismo maestro, Schopenhauer. Hay otro punto inesperado en el que coinciden: la atracci\u00f3n por &#8221; lo bajo&#8221;. El culto del coraje, la predisposici\u00f3n a entrevistar proxenetas diestros en el uso del cuchillo y a ver en los diferendos entre matones de comit\u00e9 un renacimiento de la canci\u00f3n de gesta, equivalen en Borges a la inclinaci\u00f3n de Gombrowicz por la adolescencia oscura y an\u00f3nima de los barrios pobres de Buenos Aires, en la que le parec\u00eda encontrar la expresi\u00f3n viviente de uno de sus temas fundamentales. Es cierto que difieren en muchos puntos \u2013por ejemplo, uno pretend\u00eda ser infinitamente modesto y el otro infinitamente arrogante\u2013 pero todas esas coincidencias profundas merecen sn tomadas en consideraci\u00f3n, porque son las que otorgan la pertinencia, la actualidad de sus obras respectivas, las que hacen que esas obras, estrictamente contempor\u00e1neas una de la otra, a pesar de la envoltura distinta con que han llegado hasta nosotros, nos apasionen con id\u00e9ntica intensidad \u2013y a veces tambi\u00e9n, y por qu\u00e9 no decirlo, cuando en ciertos momentos nos impacientan o nos decepcionan, lo hagan por razones muy parecidas: paradojas forzadas, juicios lapidarios y gratuitos, autoimitaci\u00f3n, <em>ressassement eternel<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de todo, fueron vecinos durante veintitr\u00e9s a\u00f1os, respirando al mismo tiempo el aire delgado y venenoso de Buenos Aires y dialogando, cada uno a su modo, desde esas orillas remotas, con la cultura occidental. De ese di\u00e1logo, el <em>Diario<\/em> de Gombrowicz es la manifestaci\u00f3n m\u00e1s evidente. Algunos de sus lectores se han quejado, sin duda con raz\u00f3n, de no encontrar en sus p\u00e1ginas la transcripci\u00f3n fiel de muchas circunstancias de las que fueron testigos o protagonistas. Pero hay un error de \u00f3ptica en ese reproche: a diferencia del de Gide, del de Thomas Mann o del de Pavese, el <em>Diario<\/em> de Gombrowicz se ocupa muy poco de la vida \u00edntima de su autor \u2013y de ciertos aspectos de esa vida \u00edntima tenemos la impresi\u00f3n de que hay un ocultamiento deliberado, un silencio voluntario, y hasta cierta mistificaci\u00f3n\u2013 pero el inter\u00e9s de sus p\u00e1ginas estriba justamente en que tratan menos de acontecimientos que de <em>problemas<\/em>. Es cierto que, a diferencia de la ficci\u00f3n, el diario no puede esquivar la cuesti\u00f3n de la sinceridad y que, en tanto que a una ficci\u00f3n se le exige \u00fanicamente verosimilitud, de un diario \u00edntimo se espera veracidad. Pero la sinceridad de Gombrowicz, su aut\u00e9ntica originalidad, estriba en el modo de encarar los problemas de que trata. Y sus alusiones personales, cuando no son meras descripciones de hechos cotidianos sin importancia, aparecen ya trasformadas en problemas, en ejemplos de un debate intelectual. Los cuatro <em>Yo<\/em> sucesivos del principio fueron agregados deliberadamente para su edici\u00f3n en forma de libro. Y en cierto momento, despu\u00e9s de consignar con minucia una serie de banalidades, termina diciendo, como si se tratara de una excepci\u00f3n: esto para aquellos a quienes pueda interesarles mi vida. El <em>Diario<\/em> de Gombrowicz no es un pretexto para la introspecci\u00f3n, sino para el an\u00e1lisis, la reflexi\u00f3n y la pol\u00e9mica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como es sabido, la mayor parte del <em>Diario<\/em> fue escrita en Argentina. Por razones inexplicables, existe una selecci\u00f3n llamada <em>Diario argentino<\/em> y editada hace unos a\u00f1os en Buenos Aires. Ese desmembramiento es absurdo por la sencilla raz\u00f3n de que todo el diario es argentino, porque si bien una parre fue escrita despu\u00e9s de su regreso a Europa y decenas y decenas de p\u00e1ginas no hacen la menor referencia a la Argentina, la raz\u00f3n de ser del <em>Diario<\/em> es la experiencia argentina, la situaci\u00f3n singular del aislamiento de su autor ya que, en lugar de ser una manera de encerrarse en s\u00ed mismo, el <em>Diario<\/em> de Gombrowicz es el campo de batalla contra ese aislamiento. Quienes menos deber\u00edan desear el desgajamiento absurdo del pretendido <em>Diario<\/em> argentino, son en primer lugar los argentinos, porque pueden ser los m\u00e1s capaces de percibir la resonancia especial que adquieren los juicios de Gombrowicz sobre la cultura de Occidente cuando son proferidos en el contexto argentino. El entrelazamiento \u00fanico de la aventura witoldiana, su lecci\u00f3n principal, consiste en la hip\u00e9rbole de su destino que lo llev\u00f3, de una marginalidad te\u00f3rica y relativa, a una real y absoluta. De esa marginalidad hizo su vida, su material y su fortaleza. Sean argentinos o no, quienes lean el <em>Diario<\/em> o <em>Transatl\u00e1ntico<\/em>, no leer\u00e1n solamente a un autor llamado Gombrowicz, sino que leer\u00e1n tambi\u00e9n, y no \u00fanicamente entre l\u00edneas, a la Argentina.<\/p>\n<p>Por\u00a0<strong>Juan Jos\u00e9 Saer<\/strong><\/p>\n<p>Publicado originalmente en 1990 en la revista El poeta y su trabajo dirigida por Hugo Gola y digitalizada por la UNL.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ser polaco. Ser franc\u00e9s. Ser argentino. Aparte de la elecci\u00f3n del idioma, \u00bfen qu\u00e9 otro sentido se le puede pedir semejante autodefinici\u00f3n a un escritor? Ser comunista. Ser liberal. Ser individualista. 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