{"id":6500,"date":"2026-04-02T14:44:28","date_gmt":"2026-04-02T17:44:28","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6500"},"modified":"2026-04-02T14:45:41","modified_gmt":"2026-04-02T17:45:41","slug":"si-nada-falla-caminar-hasta-la-cocina-a-proposito-de-corazon-de-buey-por-sofia-quevedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/04\/02\/si-nada-falla-caminar-hasta-la-cocina-a-proposito-de-corazon-de-buey-por-sofia-quevedo\/","title":{"rendered":"Si nada falla caminar hasta la cocina, a prop\u00f3sito de Coraz\u00f3n de Buey \u2013 Por Sof\u00eda Quevedo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Una lectura de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coraz\u00f3n de buey<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Ana Estaregui (Editorial Aparte, 2023) podr\u00eda advertir que el poemario se articula como una po\u00e9tica de la percepci\u00f3n que desplaza el \u00e9nfasis desde la representaci\u00f3n hacia un ejercicio m\u00e1s lento y exigente del mirar, all\u00ed donde la experiencia dom\u00e9stica, el lenguaje y el tiempo se encuentran sometidos a un proceso de sedimentaci\u00f3n y desgaste.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La experiencia sensible es conducida hacia una suerte de presi\u00f3n perceptiva que permite que aquello, en apariencia banal e insignificante, revele una densidad inesperada. La escritura, a lo largo de este conjunto, no procede mediante una acumulaci\u00f3n de acontecimientos; m\u00e1s bien instala una mirada que se demora y detiene en variaciones m\u00ednimas: objetos, superficies, restos, temperaturas. Lo vivo se aproxima de forma paulatina a lo inerte; el lenguaje pierde su eficacia comunicativa y el tiempo se dilata en la repetici\u00f3n de gestos ordinarios.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Desde su apertura, el libro instala con nitidez aquella operaci\u00f3n de reducci\u00f3n de lo vital a materia manipulable. La escena inicial presenta un \u00f3rgano arrancado de su funci\u00f3n org\u00e1nica y depositado en un espacio dom\u00e9stico: \u201cEl coraz\u00f3n de buey sobre el lavaplatos \/ se enfr\u00eda a medida \/ que el m\u00fasculo absorbe \/ la frialdad del granito y emite \/ sus deseos de siempre\u201d. El desplazamiento es decisivo: el coraz\u00f3n aparece exteriorizado, expuesto y sometido a un proceso de enfriamiento que lo aproxima progresivamente a la condici\u00f3n mineral. As\u00ed: \u201cY en poco tiempo todo lo suyo calla \/ se equipara al nivel de la piedra\u201d, lo que alguna vez fue pulsaci\u00f3n y movimiento queda reducido a una materia silenciosa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Este gesto inaugural orienta tambi\u00e9n el r\u00e9gimen de la mirada que sostienen los poemas. La intuici\u00f3n, en este registro, no corresponde a una inspiraci\u00f3n repentina ni a una forma de revelaci\u00f3n subjetiva, sino a un modo de aproximarse a los fen\u00f3menos que exige suspender la intervenci\u00f3n inmediata del sujeto. El poema se convierte as\u00ed en un espacio donde la sensibilidad se ejercita bajo una mirada que no intenta apropiarse del objeto ni traducirlo en un significado estable, sino acompa\u00f1ar su duraci\u00f3n, registrar sus transformaciones y atender a los matices casi imperceptibles a trav\u00e9s de los cuales la materia se modifica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Paralelamente, el lenguaje se presenta en un proceso ambiguo de saturaci\u00f3n e incluso obstaculiza la experiencia: \u201cla palabra llen\u00f3 toda la pieza \/ silenci\u00f3 las ventanas, la radio a pilas \/ y los portarretratos (\u2026) \/ ahog\u00f3 nuestras voces a cero \/ y quedamos aplastados entre ella \/ y la pared, ella y el techo\u201d. La palabra, lejos de abrir un espacio de comunicaci\u00f3n, se vuelve una presencia opresiva que neutraliza otras formas de sonido o de voz.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esta desconfianza reaparece m\u00e1s adelante en t\u00e9rminos a\u00fan m\u00e1s radicales: \u201cNo hay nada que decir los domingos \/ -ni nunca\u201d. El verso sugiere que ciertos estados de la experiencia \u2014la monoton\u00eda del tiempo, la repetici\u00f3n de los d\u00edas\u2014 exceden cualquier tentativa de verbalizaci\u00f3n. En consecuencia, el poema reconoce que: \u201cnada puede ser dicho a quienes perdieron las manos \/ o los dientes \/ o quienes se preparan \/ a rellenar con concreto los hoyos del paseo \/ a sellar con plata los hoyos de las caries \/ a tapar con tierra \/ un esqueje que no agarr\u00f3\u201d. La enumeraci\u00f3n desplaza la atenci\u00f3n hacia pr\u00e1cticas materiales de reparaci\u00f3n y mantenimiento \u2014rellenar, sellar, cubrir\u2014. Lo que refuerza una constante del libro: la experiencia se manifiesta con mayor claridad en los procesos f\u00edsicos de la materia que en su formulaci\u00f3n verbal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coraz\u00f3n de buey<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, esta pr\u00e1ctica se manifiesta en la insistencia con que la escritura se aproxima a escalas m\u00ednimas de percepci\u00f3n. El poema propone expl\u00edcitamente una \u00e9tica de la cercan\u00eda cuando sugiere: \u201cobservar las cosas que est\u00e1n cerca \/ a 30, 40 cm del cuerpo\u201d. Lo que se vuelve visible no son grandes acontecimientos, sino microfen\u00f3menos de la vida dom\u00e9stica: \u201ca lo m\u00e1s, si forzamos la vista, \/ distinguiremos entre los cuadros \/ de la toalla \/ una hilera de peque\u00f1os insectos \/ que caminan en fila \/ en direcci\u00f3n al azucarero\u201d. La mirada ya no se orienta hacia la totalidad del paisaje ni hacia la espectacularidad, sino hacia una zona donde la vida se manifiesta en desplazamientos m\u00ednimos, texturas y ritmos casi imperceptibles.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La escena dom\u00e9stica constituye el escenario privilegiado de esta observaci\u00f3n. El libro despliega una serie de interiores donde los objetos y las superficies acumulan se\u00f1ales de desgaste: \u201ccomo esta sala est\u00e1 hecha de tazas silencios luto \/ sebo acumulado en los muebles\u201d. La habitaci\u00f3n no aparece como un espacio acogedor, sino como un lugar donde se sedimentan restos, grasas, silencios. En ese entorno, incluso los seres vivos parecen suspendidos en una zona ambigua entre la vida y la inmovilidad: \u201cni las plantas ni los gatos \/ est\u00e1n completamente vivos \/ inm\u00f3viles en medio de una acci\u00f3n cualquiera\u201d. La casa se transforma as\u00ed en una suerte de ecosistema detenido, donde la vitalidad se encuentra amortiguada por la acumulaci\u00f3n de materia y por la quietud del ambiente. En medio de esa escena, una figura singular introduce una m\u00ednima persistencia de lucidez: \u201cy las cortinas, oscuros terciopelos \/ esconden una lechuza \/ -la \u00fanica cuyos ojos aun resplandecen\u201d. La lechuza aparece como el \u00fanico punto de vigilia en un espacio dominado por la opacidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Coraz\u00f3n de buey,<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> las cosas no se presentan como formas estables, sino como estados que cambian lentamente: el coraz\u00f3n se enfr\u00eda, el cansancio se posa sobre la casa, el agua tarda en hervir, la luz del amanecer se disuelve en el ruido urbano. Cada fen\u00f3meno aparece inscrito en una l\u00ednea temporal espec\u00edfica, y es precisamente esa temporalizaci\u00f3n la que permite percibir sus variaciones. As\u00ed, cuando el poema describe \u201cun rayo fucsia que atraviesa \/ galpones y alamedas \/ sobre las tejas sobre el alero de yeso \/ y toca delicadamente una hoja de metal \/ que por pocos segundos \/ restalla\u201d, lo que se registra no es un simple efecto visual, sino un acontecimiento que existe \u00fanicamente en su duraci\u00f3n, un instante de intensidad perceptiva que inmediatamente es absorbido: \u201cpor el alarido de autos tiendas estacionamientos\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Los d\u00edas aparecen como unidades repetitivas y dif\u00edciles de distinguir entre s\u00ed. En uno de los versos se afirma que: \u201cnadie quiere saber de las horas \/ si todav\u00eda llueve o si ma\u00f1ana habr\u00e1 ladrillos \/ que mover de lugar \/ el d\u00eda ser\u00e1 igual a todos los otros\u201d. El tiempo deja de organizarse en torno a eventos significativos y se diluye en una continuidad indiferenciada. Por ello, la vida cotidiana se estructura a partir de tareas menores que permiten sostener la duraci\u00f3n. Actividades como cocinar adquieren entonces un valor casi meditativo: \u201ccocinar porque cocinar \/ calma el tiempo \u00edntimo de la virtud \/ de la extensi\u00f3n de brazos \/ del nombre de las cosas listas \/ es necesario esperar que hierva (\u2026) \/ rendirse de a poco \/ al calor del agua y las horas\u201d. La espera del agua hirviendo introduce un ritmo lento y repetitivo que organiza la experiencia diaria.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En este punto, la escritura de Estaregui parece situarse en un terreno donde la distinci\u00f3n entre conciencia y realidad pierde su nitidez. La percepci\u00f3n no funciona como una instancia exterior que organiza el mundo, sino como una zona de encuentro donde las variaciones de la materia y de la conciencia se entrelazan. El poema no describe simplemente un entorno dom\u00e9stico; m\u00e1s bien participa de \u00e9l, se deja afectar por sus ritmos y por sus estados. Por eso el cansancio puede adquirir una consistencia casi f\u00edsica cuando el texto afirma: \u201cEl gran cansancio puede ser azul \/ el gran cansancio se recuesta sobre la casa \/ lentamente \/ baja por la canaleta y se posa en medio de los muebles \/ en busca de sombra y humedad \/ es azul cobalto y jadea\u201d. El cansancio deja de ser una experiencia subjetiva para convertirse en una presencia que ocupa el espacio, que se desplaza y respira. La emoci\u00f3n se materializa y la materia, a su vez, adquiere una dimensi\u00f3n casi sensible.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Esta forma de percepci\u00f3n contrasta de manera significativa con la l\u00f3gica contempor\u00e1nea que identifica la plenitud de la vida con la acumulaci\u00f3n constante de experiencias. En un contexto cultural donde la felicidad parece depender de la sucesi\u00f3n ininterrumpida de est\u00edmulos \u2014viajes, emociones, acontecimientos memorables\u2014, la incapacidad para permanecer en quietud se convierte en un s\u00edntoma generalizado. La vida se organiza entonces en torno a la b\u00fasqueda permanente de la pr\u00f3xima experiencia, como si el valor de la existencia residiera en la cantidad de episodios que logra acumular.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">La escritura de Estaregui desplaza el valor de la experiencia hacia otra forma de atenci\u00f3n, ajena a la l\u00f3gica del est\u00edmulo y la novedad. Los poemas no se orientan hacia la intensificaci\u00f3n por exceso, sino hacia una insistencia en lo inmediato y lo cercano. De ah\u00ed la recurrencia de acciones aparentemente triviales \u2014cocinar, regar plantas, limpiar objetos, observar insectos\u2014 que buscan sostener una relaci\u00f3n continua con lo que est\u00e1 dado. En ese marco, la experiencia no se organiza como acumulaci\u00f3n, sino como una lenta elaboraci\u00f3n que se afirma en la reiteraci\u00f3n de gestos m\u00ednimos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En esta perspectiva, la atenci\u00f3n al detalle dom\u00e9stico adquiere una dimensi\u00f3n casi \u00e9tica. Al renunciar a la l\u00f3gica de la experiencia espectacular, el poema recupera la capacidad de demorarse en aquello que normalmente pasa desapercibido, volvi\u00e9ndolo un principio de lectura. La realidad se presenta como una trama de procesos discretos: la escarcha en el congelador, donde \u201clas cosas perdieron el nombre \/ una pegada a la otra (\u2026) \/ todo es tan lo mismo\u201d; la habitaci\u00f3n donde \u201cni las plantas ni los gatos \/ est\u00e1n completamente vivos\u201d; o el final del d\u00eda, reducido a una sensaci\u00f3n m\u00ednima: \u201cdel d\u00eda queda todav\u00eda un poco \/ un pie descalzo en la alfombra del living \/ las hebras delicadas entre los dedos\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>Por\u00a0<strong>Sof\u00eda Quevedo<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Harry Gruyaert<\/p>\n<p>Sobre<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-6501\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Captura-de-pantalla-2026-04-02-a-las-2.40.41-p.-m.png\" alt=\"\" width=\"370\" height=\"535\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Captura-de-pantalla-2026-04-02-a-las-2.40.41-p.-m.png 370w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/04\/Captura-de-pantalla-2026-04-02-a-las-2.40.41-p.-m-207x300.png 207w\" sizes=\"auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Coraz\u00f3n de buey<\/p>\n<p>Ana Estaregui<\/p>\n<p>Aparte<\/p>\n<p>2023<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una lectura de Coraz\u00f3n de buey de Ana Estaregui (Editorial Aparte, 2023) podr\u00eda advertir que el poemario se articula como una po\u00e9tica de la percepci\u00f3n que desplaza el \u00e9nfasis desde la representaci\u00f3n hacia un ejercicio m\u00e1s lento y exigente del mirar, all\u00ed donde la experiencia dom\u00e9stica, el lenguaje y el tiempo se encuentran sometidos a [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":126,"featured_media":6502,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[7,443],"tags":[],"class_list":["post-6500","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-poesia","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6500","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/126"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6500"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6500\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6503,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6500\/revisions\/6503"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6502"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6500"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6500"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6500"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}