{"id":6486,"date":"2026-03-25T13:14:10","date_gmt":"2026-03-25T16:14:10","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6486"},"modified":"2026-03-25T13:14:41","modified_gmt":"2026-03-25T16:14:41","slug":"cuerpos-fragiles-derivas-en-torno-a-la-materialidad-del-libro-por-felipe-reyes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/03\/25\/cuerpos-fragiles-derivas-en-torno-a-la-materialidad-del-libro-por-felipe-reyes\/","title":{"rendered":"Cuerpos fr\u00e1giles \u2013 Derivas en torno a la materialidad del libro \u2013 Por Felipe Reyes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Cierro el libro que tengo entre mis manos acosado por una sospecha material. Algo no est\u00e1 bien. No es el texto \u2014todav\u00eda no\u2014, es el lomo. Hay en \u00e9l una falsa rigidez, una resistencia impostada, como las sonrisas de las fotos en redes sociales. Abro otra vez el volumen con cuidado y, casi enseguida, escucho ese sonido inc\u00f3modo y ominoso: el peque\u00f1o crujido que anuncia que el libro empieza a olvidarse de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya lo s\u00e9: es un libro que se desarma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero no es una afirmaci\u00f3n t\u00e9cnica, sino moral. Un libro que se abre y pierde p\u00e1ginas no envejece: se desgrana. No acumula marcas de lectura, sino se\u00f1as inconexas de la mutilaci\u00f3n. Cada p\u00e1gina que se suelta es una pieza dental que cae sin aviso, una p\u00e9rdida que el lector intenta disimular con torpeza, devolviendo la p\u00e1gina a su lugar, a la correlaci\u00f3n num\u00e9rica de su sentido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Walter Benjamin escribi\u00f3 que todo documento de cultura es tambi\u00e9n un documento de barbarie. Tal vez habr\u00eda que agregar: todo libro mal hecho es tambi\u00e9n un documento de precariedad. No del autor \u2014que hizo lo que pudo\u2014 sino del medio que decidi\u00f3 que ese objeto no merec\u00eda durar. El pegamento hot melt es una falsa promesa de la encuadernaci\u00f3n: r\u00e1pido, funcional, barato, convincente al comienzo. Cumple su funci\u00f3n durante un tiempo. Luego se quiebra, se olvida de su prop\u00f3sito. Por eso, ha producido su propia especie: los libros-yogurt, tienen fecha de vencimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cambio, un libro cosido, armado en cuadernillos pacientes, conoce el tiempo largo. No se abre: se despliega. Tolera el abuso moderado, la lectura distra\u00edda, de batalla, y todo tipo de subrayados y anotaciones. Puede caer al suelo y seguir siendo el mismo. Hay en su estructura algo de edificio antiguo, de esqueleto confiable, una conciencia de permanencia. Umberto Eco, que desconfiaba de los soportes ef\u00edmeros, dec\u00eda que el libro sobrevivir\u00eda a todas las tecnolog\u00edas precisamente por su sencillez; habr\u00eda que agregar: sobrevivir\u00e1n los que est\u00e1n bien hechos.<\/p>\n<p>El enclenque libro pegado es todo lo contrario, parece un objeto inseguro de su propia importancia. No quiere arriesgar demasiado. Se entrega, pero no se compromete. Cuando una p\u00e1gina se desprende \u2014y siempre se despega en el peor momento\u2014 el texto queda mutilado, interrumpido. Un volumen endeble que parece pensado para un lector sin memoria. Para alguien que lee r\u00e1pido, una sola vez, y pasa a otra cosa (como el \u201clector\u201d trendy que se pavonea de una embustera pasi\u00f3n libresca en redes sociales). Es el equivalente material de la cultura del consumo que Adorno detestaba: lo que no est\u00e1 hecho para durar, sino para circular (\u00bfviralizarse?). Se compra, se lee (a veces), se abandona (sin antes pasar por la respectiva sesi\u00f3n de fotos que testimonie de su posesi\u00f3n). Y si se pierde una p\u00e1gina, peor para ella. Nadie la va a reclamar. Proponen un v\u00ednculo fr\u00e1gil: se leen con cuidado, con la conciencia de que el objeto puede fallar en cualquier momento. \u201cLa literatura es una forma de atenci\u00f3n\u201d, escribi\u00f3 Susan Sontag, pero el libro debe permitirla, no sabotearla con lomos fracturados y p\u00e1ginas sueltas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roger Chartier ha insistido en que la materialidad del libro condiciona la lectura. No pensamos igual un texto sostenido por un cuerpo fr\u00e1gil que uno contenido en un objeto durable. El primero exige una atenci\u00f3n nerviosa; el segundo invita a la confianza. Hay libros que uno no quiere cerrar y otros que apenas se atreve a abrir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La figura del editor aparece aqu\u00ed como una presencia ambigua. No es solo avaricia lo que explica la mala encuadernaci\u00f3n, aunque a veces se le parezca. Es c\u00e1lculo, urgencia y hasta supervivencia. El editor sabe que el contenido importa (o eso esperamos), pero tambi\u00e9n sabe que el hilo y el tiempo cuestan, que el lector pocas veces pregunta c\u00f3mo est\u00e1 hecho el libro que compra. Apostar por la durabilidad es, en cierto modo, apostar por un lector futuro, invisible, y que quiz\u00e1 nunca llegar\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Italo Calvino dec\u00eda que un cl\u00e1sico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. Pero para seguir diciendo algo necesita permanecer entero. Un libro que pierde p\u00e1ginas no dialoga con el tiempo: lo pierde. No se hereda, no se archiva, no se reencuentra. Se convierte en un despojo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Son un asunto parad\u00f3jico: muchos libros hablan de memoria, de historia, de resistencia, y sin embargo est\u00e1n hechos con una materialidad desechable. Predican la permanencia desde la fragilidad. Como si la idea bastara y el objeto fuera prescindible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El libro bien encuadernado, en cambio, no presume. No promete eternidad, pero la insin\u00faa. Acepta todo tipo de intervenciones. Acepta incluso el olvido, porque sabe que ese lector siempre puede volver. Es un objeto que conf\u00eda en el tiempo, y por eso no le teme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s, la encuadernaci\u00f3n sea una forma de \u00e9tica silenciosa. No garantiza la calidad del texto, pero declara una intenci\u00f3n: este libro merece durar. Lo dem\u00e1s \u2014las p\u00e1ginas sueltas, el lomo quebrado, la lectura interrumpida\u2014son quiz\u00e1 se\u00f1ales de una \u00e9poca que lee r\u00e1pido, publica m\u00e1s r\u00e1pido a\u00fan, y rara vez se detiene a pensar cu\u00e1nto tiempo deber\u00eda resistir eso que pone en circulaci\u00f3n. Al final, los libros tampoco tienen la culpa. Alguien decidi\u00f3 por ellos. Alguien calcul\u00f3 costos, tiempos, expectativas. El libro obedece. Se abre, se quiebra, se esparce. Y uno, lector testarudo, recoge las p\u00e1ginas ca\u00eddas, las vuelve a poner en su lugar, como quien intenta disimular un torpe gesto que lleg\u00f3 a destiempo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los libros, como las ideas, no siempre naufragan por falta de contenido. A veces fracasan porque nadie se tom\u00f3 el trabajo de darles un cuerpo capaz de sostenerlas. Y tal vez no sea exagerado pensar que un libro bien hecho no es solo una decisi\u00f3n t\u00e9cnica, sino una declaraci\u00f3n de confianza en el futuro. Como escribi\u00f3 Marguerite Yourcenar, \u201clos libros son reservas para tiempos de escasez\u201d. Y nadie guarda semillas en sacos rotos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Felipe Reyes F.<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Sigmar Polke<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cierro el libro que tengo entre mis manos acosado por una sospecha material. Algo no est\u00e1 bien. No es el texto \u2014todav\u00eda no\u2014, es el lomo. Hay en \u00e9l una falsa rigidez, una resistencia impostada, como las sonrisas de las fotos en redes sociales. Abro otra vez el volumen con cuidado y, casi enseguida, escucho [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":77,"featured_media":6488,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,10],"tags":[],"class_list":["post-6486","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-apuntes","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6486","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/77"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6486"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6486\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6489,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6486\/revisions\/6489"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6488"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6486"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6486"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6486"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}