{"id":6423,"date":"2026-01-15T11:54:03","date_gmt":"2026-01-15T14:54:03","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6423"},"modified":"2026-05-28T15:26:26","modified_gmt":"2026-05-28T18:26:26","slug":"el-agua-pavorosa-de-la-aurora-por-nadia-prado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2026\/01\/15\/el-agua-pavorosa-de-la-aurora-por-nadia-prado\/","title":{"rendered":"El agua pavorosa de la aurora \u2013 Por Nadia Prado"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: right;\"><em><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cLa amistad, esa relaci\u00f3n sin dependencia, sin episodio, y donde, no obstante, cabe toda la sencillez de la vida, pasa por el reconocimiento de la extra\u00f1eza com\u00fan que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino s\u00f3lo hablarles, no hacer de ellos un tema de conversaci\u00f3n (o de art\u00edculos), sino el movimiento del convenio de que, habl\u00e1ndonos, reservan, incluso en la mayor familiaridad, la distancia infinita, esa separaci\u00f3n fundamental a partir de la cual lo que separa se convierte en relaci\u00f3n\u201d.<\/span><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em><span style=\"font-weight: 400;\">Maurice Blanchot<\/span><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">l\u00edrica terminal<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en sus <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">afiebradas anotaciones<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> (Kamenszain), son los gestos los que vibran como im\u00e1genes, su incandescencia imposible no queda adscrita a ninguna voluntad, pero \u00bfqu\u00e9 nos pertenece cuando escribir es la incertidumbre, aquello que se muestra <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">en<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> y <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">a la<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> ausencia, que une y distancia? En el concernimiento de esos gestos, discrepando en el azar, se cierne la amistad, el amor, la vida en que la posibilidad se inquieta. Algo no es nada pero se vuelve algo cuando se pierde.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Con este<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">\u00faltimo libro de Guadalupe Santa Cruz, publicado p\u00f3stumamente en el a\u00f1o 2015 y recuperado ahora, en 2025, por Mar de Fondo Ediciones, vuelvo a comprender que entre la muerte y la escritura solo respiramos en la cadencia de lo breve y lo casual, y que, a pesar de ello, recuperamos expresiones, ademanes. Pero, \u00bfqu\u00e9 hacer cuando ya no existe ninguno de esos gestos y solo queda la escritura como recuerdo?, \u00bfc\u00f3mo ser fiel a la infidelidad que porta la finitud?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> el l\u00edmite se dilata y se encoge en la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">recordaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el lenguaje lo sabe, el lenguaje, su impropiedad, su extra\u00f1amiento que nos ha reunido sin pausa en nuestra fragmentaci\u00f3n. Entonces, la manera de una risa, la forma de una mano, el modo de arreglarse los cabellos, es otra lengua filtrando la lengua materna; aires y entonaciones singulares que agitan en su canto. Pero, \u00bfqui\u00e9n canta en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">? Quiz\u00e1 este yo, sea, seg\u00fan Blanchot, \u201cel ser desconocido y deslizante de un \u00bfqui\u00e9n?\u201d, o, seg\u00fan Derrida, nada m\u00e1s que el encabalgamiento de voces, de gestos, una voz habitando otra, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">fantasmas retornantes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Pero la lectura nos libera de ese peso cuando en su segunda vez podemos volver al pasado.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Intento reencontrar, ensayar un di\u00e1logo que se abra paso m\u00e1s all\u00e1 de lo luctuoso. Leo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Salir<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, donde \u201cescribir es acompa\u00f1arse, deletrear frases y enquiciarlas para volver a la historia\u201d; leo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Cita capital<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en el que sobre un mapa se ensayan ejercicios de orientaci\u00f3n para sobrevivir; leo en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El contagio<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cLas p\u00e1ginas me viajan sin vejarme, se han tornado el \u00fanico reposo\u201d; leo en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Los conversos<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cMi madre y mi animal, mi atr\u00e1s y mi adelante, se debaten\u201d; apunto de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Plasma<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cNo se puede contar, la madrugada no tiene palabras. Es m\u00e1s dicha, m\u00e1s enorme, m\u00e1s feroz\u201d; leo en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Quebrada\u2026<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201calgo ocurre, corroe, falla o <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">se<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> interrumpe\u201d; leo en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Ojo l\u00edquido<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cNo s\u00e9 escribir. Hago jardines\u201d; y descubro en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que vibra por las superficies<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, los \u201ccuerpos inc\u00f3modos (\u2026) que (\u2026) Ensayan una y otra vez medirse con los \u00f3rdenes que amenazan enderezar su pu\u00f1o, rompen una y otra vez la coraza de las palabras\u201d, y concuerdo: \u201cno hay limpieza para pensar que la escritura no debiera traicionarse a s\u00ed misma para juntarse con el enga\u00f1o de los acontecimientos\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Ensayos, novelas, poemas, epitafios, epigramas suspendidos en el pensamiento que recuerda y que en el sue\u00f1o se hace lugar. Ese <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">durante<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en que una imagen se adelanta hacia nosotros. La \u201cmemoria involuntaria del cuerpo\u201d y su \u201cpersistente tr\u00e1fico\u201d en sus \u00faltimos d\u00edas, fluctuante y flotante, es la roca de Magritte que Lupe sue\u00f1a y que despierta dentro de s\u00ed, como dice en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">: \u201cInmensa es la roca \u2013como aquella en los cuadros de Magritte, mole oval, bruta y aristada flotando desde una insondable altitud a ras del mar o posada liviana sobre escarpadas y perdidas cumbres\u2013 que me muestra la imagen del sue\u00f1o. Aovada como es, pero abrupta y brutal, me dicta el sue\u00f1o que debo pulir esa superficie rugosa hasta la suave lisura de un huevo. La roca es m\u00e1s grande que la p\u00e1gina de mi sue\u00f1o, rebalsa cualquier pantalla, cualquier ojo, cualquier cuerpo so\u00f1ante, le digo yo toda que no podr\u00e9, no voy a poder hacerlo\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me pregunto, en estos jardines, en estos acertamientos y manchones que se vuelven <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">quebradas, c\u00f3mo, ante la finitud, se enfrenta el intento terminal de <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">enhebrar palabras mientras se enervan. \u00bfCon qu\u00e9 lenguaje, en la intensidad de la ausencia, en su invulnerable acontecer, volveremos a tomar aliento? Un hilo, \u201cquedan los hilos tejidos\u201d y puedo \u201cdesbobinar un tramo\u201d, puedo enhebrar en una aguja las palabras en la cabeza, puedo incluso formar un nudo. Qu\u00e9 otra cosa es una imagen, sino un nudo, una roca en los sue\u00f1os, y aunque el sue\u00f1o despertara dentro del sue\u00f1o la roca seguir\u00eda suspendida sin caer. Ensalivar la p\u00e1gina y ensalivar el hilo que se resiste a entrar en la aguja, tal cual el l\u00e1piz que se resiste a escribir. Aguja, l\u00e1piz, saliva entran a la p\u00e1gina, a su vertical desobediencia. Puntadas que porf\u00edan son las im\u00e1genes de este p\u00f3stumo libro, cuyo di\u00e1logo, doblemente espectral, es la h\u00e9lice del recuerdo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Siguiendo a Lupe, en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Lo que vibra por las superficies<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, podr\u00edamos decir que en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es \u201cel pensamiento escrito de [la] mirada\u201d. Y que ella, asomada a la escritura, es jalada por las letras<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">y por el amplificado sonido de un fr\u00e1gil y un \u00faltimo impulso. La mano arrastra y solicita la voz ante el tiempo que \u201cno es m\u00e1s que una vibraci\u00f3n en la oscuridad\u201d para decir un mundo tan vasto pero que se acaba. El prop\u00f3sito de la <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">recordaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> es lo que ensaya escribir \u2013no la vida que se escamotea y se omite\u2013, porque Guadalupe <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">recorda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> en la nervadura inmediata del coraz\u00f3n del ojo hacia atr\u00e1s, atrapada en el remolino de un tr\u00e1nsito \u00e1spero que ha comenzado a ser extinci\u00f3n de lo propio. Un deseo de escritura, entre lo eterno y lo caduco, que colma de incertidumbre y poetiza el l\u00edmite del s\u00fabito y lento acomodo de todos los entres y superficies que somos. Deambula por la p\u00e1gina y vuelve a s\u00ed, como si ese l\u00edmite se fuese estrellando en el globo de las lenguas por donde circula el \u201cdios de la escritura\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Cito: \u201cPero siente pena por el jard\u00edn y por su cuerpo finito, al que le falta la persistencia de los \u00e1rboles nativos de hojas siempre perennes plantados por ella a\u00f1os atr\u00e1s en ese peque\u00f1o jard\u00edn, el peumo y, m\u00e1s tarde, el molle. \u00bfEl ciruelo? \u00bfPor qu\u00e9 puso ahora un peque\u00f1o ciruelo? (\u2026) tal vez le hizo espacio al ciruelo como \u00fanico y nuevo \u00e1rbol de hojas caducas\u201d. Guadalupe es ce\u00f1ida por \u201cmancha y pincel\u201d, es empujada a pensar, empujada al fin, all\u00ed donde emprendemos una escritura, all\u00ed donde pronto todo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">habr\u00e1 sido<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, volviendo las palabras estelas que contin\u00faan m\u00e1s all\u00e1 de nosotros.<\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\"> Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> no es un libro, sino deseo, pasmo, rapto, ruptura, aliento, potencia que entierra un ciruelo para abrir espacio a lo que termina. El ciruelo que este libro planta es el tiempo que ha de v\u00e9rselas con la magnitud de la ausencia antes que esta ocurra, en el momento en que f<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">alta persistencia para sustituir y atender a las \u00faltimas palabras, en que, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cada vez \u00fanica<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, la lengua enervada narra po\u00e9ticamente, para adherirse a lo vivo, <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">todo aquello que ha sido, incesante y que, sin embargo, cesa. Retirarse de lo propio, ese es el pulso de esta escritura, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">excribir<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> para retrasar el apremio de lo apremiante, desenterrar lo eterno para volverlo irresuelto, cuando el cuerpo, la piel \u2013harnero y rebalse permeado en estado de amenaza\u2013 est\u00e1 alerta frente a un \u201cantes enorme\u201d y a un despu\u00e9s exiguo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> que se \u201crepliega en su remota fortuna\u201d <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">recoge<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> la palabra-cord\u00f3n, palabra-abrigo, palabra-estupor, palabra-imagen, el \u201ceco entre presencia y sombra\u201d en la contorsi\u00f3n del cuerpo y la lengua que se pregunta c\u00f3mo tentar a las palabras por \u00faltima vez, impulsadas por un soplo en el o\u00eddo, dejando a la escritura, su fruto, en un suspenso \u00e1cido y dulce, en la finitud que conocemos pero que intentamos retrasar parodiando y enmendando por las p\u00e1ginas en sesgo. \u201c\u00bfQui\u00e9n me remeda y remedia al escribir en la otra p\u00e1gina, qui\u00e9n lo hace?\u201d, se pregunta Guadalupe. <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, en el convencimiento frente al l\u00edmite, escribe al un\u00edsono entre indefensi\u00f3n y defensa, entre deslinde y vastedad. Conozco bien las hojas que ya no conocer\u00e9 de esta cantante, hojas que se arremolinan en el derrumbe del cuerpo, para que sobre ellas alguien se pose y, despu\u00e9s-hoy \u2013\u201csi acaso hay\u201d\u2013, lo que somos cambie su forma comprendiendo que \u201csin cesar todo se mueve\u201d, mientras <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> pierde, pero nos deja su <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">voz escrita <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">entre las p\u00e1ginas saltadas, esperando que la sigamos, como si escarpara su respiraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En la \u201cdisyunci\u00f3n temporal\u201d asoma una lectura que responde a una especie de correcci\u00f3n p\u00f3stuma. Cito: \u201cEscribo para ti que me lo pediste y escribo por m\u00ed, por mi afasia escribo, invento letras por pulir como antes afin\u00e9 el \u00f3rgano de viento que era que soy con tinta al extremo de las notas\u201d. \u201cLo que hab\u00eda que cortar ya fue cortado\u201d y, sin embargo, algo permanece ligado con fuerza a una conversaci\u00f3n entrecortada, <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">\u00fanica cada vez<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, porque la memoria, esa persistencia que comienza con el olvido, habita entre el retiro y el deseo de evitarlo. \u201c\u00bfQui\u00e9n escribe al un\u00edsono?, \u00bfqui\u00e9n es escribiendo a la par en la otra p\u00e1gina?\u201d, se pregunta Guadalupe.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Escribo porque me lo pediste, pero no alcanzamos esa conversaci\u00f3n, y ya no puedo preguntar qu\u00e9 hacer con la espera de una respuesta que no se presenta. No hay alimento para estas preguntas. Qu\u00e9 modo de narrar dar\u00eda con la falta de esa contestaci\u00f3n y c\u00f3mo podr\u00eda hablar el mon\u00f3tono sonido de \u201cuna llave de agua que gotea\u201d, cuando intento atender al silencio. Entiendo \u2013el tiempo es \u00e1ureo y horario, pero dis-yunto\u2013, por ello en esta escritura no hay mapa, ecograf\u00eda ni graf\u00eda, sino un di\u00e1logo que en su interrupci\u00f3n ha de completarse desde el vac\u00edo, en su inagotable fidelidad a la infidelidad del mundo. Lo mismo es, ac\u00e1, la p\u00e1gina y la tela: un est\u00f3mago vac\u00edo que atrae y deforma el mundo. En ese roce, en ese <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">contacto con lo vivo<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, no accedemos plenamente a \u00e9l, no accedemos a una inmovilidad, sino a \u201cun mundo todo vivo [que] tiene la fuerza de un Infierno\u201d (Lispector).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Qu\u00e9 condiciones tendr\u00e1 desde ahora esta conversaci\u00f3n, su interrupci\u00f3n en di\u00e1logo, apresado en posibilidades acotadas a una sola voz. La pregunta, sin responder, deslinda el mundo y en \u00e9l vamos hacia los <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">fantasmas retornantes<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, hacia la escritura, a su lengua quebrada. Entre la casa deshabitada, entre el tel\u00e9fono que no suena, entre la asfixia de la espera pienso contigo, es cierto, las cosas \u201cno son cosas, pero se vuelven cosas cuando se pierden\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Una analfabeta trata de leer, se afiebran las sienes, quiz\u00e1 la impropiedad sea lo \u00fanico que entendemos, por ello buscamos protecci\u00f3n en los objetos, sobre el tiempo y la historia, sobre las huellas y las cosas que se desencuentran y atolondran, cuando m\u00e1s bien corre a campo traviesa una desligadura que hace el cuerpo de la palabra, que no es m\u00e1s que un trecho que nos sostiene. Esto es la mirada sobre la roca \u00bfflotando, flotante o fluctuante de Magritte?, a la que acude Lupe, la roca que quiere ser desplazada, para no agobiarnos en el suspenso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Al releer <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> volv\u00ed a recordar una escena de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">La d\u00e1diva<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Nabokov, otro escritor querido por Lupe, en que se relata c\u00f3mo, durante un incendio en que ard\u00edan unos troncos, un hombre echaba agua sobre el reflejo de las llamas en las paredes de su casa, pero su hogar no ard\u00eda, sino que era la reverberaci\u00f3n del fuego lo que el hombre observaba. Acaso sea eso la escritura, una <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">infructuosa ocupaci\u00f3n<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, el esfuerzo del deseo hacia lo que parece y quiere indicarnos una acci\u00f3n ilusoria que deja lo irresuelto habitando en su nido de descalce, cuando el ojo solo abraza un detalle o cuando presiente y piensa en el equ\u00edvoco. Esa piedad, esa \u201cvibraci\u00f3n en la oscuridad\u201d es la que <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">se<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> escribi\u00f3 en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. En ella la mirada rompe la lengua y la costumbre, en ella cabe el vac\u00edo, en ella se hunde la mirada en un trozo de paisaje que los nombres no calman ni colman.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Guadalupe Santa Cruz anota: \u201c(Escribo para decir que me falt\u00f3 alimento para hacerlo. Pero la imagen y lo que escribo son ya pasado\u201d. Hacia ese tiempo dirigirse, con el ojo canica, \u201ccon ese peque\u00f1o ojo dado vuelta como calcet\u00edn que mira hacia abajo, hacia adentro de las v\u00edsceras y de los sue\u00f1os, porque ese instante es el pensamiento del cuerpo\u201d, instante del tumulto de significados que el ojo ya no alcanza a coger y nos deja una pregunta que, una vez m\u00e1s, no sabemos responder: \u00bfqui\u00e9n se ha retirado, ahora, de la p\u00e1gina del frente?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En otra vereda, en otra p\u00e1gina, en otro tiempo, y antes de vivir lo vivido, un eco nos despierta y volvemos al coraz\u00f3n del mundo, a su torbellino, que se abre para acoger nuestra voz, pero qu\u00e9 es nuestra voz, sino el efecto de un sue\u00f1o y la circunstancia del azar en el que intentamos hacer una vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\nPor\u00a0<strong>Nadia Prado<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Texto le\u00eddo en la Furia del Libro el domingo 21 de diciembre de 2025, con ocasi\u00f3n del lanzamiento de la reedici\u00f3n de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Esta parcela<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de Guadalupe Santa Cruz, Mar de Fondo Ediciones, Buenos Aires, 2025.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6424\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-644x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"243\" height=\"386\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-644x1024.jpg 644w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-189x300.jpg 189w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-768x1221.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-966x1536.jpg 966w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-1288x2048.jpg 1288w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-1600x2544.jpg 1600w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2026\/01\/portada-esta-parcela-1-scaled.jpg 1610w\" sizes=\"auto, (max-width: 243px) 100vw, 243px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Esta Parcela<br \/>\nGuadalupe Santa Cruz<br \/>\nMar de Fondo<br \/>\n2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa amistad, esa relaci\u00f3n sin dependencia, sin episodio, y donde, no obstante, cabe toda la sencillez de la vida, pasa por el reconocimiento de la extra\u00f1eza com\u00fan que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino s\u00f3lo hablarles, no hacer de ellos un tema de conversaci\u00f3n (o de art\u00edculos), sino el movimiento del convenio de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":6613,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[],"class_list":["post-6423","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6423","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6423"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6423\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6426,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6423\/revisions\/6426"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6613"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6423"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6423"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6423"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}