{"id":6307,"date":"2025-11-19T14:04:18","date_gmt":"2025-11-19T17:04:18","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6307"},"modified":"2025-11-19T14:04:51","modified_gmt":"2025-11-19T17:04:51","slug":"hurgar-la-herida-notas-sobre-el-corazon-del-dano-de-maria-negroni-por-felipe-reyes-f","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/11\/19\/hurgar-la-herida-notas-sobre-el-corazon-del-dano-de-maria-negroni-por-felipe-reyes-f\/","title":{"rendered":"Hurgar la herida. Notas sobre El coraz\u00f3n del da\u00f1o de Mar\u00eda Negroni \u2013 Por Felipe Reyes F."},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><b>1. Novela sin novela:<\/b><span style=\"font-weight: 400;\"> Mar\u00eda<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Negroni desarma el naipe de los g\u00e9neros para replantear los s\u00edmbolos contenidos en las cartas: atraviesa los l\u00edmites de la poes\u00eda, la memoria, la cr\u00f3nica, el ensayo y la autobiograf\u00eda con una elegancia estimulante. Por eso, en su libro <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El coraz\u00f3n del da\u00f1o<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, hay momentos y pasajes en los que reluce la poes\u00eda \u2013fragmentos, resplandores ling\u00fc\u00edsticos, im\u00e1genes potentes\u2013, y otros que parecen apuntes de diario, reflexiones o notas sueltas. Esa promiscuidad es parte esencial de su estilo: la obra se construye precisamente en esos intersticios, en ese <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">entre<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> de lo narrativo y lo po\u00e9tico. \u201c\u00bfNo dijo Emmanuel Hocquard que lo que importa en todo artista es un problema gramatical, no un problema de memoria?\u201d, pregunta Negroni.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed elabora una disoluci\u00f3n de los bordes generando una tensi\u00f3n fecunda. No hay una trama convencional, m\u00e1s bien hay escenas que surgen como epifan\u00edas, como r\u00e1fagas de una lengua materna extinta, de voces interiores, de silencios; una novela sin novela que se va configurando con intensidades y dolores, con fulgores po\u00e9ticos que sin embargo mantienen los convencionales hilos narrativos.\u00a0 <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>2. Madre-lenguaje-ausencia: <\/b><span>Uno de los ejes centrales del texto es la relaci\u00f3n que la narradora (y la autora) mantiene con su madre, no solo como biograf\u00eda filial, sino como figura simb\u00f3lica del lenguaje y su poder. La madre aparece como \u201cla due\u00f1a del lenguaje\u201d, alguien cuyo dominio del habla, cuya presencia ling\u00fc\u00edstica y emocional, marca, condiciona, desborda. La presencia de la madre parece ser casi absoluta en la vida de la hija, una simbiosis que deriva en confrontaci\u00f3n, en necesidad de huida y sus siempre adosadas interrogantes; de preguntarse por la propia voz y la autonom\u00eda expresiva.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El estilo de Negroni articula esta relaci\u00f3n no solo a trav\u00e9s de lo que dice, sino de c\u00f3mo lo dice: silencios, ausencias, lo que no se pronuncia, lo velado, todo eso que contribuye a hacer presente a esa madre; en la distancia, en el reclamo y en el duelo. La escritura funciona como invocaci\u00f3n o como ajuste de cuentas, como un rito de despedida y reconciliaci\u00f3n, aunque incompleta, fuera de tiempo. \u201cNo basta con recoger los restos del naufragio \u2013dice Negroni\u2013. Hay que instalar, en medio de las ruinas, las marcas de la obsesi\u00f3n\u201d. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>3. Intensidad r\u00edtmica, m\u00fasica: <\/b><span>La prosa de Negroni vibra. Propone ritmos, contrapuntos, repeticiones, silencios interiores, construcciones que evocan melod\u00edas. No como una m\u00fasica ambiental, sino una m\u00fasica interpretada con destreza y seriedad, hecha del pulso emocional, de la tensi\u00f3n entre lo que duele y lo que se anhela. Anota: \u201cSi sufro r\u00edtmicamente, si no me doy por vencida, tal vez logre desesperarme del todo y transformar el espanto en una m\u00e1quina de resistir\u201d.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Las frases pueden ser cortas, como sentencias, como pulidos aforismos que funcionan como latigazos. Otras son oraciones m\u00e1s extensas, grietas que se prolongan, respiraciones, resonancias. Esta alternancia \u2013entre lo breve y lo expansivo, entre lo desconcertante y lo transparente\u2013 provoca una \u201clectura de la emoci\u00f3n\u201d, el ejercicio autom\u00e1tico de dar vuelta el espejo hacia uno mismo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>4. Memoria, dolor, escritura: <\/b><span>Negroni se nutre de la memoria para extraer su materia prima. La infancia, los gestos dom\u00e9sticos, los espacios, los pasillos vac\u00edos, las enfermedades (el asma de la madre, por ejemplo) aparecen como huellas indelebles en la construcci\u00f3n del yo narrativo. El dolor no se expone como espect\u00e1culo, sino como una presencia persistente en el tejido del habla. No se trata s\u00f3lo de evocar, sino de averiguar, de arriesgar e indagar qu\u00e9 zonas del pasado conforman la voz presente, sin dejar de preguntarse por esa herencia \u2013hecha de lenguaje, de afectos y distancias, de imposiciones y silencios\u2013 que llevamos sobre nuestras espaldas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">As\u00ed, la escritura aparece siempre como algo necesario, pero penoso, una lucha o un desaf\u00edo: nunca algo c\u00f3modo. \u201cUn libro de pu\u00f1o y cuerpo \u2013declara Negroni\u2013, seguramente errado en su tristeza, que fielmente fuera un censo de escenas ilegibles\u201d, confirmando que la escritura aguanta el peso de la verdad, del cuerpo y hasta del dolor que el ser anida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>5. La materia de la materia: <\/b><span>Negroni despliega un abundante cat\u00e1logo de referencias literarias, citas y evocaciones. Dialoga con cl\u00e1sicos y contempor\u00e1neos, con Clarice Lispector o Edmond Jab\u00e9s; con Virginia Woolf o Guimar\u00e3es Rosa, no s\u00f3lo como cita-muleta o homenaje, sino como parte fundamental de su propio discurso, que queda establecido desde la primera l\u00ednea: \u201cLa literatura es la prueba de que la vida no alcanza, dijo Pessoa. Puede ser. M\u00e1s probable es que la vida y la literatura, siendo ambas insuficientes, alumbren a veces \u2013como una linterna m\u00e1gica\u2013 la textura y el espesor de las cosas, la asombrada complejidad que somos\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Estas referencias abren portales en los que resuenan los ecos de esas voces; sus contrastes, sombras; zonas de fricci\u00f3n que iluminan o desestabilizan lo que se narra. Y esa conversaci\u00f3n con la tradici\u00f3n literaria y sus contempor\u00e1neos ejerce una funci\u00f3n doble: propone modos, signos de posibilidad, pero tambi\u00e9n permite medir las distancias, lo que se absorbe, lo que se reclama, lo que se rechaza, lo que se reconoce como deuda, lo que se pervive como herida. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">6. <\/span><b>Efectos y significaciones: <\/b><span>La conjunci\u00f3n de los elementos que componen su estilo produce ciertos efectos particulares: la sensaci\u00f3n de estar siempre al borde: del silencio, de la p\u00e9rdida, de lo que no se puede contar. Esa <\/span><i><span>frontera<\/span><\/i><span> entre lo dicho y lo indecible, marca el pulso del texto atravesado por una belleza dolorosa: el lenguaje desborda la evocaci\u00f3n, lo \u00edntimo, lo dom\u00e9stico; las im\u00e1genes pueden ser duras, \u00e1speras, pero al mismo tiempo deslumbrantes. As\u00ed, transforma el da\u00f1o en <\/span><i><span>tema literario<\/span><\/i><span>: el dolor se hace palabra, se convierte en textura, en ritmo, en forma. El da\u00f1o deja de ser solo algo vivido; pasa a ser algo pensado, elaborado, con una estructura, con repercusi\u00f3n est\u00e9tica. \u201cAlgo as\u00ed como un compendio abstracto donde yo misma pudiera entrar, lo menos t\u00edmida del mundo, a preguntar a nadie qu\u00e9 hacer\u201d, escribe Negroni, esperando que \u201cen las bifurcaciones del camino, recordar pod\u00eda equivales a unir (y a perdonar). Entonces valdr\u00eda la pena\u201d.\u00a0 \u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Un intento de reconciliaci\u00f3n imperfecta: no busca ajustar cuentas para cerrar heridas, sino que explora el territorio de la herida como algo que permanece, algo con lo que aprender a vivir, algo que tambi\u00e9n forma al sujeto que escribe<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">y al que lee, porque la intensidad de este artefacto narrativo requiere un lector c\u00f3mplice que sepa interpretar lo no dicho, lo velado, las sombras que se esconden detr\u00e1s de las pulidas frases. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>7. Sostener la p\u00e9rdida: <\/b><span>En <\/span><i><span>El coraz\u00f3n del da\u00f1o,<\/span><\/i><span> Negroni hace gala de su buen oficio estil\u00edstico \u2013y de su arrojo emocional\u2013, de su confianza en el lenguaje como espacio de sinceridad. Su escritura no busca empat\u00eda, sino tensi\u00f3n. No busca resolver, sino exponer. Que no se conforma con narrar, sino con indagar, desmantelar, rehacer la materia de la experiencia. Por eso su escritura no espectaculariza el da\u00f1o, lo traspasa, lo vuelve belleza y artefacto del dolor, del duelo, de la evocaci\u00f3n. \u201cLa ensayista polaca Eva Hoffman tiene raz\u00f3n \u2013escribe Negroni\u2013: La p\u00e9rdida es una varita m\u00e1gica. Las cosas se borran, se anulan, se suprimen, y a continuaci\u00f3n se reinventan, se fetichizan, se escriben\u201d.\u00a0 \u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y en ese gesto final lo que ofrece no es consuelo ni redenci\u00f3n, sino la certeza de que la literatura puede hacer visible lo indecible: la escritura como una forma de atravesar la herida sin cerrarla, de sostener esa p\u00e9rdida con palabras que, parad\u00f3jicamente, no cicatrizan, pero iluminan.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Por <strong>Felipe Reyes F.<\/strong><\/span><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Manuel \u00c1lvarez Bravo<\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6308\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/91tuivfrC1L._SL1500_-1344164157-601x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"361\" height=\"615\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/91tuivfrC1L._SL1500_-1344164157-601x1024.jpg 601w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/91tuivfrC1L._SL1500_-1344164157-176x300.jpg 176w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/91tuivfrC1L._SL1500_-1344164157-768x1309.jpg 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/91tuivfrC1L._SL1500_-1344164157.jpg 880w\" sizes=\"auto, (max-width: 361px) 100vw, 361px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n del da\u00f1o<br \/>\nMar\u00eda Negroni<br \/>\nRandom House<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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