{"id":6289,"date":"2025-11-13T13:31:38","date_gmt":"2025-11-13T16:31:38","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6289"},"modified":"2025-11-13T14:19:58","modified_gmt":"2025-11-13T17:19:58","slug":"sobre-los-espectadores-del-pasado-como-el-cine-piensa-la-historia-de-pablo-aravena-y-gilda-bevilacqua-por-jonnathan-opazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/11\/13\/sobre-los-espectadores-del-pasado-como-el-cine-piensa-la-historia-de-pablo-aravena-y-gilda-bevilacqua-por-jonnathan-opazo\/","title":{"rendered":"Sobre \u201cLos espectadores del pasado. C\u00f3mo el cine piensa la historia\u201d, de Pablo Aravena y Gilda Bevilacqua \u2013 Por Jonnathan Opazo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Podr\u00edamos formularlo como sigue: si ya no podemos renunciar a las pantallas, lo mejor ser\u00eda ir buscando la manera de asediarlas. Pensar qu\u00e9 hacen con nosotros las im\u00e1genes en movimiento que llenan nuestra vida ya no solo en forma de cine y televisi\u00f3n como hace un par de a\u00f1os, sino tambi\u00e9n como reel de Instagram, microdocumental de Youtube, o esa nueva y espeluznante forma de ficci\u00f3n visual que irrumpe con la r\u00e1pida masificaci\u00f3n de una plataforma como Tiktok: los microdramas, peque\u00f1as telenovelas compuestas por una serie de episodios que no duran m\u00e1s de un minuto y que, seg\u00fan leo en algunos reportajes en la web, han ido ganando espacio en una industria que necesita capturar a como d\u00e9 lugar la atenci\u00f3n de un consumidor cuya fisonom\u00eda ha cambiado radicalmente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Pienso en la propuesta que formulara el cineasta Carlos Flores en una pel\u00edcula experimental estrenada en 1981 llamada, nada m\u00e1s y nada menos, \u201cEl Estado soy yo\u201d. Pel\u00edcula, podr\u00eda decir, que bebe tanto de la experiencia de la Unidad Popular y el cine de los 70, por un lado, y de las conversaciones y lecturas que emanaban del Centro de Estudios Human\u00edsticos de la Universidad de Chile. Menciono esto \u00faltimo porque, como pudimos conversar alguna vez con el propio Carlos, es en ese ambiente de resistencia cultural \u2014uno de muchos durante la dictadura, todo sea dicho en honor a la verdad\u2014 que pr\u00e1cticas como el videoarte, cuya econom\u00eda de recursos facilita la producci\u00f3n de pel\u00edculas, que aparece justamente el corto del que hablo. \u00bfQu\u00e9 dice Flores? \u201cTodos podemos hacer pel\u00edculas\u201d. Los dispositivos t\u00e9cnicos disponibles ya en 1981 podr\u00edan permitirle a quien quisiera contar una historia. Dise\u00f1ar sus propios circuitos de exhibici\u00f3n alternativos. Que todos podr\u00edamos, un d\u00eda por la ma\u00f1ana, decir: el Estado soy yo. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edamos leer eso a la luz de las reflexiones que ofrece este compendio de ensayos compilados por Pablo Aravena y Gilda Bevilacqua?\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Aventurar\u00e9 algunas ideas de manera fragmentaria, porque me parece que, si algo tienen en com\u00fan los nueve ensayos del libro es vindicar el lugar del cine \u2014y por qu\u00e9 no: del arte\u2014 como una forma de producir y acceder a un conocimiento espec\u00edfico. En este caso, de la\u00a0 historiograf\u00eda como disciplina, pero tambi\u00e9n la poes\u00eda y la est\u00e9tica, agregar\u00eda. Ese conocimiento, por cierto, es un modo muy especial, que reconoce, contra el credo positivista, la cualidad escurridiza de los fen\u00f3menos que intenta vislumbrar y entiende que en el parpadeo hay una posibilidad para acceder a esa cosa tan otra, para decirlo con palabras de Pablo, que es el pasado tal y como la historia intenta conocerlo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>* * *<\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Siempre es necesario recordar que, al menos en las antiguas m\u00e1quinas que proyectaban pel\u00edculas en unos cines que se parec\u00edan m\u00e1s a las catacumbas del cristianismo primitivo que a las acolchadas y bien temperadas salas de los cines de cadena, hab\u00eda una porci\u00f3n de oscuridad igual o mayor que la porci\u00f3n de luz proyectada en el tel\u00f3n. En esos 24 fotogramas por segundo pasando a toda velocidad hay una sombra, imperceptible pero sombra al fin, que, como escribi\u00f3 alguna vez alguien que ya no recuerdo, es otra pel\u00edcula, una pel\u00edcula oscura, que vemos y no vemos. Est\u00e1, por otro lado, la noci\u00f3n de pel\u00edcula secreta desarrollada por Ra\u00fal Ruiz: un poco parecido a lo que alguna vez postul\u00f3 Piglia en su manual de cortapalos para cuentistas, toda historia porta una historia secreta que se desarrolla subterr\u00e1neamente. Quiero decir con todo esto que el dispositivo <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pel\u00edcula, <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">como forma, una de las cosas a la que nos invita es a tener en cuenta los procedimientos y operaciones que la hacen posible: montaje, elecci\u00f3n de sonido, tipo de planos, duraci\u00f3n, y as\u00ed. Por tanto, un cine que busque, sea desde la militancia pol\u00edtica, el cine de autor o la producci\u00f3n a escala industrial, trabajar-con-la-historia, debe precisamente tener esta pregunta formal en el horizonte en tanto es una pregunta pol\u00edtica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Me parece que esta discusi\u00f3n es justamente la que bordea el ensayo que abre el volumen (\u201cCine e historia: repensando y ampliando perspectivas\u201d de Gilda Bevilacqua) cuando nos acerca a los planteamientos de Hayden White en torno a la \u201chistoriofot\u00eda\u201d, que en t\u00e9rminos sint\u00e9ticos es la querella por el estatus de conocimiento hist\u00f3rico que detenta el cine, cuyas im\u00e1genes, bajo la perspectiva de autores como Rosenstone, no podr\u00edan aquilatarse en tanto discurso de la misma forma que se aquilatan, por decir algo, los gruesos tomos de la decadencia y ca\u00edda de Roma del brit\u00e1nico Edward Gibbon. White, como tambi\u00e9n nos podr\u00eda decir el colega Polanco en sus investigaciones sobre poes\u00eda y visualidad, nos recuerda que las im\u00e1genes nunca son un mero acompa\u00f1amiento del discurso escrito sino que son un discurso con derecho propio. De all\u00ed que, junto con White, sean Aby Warburg, Walter Benjamin y Georges Didi-Huberman los autores nodales de la mayor\u00eda de los cap\u00edtulos de este volumen. El an\u00e1lisis del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">pathosformale<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\"> warburgiano, la querella de las tesis de la historia benjaminianas y la idea de \u201csupervivencia de las im\u00e1genes\u201d de Didi-Huberman son por lo menos tres ideas fuerza que cohesionan las reflexiones del libro, en el que podr\u00eda reconocer justamente tres l\u00edneas: la epistemolog\u00eda de la historia, la cr\u00edtica cultural y la est\u00e9tica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">El texto de Pablo expande las ideas de su predecesor. Para quienes lo venimos leyendo desde sus otros ensayos publicados en esta misma editorial, su trabajo con el cine contin\u00faa una l\u00ednea de pensamiento en torno a la historiograf\u00eda y su modo de operar con el pasado, objeto de delectaci\u00f3n y disputa en partes iguales. Un filme hist\u00f3rico, escribe Pablo, justifica su apellido siempre y cuando opere a partir del extra\u00f1amiento que produce en el espectador al ofrecerle un pasado que lo interpela. En tiempos de nostalgias reconstructivas, para usar el t\u00e9rmino de Svetlana Boym, la operaci\u00f3n historiogr\u00e1fica de una pel\u00edcula estribar\u00eda en recordarnos que ese <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">nostos <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">cuya recuperaci\u00f3n anhelamos no existe m\u00e1s (o no existe m\u00e1s en la forma en que nuestro deseo herido anhela recuperar).\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Dec\u00eda entonces: son las formas de construcci\u00f3n cinematogr\u00e1fica las que permiten distinguir la potencia, por ejemplo, entre el documental <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El que baila pasa <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Carlos Araya D\u00edaz con respecto a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Mi pa\u00eds imaginario <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">de Patricio Guzm\u00e1n. Para quien no haya visto ninguno de los dos, ambos intentan bordear la revuelta de octubre de 2019 en toda su cruda complejidad. Pero mientras Guzm\u00e1n intenta leerla desde un lugar teleol\u00f3gico \u2014el descontento lleva a la convenci\u00f3n constitucional y la convenci\u00f3n cocina el ambiente para el triunfo de Boric\u2014; es decir, mientras Guzm\u00e1n intenta leer ese tan cercano pasado desde un lugar que confirma el presente progresista del a\u00f1o en que se estrena \u20142022\u2014, Carlos Araya monta materiales encontrados en Internet bajo la l\u00f3gica de la viralizaci\u00f3n y hace de la revuelta un momento absolutamente otro, donde convive la violencia policial desatada, el carnaval callejero, la selfi de un poli de fuerzas especiales bien engominado y una mujer que usa un traje de Pikach\u00fa comprado por error en AliExpress. A este montaje de fragmentos \u2014la historia contada por im\u00e1genes\u2014, Araya decide sumar el trabajo con una disposici\u00f3n vertical como la de nuestros tel\u00e9fonos celulares, un poco para recordarnos que la revuelta tambi\u00e9n fue eso: cuerpo y smartphone, batalla callejera y guerrilla de internet. Araya renuncia a hacer un \u201ccine-espejo\u201d, para usar la expresi\u00f3n de Alain Brossat que cita Iv\u00e1n Pinto en la introducci\u00f3n de un libro que podr\u00eda dialogar sin problemas con este (me refiero a <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">El pueblo en disputa<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, publicado por Prometeo en 2024), sino m\u00e1s bien del cine como apertura hacia una relectura permanente de nuestros archivos, im\u00e1genes y signos cuya clausura casi siempre tiene un fin monumentalizante que la cr\u00edtica \u2014y creo que entiendo la cr\u00edtica en un sentido amplio, acaso el combustible de las ciencias humanas en general\u2014 no tiene otra cosa que desarticular, poner en cuesti\u00f3n o suspenso de cara a reconocer las deudas y fantasmas que asedian el presente.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">* * *<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Quisiera, para finalizar sin extenderme demasiado, retomar algo que apunt\u00e9 m\u00e1s arriba: creo que una de las cosas m\u00e1s valiosas de este conjunto de textos es la insistencia en un modo de pensar la historia, la historia de nuestros pueblos si me lo permiten, desde trabajos creativos donde la renuncia a un estatuto de verdad m\u00e1s que dudoso es justamente la manera m\u00e1s privilegiada para iluminar la zona muchas veces gris que campea en los extramuros del presente. Recoger los gestos, como se\u00f1ala Nicol\u00e1s Ried en su trabajo en torno a Leni Riefensthal; o el modo en que Mat\u00edas Pi\u00f1eiro juega a reensamblar la mir\u00edada de signos asociados a la figura de Sarmiento en Argentina, para el caso de Laura Lattanzi; o c\u00f3mo \u201cCinepoemas\u201d de Sergio Escobar, obra olvidada en la bodega de un archivo por leer, nos permite acceder a la estrecha relaci\u00f3n entre el imaginario cinematogr\u00e1fico y la educaci\u00f3n sentimental de los escritores de los sesenta, Polanco dixit. Volver porosas las barreras disciplinares o ampliarlas para incorporar otros dispositivos de investigaci\u00f3n. Como se\u00f1ala Pablo a prop\u00f3sito de la plausible \u201cextinci\u00f3n del mundo letrado\u201d que, eventualmente, invitar\u00eda a los historiadores a tomar una c\u00e1mara o recurrir al montaje con im\u00e1genes de diversa procedencia para producir aquello que anta\u00f1o produjo la cultura escrita. Tomar la posta de lo que Carlos Flores planteara en la pel\u00edcula que cit\u00e9 m\u00e1s arriba: hacer pel\u00edculas, filmar, tomarse las im\u00e1genes, quiz\u00e1 ya no para decir \u201cEl Estado soy yo\u201d, sino m\u00e1s bien para prefigurar o construir los tijerales de un mundo com\u00fan posible.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por <strong>Jonnathan Opazo<\/strong><\/p>\n<p>Sobre:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-6290\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Captura-de-pantalla-2025-11-13-a-las-1.25.55-p.-m.png\" alt=\"\" width=\"445\" height=\"594\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Captura-de-pantalla-2025-11-13-a-las-1.25.55-p.-m.png 722w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/11\/Captura-de-pantalla-2025-11-13-a-las-1.25.55-p.-m-225x300.png 225w\" sizes=\"auto, (max-width: 445px) 100vw, 445px\" \/><\/strong><\/p>\n<p>Los espectadores del pasado<br \/>\nPablo Aravena y Gilda Bevilacqua (Editores)<br \/>\nInubicalistas<br \/>\n2025<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Podr\u00edamos formularlo como sigue: si ya no podemos renunciar a las pantallas, lo mejor ser\u00eda ir buscando la manera de asediarlas. 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