{"id":6247,"date":"2025-10-17T01:31:31","date_gmt":"2025-10-17T04:31:31","guid":{"rendered":"https:\/\/revistaoropel.cl\/?p=6247"},"modified":"2025-10-17T01:31:53","modified_gmt":"2025-10-17T04:31:53","slug":"perderse-con-los-ojos-abiertos-notas-sobre-pastoral-de-carl-phillips-por-simon-lopez-trujillo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/2025\/10\/17\/perderse-con-los-ojos-abiertos-notas-sobre-pastoral-de-carl-phillips-por-simon-lopez-trujillo\/","title":{"rendered":"Perderse con los ojos abiertos: notas sobre Pastoral de Carl Phillips \u2013 Por Sim\u00f3n L\u00f3pez Trujillo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u201cHe llegado a considerar la sexualidad como una forma refinada de dolor, un dolor que nos acomete a veces sin m\u00e1s miramientos que su propia destrucci\u00f3n\u201d, afirma en un momento el narrador de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Toda la luz del mediod\u00eda<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, de Mauricio Wacquez, en los puntos finales de la novela, pasado el v\u00e9rtigo y la vor\u00e1gine de un complejo tri\u00e1ngulo amoroso. Emerge, entonces, la memoria. \u201cEl momento del repaso absoluto\u201d y los recuerdos clavados en la carne como sanguijuelas, \u201cque destilan el pasado gota a gota\u201d. Algo de esta actitud, la del deseo en contemplaci\u00f3n de su memoria, parece soplar en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pastoral<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">, cuarto libro del poeta estadounidense Carl Phillips, cuyos poemas, en palabras de James Longenbach, existen en \u201cning\u00fan lugar, en ning\u00fan tiempo espec\u00edfico y son hablados por nadie\u201d<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. En cierta forma, es como si la meditaci\u00f3n sobre los amores y encuentros sexuales pasados y perdidos que va desplegando el libro se extendiera tambi\u00e9n hacia el espacio que queda latiendo all\u00ed cuando estos concluyen. Aquella divinidad que envuelve, recoge y luego, en el vac\u00edo del cuerpo satisfecho, a oscuras, abandonado, emerge como una distancia: \u201cLos dioses est\u00e1n lejos \/ nos dijeron. Quiz\u00e1s. Yo no \/ llamo a los dioses desaparecidos, ni \/ los llamo fuerza, porque \u2014\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y s\u00ed, el verso se interrumpe. Luego recomienza, pero en otra direcci\u00f3n, dejando atr\u00e1s momentos y figuras que ya no se retoman. Y es que antes que variaciones de sonetos, una de las formas predilectas de Phillips \u2014cuya manipulaci\u00f3n y experimentaci\u00f3n, seg\u00fan Garth Greenwell, resulta en una \u201calegor\u00eda de la excitaci\u00f3n y la fidelidad, de la transgresi\u00f3n y la disciplina\u201d que hay en buscar volver flexible esta estructura, conservando al mismo tiempo su coherencia y compresi\u00f3n ret\u00f3rica<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014 y antes tambi\u00e9n que los tercetos que a ratos parecieran ser la unidad m\u00ednima del libro \u2014 \u201cForma, direcci\u00f3n: los cruces. \/ Ese punto donde las dos \/ se juntan ha sido narrativa \/\/ historia \u2014 nuestra historia \/ \u00bfCu\u00e1ndo eleg\u00ed \/ la Carne, el Deseo?\u201d \u2014, antes que todo esto, en fin, los poemas de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pastoral <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">recuerdan la forma de aquellas obras compuestas por segmentos inconclusos. Trozos de estatuas hel\u00e9nicas, por ejemplo, sin brazos, sin cabeza, sin nariz, o fragmentos de poemas de Safo. Traducciones de retazos; un largo despliegue de versos encabalgados llenos de interrupciones y luego abandonados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Hay en estos poemas una sintaxis que se expande, se interrumpe y cambia de direcci\u00f3n abruptamente. El tono es dubitativo y profundo en lo mucho que condensan sus im\u00e1genes y su escandido montaje y desmontaje. Y es que Phillips es, al fin y al cabo, un clasicista. En sus poemas, la mirada del cuerpo y del sexo, del refinado dolor de la penetraci\u00f3n y el goce, parece estar dirigida no a la carne misma sino a su luz; a los destellos sobre la piel del encuentro con otro cuerpo. En el poema \u201cY los recuerdos irregulares de Pan\u201d, esta memoria toma la forma de una moneda que reluce\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">m\u00e1s all\u00e1 del resplandor original:\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">la costumbre pesa\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">m\u00e1s que el brillo \u2014 como\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">m\u00e1s que la costumbre\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">pesa la p\u00e9rdida, es campo al que,\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">si \u00faltimamente lo he dejado\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">volver\u00e9 a esa hora\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">cuando la luz, si la luz pudiera doler, m\u00e1s\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">dolorosamente\u00a0\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">lo atraviesa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">\u00bfQu\u00e9 es el cuerpo del amado, entonces? Aquella envidia de los dioses: seres magn\u00edficos, omnipresentes y lejanos, incalculablemente poderosos, claro, pero como reconoce Phillips, incapaces de proyectar ninguna sombra. Es una opacidad radiante, entonces, la humanidad de los amantes. Animales vivos en la memoria de quien los recoge o los captura. En \u201cContra su renuncia al campo desgarrado\u201d, poema sobre c\u00f3mo la oscuridad y el ruido, el silencio y la luz, dan vida y muerte al cuerpo de quien se ama, Phillips despliega una voz que penetra al otro pensando que no volver\u00e1 jam\u00e1s a respirar. No quiere moverse, pues el hombre bajo su cuerpo lleva la delicadeza de un p\u00e1jaro. Y luego, \u201cdespojado de p\u00e1jaro \u2014 solo su canto\u201d. Un canto que es la lucha y el placer de los susurros, una habitaci\u00f3n a oscuras y cubierta de escarcha, peon\u00edas, tulipanes hinchados y exhalaciones. Luego, el silencio emerge y alguien enciende las luces. Entonces, ves el cad\u00e1ver. El brazo tatuado con la palabra \u201cPara\u00edso\u201d. La boca que reci\u00e9n te dec\u00eda \u201cPuedes hacer todo; aqu\u00ed\u201d y ahora yace abierta, p\u00e9trea, fija, como una figura de bronce que baja su escudo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">Y es esa luz, de golpe, sobre el metal, la que nos conduce; pues la memoria, en Phillips, es algo disperso, como si un recuerdo no fuera m\u00e1s que trozos perfectos y brevemente iluminados: extremidades de los amantes o de Orfeo, por ejemplo, con sus miembros amputados y esparcidos en diversos cauces. Esta forma de hacer memoria recuerda algo que indicaba la pintora Agnes Martin a prop\u00f3sito del clasicismo griego, al que consideraba el arte de quienes buscan \u201cm\u00e1s perfecci\u00f3n de la que es posible en este mundo\u201d; un trabajo que, asimismo, ser\u00eda \u201clo menos subjetivo posible\u201d. Tal vez, siguiendo a Martin, los poemas de Phillips pertenezcan a esta misma estirpe: una serie de visiones cuya funci\u00f3n no es m\u00e1s que \u201cla renovaci\u00f3n de nuestros recuerdos de momentos de perfecci\u00f3n\u201d<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">. Un gesto humilde que, a la vez, hace posible incluir estos recuerdos perfectos dentro de lo que consideramos mundo y lo que consideramos nosotros mismos. De hecho, \u201cEl artista es aquel que no \/ comete errores\u201d, indica una voz en el poema \u201cDesagraciado\u201d de <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pastoral<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. Pero esta perfecci\u00f3n no refiere a un ideal o a una aspiraci\u00f3n imposible, sino a la luz divina que absorbe y posee los cuerpos de dos hombres cuando se desean y descubren arroj\u00e1ndose m\u00e1s ac\u00e1 del Verbo y sus designios, en la acci\u00f3n del tacto que revela nuevos misterios consumados por su presencia: \u201cAun \/ toc\u00e1ndolo, qu\u00e9 tan errado \/ es creer que \/\/ no es carne lo que toco \/ sino algo m\u00e1s \/ delgado, sobre ella, que \/ brilla \/ y es defectuoso\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">En este sentido, lo importante en <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">Pastoral <\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">no es qu\u00e9 buscan o de qui\u00e9nes hablan estos poemas, sino qu\u00e9 es lo que surge en el despliegue de esas aguas verticales, \u201cvertiginosas y azules\u201d, de los versos que forman un flujo est\u00e1tico y a su vez profuso, deseante, causal y caudal al mismo tiempo. Es este remecer quieto lo que le interesa a Phillips, un domador de estatuas. Basta tomar por ejemplo de estas estatuas masculinas la del poema \u201cHimno\u201d <\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">uno de los m\u00e1s ilustres del libro<\/span><span style=\"font-weight: 400;\">\u2014<\/span><span style=\"font-weight: 400;\"> que consuma la uni\u00f3n entre sexualidad y divinidad a trav\u00e9s del <\/span><i><span style=\"font-weight: 400;\">cruising<\/span><\/i><span style=\"font-weight: 400;\">. All\u00ed, lo que vemos son una serie de instant\u00e1neas que se superponen hasta formar un solo cuerpo: primero, el hombre que emerge de unos arbustos como un \u201cciervo repentino\u201d. Luego, \u201cmenos el ciervo revelando su escondite que \/ las astas con las que es coronado\u201d. Y luego \u201cmenos las astas como \u00e1rboles sin hojas\u201d. Y luego, al fin, el gesto. La estatua se acerca y arrodilla no para orar sino imitar la actitud de la oraci\u00f3n. Una voz de piedra abre su boca y ya no sabe si arrepentirse, si est\u00e1 a salvo o en peligro, o unido a otro ser-estatua de su propia estirpe: \u201cMis miedos \u2014 cuando tengo miedos\u2014 \/ son cu\u00e1nto tiempo estar\u00e9, cayendo \/ y en mi descenso final qu\u00e9 tan \/\/ indistinguibles, en cuanto \/ incontables, se\u00f1or \/ todas las otras piedras opacas que cayeron\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-weight: 400;\">A ratos tambi\u00e9n es como si los poemas fueran ante todo una larga oraci\u00f3n. Una \u201cconfesi\u00f3n voluntaria\u201d \u2014como indica el propio Phillips\u2014 de la cual emerger\u00edan todas estas revelaciones como sacudidas. As\u00ed, cada imagen del amante ser\u00eda, antes que una presa, algo a lo que prestar atenci\u00f3n, un cuerpo de luz al que rendirnos durante el tiempo que convoca su presencia. Hay un hermoso poema en este libro donde un santo, con solo tocar una campanilla, convoca una serie de peces que saltan a sus brazos y se convierten en comida. Es ese salto lo que nos importa. Aquella imagen-gesto. La inapelable entrega de los amantes furtivos en la intimidad de un bosque o una pieza, como \u201cese gesto de los peces que dejan el agua \/ por la carne\u201d. De eso se trata, finalmente. De la atenci\u00f3n concebida como la oraci\u00f3n natural del alma. De la total entrega a esos amantes que \u201cse pierden con los ojos abiertos\u201d y al poema como un esfuerzo por mantener la vista al frente. Seguir atento el despliegue de la luz sobre los cuerpos. El mundo, el mundo. Hasta desaparecer.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Por <strong>Sim\u00f3n L\u00f3pez Trujillo<\/strong><\/p>\n<p>Fotograf\u00eda de Jack Delano<\/p>\n<p>Sobre<br \/>\n<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-6249\" src=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/portada-pastoral-717x1024.webp\" alt=\"\" width=\"436\" height=\"623\" srcset=\"https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/portada-pastoral-717x1024.webp 717w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/portada-pastoral-210x300.webp 210w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/portada-pastoral-768x1097.webp 768w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/portada-pastoral-1075x1536.webp 1075w, https:\/\/revistaoropel.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/10\/portada-pastoral.webp 1434w\" sizes=\"auto, (max-width: 436px) 100vw, 436px\" \/><\/p>\n<p>Pastoral<br \/>\nCarl Phillips<br \/>\n\u00c1gata Musgo Editora<br \/>\n2025<br \/>\n168 pp<br \/>\nTraducci\u00f3n de Francisco Cardemil<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cHe llegado a considerar la sexualidad como una forma refinada de dolor, un dolor que nos acomete a veces sin m\u00e1s miramientos que su propia destrucci\u00f3n\u201d, afirma en un momento el narrador de Toda la luz del mediod\u00eda, de Mauricio Wacquez, en los puntos finales de la novela, pasado el v\u00e9rtigo y la vor\u00e1gine de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":78,"featured_media":6248,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[10,7,443],"tags":[],"class_list":["post-6247","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-literatura","category-poesia","category-resena"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6247","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/78"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6247"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6247\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":6250,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/6247\/revisions\/6250"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/6248"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6247"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=6247"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistaoropel.cl\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=6247"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}